El tocayito Rosales
Víctor Manuel
López Wario
“De acuerdo con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, el área que
ocupa la (colonia) Taba-calera se llamó en tiempos prehispánicos
Mazatziutamalco, ya después los españoles le pusieron Zapotlán y barrio del
Calvario. El historiador que vivió durante los siglos XVI y XVII también cuenta
que por este lugar pasaba una acequia de nombre Tolteca Aca-lopan, la que según
una vieja leyenda saltó Pedro de Alvarado en la Noche Triste. El salto debió
ocurrir donde hoy cruzan las calles Puente de Alvarado y Jesús Terán, muy cerca
del desaparecido Tívoli del Eliseo y de la calle Rosales…” [1]
Tres cuadras de nombre Rosales (de Puente
de Alvarado al Paseo de la Reforma [donde está el antiguo edifico de la Lotería
Nacional: “El Moro”]) son continuación (según el sentido de la circulación) de
la avenida Guerrero y quedan ocultas en el reordenamiento urbano con la denominación
de Eje 1 Poniente.
“… En 1900, la Secretaría de
Comunicaciones y Obras Públicas contrató a los diseñadores de ambos proyectos:
a Antonio Rivas Mercado para el de la Independencia, y a Guillermo Heredia para
el Panteón Nacional… estimándose conveniente
hacerlo (El Panteón Nacional) en un lugar cercano al corazón de la ciudad, por
lo que se eligieron los predios aledaños al Hospital de San Hipólito y el
Panteón de San Fernando...
“El Panteón Nacional, según el
proyecto del arquitecto Heredia, tendría una plaza circular de 62 m de radio
(124 metros de diámetro), circunvalada de pórtico de 6 m de ancho y 8 m de
altura, y en su centro un cenotafio de 22 m de altura en cuya base estaría una
cripta para contener las cenizas de los héroes. El mausoleo, de forma
cuadrangular, ostentaría en cada uno de sus frentes ‘las etapas más conspicuas
de nuestra historia patria’: la Independencia, la Reforma, la Intervención, la
Paz. Los restos áridos, pues no se admitirían cadáveres de entierro primario,
se depositarían en un extenso columbario formado en los pórticos.
“El proyecto no se limitaba a la
construcción de una rotonda, pues se trataba de dar un nuevo rostro a esa parte
de la ciudad, empezando por la nomenclatura de sus calles que tomaron el nombre
de héroes, Hombres Ilustres, Mina, Pedro Moreno, Guerrero, etc(étera); la
modificación del trazo urbano para abrir nuevas y amplias avenidas; la
demolición de ‘viejas construcciones de un solo piso; casuchas de pobre aspecto
y numerosas accesorias’, y contribuir a ‘dar un sello de grandiosidad a ese
rumbo, al que se dirigirá en constantes peregrinaciones el pueblo mexicano,
para rendir pleito homenaje, perennemente, a la memoria de los más ilustres
próceres de la nación.”[2]
Los restos.
“Víctor Rosales (41 años, ¿criollo, mestizo?) El 28 de abril
de 1817, Rosales presentó combate a los realistas en el rancho de La Campana, [3]donde
fue muerto con otros 32 hombres. Su cuerpo fue trasladado al pueblo de La
Huacana (entonces distrito de Ario, Michoacán), donde fue sepultado en el
interior de la iglesia. Un testigo dijo que tenía una herida en la cara del
carrillo a la boca, otra herida en la mano izquierda y dos tiros en la caja del
cuerpo. Al ser exhumado en 1823, la calavera estaba partida, los testigos
coincidieron en que se debía a las heridas recibidas. Los restos fueron
colocados en una caja forrada de terciopelo negro y trasladados a la Ciudad de
México, adonde llegaron con los de Matamoros.[4]
El croquis HD (croquis de la colección Hernández y Dávalos) señala: Osamenta
completa. Actualmente no aparece registrado en las urnas depositadas en el
Monumento a la Independencia.” [5]
Víctor Rosales[6]
Hay casi consenso en que Víctor Rosales nació en Calera (de
Víctor Rosales), Zaca-tecas, en 1776: que estudió leyes en la Real y Pontificia
Universidad de México, que fue expulsado por ser desafecto al gobierno de la
Nueva España[7] y,
que, incapacitado para concluir sus estudios, regresó a Zacatecas a dedicarse
al comercio, no así en lo que respecta a su muerte ya que: desconcertantemente
Carmen Saucedo refiere en “El insurgente Víctor Rosales”: “…La memoria de lo
que ocurrió a fines de abril de 1817 permitió que en 1823 la osamenta de Víctor
Rosales fuera encontrada sin lugar a dudas…” [8],
en tanto en la página 117 de “Los restos en el Monumento a la Indepen-dencia” [9]:
“Organizado con 400 hombres, (el teniente coronel Miguel) Barragán llegó al
rancho de la Campana el 28 de mayo de 1817 a las cinco de la tarde, donde
sorprendió a Rosales y los suyos… El saldo negativo para los rebeldes fue de
‘200 entre muertos y prisioneros incluido entre los primeros el cabecilla
Rosales y toda su plana mayor.” Y otra: “El 28 de abril de 1817, Rosales
presentó combate a los realistas en el rancho de La Campana, donde fue muerto con otros 32 hombres.”[10];
en tanto en el municipio cercano al lugar en donde tuviera su último combate,
en Ario[11]
(hoy de Rosales), conmemoran el aniversario luctuoso del Mariscal Víctor
Rosales con una festividad cívica el 20 de mayo.
“Este insurgente zacatecano es el
menos conocido de la catorcena de persona-jes cuyos restos reposan en el
Monumento a la Independencia, tanto, que durante mucho tiempo se ignoró que sus
restos estuvieran en ese lugar. A pesar del descono-cimiento general, su nombre
está inscrito en la base del monumento entre otros que allí se grabaron en
1910, año en que se concluyó en inauguró la Columna…[12]
Señala la historiadora Mariana Terán
Fuente: “A pesar de que la retórica liberal patriota ha pretendido poner en
alto el nombre de Zacatecas por el heroísmo del ejército insurgente, en
particular la participación de Víctor Rosales, lo cierto es que la presencia de
Calleja a través de sus comandantes fue lo que definió el papel de la provincia
en la guerra de insurgencia.”[13]
"Expandió el movimiento, pero no
se dice que pidió indulto a los realistas"…“En la capital del país no se
sabe mucho de Víctor Rosales. En el estado de donde era oriundo parece
diferente, pues incluso el municipio de Calera, su cabecera, lleva el nombre
del zacatecano. Pero…si se pregunta por él, dirán que Víctor Rosales fue un gran
insurgente, y hasta ahí llega el conocimiento. Hay gran ignorancia de nuestra
guerra de Independencia". [14]
Por su parte Carmen Saucedo Zarco
indica el itinerario de los restos de Víctor Rosales: “Seis años más tarde, el
capitán insurgente José María Álvarez recordó cómo llegaron al rancho de la
Campana al día siguiente del ataque y encontraron 33 cadáve-res, entre los que
reconoció a Víctor Rosales. Él mismo mandó sepultar a los muertos, excepto a
Rosales, al que trasladó hasta el pueblo de La Huacana, distante 50 km de Ario,
para no dejarlo al alcance de realistas en busca de trofeos.
“Con la dignidad posible y a modo de
último homenaje, el cuerpo de Rosales fue llevado a las casas reales y colocado
en una mesa entre cuatro cirios. Rafael de la Mo-ra, antiguo compañero, lo
reconoció a pesar de la bala que le atravesó la mejilla y la boca, otra herida
en la mano izquierda y dos perforaciones en “la caja del cuerpo”.
“Por miedo a los realistas, pocas
personas asistieron al entierro, pero Álvarez había dejado instrucciones de que
fuera lo mejor posible y, aunque no hubo un ataúd, el cuerpo exánime, envuelto
en una sábana, fue colocado dentro de la iglesia al pie del presbiterio frente
al altar mayor. La memoria de lo que ocurrió a fines de abril de 1817 permitió
que en 1823 la osamenta de Víctor Rosales fuera encontrada sin lugar a du-das,
pues un testigo, el bachiller José Saturnino Gutiérrez, quien lo había conocido
en vida y que lo vio muerto, pudo asegurar, respecto al cráneo, que “las
cortadas de la cabeza y cara, que dividieron la calavera, demuestran
bastantemente que son los res-petables del expresado héroe”.
“Exhumados el 2 de septiembre de 1823
de la iglesia de La Huacana en Michoacán, los huesos de Rosales fueron llevados
en ‘una caja de madera fina forrada de terciopelo negro’ a Valladolid y luego a
la Ciudad de México, donde fueron recibidos y colocados junto con los de los
otros héroes, cuyos restos fueron encontrados el 17 de septiembre.
“Preservados a pesar del accidentado
siglo xix y conservados en la columna de la Independencia desde 1925, las
investigaciones recientes nos han demostrado su permanencia en el panteón, pero
sobre todo, han estimulado nuestra curiosidad para conocer más acerca de este
insurgente, benemérito de la Patria.” [15]
En las páginas 327 a 331,
correspondientes al capítulo de “Análisis de an-tropología física” coordinado
por José Antonio Pompa y Padilla[16],
en la “Determinación de los individuos de las urnas 1ª (“libro”) y de la urna
verde osario”, dio por resultado la probable identificación de los restos óseos
de Víctor Rosales: “Cráneo incompleto, húmero izquierdo, cúbito izquierdo, radio izquierdo, fémur
derecho, fémur izquierdo, tibia derecha, tibia izquierda y peroné izquierdo
(detalla estado y procedencia de cada uno de ellos) y termina… “La estatura
estimada de este individuo es de 1.60m.”
“ Muestra del rápido olvido sobre la
figura de Rosales es que, a pesar de haber llegado los restos a la Ciudad de
México, de que se hablara de ellos en todas las crónicas publicadas en ocasión
de la ceremonia, de aparecer registrado en el Croquis (ídem = “toda la
hosamenta” según el croquis de 1823) y
de que el mismo Carlos María de Bustamante la haya consignado en su Diario, dos años después, cuando la
Secretaría de Relaciones realizó nuevas gestiones para recuperar los restos que
faltaban y dar cabal cumplimiento al decreto[17],
también escribieron al gobierno del estado de Zacatecas para insistir sobre los
restos de Rosales. El gobierno de Zacatecas respondió dando toda la información
sobre la muerte y el entierro de Rosales en Michoacán, que ya conocían”.[18]
Notas importantes:
[1] Un vistazo a la colonia Tabacalera, por Jorge Pedro
Uribe.
[2] “Los restos de los héroes en el Monumento a la
Independencia”, tomo I, Estudio histórico de Carmen Saucedo Zarco. Instituto
Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Estudios Históricos
de las Revoluciones de México. INAH. 2012, página 68. En este punto, Carmen
Saucedo Zarco, remite a Jesús Galindo y Villa, El Panteón de San Fernando y el futuro Panteón Nacional. Notas
Históricas, biográficas y descriptivas, México, Imprenta del Museo
Nacional, 1908, pp. 1, 203-210. Alfonso Alcocer, La columna de la
Independencia, México, Delegación Cuauhtémoc, 1978, pp. 12-13.
[3] Aquí, con nota 33, remite a: Alamán, Historia...
Historia de México, 3ed. México, Jus, 1990, t. 2, p. 133.), t. 4, p. 347.
[4] Aquí, con nota 34, remite a: AGN, Guerra y Marina,
caja 16, exp. 424, sección 5ª, subserie exhumaciones, año 1823, s/fol.
Bustamante, Cuadro... (Cuadro histórico de la revolución mexicana. Comenzada en
15 de septiembre de 1810), t. 2, p. 405-407, lamenta que la familia de Rosales
no haya merecido una pensión habiendo sido nombrado benemérito de la Patria.
[5]inehrm.gob.mx/pdf/heroes_articulo.pdf
[6] Para una idea general sobre la vida y trayectoria de
Victor Rosales, ver: “El insurgente Víctor Rosales” por Carmen Saucedo Zarco.
INEHRM-Bicentenario.
[7] “Un incidente, común en aquellos días, vino a cambiar
completamente las inclinaciones y destino del estudiante. Alzábanse en aquella
época la estatua ecuestre de Carlos IV en el centro de la Plaza Mayor de
México, la cual estaba custodiada por cuatro centinelas de la guardia
virreinal. Una mañana llamó ese aparato la atención del cacique del Tecpam de
San Juan y cuatro indios que le acompañaban, a la hora de la parada. El cacique
admirado sin duda de la grandeza de la estatua, habló en el idioma náhuatl con
aquellos que con él iban; y uno de los centinelas, creyendo que los indios
censuraban el hecho de que el caballo estuviese, como está, pisando el carcaj,
dio de culetzos al cacique. Rosales, que sabía el mexicano, habló en defensa
del indio, explicando, aunque con amargura, que lo que había dicho eran
alabanzas por la fundición de la estatua: el tono con que habló lastimo al
cabo, quien dio de varazos a don Víctor y le hizo conducir con los indios,
entre filas, a la presencia del jefe de día. Lleváronlos a la cárcel de Corte,
en donde permanecieron cinco días incomunicados, saliendo al fin por empeño de
los amigos del padre Porres, aunque se impuso a don Víctor la pena de expulsión
del colegio, porque le consideraron desafecto al gobierno virreinal.” “Víctor
Rosales, caudillo zacatecano de la Independencia.” Cabezas de Águila.
Recorriendo la Ruta de Hidalgo durante el Bicentenario.
[8] Carmen Saucedo Zarco. “El insurgente Víctor Rosales”.
INEHRM-Bicentenario.
[9] “Los restos de los héroes en el Monumento a la
Independencia”, tomo I, Estudio histórico de Carmen Saucedo Zarco, página 117.
Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Estudios
Históricos de las Revoluciones de México. INAH. 2012.
[10] inehrm.gob.mx/pdf/heroes_articulo.pdf
[11] El 4 de marzo, la Legislatura del Estado, eleva la
población a la categoría de villa, con el nombre de Villa de Ario de Rosales,
en honor al insurgente Víctor Rosales. e-local.gob.mx
[12] “Los restos de los héroes… página 115, tomo I, Instituto
Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Estudios Históricos
de las Revoluciones de México. INAH. 2012.
[13] “Guerra, lealtad y gobernabilidad en la Intendencia de
Zacatecas. Mariana Terán Fuente. Página 40. senado2010.gob.mx. Aquí con nota
50, José Enciso Contreras ofrece una versión documentada sobre la participación
del insurgente en Zacatecas y Michoacán. Cuando la Junta de Seguridad lo tomó
preso declaró ser zacatecano, comerciante, de 37 años de edad. Alegó desconocer
los motivos de su arresto y les dio a conocer que se encontraba indultado por
Calleja. A su hermano Juan también lo apresaron, en su declaración dijo que no
tenía idea de que se estuviera organizando un nuevo levantamiento en Zacatecas.
José Enciso Contreras (Víctor Rosales. Nueva historia de un patriota. Tribunal
Superior de Justicia de Zacatecas, Zacatecas, 2010., pp. 145 y 146), enlaza con
lo dicho por la historiadora Mariana Terán Fuentes en la entrevista por Alondra
Flores. Periódico La Jornada. Domingo 19 de septiembre de 2010, p. 4: “Frente a
la iglesia parroquial de la ciudad, Rosales y Calleja se dan un abrazo frente a
las tropas realistas, y el líder insurgente solicita el indulto amplio. ‘En ese
momento claudicó para salvar su pellejo. Eso no va mucho con nuestro ideario de
los insurgentes, algo que se tendrá que revalorar’, señala la investigadora.”
[14] Entrevista a la historiadora Mariana Terán Fuentes por
Alondra Flores. Periódico La Jornada. Domingo 19 de septiembre de 2010, p. 4
[15] Carmen Saucedo Zarco. El insurgente Víctor Rosales.
INEHRM-Bicentenario.
[16] “Los restos de los héroes en el Monumento a la
Independencia”, tomo II. Instituto Nacional de Antropología e Historia,
Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. INAH.
2012. El aporte correspondiente al análisis de antropología física corresponde
al esfuerzo de José Antonio Pompa y Padilla (coordinador), Jorge Arturo
Talavera González y Nancy Gelover Alfaro (parte visible de lo que es de suponen
integraron muchos otros profesionales en diversas disciplinas).
[17] El 19 de julio de 1823, un decreto del Congreso
declaró beneméritos de la Patria en grado heroico a Miguel Hidalgo, Ignacio
Allende, Juan Aldama, Mariano Abasolo, José María Morelos, Mariano Matamoros,
Leonardo Bravo, Miguel Bravo, Hermenegildo Galeana, Mariano Jiménez, Xavier
Mina, Pedro Moreno y Víctor Rosales, razón por la que se mandó exhumar sus
restos a fin de depositarlos en un monumento en la Catedral de México,
fijándose el 17 de septiembre para tal efecto. El tiempo era poco: menos de dos
meses, para reunirlos y trasladarlos. Carmen Saucedo Zarco. inehrm.gob.mx
[18] “Los restos de los héroes en el Monumento a la
Independencia”, tomo I, Estudio histórico de Carmen Saucedo Zarco, página 120.
Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instituto Nacional de Estudios
Históricos de las Revoluciones de México. INAH. 2012. En este punto remite a
José Enciso Contreras, “Víctor Rosales. Nueva historia de un patriota”.
Zacatecas. Tribunal Superior de Justicia de Estado de Zacatecas.

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