Francisco Tembleque
Víctor Manuel López
Wario
Tembleque
es el nombre de una población española al sur-sureste de la provincia de Toledo
en la comunidad de Castilla-La Mancha. Según la página rutashispanas.com, el nombre tiene una muy cercana relación con
"un adorno que usan las mujeres para la cabeza, que es una flor o botón de
diamante u otras piedras, preso en una aguja de plata u oro, que por estar
retorcido tiembla con el peso." Tembleque procede del vocablo latino
"trémulas" cuyo significado es "tembloroso". Por otra parte
"Tembleque" procede del sustantivo "temblor" que en uso
común y diario en comparativo determina a la joya que "montada en una
hélice de alambre, tiembla con facilidad"; por lo tanto y ante la
reiteración de las diversas fuentes consultadas, es adjetivo y nombre para
distinguir "lo que tiembla".
Etimológicamente el nombre
probablemente provenga del vocablo latino Tremulare,
derivación de Tremulus que vertido al
español ampara el concepto de “tembloroso”.
Como la mayoría de las
poblaciones del centro y la parte baja de España, el espacio delimitado en la
zona de Toledo posee fuertes antecedentes iberos, romanos, visigodos y
musulmanes hasta su cristianización durante el reinado de Alfonso VI. 1 Algunas de las poblaciones rememoran
a los espacios geográficos de Palestina, ahí quedan ejemplificadas: Samaria (La Guardia), Bethelen (Tembleque), Yope (Yepes), Escalón (Escalona)... la tercera posibilidad (aquí el autor remite
al toledano historiador, geógrafo, arqueólogo y escritor Fernando Jiménez de
Gregorio) en el pasado llevó el nombre de Tembleccu
con el "eccu" aparentemente celta conservado por los mozárabes y
transformado durante la repoblación castellana con la terminación
"que". El nombre propio de la zona sugiere —también— al temblor
corporal originado en los caminantes y viajeros por las incursiones de
asaltantes ocultos en los frondosos bosques que antiguamente ahí había. Para
evitar daños mayores y la continua incursión de los emboscados, talaron todos los árboles de resguardo para
los delincuentes y con la madera construyeron la plaza.
“Fray Francisco de Tembleque,
fue un fraile franciscano nacido en la localidad toledana de Tembleque que
emigró a la Nueva España a finales de la tercer década del siglo XVI o
principios de la cuarta, junto con Fray Juan de Romanones —apellido tomado del
Condado de Romanones, perteneciente a la provincia de Guadalajara en la zona de
Castilla-La Mancha—; de acuerdo al historiador Gerardo Bravo Vargas se
desconoce su nombre real, pero es casi seguro que no haya sido Francisco, esto
considerando que era costumbre entre las órdenes religiosas el uso del nombre
del santo al que se le gustaría imitar en vida, Francisco de Tembleque lo
habría tomado de San Francisco de Asís, agregando como apellido el nombre de su
población de origen." 2
“Poco se sabe de su vida, pero en el año de 1545
inicia la construcción de la obra hidráulica más ambiciosa e importante de
América durante el siglo XVI, misma que concluiría en 1563 (el año propuesto
por información extraída a legajos antiguos fecha la culminación de la obra al
rededor del 1572); ésta tiene una longitud de 38 kilómetros con 4 arquerías
monumentales, de las cuales la más importante se localiza en Santiago
Tepeyahualco, en el actual Municipio de Zempoala, Estado de Hidalgo. La
construcción transportaba agua desde las faldas del volcán Tecajete hasta la
población de Otumba, actualmente en el Estado de México... De acuerdo al Menologio
Franciscano de Fray Agustín de Betancourt, Francisco de Tembleque falleció en
la ciudad de Puebla de los Ángeles un 1 de octubre, probablemente de 1589 o
1590.)" 3
“El resto de la vida de fray Francisco de
Tembleque tampoco está exenta de circunstancias extrañas. Aproximadamente a la
edad de cuarenta años, tras finalizar el acueducto lo cual implicaría que el
acueducto estaría concluido en 1550, si aceptamos que fray Francisco nació por
el año de 1510 aproximadamente, la culminación quedará fechada en las cercanías
del año de 1572, porque, todavía en el año de 1558 '...el agua llegaba a poca
distancia de donde se tenía que hacer un puente muy importante...' ¿el de
Tepeyahualco?, fue alcanzado en el ojo por un rayo que le dejó tuerto. Los
indígenas atribuyeron este hecho a la venganza de Quetzalcóatl, el dios azteca
del fuego, el rayo de las tormentas y la furia vengativa de los elementos. Los
nativos creían que su deidad de la guerra se había enfurecido ante el
insignificante sacerdote extranjero que reclutaba cada vez más fieles en las
filas del cristianismo. Así que Quetzalcóatl decidió castigarle y le envió un
rayo que le alcanzó en el ojo y se lo arrancó. Las circunstancias en las que se
produjo este accidente son bastante confusas. Según cuenta fray Juan de
Torquemada, versión que corroboran historiadores contemporáneos como Octaviano
Valdés, fray Francisco abrió una ventana del convento sin reparar en que en el
exterior se desataba una furiosa tormenta. Un rayo que cayó muy cerca arrancó
parte del marco de madera de la ventana y una astilla de ésta saltó y se clavó
en un ojo del fraile. De cualquier forma, y dada la cercanía del impacto y la
gravedad de las heridas, resulta cuando menos sorprendente que fray Francisco
sobreviviera al accidente. No acabaron aquí sus desgracias. Unos años más tarde
un hermano de su propia congregación que le tenía envidia, fray Bruno, atentó
contra su vida: mientras le afeitaba, intentó degollarle con una navaja. En
esta ocasión la congregación consideró que el agresor estaba loco y lo
apartaron de su trato con fray Francisco. Igual que sucede con la fecha de su
nacimiento, tampoco se sabe el año exacto en el que murió fray Francisco de
Tembleque, suceso que debió acontecer, como muy tarde, en torno a 1570 (sic).” 4
Extraña esta última fecha debido a lo desmesurada diferencia con respecto
a la fuente anterior: veinte años, independientemente a la confusión respecto a
las deidades prehispánicas y sus atributos.
Fuera de opiniones benevolentes
y pías, la misión de fray Francisco Tembleque ―sin restarle méritos ni
imponerle elementos extrahumanos―, corresponde a la mentalidad y acción de un
hombre de su época. La consecución de la dificultosa obra, mezcla de
experiencias españolas y locales, independientemente de nacer para beneficio de
los espacios abiertos a la ganadería y cultivo a la usanza española, exigían un
hombre práctico con cualidades de liderazgo y capacidad administrativa. En las
grandes obras conventuales uno de los elementos constituyentes era el acopio
del agua. Con ello, quedaba casi garantizado el acercamiento de los habitantes
a las grandes pozas construidas y aprovechar para su adoctrinamiento. El mérito
del franciscano crece ante su ínfimo conocimiento de las lenguas y sus matices
en la localidad, no obstante ello, concilió los intereses de los habitantes
naturales, de los grupos ancestrales y el de los nuevos aposentados para
satisfacer con el elemento indispensable para el desarrollo a las comunidades y
arraigarlas en el terreno a catequizar.
Desconocida la vida del fraile toledano,
resulta impensable determinar su grado de instrucción, las limitantes y
alcances personales a fin de no imponerle al tesón una imagen beatífica en
momentos en que lo práctico exigía respuestas prontas y realizaciones
adecuadas. Especular y afirmar de la ignorancia en asuntos de la arquitectura
de su tiempo y la manera de solucionar un problema determinado implica que algo
más que ignorancia traía consigo fray Francisco. Resulta aún prematuro y
arriesgado afirmar casi a 450 años de su muerte y con la sumamente parca
información lo espontáneo de sus decisiones en el terreno para consumar una
obra que otros no enfrentaron en la que, sólo imaginar el esfuerzo humano para
la labranza de la piedra es comprender la dificultosa y extenuante labor del
proyecto. La obra permanece y a ella ahora le añadimos el valor de expresión
artística incorporada por resolución del Comité del Patrimonio Mundial durante
su 39a., con fecha del 15 de julio del 2015 en la ciudad de Bonn, Alemania, en
su Declaratoria y la Inscripción en la Nómina de Patrimonio Mundial.
"El Acueducto fue erigido
en 1554 durante 17 años hasta 1571, por 40 comunidades indígenas, quienes
aportaron 400 canteros, ayudantes, albañiles, peones, carpinteros y, el
financiamiento de las mujeres de esos pueblos quienes produjeron textiles en
excedencia para realizarlos mercantilmente en los 'tianguis' para financiar las
obras, sin la aportación de la Corona española, aunque con la autorización del
Virrey Antonio de Mendoza, dirigidos por el fraile franciscano español...
acompañado de Juan de Agüeros. El acueducto posibilitó llevar agua a pequeñas
poblaciones del yermo Altiplano mexicano, ubicadas entre los actuales estados
de Hidalgo y de México." 5
De la misma manera y para
comprender el esfuerzo e importancia de la construcción fuera de anécdotas y
leyendas bien intencionadas con un dejo de extraterrenidad innecesaria, queda
el interesante texto de Alain Musset: "El
acueducto de Zempoala: las respuestas de fray Francisco Tembleque" 6
y la interesante y amena entrevista que don Juan Stack mantuvo con el
arquitecto Arturo Balandrano en "Somos
Nuestra Memoria" 7 en la cual, y muy de cerca al aporte de
Alain Musset, el arquitecto Balandrano aporta la información histórica y
técnica (así como datos curiosos) en lo referente a la construcción del
"complejo hidráulico" en el actual Estado de Hidalgo, cuyas
dificultades derivadas de las variadas características topográficas
representaban un reto inconmensurable y una respuesta práctica a la adquisición
del líquido: "Pero traer el agua a un lugar significa también quitársela a
otro. El agua conducida a Otumba viene de muy lejos, fenómeno que extraña a las
autoridades españolas, para quienes hubiera sido más fácil captar el agua de
fuentes más cercanas, como las de Tepeapulco, o de Texcoco. Esta posibilidad,
sin embargo, presentaba dos inconvenientes mayores: el primero de carácter
técnico, puesto que traer el agua de otro lugar diferente de Zempoala suponía
también no atravesar las mejores tierras de la región (era entonces el trayecto
más útil). El segundo era más de tipo político o económico: los indios de
Tepeapulco y de Texcoco no aceptaron ceder su agua a los de Otumba, ni tampoco
vendérsela.", coinciden Alain Musset y el arquitecto Balandrano.
De antemano y ya proveniente de
fuentes confiables entendemos que Tembleque no actuó solo en el proyecto,
contaba con el apoyo del también casi desconocido Juan de Agüeros a quien en la
sombra le hurtamos importancia y aporte en la construcción.
De manera harto resumidas la
guía y estudio de Alain Musset y el contenido en la plática del arquitecto
Balandrano con Juan Stack: La finalidad era llevar agua potable a partir del
cerro del Tecajete hasta el pueblo de Otumba. El acueducto consumado posee un
largo de 48.22 kilómetros de esfuerzo humano con su canal de 40 x 40
centímetros —construido de cal y canto (piedras careadas unidas con cal, arena
de tezontle y baba de nopal) y barro cocido para los caños— de cause de curso
superficial, subterráneo y elevado, informa el arquitecto Balandrano. En la
parte correspondiente a los arcos de Tepeyahualco su altura máxima tiene 38.75
metros con un arco central de 17 metros (bajo este arco aún corre el
ferrocarril en su ramal México-Veracruz) y a todo lo largo de la construcción
hay, todavía, vestigios de pinturas y glifos identificadas con señales,
"la firma" de las comunidades participantes, decoraciones estudiadas
ya por el padre Ángel María Garibay Kintana y por Joaquín Galarza. En las
referencias quedan 90 glifos impuestos en las piedras de las arcadas para
identificar a las comunidades participantes, algunos de ellos pintados y otros
grabados con iconografía variada, tema aún por desarrollar y que aún provoca
interpretaciones que determinan una soterrada y permisible práctica idolátrica
por parte del franciscano.
"Frai francisco de
tembleque, de sesenta años. Es confesor de españoles y de los yndios confessor
y predicador en la lengua mexicana. A sido guardian en las casas principales y
a echo obras notables en ornato de las repúblicas de los yndios."
el autor
(Musset) lo toma de Historia Eclesiástica
Indiana (1570) de Fray Gerónimo de Mendieta 8 y asienta un
detalle esclarecedor con respecto a la difundida ignorancia de las lenguas
locales por parte del fraile: “Al contrario de fray Juan de Romanones,
considerado como 'una de las mejores lenguas que en esta tierra ha habido',
Tembleque nunca logró hablar el náhuatl con todo el ornato que le daban los
religiosos cultos. Al parecer, hablaba la lengua del pueblo. Aunque no sabía
componer discursos, sermones encantadores, ni tampoco hacer traducciones
floridas del latín al náhuatl, podía al menos conversar con los indios de su
pueblo y de su doctrina."
La necesidad de agua en la
semidesértica Otumba y la contaminación de los jagüeyes indígenas en la que el
ganado español abrevaba con los consiguientes brotes de enfermedades, obligó a solucionar
el problema, a más de atraer los beneficios económicos que su ubicación en el
Camino Real en su parte de la ruta México-Veracruz y la zona minera de Pachuca
ofrecían. "Aun los más potentes monarcas nunca hubieran podido hacer lo
que logró un frailecillo sin dinero ni conocimientos arquitectónicos, pero que
disponía de una mano de obra al parecer muy calificada. Como lo dice el mismo
Mendieta: 'ni él pudiera disponerse a semejante obra, si no fuera con
inspiración y particular auxilio de la gracia divina'... Por fin, pese a lo que
predecían las autoridades religiosas y la administración colonial, para quienes
el acueducto nunca podría llevar agua al pueblo de Otumba, dada la disposición
del terreno 9, Tembleque cumplió su meta. Para ello utilizó varios
manantiales ubicados al pie del cerro del Tecajete (2890 m). Todavía se pueden
ver, cerca del pueblo de Santa María Tecajete, tres pozos antiguos que
seguramente son del siglo XVI, y de donde sale un caño de agua: es el principio
del acueducto. El trabajo duró por lo menos 17 años; cinco de ellos fueron
necesarios para la parte que cruzara la barranca de Tepeyahualco, arriba del
río Tecocomulco. Según Mendieta, el acueducto alcanzaba 15 leguas de
largo."
Viene una descripción somera de
la obra que al decir del arquitecto Balandrano "el acueducto de
Tepeapulco, es quizá el antecedente y base para para la realización del padre
Tembleque": "En su Teatro Mexicano 10, Vetancurt repite
gran parte de las informaciones de Mendieta, y añade muchas cosas, a veces
inspirándose en Torquemada. 11 Se construyeron tres puentes: el
primero de 46 arcos, el segundo de trece, y un tercero, el de Tepeyahualco,
cuyo arco central 'a los que lo ven causa asombro, que si fuera paso podía por
debajo del pasar un navío de porte a vela tendida '. La perfección de la obra
era tal que 140 años después de acabada, no había ninguna piedra rota, y no se
podía encontrar ninguna hierba entre las piedras... Además, nunca faltó
agua, salvo en 1674; pero ya el año siguiente el problema se había arreglado
merced a la intervención de San Nicolás… algún día, el alcalde
mayor don Juan Cavallero vino a verlo para tratar de persuadirle de que todos
sus esfuerzos no servirían para nada, puesto que los manantiales del Tecajete
estaban supuestamente situados a un nivel más bajo que el pueblo de Otumba.
Entonces apareció el gato pardo trayendo un conejo para el padre. Cortésmente,
Tembleque pidió otro conejo para el visitante, y para su gran sorpresa el
animal obedeció. Para Cavallero no cabia duda alguna: el fraile estaba bajo la protección
de los santos.
"Al contrario de Mendieta,
quien no menciona ninguna fecha de construcción, Vetancurt nos propone una,
aunque de manera indirecta. En efecto, su libro sale en 1698, y como escribe
que el acueducto había funcionado sin problemas desde hacía 140 años, se puede
pensar que la fecha en que se concluyó sería la de 1548. Tomando en cuenta los
17 años necesarios para su realización, se obtiene como fecha de principio de
la obra 1531. Esta fecha muy antigua (sólo diez años después de la caída de
México-Tenochtitlan) corresponde más o menos con lo que dice fray Juan de
Torquemada. En casi todos los detalles el texto de Torquemada es una paráfrasis
de lo que escribe Mendieta, pero añade que a partir de que se terminaron los
trabajos, es decir desde hacía 60 años, nunca había faltado el agua, y que los
peores terremotos no hicieron ningún daño al acueducto. Ya que Torquemada
escribió su libro entre los años 1609 y 1612, el acueducto tuvo que haberse
terminado entre 1549 y 1552, y se empezaría entre1532 y 1535. A pesar de estas
informaciones, Octaviano Valdés pensaba que el trabajo no habría podido empezar
antes de 1543, para acabarse en 1560, 17 años más tarde. Funda su hipótesis en
el hecho de que Mendieta, quien llegó a la Nueva España en 1554, probablemente
visitó a Tembleque dos o tres años después. En esta época, el franciscano
trabajaba en los arcos de la barranca de Tepeyahualco, y le faltaban por lo
menos dos o tres años antes de poder llevar agua a Otumba (se necesitaba un
caño de cuatro leguas). Así que llegamos a la fecha de 1560 para la conclusión de
los trabajos.
Continúa el trabajo de Musset:
"El problema de esta interpretación es que Mendieta no especifica la fecha
de su visita al padre Tembleque, y que la propuesta de Octaviano Valdés no
tiene una base muy firme. Tampoco nos brinda información al respecto la
Relación Geográfica de Zempoala… 12 manifiesta la realidad de la
obra de Tembleque, pero sin hablar del fraile:
"Trujeron dicha agua de una legua de donde
estan congregados, del pie de un cerro que llaman Tlecaxtitlan, que quiere
decir ‘cerro hecho a manera de brasero’, porque, en la cumbre del dicho cerro
está un llano hecho como brasero. Trujeron el agua por unos arcos de calicanto
hasta en medio de la congregación, en una fuente en medio de la plaza de los
cuatro dichos pueblos, y corre por todas las calles..."
Lugar de atracción para
visitantes la bibliografía aumenta con los textos admirativos de don Antonio de
Ciudad Real 13 y ya casi mediado el siglo XIX por madame Calderón de
la Barca 14.
Ya en la parte correspondiente
del texto de Musset (Las respuestas de Tembleque), con
respecto a la realización del acueducto, el propio Tembleque —de quien acepta
el año de 1579 o 1580 y una edad de 69 a 70 años para el fallecimiento del
fraile franciscano con lo cual indica su aceptación en la posibilidad de que
fray Francisco naciera durante el año de 1510 — declara en el documento que
contaba para la realización de la obra de la ayuda, conocimientos constructivos
y experiencia de "300 o 400" operarios de las localidades además de
otros datos pormenorizados con respecto a la acometida y término de la obra.
De la nutrida información surge
el cómo posibilitaron los constructores asociados la subida de las piedras
labradas a fin de sostener los caños necesarios para el traslado del agua:
"Los muros de adobe que todavía se pueden ver hoy en día entre los arcos,
son una prueba que se emplearon, para su construcción, técnicas indígenas y
prehispánicas." En voz del arquitecto Arturo Balandrano:
"posiblemente el montaje de una pared de adobes en reducción hasta dos
varas castellanas de ancho (1.80 a 2.00 metros en su parte alta) reforzada por
contrafuertes a fin de vencer la fuerza del viento en las alturas por donde subían
mediante tracción animal las piedras
según las necesidades. Ahí lo dejan —al muro— y la lluvia y el viento se
encargan de desaparecerlo lentamente por erosión. Para ellos, los
constructores, la finalidad era el suministro, para nosotros ahora, con valor
añadido, es una obra del arte mixto."
De regreso al texto de Musset,
en "Las respuestas..." de Tembleque queda asentado el origen del
financiamiento para el logro y avances de la obra, la participación de las
poblaciones incluidos hombre y mujeres con aportes diferenciados: "El
número de obreros empleados en la obra parece enorme, y aunque no se conoce
exactamente el promedio de población de la región de Otumba, se puede pensar
que la mayoría de los hombres sanos participaba en esta tarea. Pero el trabajo
de los hombres es una cosa; no se puede olvidar por otra parte el trabajo de
las mujeres. Este aspecto de la división del trabajo en la sociedad indígena
fue completamente ocultado por los cronistas. A pesar de todo, el texto de
Tembleque nos hace recordar que cuando se trataba de un trabajo común, de la
importancia del acueducto de Zempoala, todos participaban en el esfuerzo. Así,
mientras que los hombres trabajaban en levantar los arcos monumentales, o
cavaban la tierra para colocar en su lugar el caño de agua, las mujeres se
quedaban en casa para tejer telas de algodón que vendían después en los
tianguis. El dinero que percibían de la venta de esas mantas (producto
típicamente indígena, que refleja la persistencia de una tradición
prehispánica) servía para comprar los materiales que no se encontraban en el
territorio de Otumba, como la cal, por ejemplo (fol. 76). Este tipo de
financiamiento no era muy frecuente en la época colonial; cuando se trataba de
la construcción de un acueducto generalmente el dinero provenía de las
autoridades virreinales, del cabildo de una ciudad, o de una orden religiosa.
El caso del acueducto de Tembleque es muy específico, y eso le da un valor
histórico aún más importante... la Real Audiencia, en el parecer enviado al
real Consejo de las Indias, calcula que se gastarán en la obra un total de 20
mil pesos, y que ya los indígenas han pagado 15 mil pesos para comprar sus
materiales... Puesto que según la misma fuente, los indios de Otumba pagaban
cada año 2500 pesos de tepuzque 15 como tributo, se puede ver la
cantidad enorme de dinero invertido en la obra."
Alain Musset termina su
introducción: "... el manuscrito nos informa que los indios de Otumba no
gozaban gratuitamente del agua de Zempoala. Se estableció un contrato entre las
dos partes: los de Otumba tenían que pagar a los de Zempoala veinte pesos de oro
común cada año, además de los trabajos realizados para traer a su pueblo el
agua potable 16.
"Este contrato es muy
similar a otro estudiado por José Lameiras en un litigio entre los indios de
Teotihuacan y los de Acolman en 1589. 17 En este pleito, los de
Acolman tenían que entregar a los de Teotihuacan la cantidad de veinte pesos de
oro cada año por el uso de las aguas ubicadas en su jurisdicción, esto en lugar
de los productos tradicionales que solían dar como tributo (maíz, mantas de
algodón, plumas.). Es notoria la similitud de los dos contratos. Además, el
pleito se lleva a cabo en la región de Otumba, ya que, como lo dice el padre
Tembleque, los indios de su doctrina iban a traer el agua desde el pueblo de
San Juan Teotihuacán, situado a dos leguas de su pueblo, cuando lo necesitaban 18.
No se sabe si existía desde la época prehispánica un acuerdo entre Teotihuacán
y Otumba, pero es probable que sí, y seguramente éste tenía bases similares a
las que acabamos de ver, y que se repitieron con los indios de Zempoala 19.
Así, resulta que nuestro documento es una fuente histórica bastante importante
no sólo en cuanto a la región de Otumba, sino también en lo que toca a toda la
Nueva España, dado que trata de muchos aspectos de la vida colonial...".
La gran obra es, con gran reducción de esfuerzos humanos, acuerdos dificultosos
y paciencia extraordinaria, el resultado de un esfuerzo común para una causa colectiva:
la solución a una necesidad imperiosa para la subsistencia de los grupos y pueblos,
consecución que ahora representa una obra de arte resguardada en el espacio
agavero del Estado de Hidalgo.
El gato
pardo.
Atrae la
atención la reiterada mención al proveedor del alimento para el afortunado
fraile durante la larga y demandante construcción de la obra. Las fuentes
mencionan a un "gato" con el añadido de "pardo". En este
caso no hay variación de color en el pelaje del "animal", ni siquiera
omisión de él tal cual sucede en historias llevadas de boca en boca y a través
de las generaciones. En todos los casos consultados es un "gato" y su
pelaje "pardo". En asuntos del lenguaje resulta que un vocablo pierde
y adquiere un significado diferente de una región a otra, de un país a otro y
de una época a otra. Lo que antes denotara una característica específica en la
generación siguiente adquiere un matiz arcaico que en el paso de las
generaciones deja de ser de utilidad lo que el hablante expresara en su origen.
Si bien, en España el término
gato distingue a los nacidos en Madrid 20, en Nueva España, en
México, resulta un tanto despectivo al connotar al servicio doméstico, es decir
al criado. Un gato el felis silvestris
domesticus era fiel compañero en los conventos por sus cualidades de
cazador de ratones a pesar de su identificación con las prácticas y seres
demoniacos. Es posible que al compañero constante del "señor de la
casa", el personaje que atendiera las necesidades del "señor" y
de su familia, el que proveyera de los satisfactores habidos en los mercados y
espacios de la propiedad, por su apego a la casa en donde encontrara un tanto
de seguridad, resguardo y alimento en compensación, le identificaran con ese
felino y de ahí adquiriera el término, originalmente nada despectivo.
Es el caso del término
"pardo", en lo referente al pigmento recibe por otro nombre el de
marrón: color semejante a la tierra, a la madera, al canelo, café, carmelita o
chocolate en sus diversas gradaciones de oscuro a claro. "Pardo" era
un término empleado en las colonias españolas para denotar una de las muchas castas
surgidas en el mestizaje. Un término equivalente con menor uso era el de
"tri-racial" que denotaba a los descendientes de esclavos africanos
en mezcla con españoles e indígenas para diferenciarlos de quienes no eran ni
mestizos ni mulatos. Si en el siglo XVII identificaba a una piel oscura, en el
caso posterior de la casta de "los pardos" la piel correspondía a un
tinte castaño oscuro o casi blanco o intermedio con cabello rizado o lacio sin
color determinado. Insertos en el rubro de "Infames de derecho" no se
les admitía en los cargos eclesiásticos ni la posesión de armas, caballo y
espuelas.
Así el benefactor, el “gato pardo” adquiere otra
constitución física y características con mayor apego a la realidad cotidiana y
sus necesidades.
Notas.
1.- villadetembleque.blogspor.mx Visitado el
20 de julio del 2016.
2.- es.wikipedia.org/wiki/Francisco_de_Tembleque
Consultado el 19 de agosto del 2015.
3.- ídem.
4.- Tomás Ruíz. teotihuacan-en-linea.com/2011/11/fray-francisco-de-tembleque-perdio-un.
Consultado el 19 de agosto del 2015.
5.- Para una mayor
información ver: "Edificación con
443 años de antigüedad. Inscribe la UNESCO al Acueducto del padre Tembleque
en la lista del Patrimonio Mundial. Dirección de Medios de Comunicación del
INAH. INFORMA No. 170, con fecha del 5 de julio de 2015.
6.- Disponible en estudioshistoricos.inah.gob.mx Consultado
el 19 de agosto del 2015.
7.- Transmitida el
3 de septiembre del 2015 por RADIOINAH con el título: "El acueducto del padre Tembleque. Magna obra del siglo XVI."
8.- México, (Editorial)
Porrúa, 1971, pp. 697-699.
9.- Nota 6 en el
texto: Se pensaba que las fuentes estaban
a menor altura que el pueblo de Otumba, pero en realidad hay una diferencia de
nivel de 250 m. Tenía así lugar, pese a un declive muy débil [7 %], el derrame
del agua. A simple vista, sin instrumentos para medir con precisión, era
necesaria la fe de Tembleque para pensar que la obra fuera posible.
10.- Nota 7 en el
texto: Fran Agustín de Vetancurt, Teatro
Mexicano, Sucesos Religiosos, México, Porrúa, 1971, p. 119.
11.- Nota 8: Fray Juan de Torquemada, Monarquía Indiana,
Lib. XX, Cap. 63 [y no 73 como lo indica la síntesis de fuentes históricas de
Octaviano Valdés, p. 148], pp. 532-535.
12.- Nota 10 en el
texto de Musset: Relaciones Geográficas
de México, México, UNAM, 1986, T. 1, p. 74. Redactada en 1580.
13.- Tratado curioso y docto de las grandezas de
Nueva España, México, UNAM, 1976, T. I, p. 71. ), del hermano capuchino
Francisco de Ajofrin (Diario del viaje
que por orden de la sagrada congregación de propaganda fíde hizo a la América
septentrional en el siglo XVIII el padre fray Francisco Ajofrin, capuchino,
Madrid, Archivo Documental Español,1959, T. n,p. 211.
14.- Frances Erskin
Inglis Calderón de la Barca. La vida en
México durante una residencia de dos años en ese país, México, Porrúa, 1976,
Carta XVI.
15.- Moneda de oro
de liga alterada con valor de 8 reales según disposiciones del virrey don
Antonio de Mendoza y cada real con valor de 34 maravedís o doce granos. Imperio numismático.com Revisado el 13
de julio del 2015.
16.- Quinta
pregunta, fol. 73.
17.- Nota 17 en el
texto. "Relaciones en torno a la
posesión de tierras y aguas: un pleito entre indios principales de Teotihuacán
y Acolman en el siglo XVI", en Rojas, Strauss, Lameiras, Nuevas noticias
sobre las obras hidráulicas prehispánicas y coloniales en el Valle de México,
México, SEP-INAH, 1974.
18.- Tercera
pregunta, fol. 72 v.-73.
19.- Nota 18 en el
texto. Sabemos por otra parte que los
franciscanos construyeron un convento en Zempoala como compensación al agua
entregada al monasterio de Otumba (fol. 19 v,).
20.- "<<Gato>> fue un apellido muy célebre en la conquista
de Madrid en tiempos de Alfonso VI. En el asalto de la villa, un soldado
valeroso trepó por la muralla ayudado de una daga que clavaba en las juntas de
las piedras. Sus camaradas, al ver la hazaña dijeron que parecía un gato,
palabra por la cual comenzó a conocerse también a sus descendientes. La familia
llegó a ser tan importante en la ciudad que no se consideraba nobleza castiza
de Madrid a la que no pertenecía a aquel linaje al de Los Escarabajos y Los
Muertos, que eran las tres más ilustres de la Villa. Con el tiempo, se acabó
llamando <<gatos>> a todos los habitantes de Madrid." abc.es
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