La Novara
viene, la Novara va.
El campo
del asilo
P VÍctor Manuel López Wario
Galveston, a...
Reunidos por una
serie de calamidades semejantes a las que nos habían alejado de nuestros
hogares y dispersado súbitamente por diversas regiones, hemos resuelto buscar
un asilo donde podamos recordar nuestros infortunios y sacar lecciones útiles
de ellos. Una vasta comarca se presenta ante nosotros, pero una comarca
abandonada por los hombres civilizados, recorrida por tribus indias que se
contentan con la caza y dejan sin cultivar un territorio tan fértil como
extenso. En la adversidad que anima nuestro coraje, lejos de abatirlo,
ejerceremos el primer derecho acordado al hombre por el autor de la naturaleza,
estableciéndonos sobre esta tierra, a fin de fertilizarla con nuestro trabajo y
extraer de ella las producciones que jamás rehúsa a la perseverancia.
No atacaremos a
nadie, no tenemos intenciones hostiles. Demandamos la paz y la amistad a todos
los que nos circundan, y agradeceremos la benevolencia que se nos manifieste.
Respetaremos la religión, las leyes, las costumbres y las usanzas de las
naciones civilizadas.
Respetaremos la
independencia, las usanzas y la manera de vivir de las naciones indias, a las
que no estorbaremos ni en su caza ni en ningún otro ejercicio de su existencia.
Sostendremos relaciones sociales y de buena vecindad, así como tratos comerciales,
con todos aquellos a quienes eso pueda convenir. Nuestra conducta será
apacible, activa y laboriosa; seremos útiles en tanto que podamos y
devolveremos bien por bien; pero si fuera posible que nuestra posición no fuera
respetada, y que la persecución nos alcanzara en los desiertos donde hemos
buscado un retiro, nuestra resolución está tomada de antemano. Tenemos armas;
el cuidado de nuestra conservación nos ha empeñado en proveemos, como lo han
hecho siempre los hombres de nuestra posición. La tierra sobre la que nos hemos
establecido nos verá triunfar o morir.
Llamaremos a la
plaza en que está establecida nuestra colonia el Campo de Asilo. Ese nombre, al
recordarnos nuestras adversidades, nos recordará también la necesidad de fijar
nuestros destinos, de establecer nuevos dioses penates, en una palabra de crear
una nueva patria. La colonia, esencialmente agrícola y comercial, será militar
para su conservación. Estará dividida en cohortes; cada cohorte tendrá un jefe
que estará obligado a llevar un registro general, compuesto por los registros
reunidos de todas las cohortes y a cargo de la dirección de la colonia. Las
cohortes estarán reunidas en el mismo emplazamiento, a fin de protegerse mejor
contra los insultos, y cada una vivirá tranquila bajo la protección de todas.
Será redactado un Código en el campo para garantizar la seguridad de las
propiedades y personas, para prevenir y reprimir la injusticia, para asegurar
la paz de los hombres y desbaratar los proyectos de los malvados. Los refugiados
no admiten entre ellos más que franceses o militares que hayan servido en las
filas de la armada francesa. Para unirse a ellos, es suficiente poseer uno de
esos dos títulos y acudir a la Nueva Orleans. Allí se encontrará todo lo
necesario para llegar al Campo de Asilo.
Guía de
Forasteros.
Estanquillo Literario para el año de 1819.
Instituto Nacional de Bellas Artes.
Año III, Vol. III, Num.9 [41].
(Traducción
Enrique Flores.).
bicentenario.gob.mx
La Novara
viene, la Novara va
Ralph Waldo Emerson nos da un acercamiento a los
protagonistas de una época en su descripción a la persona de Napoleón: “Entre
los personajes eminentes del siglo XIX, Bonaparte es, con mucho, el mejor
conocido y el más poderoso, y debe su predominio a la fidelidad con que expresa
el tono de pensamiento, de la fe y de los ideales de las masas de hombres
activos y cultos. Según la teoría de Swedenborg, cada uno de los órganos se
compone de partículas homogéneas, o, como se ha expresado algunas veces, cada
todo está compuesto de semejantes; es decir que los pulmones se componen de
pulmones infinitamente pequeños, el hígado de hígados infinitamente pequeños,
el riñón de riñoncillos, etc(étera). Siguiendo esta analogía, si se observa que
un hombre contiene en sí el poder y los sentimientos de gran número de hombres,
si Napoleón es Francia, si Napoleón es Europa, es porque los hombres a quienes
gobierna son pequeños Napoleones.
“En
nuestra sociedad existe un perpetuo antagonismo entre las clase conservadoras y
las democráticas, entre los que han hecho ya su fortuna y los jóvenes y los
pobres que aún la tienen que hacer, entre los intereses del trabajo muerto —es
decir el trabajo manual que permanece desde hace tiempo en el sepulcro,
enterrado en forma de dinero, de tierras o edificios pertenecientes a
capitalistas ociosos— y los intereses del trabajo vivo, que trata de poseer su
propia tierra, sus edificios y su dinero. La primera clase es tímida, egoísta,
mezquina, odia la innovación y se reduce continuamente a causa de la muerte. La
segunda clase es también egoísta; intrusa, audaz, confía en sí misma, supera
siempre en número a la otra y recluta sus miembros cada hora gracias a los
nacimientos. Desea mantener abiertos todos los caminos de la competencia y
multiplicar esos caminos. Es la clase a [la] que pertenecen todos los hombre de
negocios de América, Inglaterra, Francia, y de toda Europa, la clase del
trabajo y de la capacidad. Napoleón es su representante. El instinto de los
hombres activos, valientes y capaces de la clase media de todas las naciones ha
señalado a Napoleón como la encarnación de la Democracia. Poseía todas sus
virtudes y todos sus vicios, y sobre todo poseía su espíritu y su ideal. Esa
tendencia es material, aspira al éxito sensual y emplea para ese fin los medios
más ricos y variados; es versada en fuerzas mecánicas, altamente intelectual,
ha sido instruida con amplitud y con esmero, pero subordina todas las fuerzas
intelectuales y espirituales a los medios para alcanzar el éxito material. El
fin es llegar a ser un hombre rico. El Corán
dice que “Dios ha concedido a cada pueblo un profeta que habla su propio
idioma”. París, Londres y Nueva York, el espíritu del comercio, del dinero y el
poder material debían también tener su profeta, y Bonaparte fue habilitado como
tal y enviado al mundo. 1
a b
El SMS Novara (Seiner Majestät Schiff Novara —Buque de
su majestad Novara—) fragata de vela perteneciente a la marina de guerra
austro-húngara conocida por su navegación alrededor del mundo en la Expedición
de 1857 a 1859 durante el gobierno del káiser Francisco José I de Austria
(Franz Josef Karl von Habsburg-Lothringen). Poseía tres mástiles y seis
cubiertas, estaba equipada con 42 cañones y un desplazamiento de poco más de
2100 toneladas.
Su nombre original
fue el de Minerva durante su
construcción iniciada en Venecia en 1843, posteriormente, en 1848, parcialmente
terminada recibió el de Italia por
revolucionarios venecianos y ya concluida, en 1850 el definitivo de SMS Novara después de la Batalla de
Novara en 1849, cuando los austriacos
recapturaron Venecia tras la victoria del mariscal Joseph Radetzky 2
sobre Carlos Alberto, rey de Cerdaña.
“La expedición
Novara” fue la primera misión científica a gran escala realizada por la marina
austrohúngara autorizada por el archiduque Ferdinand Maximilian Joseph Marie
von Habsburg-Lorraine. La expedición zarpó el 30 de abril de 1857 a cargo del
vicealmirante Bernhard von Wüllerstorf-Urbair con 345 oficiales y tripulantes,
aparte de siete científicos. Los preparativos fueron realizados por la Academia
Imperial de ciencias de Viena bajo la dirección del geólogo Ferdinand von
Hochstetter y del zoólogo Georg von Frauenfeld.
En su recorrido por
el mundo “La expedición Novara”
recolectó 26 000 especímenes botánicos y zoológicos junto con otras muestras
culturales que enriquecieron el acervo de los museos de Viena, en especial del
Museo de Historia Natural. Los especímenes fueron estudiados por Johann
Natterer durante 18 años. Las observaciones geomagnéticas realizadas por la
expedición enriquecieron el conocimiento en el campo y las plantas de coca
recogidas por la misión permitieron aislar la cocaína en forma pura por primera
vez en 1860.
Los resultados de
la expedición fueron entregados en un informe para la Academia de ciencias de
Viena titulado Reise der österreichischen
Fregatte Novara um die Erde (El viaje de la fragata austriaca Novara
alrededor del mundo) que incluía un grabado de la fragata rodeado por un borde
oval en que se encuentran los nombres de todos los puertos 3 que
tocó el SMS Novara durante la misión concluida el 30 de agosto de 1859, tras
dos años y tres meses de navegación.
En abril de 1864
esta fragata trasladó al archiduque Maximiliano y a su esposa Carlota al puerto
de Veracruz para iniciar el Segundo Imperio Mexicano, al cual llegaron el 28 de
mayo de 1864.
FUNDAMENTOS, DOCUMENTOS.
PLAN DE LA
INDEPENDENCIA DE MÉXICO, PROCLAMADA Y JURADA EN EL PUEBLO DE IGUALA EN LOS DÍAS
1 Y 2 DE MARZO DE 1821 POR EL SERENÍSIMO SR. D. AGUSTÍN DE ITURBIDE,
GENERALÍSIMO ALMIRANTE, Y PRESIDENTE DE LA REGENCIA GOBERNADORA INTERINA DEL
IMPERIO.
1º. La religión de la Nueva España es y será la
católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna.
2º. La Nueva España es Independiente de la
antigua y de toda potencia, aun de nuestro Continente.
3º. Su gobierno será Monarquía moderada, con
arreglo á la Constitución peculiar y adaptable del reino.
4º. Será su Emperador el Sr. D. Fernando Séptimo,
y no presentándose personalmente en México dentro del término que las Cortes
señalaren á prestar juramento, serán llamados en su caso, el serenísimo Sr.
Infante D. Carlos, el Sr. D. Francisco de Paula, el archiduque Carlos u otro
individuo de Casa reinante, que estime sea conveniente el Congreso.
5º. Interín las Córtes se reunen, habrá una Junta
que tendrá por objeto tal reunión, y hacer que se cumpla con el plan en toda su
extención.
6º. Dicha Junta, que se denominará gubernativa,
debe componerse de los vocales que habla la carta oficial del Excmo. Sr. Virey.
7º. Ínterin el Sr. D. Fernando Septimo se
presenta en México y hace el juramento, gobernará la Junta ó la Regencia, á
nombre de S. M. en virtud del juramento de fidelidad que le tiene prestado la
Nacion; sin embargo de que se suspenderán todas las órdenes que diere interin
no haya prestado juramento.
8º.- Si el Sr. D Fernando Septimo no se dignare
venir á México, interin se resuelve el Emperador que deba coronarse, la Junta ó
la Regencia mandará en nombre de la Nacion.
9º.- Este gobierno será sostenido por el ejército
de las tres garantías, de que se hablará después.
10º. Las Córtes resolverán la continuación de la
Junta, ó si debe substituirla una Regencia, interin llega la persona que deba
coronarse.
11º. Las Córtes establecerán en seguida la
Constitución del Imperio Mexicano… (sic) 4
TRATADOS DE CORDOBA
Art. 1º Está América se reconocerá por nación
soberana e independiente, y se llamar en lo sucesivo imperio mexicano.
2º. El gobierno del imperio será monárquico, constitucional
moderado.
3º. Será llamado a reinar en el imperio mexicano
(previo el juramento que designa el art. 4º del plan) en primer lugar el señor
don Fernando VII, Rey católico de España, y por su renuncia o no admisión, su
hermano, el serenísimo señor infante don Carlos - por su renuncia o no
admisión, el serenísimo señor infante don Francisco de Paula; por su renuncia o
no admisión el señor don Carlos Luis, infante de España, antes heredero de
Etruria, hoy de Luca; y por la renuncia o no admisión de éste, el que las
Cortes del imperio designaren.
4º. El emperador fijar su corte en México, que
ser la capital del imperio.
…
Villa de Córdoba, 24 de agosto de 1821. —Agustín
de Iturbide. —Juan O’Donojú. —Es copia fiel de su original. —José‚ Domínguez.—
Es copia fiel de la original que queda en esta comandancia general. José
Joaquín de Herrera. --Como ayudante secretario. Tomás Illañez. 5
Siete días después
de firmada el acta, 31 de agosto siguiente, desde la misma Villa de Córdova,
don Juan O’Donojú y O'Ryan 6 envía la justificación de su actuar a
España: “¿Quién ignora que un negociador sin fuerzas está para convenirse con
cuanto le propongan y no para proponer lo que convenga a la nación que
representa?... envié al Primer Jefe del Ejército Imperial Iturbide dos
comisionados con una carta en que le aseguraba de las ideas liberales del
Gobierno, de las paternales del Rey, de mi sinceridad y deseos de contribuir al
bien general e invitándole a una conferencia. Otra recibí del mismo Jefe, que
al ver mi proclama me dirigía también comisionados para que nos viésemos.
Repito que jamás pensé en que podría sacar de la entrevista partido ventajoso
para mi patria; pero resuelto a proponer lo que, atendidas las circunstancias,
tal vez se consiguiese; a no sucumbir jamás a lo que no fuese justo y decoroso,
o a quedar prisionero en poder de los independientes si faltaban a la buena fe,
como por desgracia es y ha sido siempre tan frecuente, salí de Veracruz para
tratar en Córdoba con Iturbide… tuvieron cuidado de formar apuntes de mis
contestaciones, de las bases en que era preciso apoyarse para que pudiésemos
entrar en convenio… Yo no sé si he acertado… cuando reflexiono que todo estaba
perdido sin remedio, y que (hoy) todo está ganado, menos lo que era
indispensable que se perdiese, algunos meses antes o algunos después… La
Independencia ya era indefectible, sin que hubiese fuerza en el mundo capaz de
contrarrestarla. Nosotros mismos hemos experimentado lo que sabe hacer un
pueblo que quiere ser libre. Era preciso, pues, acceder a que la América sea
reconocida por nación soberana e independiente y se llame en lo sucesivo
Imperio Mexicano.” 7
Don Carlos María de
Bustamante escribe en su Cuadro histórico: “Tal fue el Tratado de Córdoba,
confirmación del Plan de Iguala, aunque modificándolo en el importante punto de
designación de las personas que se llamaban a ocupar el trono del nuevo
imperio, pues además de señalar para ellos al rey Fernando VII y a sus hermanos
don Carlos y don Francisco de Paula, se hizo también mención del príncipe
heredero Luca, sobrino del monarca español y se omitió el nombre del archiduque
Carlos de Austria; pero se introdujo en el tratado la notable novedad de que
por la no admisión del rey y los infantes, las Cortes elegirían al soberano,
sin expresar que había de ser de casa reinante, como se fijó en el Plan de
Iguala. Iturbide dejó con esto abierta la puerta a su ambición, y O'Donojú,
«empeñado únicamente en asegurar el trono a los príncipes de la casa de España,
dice Alamán, quizás no reparó en la variación muy sustancial que Iturbide había
introducido, bastante a minar todo el edificio que acababa de levantarse.» No
pudo ocultarse al sagaz primer jefe del ejército libertador que el tratado era
esencialmente nulo, por falta de poder para ajustarle por una de las partes,
pues el carácter de capitán general y jefe superior político que tenía O'Donojú
era insuficiente para celebrar un contrato de tanta entidad; pero el tratado le
allanaba la posesión de la capital, y dividía más y más a los últimos defensores
de la dominación española”. 8
ACTA DE INDEPENDENCIA DEL IMPERIO MEXICANO, PRONUNCIADA POR SU JUNTA
SOBERANA CONGREGADA EN LA CAPITAL DE ÉL EN 28 DE SETIEMBRE DE 1821
La Nacion Mexicana que, por trescientos años, ni
ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresion
en que ha vivido.
Los heroicos
esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa,
enteramente memorable, que un genio, superior á toda admiración y elogio, amor
y gloria de su Patria, principio en Iguala, prosiguió y llebo al cabo,
arrollando obstáculos casi insuperables.
Restituida, pues,
esta parte del Septentrion al exercicio de cuantos derechos le concedió el
Autor de la Naturaleza, y reconocen por inenagenables y sagrados las naciones
cultas de la tierra; en libertad de constituirse del modo que mas convenga á su
felicidad; y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus
designios; comienza á hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente,
por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es Nación Soberana, é
independiente de la antigua España, con quien en lo succesivo, no mantendrá
otra unión que la de una amistad estrecha, en los términos que prescribieren
los tratados: que entablará relaciones amistosas con las demas potencias
executando, respecto de ellas, cuantos actos pueden y estan en posesion de
executar las otras naciones soberanas: que va á constituirse con arreglo á las
bases que en el Plan de Iguala y tratado de Cordoba estableció, sabiamente, el
primer Gefe del Exercito Imperial de las Tres Garantias; y en fin que
sostendra, á todo trance, y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus
individuos, (si fuere necesario) esta solemne declaración, hecha en la Capital
del Imperio á veinte y ocho de Setiembre del año de mil ochocientos veinte y
uno, primero de la Independencia Mexicana.
Agustín de
Iturbide, Antonio Obispo de la Puebla, Lugar de la firma del S. odonojú (sic,
por O’Donojú) , Manuel de la Bárcena, Matías Moteagudo, José Yáñez, Juan
Francisco Azcarate, Juan José Espinoza de los Monteros, José María Fagoaga,
José Miguel Guridi y Alcocer, El Marqués de Salvatierra, El Conde de Casa de
Heras Soto, Juan Bautista Lobo, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Antonio de
Gama y Córdova, José Manuel Sartorio, Manuel Velázquez de León, Manuel Montes
Argüelles, Manuel de la Sota Rivas, El Marqués de San Juan de Rayas, José
Ignacio García Illueca, José María de Bustamante, José María Cervantes y
Velasco, Juan Cervantes y Padilla, José Manuel Velázquez de la Cadena, Juan de
Horbegozo, Nicolás Campero El Conde de Jala y de Regla, José María de Echevers
y Valdivielso, Manuel Martínez Mansilla, Juan Bautista Raz y Guzmán, José María
de Jáuregui, Jose Rafael Suarez Pereda Anastasio Bustamante, Isidro Ignacio de
Icaza, Juan José Espinoza de los Monteros, Vocal Srio. (sic) 9
LOS PERSONAJES EN LA TRAGEDIA
Entre el mito y el infundio. “Para los merovingios,
la abeja era la criatura más sagrada. Emblema divino de la realeza en Egipto,
se convirtió en símbolo de la sabiduría. En 1653, al abrir la tumba de
Childerico I el hijo de Meroveo, se hallaron alrededor de trescientas pequeñas
abejas de oro que, Napoleón vestiría cosidas a su manto durante su coronación.
Reclamó el derecho a llevarlas en virtud de ser descendiente de Jacobo de
Rohan-Estuardo, hijo natural (reconocido en 1667) de Carlos II de Gran Bretaña
y Margarita, duquesa de Rohan. Los Estuardo exiliados en Europa adoptaron la
abeja como símbolo y aún pueden verse abejas grabadas en alguna cristalería de familias jacobitas.” 10 Afirmación poco conocida que, de ser cierta
dejaría malparado al Emperador de los franceses, aunque, por otro lado, las
infidelidades en la nobleza de los siglos previos y del XIX, parecen no
representar ningún conflicto de conciencia ni social, siempre y cuando las dos
partes aceptaran la situación.
Por su parte, el
profesor Eduardo Garzón-Sobrado nos ilustra en cuanto a la alegoría en la
imagen de las abejas: “Símbolo de inmortalidad, de resurrección y linaje real
desde el antiguo Egipto, las abejas fueron escogidas con el fin de vincular a
la nueva dinastía con los orígenes mismos de la monarquía francesa. En efecto,
abejas de oro (algunos las interpretan como cigarras) habían sido descubiertas
en 1653, en Tournai (hoy Bélgica), en la tumba del rey Childerico I, fundador
en 457 de la dinastía merovingia y padre del gran rey Clovis. Son consideradas
como el emblema más antiguo de los soberanos de Francia. En cuanto a su
significado intrínseco, en el plano espiritual y limitándonos a nuestra
tradición judeo-cristiana, la abeja, por su miel, es considerada como el
emblema de Jesucristo: por un lado, se destaca su dulzura y su misericordia;
por el otro, el ejercicio de su justicia como Cristo-juez; hallamos
recurrentemente su figura en la literatura de la Edad Media. Para Bernardo de
Clairvaux simboliza el Espíritu Santo. Insistiendo en la noción de la
intermediación, encontramos en un texto jurídico medieval galés que la nobleza
de las abejas viene del paraíso y es a causa del pecado del hombre que de ahí
vinieron; Dios extendió su gracia sobre ellas y es por esa razón que no se
puede cantar la misa sin cera. En el ámbito terrenal y desde una perspectiva
social, la abeja simboliza al maestro del orden y de la prosperidad, ya sea
éste rey o emperador, guía líder y padre ungido en todo caso; se aparenta
igualmente a los héroes civilizadores, que establecen la armonía por medio de
la sabiduría y la espada. Como lo indica el barón Philippe Lamarque, «el
Emperador se reserva su uso exclusivo » precisando que « las únicas tolerancias
se aplican a las cabezas de escudos de los príncipes dignatarios y de las
ciudades de primera clase». 11
El 20 de marzo de
1811, en el Palacio de las Tullerías 12, el pueblo parisino supo del
nacimiento del primer y único hijo legal del Emperador Napoleón I, nacido Buonaparte en Ajaccio (Córcega) el 15 de
agosto de 1769 y casado con la archiduquesa
Maria Ludovica Leopoldina Francisca Teresa Josefa Lucia, nacida en
Viena, Austria, el 12 de diciembre de 1791, hija del Káiser Franz II: “María
Luisa se embarazó en julio, y en el curso de los meses Francia entera aguardó
expectante las salvas: 21 si era niña; 101 si era varón. El 20 de marzo de
1811comenzó el parto de María Luisa. El ginecólogo preveía un parto difícil, y
Napoleón le dijo que si era necesario elegir entre la vida de la madre y la del
hijo, debía salvar a la madre: una orden que siempre sería recordada con
gratitud por María Luisa. Efectivamente, el parto fue difícil, pero el niño
nació vivo. Cuando oyó la salva de 101 13 cañonazos, los ojos de
Napoleón derramaron lágrimas de alivio y alegría. Al fin tenía heredero.
Escribió lo siguiente a Josefina, que le envió sus felicitaciones: ‘Tengo un
hijo robusto y sano… Tiene mi pecho, mi boca y mis ojos’.” 14 Con
este su segundo matrimonio —después del tormentoso divorcio con Josefina, cuya
finalidad era asentar una dinastía y legalidad a la etapa derivada de la
Revolución que él consumó en una cadena de victoria bélicas con el fin de unir
Europa con la forma de una Federación Europea a través del sistema de Imperio
(estaba a un año de ver el inicio del gran derrumbe de su obra)—, parecía
consolidar los fundamentos de la Revolución y los cimientos de un Imperio de
reciente cuño.
El
niño llevará por nombre Napoleón François Joseph Charles Bonaparte,
sobrenombrado l’aiglon (el
aguilucho), con título de Rey de Roma y finalmente, duque de Reichstadt. Es un
personaje ubicado entre la luz y la sombra de los intereses de su momento y en
la historia, de ángulos romos en ocasiones y en otros inexistentes; plano, sin
textura, casi comparsa en un desfile de altas personalidades, su vuelo truncado
le negó un nido propio e importancia junto a los grandes de su época. Ya el
mismo Emperador de los franceses, conocedor de los hechos de su tiempo y
consecuencias de sus actos expresó: "Mi hijo no puede reemplazarme; yo
mismo no podría reemplazarme. Soy hijo de las circunstancias.” 15
Obligado por el
frio con heladas inusitadas Napoleón inicia el 19 de octubre de 1812 la trágica retirada desde Moscú. Todavía
venció a los prusianos y rusos en Lützen; la derrota le alcanzó en Leipzig.
Después de la
campaña de Francia y de la toma de París, María Luisa y su hijo se refugiaron
en Rambouillet y posteriormente en Blois. El 4 de abril de 1814, Napoleón
redacta en Fontainebleau un acta de abdicación que reserva los derechos de su
hijo. El 6 de abril de 1814, Napoleón presionado por los aliados y por el
personal cercano renuncia a la corona para él y su descendencia. Napoleón se
despidió a sus tropas el 20 de abril de 1814 en Fontainebleau y se fue a la
isla de Elba. Un cortejo que llevaba María Luisa y su hijo a Viena se fue el 23
de abril de 1814.
Sucederán la
efímera gloria postrera de “los Cien días”, Waterloo y el definitivo
confinamiento en Santa Elena hasta la muerte del emperador el 5 de mayo de
1821.
“El 5 de mayo de
1821 Napoleón I muere en la isla de Santa Elena en la que estaba exilado desde
1815. Es enterrado cerca de un manantial, a la sombra de varios sauces
llorones, en el "valle del Geranio". Sus restos mortales siguen allí
hasta 1840 cuando el rey Luis Felipe I decide el traslado del cuerpo del
Emperador a París. Marinos franceses, bajo el mando del príncipe de Joinville,
traen de vuelta a Francia el ataúd a bordo del barco la ‘Belle Poule’.
“Un funeral
nacional acompaña el regreso de las cenizas del Emperador Napoleón I,
trasladadas a Les Invalides el 15 de diciembre de 1840 esperando la
construcción de la tumba. Esta fue encargada en 1842 por el rey Luis Felipe al
arquitecto Visconti (1791-1853), que realiza bajo el Domo importantes
transformaciones cavando un agujero inmenso para acoger la tumba. El cuerpo del
Emperador Napoleón I se mete el 2 de abril de 1861. La tumba, realizada en
bloques de cuarcita roja, situada sobre un pedestal de granito verde de los
Vosgos, está rodeada de una corona de laureles y de inscripciones que recuerdan
las grandes victorias del Imperio. Rodeando la Tumba, doce ‘Victorias’
esculpidas por Pradier, simbolizan las campañas militares de Napoleón. Sobre el
mármol polícromo están inscritas 8 famosas victorias. En la galería circular,
una serie de 10 bajorrelieves esculpidos por Simart, representan las
principales acciones del reino: pacificación de la nación, centralización
administrativa, consejo de Estado, Código civil, Concordato, Universidad
imperial, corte de cuentas, código mercantil, Grandes obras, Legión de honor.
En el fondo de la cripta, encima de la losa bajo la que descansa el Rey de
Roma, se erige una estatua del Emperador vestido con la simbología imperial.” 16
“El
Domo de los Invalides, iglesia del Domo. Esta capilla real se construye entre 1677 y 1706. Las
decoraciones interiores realizadas en esa época exaltan la gloria de Luis XIV,
de la monarquía y de sus ejércitos.
“Templo de Marte
durante la Revolución, la iglesia del Domo se convierte en panteón militar con
la acción de Napoleón Bonaparte, la instalación de la tumba de (Henri de la
Tour d'Auvergne-Bouillon 17) Turenne (1800) y de un monumento
funerario de Vauban (1807-1808). En 1800, el Primer Cónsul ordena el traslado
bajo el Domo de los restos mortales de Turenne, uno de los mariscales más
conocidos del siglo XVII, en una tumba monumental. Una vez convertido en
emperador de los franceses, vuelve a realizar un gesto similar el 26 de mayo de
1808, transfiriendo el corazón de Vauban a un mausoleo erigido enfrente del de
Turenne. Obra de Trepsat, el mausoleo original erigido en la capilla de
Sainte-Thérèse comprende una simple columna sobre la cual se sitúa una urna,
apoyada en una base portadora de trofeos.
“En 1847, en el
marco del acondicionamiento por el arquitecto Visconti de la cripta destinada a
la tumba de Napoleón, este monumento es reemplazado por un sarcófago de mármol
negro realizado por el escultor Antoine Etex. Se representa a Vauban
semitumbado. Sujeta un compás y medita sobre sus escritos. Está enmarcada por
las figuras de la Ciencia, con velo y de la Guerra, con casco. El sarcófago se
sitúa bajo un obelisco enmarcado de banderas y de estandartes. Una inscripción
y un bajorrelieve en el pie recuerdan el proyecto de diezmo real de Vauban y
ponen en valor la dimensión política y reformadora de la obra de Vauban. 18
“Al día de hoy, el
Domo acoge, alrededor de la tumba de Napoleón I, las sepulturas de su hijo, el
Aguilucho, el Rey de Roma 19, de sus hermanos Joseph y Jérôme
Bonaparte, de los generales Bertrand y Duroc, pero también de dos mariscales
ilustres de la primera mitad del siglo XX, Foch y Lyautey.” 20
En una de las salas
contiguas, al frente de un basamento con la estatua de Napoleón Emperador con
el manto adornado con las abejas y gran
parecido al retrato realizado por François Pascal Simon, barón Gérard (Roma, 4
de mayo de 1779 – † París, 11 de enero de 1837), discípulo de Jacques-Louis
David (París, Francia, 30 de agosto de 1748 - Bruselas, Bélgica, 29 de
diciembre de 1825), una lápida cubre los restos de Napoleón François Joseph
Charles Bonaparte, la cual sencillamente dice:
NAPOLEON II
ROI DE ROME
(1811 1832)
Napoleón II, falleció el 22 de julio de 1832,
afectado aparentemente de tuberculosis, en el palacio de Schönbrunn (Viena)
significativamente a la edad de los 21 años de edad. “El que pudo haberlo tenido todo, pasaba a la eternidad sin tener
nada”. 21
En 1830, la
Revolución de julio expulsó a los Borbones que gobernaban después del debacle
en Waterloo y subió al trono Luis Felipe de Orleáns, mucho más favorable a
Napoleón. El nombre del Napoleón II fue aclamado en París; se pedía su retorno
a Francia. Klemens von Metternich, ministro de Exteriores de Franz, su
«eminencia gris» (a quien responsabilizan por la muerte del rey de Roma
mediante envenenamiento), se opuso a ello. Metternich favorecía a Luis Felipe,
e invocó, además, que el Duque de Reichstadt ya no era francés en sus
sentimientos – afirmación desmentida años más tarde con la publicación de la
correspondencia personal del Duque–, sino que se había germanizado por
completo. 22
“... Hacía diecinueve
años que había muerto en el Palacio de Schönbrunn, en Viena, el hijo que
Napoleón Bonaparte había tenido con la austriaca María Luisa, y once años desde
el día en que los lanceros de penachos tricolores precedieron, en su marcha a
Los Inválidos, el féretro que contenía los restos de Napoleón el Grande, llevados
a Francia por el Príncipe de Joinville, y al que seguía un caballo sin jinete,
blanco como el caballo de batalla del Gran Corso, que era conducido por dos
palafreneros vestidos de verde y oro. La dinastía de los Bonaparte pareció
entonces extinguirse para siempre.” 23
Charles Louis
Napoleón Bonaparte, hijo de Louis Bonaparte (2 de septiembre de 1778 - 25 de
julio de 1846) y Hortense Eugénie Cécile de Beauharnais (10 de abril de 1783 –
5 de octubre de 1837), único presidente de la Segunda República Francesa en
1848 y luego el segundo emperador de los franceses en 1852, bajo el nombre de
Napoleón III, siendo el último monarca que reinó sobre este país nació el 20 de
abril de 1808, París, Francia y murió el 9 de enero de 1873, Chislehurst,
Londres, Inglaterra, en donde están sepultados sus restos.
“Hijo de los reyes
de Holanda, Luis y Hortensia, era sobrino carnal del también temerariamente
imaginativo Napoleón I; y si llegó al trono de Francia se debió no a méritos
particulares, sino a ser el sucesor, después de la muerte del rey de Roma,
fallecido en Viena el 22 de julio de 1832, y a quien por un buen número de años
se atribuyó la paternidad de Fernando Maximiliano de Habsburgo, emperador de
México.
“Desaparecido el
rey de Roma, Luis Napoleón se creyó llamado, como representante de la dinastía
napoleónica, a ocupar el trono de su tío, que no por tener más talento que el
sobrino era menos neurótico que éste…” 24
“Los historiadores
dan como primer interés de Napoleón III la intención de crear un estado fuerte
en América del norte para frenar el crecimiento de los Estados Unidos, un
enemigo que podría actuar desde afuera de Europa alterando un sistema de
fuerzas mundial que los europeos parecían saber manejar por sí solos, pero
posible de desbarrancarse si se producía la intrusión de una potencia ajena y
lejana. El momento era propicio, EE. UU., estaba distraído con la Guerra de
Secesión (1861-64) y su capacidad de responder con lo que después fue una
bandera infranqueable «América para los
americanos» era nula. Por otra parte los franceses aspiraban a tomar ventajas
del clima bélico, apoyando el bando sureño, a la sazón perdidos en la guerra
civil, al cual trataron de complicarlo en un proyecto de colonización
estadounidense en el estado mexicano de Sonora.” 25
Recorte
periodístico. “Un estudio de ADN revela que Napoleón III,… no es familiar del que
se suponía su tío, el emperador Napoleón Bonaparte. Es el resultado que arroja
una investigación de un año encargada por la asociación El Recuerdo Napoleónico
al antropólogo y genetista Gérard Lucotte que publica hoy el diario Le Figaro.
“El estudio muestra
que los cromosomas ‘Y’ de Napoleón Bonaparte (1769-1821) pertenecen al
haplogrupo ‘corso-sardo’ mientras que los de Napoleón III (1808-1873) son del
tipo ‘caucásico’, lo que hace imposible su vinculación sanguínea.
“Hasta ahora se
pensaba que Napoleón III era hijo de Luis Bonaparte, rey de Holanda y hermano
del emperador, y de Hortensia de Beauharnais, hija de un matrimonio de la
emperatriz Josefina anterior a su enlace con el emperador.
“Pero las nuevas
evidencias muestras que la descendencia de Napoleón, considerado uno de los
grandes estrategas militares de la historia y personaje clave del siglo XIX,
terminó con la muerte de su hijo, el príncipe imperial Napoleón II, que
sucumbió a la tuberculosis a los 21 años, en 1832. Sin embargo, el ADN confirma
que Napoleón III y su hijo, el príncipe imperial Napoleón Luis Eugenio
Bonaparte y hasta ahora supuesto sobrino-nieto del conquistador de Europa, sí
comparten el mismo origen genético…” 26
La afirmación
anterior invalida otra de las imputaciones gratuitas al Emperador de los
francés en lo tocante a la paternidad ilegitima de Napoleón III al afirmar sin
basamento que ante la repulsa de Louis —y de la familia Buonaparte en general—
por los integrantes de los Beauharnais, el hermano de Napoleón negaba en la
práctica todo acercamiento con Hortense y que el mismo Napoleón engendró a
quien llevaría el título y apellido de la familia.
UN CORDERO
¿Por qué
la elección para erigir un sistema político mexicano bajo la forma de Imperio
recayó en Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine (Viena, 6 de
julio de 1832 - Santiago de Querétaro, 19 de junio de 1867)? A más de
infundios, interpretaciones fallidas, pecados impuestos, la política no desaprovechan cualquier elemento secundario —reales
o ficticios, míticos o impuestos— para sostener los principios de sus
decisiones e imposiciones.
“La
casa de Habsburgo fue una de las familias reales más importantes en Europa
entre fines del siglo XIII y principios del siglo XX. Su origen se encuentra en
Habichtsburg (Castillo de Azor), en el antiguo ducado de Suabia. Como príncipes
electores del Sacro Imperio Romano Germánico, tuvieron acceso a la dignidad
imperial en 1273, con Rodolfo I, nuevamente en 1298, con su hijo Alberto I y de
manera definitiva en 1438 con Alberto II, cuando el trono, supuestamente
concedido por elección, quedó en realidad vinculado a los Habsburgo.
“La
Casa de Habsburgo se ligó al trono español por el matrimonio de Felipe I ˂˂el
hermoso>> (1478-1506) con la reina Juana (llamada ˂˂la loca>>),
heredera de los Reyes católicos Fernando e Isabel. Su hijo, Carlos I de España,
fue electo emperador en 1519 (gobernando como Carlos V) y fue bajo su reinado que
Hernán Cortés conquistó el Imperio Mexica, con lo que incorporó el vasto
territorio mexicano a los dominios de la dinastía, que ya se extendía por gran
parte de Europa.
“Carlos
V repartió sus posesiones entre su hermano Fernando y su hijo Felipe II, con lo
que se crearon dos ramas familiares establecidas respectivamente en Austria y
España (en esta última reinaron hasta el año de 1700, cuando fueron sustituidos
por los Borbones). En 1806, al disolverse el Sacro Imperio Germánico por obra
de Napoleón Bonaparte, el monarca Francisco II conservó el título de emperador
de Austria. A su descendencia, la dinastía de Habsburgo-Lorena, pertenecieron
el emperador Francisco José I, nacido el 18 de agosto de 1830, y su hermano
menor Fernando Maximiliano José, nacido el 6 de julio de 1832. Maximiliano
renunció en 1864 a sus títulos de príncipe de Hungría y Bohemia y segundo en
línea sucesoria al trono austriaco, para convertirse en Emperador de México.” 27
A.
Z. Manfred y N. A. Smirnov dejan un dato interesante: “Después de la batalla de
Waterloo Napoleón abdicó de nuevo (22 de junio de 1815). Pensaba ir a América,
pero no pudo realizar el proyecto a causa del bloqueo de las costas de Francia
por la escuadra inglesa, viéndose obligado a rendirse a los ingleses…” 28
que apoya y encuentra refuerzo en la afirmación de Frederic Bluche: “Los
proscriptos y emigrados del 24 de julio de 1815 y los bonapartistas más
comprometidos tuvieron que elegir la ruta hacia el extranjero. Se los
encontrará en Londres, en Bélgica, en Oriente y en los Estados Unidos (de
Norteamérica). Las tormentosas tribulaciones del general Lallemand de Smyrne en
México llegan a tener valor de símbolo. Charles Lallemand, acariciando de tanto
en tanto la esperanza de hacer evadir a Napoleón de Santa Elena o la proclamar a su hermano
José, ex rey de España, como emperador de México, fundó con el general barón
Rigau, la célebre y efímera colonia militar del Campo de Asilo en Texas
(1818)”. 28
“EL
CAMPO DE ASILO. En 1818, un grupo de ex-oficiales del ejército napoleónico
decidió dirigirse a Texas para fundar una colonia cerca de la desembocadura del
río Trinidad. Dos de ellos, Hartmann y Millard, publicaron en 1819 una memoria
del intento colonizador. En la cual se incluye la Proclama Lanzada por los aventureros.” (Ver el inicio).
Ya
desde la primera abdicación al trono de Francia, surgen rumores “fantasiosos”
sobre la huida de Napoleón y algunos seguidores a tierras lejanas: “En
septiembre (del 1816), comentando esos ruidos, Richelieu escribe a su amigo el
marqués de Osmond: «se nos asegura hoy que José Buonaparte, Grouchy, Clausel,
han partido de los Estados Unidos para ir a México; espero que sean
aprehendidos y ahorcados, lo cual les curará para siempre de la rabia de
revolucionar». (El anexo 2 brinda una visión compleja del asunto que trata.
Muestra la serie de fuerzas conjuntadas para un fin y de manera paralela indica
—implícitamente— la aventura napoleónica anterior, la fuga de la Isla de Elba,
sin esa aura de decisión y ejecución prácticamente unipersonal asentada en las
biografía del gran corso, de “le petit caporal”, del caído Emperador de los franceses. Pese a
lo extenso, es destacable por brindar la complejidad del hecho.)
Sumado a los
anhelos de regir y sus logros en las áreas de administración proporcionadas,
Maximiliano contaba con sus sueños de grandeza afianzados por sus logros en la
práctica de las corrientes liberales de su época, el orgullo de una esposa
pronta a obtener un alto nivel histórico, el acicate de un suegro belga con
escaso conocimiento de la realidad mexicana, el deseo de su hermano, el
Emperador Francisco José por deshacerse de su incómodo, liberal y crítico
hermano, la visión de expansión americana de un Napoleón III y abrir una brecha
para contener el crecimiento y expansión de los Estados Unidos de Norteamérica
a través de un miembro de la familia, a
más de las gestiones europeas de José Gutiérrez de Estada irritado por la
expropiación de algunas de sus propiedades, de Juan Nepomuceno Almonte, de un
purpurado Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, el apoyo de trasmano de un
general experimentado en el poder llamado Antonio López de Santa Anna que lo
calificaba de “candidato inmejorable” a quien ofrecía sus servicios “hasta la
realización plena del negocio”. 30 Todo argumento era aprovechable.
Emperador
electo. “En el invierno de 1861 a 1862, fueron sucesivamente a Miramar los
señores Gutiérrez de Estrada y Almonte…El archiduque fue conociendo poco a poco
a los demás mexicanos partidarios de la monarquía… y a todos nos obsequió una
benévola y exquisita hospitalidad… Todos éramos monárquicos, pero había
naturalmente modificaciones en nuestras tendencias, y o que a cada uno
preocupaba más respecto al futuro cambio de gobierno, lo creía resuelto por las
tendencias mismas de Su Alteza Imperial en el sentido que deseaba. Todos los
deseos eran dignos y patrióticos, todos indicábamos respetuosa y honradamente
nuestras opiniones, y todos… nos encontrábamos de acuerdo al juzgar al
archiduque y aplaudimos la inspiración que nos llevó a elegirle.” 31
Años antes, el 20
de Diciembre de 1827, don Guadalupe Victoria, primer presidente de la recién
formada República, decreta la expulsión del país de todos los españoles
residentes en él:
“De acuerdo con
este decreto deben salir del territorio nacional en un lapso no mayor de seis
meses y quedan exceptuados los casados con mexicanas, que hagan vida marital;
los que tienen hijos no españoles; los mayores de sesenta años; los impedidos
físicamente; los que hubieren prestado servicios a la causa de la
independencia; y los profesores de alguna ciencia, arte o industria. Queda
establecido que esta ley se hará efectiva en tanto el gobierno español no
reconozca la Independencia de México.
“La conspiración
para la reconquista española de México del monje dieguino español Joaquín
Arenas, de sirvió de pretexto para expulsiones de españoles y venganzas contra
los partidarios de Iturbide.
“El hecho ocurre en
medio de las turbulencias originadas por los conflictos entre “yorkinos” y
“escoceses” 32/33
; pero, en el fondo, la medida es contra comerciantes, eclesiásticos y
militares para impedir la consolidación de una oligarquía económica, política y
hasta racial. H. D. Sims (Descolonización
en México), refiere que “el movimiento expulsionista de 1827-1828, fracasó
tanto en alcanzar su designio de arrojar de México a todos los españoles como
en su carácter de medida para proteger la independencia de México. En realidad,
puso en grave peligro la independencia nacional al proporcionar tanto oficiales
como soldados para las fuerzas españolas que participaron en la invasión
emprendida desde La Habana a mediados de 1829. Tampoco logró fortalecer la
economía de la nación, lo cual había sido una de las ilusiones de los primeros
proponentes de la expulsión, sino que al contrario, México quedó muy gravemente
debilitado tanto físicamente como en su comercio exterior. Además de los
cambios económicos, la ‘gente decente’ vio con profundo temor la destrucción de
las garantías sociales. El clero que se quedó en el país, se encontró con que
la iglesia ya no podía desempeñar su papel tradicional de guardiana de las
garantías sociales, porque los nativistas, en realidad, habían declarado la
guerra a la elite social tradicional, y los que quedaban. Los que en el decenio
de 1830-40 surgieron como defensores de los fueros tradicionales y de las
propiedades de la iglesia, eran gente decidida a impedir en el futuro cualquier
ataque sobre los derechos y privilegios heredados de la tradición. A pesar de
todo, la cuestión de los españoles seguiría viva hasta que, por fin España
otorgó a México el reconocimiento de su independencia en 1836 [...].” 34
“Nacido en 1832 en
el Palacio de Schönbrunn, en las inmediaciones de Viena, Maximiliano fue poeta
y marino, naturalista y viajero. Su atracción por el mar lo llevó a conocer el
Mediterráneo y el norte de África, Centroamérica y la costa del Brasil. Como
emperador de México se ocupó de la reorganización de la Academia de San Carlos,
de la fundación de los Museos de Historia Natural y de Arqueología, así como de
la Academia Imperial de Ciencias y Literatura. Heredero del Iluminismo, sus
intereses se dirigían hacia actividades intelectuales más que a las propiamente
políticas, y a partir de sus escritos es claro que la idea de gobernar lo apasionaba
más como un problema para la reflexión que como una realidad cotidiana.” 35
Preámbulo y pretextos.
“La Guerra de Reforma de 1857-1861 dejó al país
diezmado y dividido. Al término del conflicto bélico entre liberales y
conservadores, era necesario restaurar el orden, la paz y la seguridad
nacional.
“En enero de 1861
las fuerzas liberales habían entrado triunfantes a la ciudad de México, sin
embargo la reacción armada no había terminado, por lo que se requerían fondos
para hacerle frente.
“Por ello, el 29 de
mayo de 1861 el presidente Benito Juárez decretó una moratoria a la deuda
externa que México tenía con Inglaterra.
“Mes y medio
después, a través de un segundo decreto suspendió los pagos de las llamadas
‘convenciones’ con Inglaterra, Francia y España
(La deuda externa sumaba en total unos 77 millones de pesos). De inmediato los ministros de Inglaterra,
Charles Wyke, y de Francia, Alphonse Dubois de Saligny solicitaron al gobierno
la derogación del decreto. Al obtener una respuesta negativa, el 25 de julio
romperían relaciones con México.
“Como consecuencia
de ello, meses después las naciones que integraban la Triple Alianza, enviarían
navíos a México reclamando el restablecimiento del pago de la deuda. Este sería el origen de la segunda intervención
francesa, cuya consecuencia fue la instauración del imperio de Maximiliano de
Habsburgo.” 36
El 10 de julio de
1863, la Junta de Notables emitió el siguiente dictamen:
1.- La nación
mexicana adopta por forma de gobierno la monarquía moderada, hereditaria, con
un príncipe católico.
2.- El soberano
tomará el título de Emperador de México.
3.- La corona
imperial de México se ofrece a S. A. I. y R., el príncipe Maximiliano,
archiduque de Austria, para sí y sus descendientes.
4.- En caso que,
por circunstancias imposibles de prever, el archiduque Maximiliano no llegase a
tomar posesión del trono que se le ofrece, la nación mexicana se remite a la
benevolencia de S. M. Napoleón III, emperador de los franceses, para que le
indique otro príncipe católico.
A
su llegada a Veracruz, desembarcados del Novara, ante una fría recepción
carente de protocolo y emoción y el llanto entristecido de la nueva Emperatriz,
Maximiliano expresa: “Mexicanos, vosotros me habéis deseado; vuestra noble
nación, por una mayoría espontánea, me ha designado para velar de hoy en
adelante por vuestros destinos. Yo me entrego con alegría a ese llamamiento.”
“Y
en efecto, a las cinco y media de la mañana, al tronar de los cañones de barcos
y fortines, los príncipes pusieron pies en tierras mexicanas. Pocos fueron los
habitantes deseosos de ver lo que nunca habían visto. Los veracruzanos, con su
desdén —y ésto fue ocultado a Maximiliano— cumplieron con su culto republicano
y juarista. Allí en Veracruz, había nacido con el pulso de don Antonio López de
Santa Anna, la república mexicana; allí, fue la ciudad capitana de Juárez,
durante la guerra de Tres Años; allí, en fin, se originaron las leyes llamadas
de Reforma. El liberalismo, pues, estaba hincado en Veracruz, aparte de que
siendo españoles los más fuertes comerciantes de la ciudad, y éstos por
naturaleza y rivalidad se oponían a lo francés, el ambiente para el imperio no
fue el más acogedor.” 37
Lo
que va desde su llegada a Orizaba a la pretendida traición del coronel Miguel
López 38 es tiempo asentado en múltiples narraciones de esa corta e
importante etapa en la vida nacional con abundancia en loas desaforadas,
descalificaciones, notas degradantes, ofensivas y hasta denigrantes para el
personaje vencido en la última plaza imperial: Querétaro. En ésta, a las siete y cinco minutos de la
mañana del 19 de junio de 1867, tras un juicio celebrado a fin de
notificárseles los cargos correspondientes, son fusilados simultáneamente el
austriaco Fernando Maximiliano de Habsburgo —llamado Emperador de México— y sus
generales Tomás Mejía y Miguel Miramón en el Cerro de las Campanas, Querétaro,
por las tropas dispuestas para su ejecución, al mando del ciudadano general
Jesús Díaz de León. Son tres escuadras de siete tiradores cada una. Una para
cada prisionero. El correspondiente a Maximiliano quedó a cargo del capitán
Simón Montemayor, de 22 años, originario de Villa Santiago, Nuevo León. Como
una petición especial, el emperador solicitó que se escogieran buenos tiradores
y que apuntaran al pecho. Así que solo los experimentados sargentos integran su
pelotón de ejecución: Jesús Rodríguez, Marcial García, Ignacio Lerma, Máximo
Valencia, Ángel Padilla, Carlos Quiñones y Aureliano Blanquet. Los soldados
preparan sus mosquetes. Son rifles Springfield de un solo tiro, fabricados en
Harper's Ferry, Virginia, USA. 39
“Fueron juzgados
conforme a la Ley del 23 de enero de 1862, por delitos contra la Nación, el
orden y la paz pública, el derecho de gentes y las garantías individuales; y el
día 14 anterior, condenados con arreglo a ella, a la pena capital señalada para
los delitos referidos. La ejecución se había ordenado para la tarde del día 16
de junio, pero con el fin de que los sentenciados tuvieran el tiempo necesario
para el arreglo de sus asuntos, el ciudadano Presidente de la República
determinó que se verificara en la mañana del miércoles 19 del mes corriente.” 40
El día 18 (uno
antes de la ejecución) Maximiliano escribió al Papa Pío IX, “al partir para el
patíbulo a sufrir una muerte no merecida”, para suplicarle el perdón “por las
faltas que pueda haber tenido para con el Vicario de Jesucristo y por todo
aquello en que haya sido lastimado su paternal corazón”... y rogarle “no ser
olvidado en sus cristianas y fervorosas oraciones y, si fuere posible, aplicar una
misa por mi pobrecita alma". 41
“Maximiliano no aceptó a tiempo la sugerencia
de abdicar que el hizo Napoleón III, quien por los Convenios de Miramar, se
había comprometido a apoyarlo; tampoco tuvieron éxito las gestiones de Carlota
Amalia en el Vaticano y en París en busca de apoyo; también fracasó el
manifiesto en el que expresaba su intención de convocar a un Congreso y acabar
el gobierno absoluto. Atrás quedó su esfuerzo por ganar el apoyo popular
aprendiendo español, estudiando la historia de México e intentando una política
liberal. Nada borró la intervención extranjera, el absolutismo y la condena a
muerte, sin juicio previo, de todos los liberales que fueran capturados.
Sitiado durante setenta y dos días, había sido aprehendido, juzgado y sentenciado
a muerte. Juárez le había negado el indulto para proclamar ante el mundo,
especialmente a las potencias extranjeras, la voluntad de los mexicanos de
constituir una nación soberana, libre e independiente. Por eso se le atribuye
la frase: “No mato al hombre, mato a la idea” (de dominar a México)”. 42
“Ese mismo día (18 de junio de 1867),
Maximiliano escribió… al presidente Benito Juárez:
“Próximo a recibir
la muerte, a consecuencia de haber querido hacer la prueba de si nuevas
instituciones políticas lograban poner término a la sangrienta guerra civil que
ha destrozado desde hace tantos años este desgraciado país, perderé con gusto
mi vida si su sacrificio puede contribuir a la paz y prosperidad de mi nueva
patria. Íntimamente persuadido de que nada sólido puede fundarse sobre un
terreno empapado de sangre y agitado por violentas conmociones, yo conjuro a
usted, de la manera más solemne, y con la sinceridad propia de los momentos en
que me hallo, para que mi sangre sea la última que se derrame, y para que la
misma perseverancia, que me complacía en reconocer y estimar en medio de la
prosperidad, con que ha defendido usted la causa que acaba de triunfar, la
consagre a la más noble tarea de reconciliar los ánimos, y de fundar de una
manera más estable y duradera la paz y la tranquilidad de este país
infortunado.” 43
Escándalo en Europa
“En 1867 Europa se encontraba en medio de una
gran fiesta. El Segundo Imperio de Napoleón III organizó la Exposición
Universal de París, la cual fue inaugurada el 1 de abril de ese año. El
objetivo de tan importante evento era, en buena medida, realzar o manifestar al
mundo el poderío y hegemonía del imperio napoleónico. La sede de dicha
exposición fueron los Campos de Marte en París, donde tendrían lugar ostentosos
eventos, muestras de lo último en tecnología, aparatos científicos, armas
novedosas, telas, moda, muebles, arte, degustación de bebidas y una serie de personalidades
de todas partes del mundo se dieron cita: el zar Alejandro de Rusia, el
canciller Bismarck, el sultán de Turquía, reyes, reinas, mandatarios,
gobernantes, diplomáticos, en fin, poco más de 80 personalidades ahí reunidas
junto con su glamour y sus vanidades. Irónicamente, el tema de la exposición
fue ‘El progreso y la paz’, a pesar de celebrarse en los Campos de Marte –dios
mitológico de la guerra– y frente a las instalaciones de la escuela militar
francesa. Hubo más de 50,000 expositores, procedentes de diversos países, Gran
Bretaña, la propia Francia, Estados Unidos, Canadá, Japón, India, entre otros.
Durante los siete meses de duración, de abril a octubre, la exposición fue
visitada por más de nueve millones de personas, incluidos expositores y
empleados. En una palabra, ‘el mundo’ estaba ahí reunido sin siquiera pensar en
el calvario que el archiduque Maximiliano estaba viviendo en México y que
finalmente le costaría la vida. Dentro de los eventos esperados en la
exposición, se llegó el día de la premiación el 1 de julio, ésta se realizaría
en el Palais de l’Industrie. Aquel día tan lleno de expectación, los premios y
medallas serían recibidos de manos del emperador Napoleón III y su esposa
Eugenia, un gran honor para todo galardonado. Ese día muy temprano, un
mensajero del Ministerio de Asuntos Exteriores, se vio en la necesidad de
interrumpir el sueño del emperador, pues había que darle una noticia terrible…
–Majestad, es
importante...acaba de llegar un mensaje procedente de Bélgica...
–... Le escucho...
–La prensa belga ha
difundido la noticia de que en México han dado muerte al archiduque Maximiliano
de Habsburgo... murió fusilado...
“Fue una noticia
que dejó frío al emperador y su esposa, recuerdos, remordimientos y una serie
de pensamientos injustos pasaban por su cabeza: ¡Maximiliano ha muerto en manos
del ejército republicano de México, cómo es posible, ese indio Benito Juárez ha
llegado muy lejos al matar a un príncipe de Austria... a un príncipe imperial,
ha sido un verdadero crimen...! La emperatriz Eugenia se vistió de negro y de
inmediato fue a rezar al templo de Saint Roch. Conservando la serenidad, ambos
se dirigieron al Palacio de la Industria a fin de presidir la ceremonia de
premiación, ahí se encontrarían con el embajador de Austria y la impresión
sería incómoda. En la misma ceremonia, la delegación austriaca se enteraría de
la noticia escandalosa y de inmediato abandonaría el evento. Poco a poco el
mundo se enteró de la muerte de Maximiliano, el escándalo que se escondía en medio
del glamour y la pomposidad de la exposición era inevitable, se hablaba en voz
baja, pero la noticia recorría de pabellón en pabellón, en los cafés, en las
salas de reunión, pasillos, calles, carruajes, era inevitable conversar de ‘la
horrible tragedia’. La prensa europea como L’Indépendance belge, daba cuenta de
la noticia; Le Figaro narraba los hechos sobre la muerte del archiduque. Otros
tantos escandalosamente propagaron con términos impropios e incluso con
caricaturas un solo hecho, un monarca caído en desgracia. Fue la más grandiosa
exposición internacional habida hasta ese entonces, tanto por su magnitud como
por la noticia de que fue testigo.” 44
QUERÉTARO DE ARTEAGA, AÑO DE 1934
En nombre de la República de México y como Juez
del Estado Civil de este lugar, hago saber a los que la presente vieren y
certifico ser cierto, que en el libro número 6 (seis)– Sección tercera de
defunciones correspondiente al Juzgado del Registro Civil que es a mi cargo a
fojas 120 (ciento veinte) frente, se encuentra una acta del tenor siguiente: Al
margen.—Acta número 716 (setecientos dieciséis).—Al centro.—FERNANDO
MAXIMILIANO JOSÉ.—En la Ciudad de Querétaro, a las ocho de la mañana del día
dieciocho de julio de 1867 (mil ochocientos sesenta y siete) el Juez que suscribe,
dispuso se levantara la presente acta en que constaran las generales de
MAXIMILIANO DE HABSBURGO, tomadas del periódico de la Capital titulado "El
Globo" por no haber otros datos:
Fernando
Maximiliano José, falleció en el Cerro de las Campanas, según oficio de la
Comandancia, el diecinueve de Junio próximo pasado, a las siete de la mañana,
de treinta y cinco años, casado que fue con Doña Carlota Amalia, originario de
Seholorum (sic, por Schönbrunn) y vecino de México. Son testigos de este acto
los CC. Cesario Frías, de treinta y seis años, viudo, empleado, originario y
vecino de esta Ciudad, en la calle de la Flor Baja número doce y Francisco
Servín de cincuenta años, viudo, empleado, originario y vecino de esta Ciudad
en la calle de la Alhóndiga casa sin señal. Se dio lectura a esta acta así como
a los artículos que previene la Ley General y a los de la Reglamentaria del
Estado, y terminó este acto que firmaron los que supieron, con los CC. Juez y
Secretario. —Doy fe. —Cenobio Díaz. —Secretario. —M. Rubio. —Rúbricas.
Al margen. —Una
nota que dice. —Por orden del Gobierno de esta fecha se quedó el cadáver
depositado en el Palacio del mismo. —Adulto. —Primera Clase. —Doy fe. —
Para los efectos
legales a que hubiere lugar y compulsada fielmente de su original se extiende
la presente copia certificada en la Ciudad de Querétaro, a los veinticuatro
días del mes de agosto de mil novecientos treinta y cuatro.—Doy fe.
El C. Juez del Estado Civil, J. A.
Santos.
El C. Secretario, Miguel G. Herrera.
(En la leyenda. Poco después del
fusilamiento del emperador, negado el perdón por el presidente Juárez, surgió
la versión de que de manera encubierta don Benito aplicó la clemencia en el
caso de Maximiliano, pero que, por las circunstancias y el descrédito de la medida
en el terreno de la legalidad, sería fingido el fusilamiento del Emperador
quien poco después salió rumbo a la República del Salvador en donde murió en el
transcurso del año de 1937 con el nombre de Justo Armas. Contaría en ese
momento con 105 años de edad. Versión desacreditada casi de inicio.)
Mortal travesía
“De acuerdo al historiador Konrad Ratz, el ataúd
que compró el Gobierno Federal no era suficientemente largo para un hombre de
la altura de Maximiliano, por lo que tuvieron que comprar un nuevo ataúd para
trasladar los restos a la Ciudad de México, pero estos sufrieron un accidente y
se mojaron en el trayecto obligando a hacer una nueva momificación.
“El cuerpo de
Maximiliano, diseccionado y con ojos de vidrio negro sufrió robos y vejaciones
hasta que en noviembre de 1867, Benito Juárez permitió a su familia recobrar el
cadáver enviando una embarcación a México para recogerlo.
Queretano sin dónde caer muerto. 45
“El cadáver del militar serrano Tomás Mejía, se
quedó expuesto por tres meses en una casa de la calle Guerrero, hasta que el
Gobierno queretano le dio fondos a la viuda para que enterraran al militar en
el Panteón de San Fernando de la Ciudad de México, una fotografía de la época
muestra el cuerpo del aguerrido militar y Gobernador queretano sentado en una
silla en su casa debido a que la familia no tenía dinero para enterrarlo y la
esposa del militar recientemente había tenido una niña que no alcanzó a conocer
a su padre.
Ex Presidentes. 46
“La tumba de Miguel Miramón se ubica ahora en la
Catedral de Puebla luego de dos exhumaciones y sufrimiento antes de morir
fusilado, pues durante la toma de Querétaro el 15 de mayo de 1867, sufrió el
impacto de una bala en la mejilla y se atendió con el doctor Vicente Licea.
“En sus memorias,
la viuda de Miramón acusó al doctor Vicente Licea de entregarlo a los soldados
juaristas, quien fue el Presidente más joven de México y ‘niño héroe’ en 1847,
cuando simulaba curarlo por el balazo en la mejilla y denunció al médico, quien
hizo la primera disección del cadáver de Maximiano, por supuestamente robar y
vender ropa y objetos personales de Maximiliano, por lo que este pasó meses
tras las rejas, mientras que el cuerpo de Miramón fue trasladado del Panteón de
San Fernando, donde también reposaba su compañero de armas Tomás Mejía.
“Sin embargo, al
regresar a México, hacia la década de 1890, su viuda Concha Lombardo de Miramón
se indignó al saber que Juárez se encontraba sepultado a unos metros de su
esposo por lo que decidió exhumar el cuerpo de su marido y se lo llevó a
descansar a la Catedral de Puebla.” 47
El regreso.
“Murió el
archiduque como el más bizarro de los generales. El honor de los Habsburgo
quedó impoluto. Maximiliano tenía la edad de treintaicuatro años. ¡Largo camino
le quedaba todavía por recorrer con su bondad, ilustración e inteligencia!
Arrancar la vida a un hombre, a título de venganza, será siempre ominoso.
Infortunadamente, en aquellos días las instituciones civiles y políticas de
México se hallaban en estado pérmico.
“De esta suerte
cuando el doctor Bash quiso disponer del cadáver de Maximiliano, de acuerdo con
el mandato testamentario de éste, Lerdo se opuso. Vergüenza produce la orden
sádica del ministro. Faltaron en él los más elementales sentimientos humanos.
“Los restos del
ajusticiado, mal embalsamados, deformaron la figura del príncipe cuando fueron
entregados al vicealmirante austriaco (Wilhelm von) Tegetthoff, quien los
condujo a Trieste, donde en medio de un mundo conmocionado por el brutal
acontecimiento fueron recibidos con el respeto y admiración que el hombre
merece cuando sabe morir.” 48 La Novara llegó al puerto de Trieste
el 16 de enero de 1868.
Carta de Víctor Hugo a Benito Juárez solicitando el indulto de
Maximiliano.
Hauteville, 20 de junio de 1867.
Al Presidente de la República Mexicana:
Juárez, vosotros habéis igualado a John Brown. La
América actual tiene dos héroes, John Brown y vosotros. John Brown, por quien ha muerto la
esclavitud; vosotros por quien ha vencido la libertad. México se ha salvado por
un principio y por un hombre. El
principio es la República; el hombre sois vosotros. Por otra parte, el fin de
todos los atentados monárquicos termina por abortar. Toda usurpación comienza
por Puebla y termina en Querétaro.
Europa, en 1863, se
arrojó sobre América. Dos monarquías atacaron vuestra democracia: la una con un
príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa,
que tenía por punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como en tierra;
que tenía el respaldo de todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazos
sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en
China, valientemente orgulloso de su bandera; que poseía en abundancia
caballos, artillería, abasto, municiones formidables. Del otro lado, Juárez.
Por una parte dos
imperios, por la otra un hombre. Un hombre con sólo un puñado de hombres. Un
hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho,
de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra,
perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en
el desierto, proscrito. Por generales, algunos desesperados; por soldados,
algunos desnudos. Ni dinero, ni pan, ni
pólvora, ni cañones. Los matorrales por
ciudades. Aquí la usurpación llamándose
legitimidad; allá el derecho, llamándosele bandido. La usurpación con el casco
en la cabeza y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos,
precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza. El derecho solo y desnudo. Vosotros, el
derecho, habéis aceptado el combate.
La batalla de uno,
contra todos, ha durado cinco años. Falto de hombres, habéis tomado cualquier
cosa por proyectil. El terrible clima os
ha socorrido; habéis tenido por auxiliar a vuestro sol. Habéis tenido por defensores los pantanos
infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, las marismas plenas de
fiebre, las vegetaciones tupidas, el vómito negro de las tierras calientes, los
desiertos salados, los grandes arenales sin agua y sin hierbas, donde los
caballos mueren de sed y hambre; la grande y severa meseta del Anáhuac que,
como la de Castilla se defiende por su desnudez; las barrancas siempre
conmovidas por los temblores de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado
de Toluca.
Habéis llamado en
vuestro auxilio a vuestras barreras naturales: lo escabroso de las cordilleras,
los altos diques basálticos y las colosales rocas de pórfido. Habéis hecho la
guerra del gigante y vuestros proyectiles han sido las montañas. Y un día,
después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y
entonces se han visto dos imperios caídos por tierra. No más monarquía, no más ejércitos; nada más
que la enormidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso
derrumbamiento, un hombre de pie, Juárez, y al lado de este hombre, la
libertad. Habéis hecho todo esto, Juárez, y es grande; pero lo que os resta por
hacer es más grande todavía.
Escuchad, ciudadano
Presidente de la República Mexicana. Acabáis de abatir las monarquías con la
democracia. Les habéis demostrado su
poder, ahora mostrad su belleza. Después
del rayo, mostrad la aurora. Al cesarismo que masacra, oponed la República que
deja vivir. A las monarquías que usurpan
y exterminan, oponed al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros, mostrad
la civilización. A los déspotas mostrad
los principios. Humillad a los reyes frente al pueblo, deslumbrándolos. Vencedlos, sobre todo, por la piedad.
Protegiendo al
enemigo se afirman los principios. La
grandeza de los principios consiste en ignorar al enemigo. Los hombres no tienen nombre frente a los
principios; los hombres son el Hombre.
Los principios no conocen más allá de ellos mismos. El hombre en su estupidez augusta no sabe más
que esto: la vida humana es inviolable. ¡Oh, venerable imparcialidad de la
verdad! ¡Qué bello es el derecho sin discernimiento, ocupado sólo en ser el
derecho! Precisamente delante de los que han merecido legalmente la muerte es
donde se debe abjurar de las vías de hecho.
La grandiosa destrucción del cadalso debe hacerse delante de los
culpables.
Que el violador de
los principios sea salvaguardado por un principio. Que tenga esta dicha y esta vergüenza. Que el perseguidor del derecho sea protegido
por el derecho. Despojándolo de la falsa
inviolabilidad, la inviolabilidad real, lo ponéis delante de la verdadera
inviolabilidad humana. Que se quede
asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquél por
el cual no es emperador. Que este
príncipe que no sabía que era un hombre, sepa que hay en él una miseria, el
rey; y una Majestad, el hombre. Jamás se os ha presentado una ocasión más
relevante. ¿Osarían golpear a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y
salvo? Uno ha querido matar a un rey; el
otro ha querido matar a una Nación. Juárez, haced que la civilización de este
paso inmenso. Juárez, abolid sobre toda
la tierra la pena de muerte.
Que el mundo vea
esta cosa prodigiosa: la República tiene en su poder a un asesino, un
emperador; en el momento de aniquilarlo, descubre que es un hombre, lo deja en
libertad y le dice: eres del pueblo, como los otros. ¡Vete!. Esta será, Juárez,
vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es grandiosa. La
segunda, perdonar al usurpador, será sublime.
Sí, a estos
príncipes, cuyas prisiones están repletas; cuyos patíbulos están corroídos de
asesinatos; a esos príncipes de cadalsos, de exilios, de presidios, y de
Siberias; a esos que tienen Polonia, a esos que tienen Irlanda, a los que
tienen La Habana, a los que tienen Creta; a estos príncipes a quienes obedecen
los jueces, a estos jueces a quienes obedecen los verdugos, a esos verdugos
obedecidos por la muerte, a esos emperadores que tan fácilmente cortan la
cabeza de un hombre, mostradles cómo se perdona la cabeza de un emperador!
Sobre todos los
códigos monárquicos de donde manan las gotas de sangre, abrid la ley de la luz
y, en medio de la más santa página del libro supremo, que se vea el dedo de la
República señalando esta orden de Dios: Tú ya no matarás. Estas cuatro palabras
son el deber. Vosotros cumpliréis con ese deber.
El usurpador será
salvado y el libertador, ay, no pudo serlo.
Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, sin más derecho que el que
tiene cualquier hombre, he tomado la palabra en nombre de la democracia y he
pedido a los Estados Unidos la vida de John Brown. No la obtuve.
Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La tendré? Sí y quizás a esta
hora esté ya concedida. Maximiliano deberá la vida a Juárez. Y el castigo,
preguntarán. El castigo, helo aquí: Maximiliano vivirá “por la gracia de la
República”. 49
La muerte del emperador Maximiliano.
(Traducción al
español del artículo que apareció el 18 de junio de 1876 en el periódico
"Hungría y el Mundo" por el Dr. Szender Ede, quien acompañó el
ejército Franco-Belga en 1865 bajo el mando del General Bazaine y vivió en
México por 10 años. Publicado aquí con el amable permiso de Eduardo Wallentin.) 50
Dr. Szender Ede
(Con motivo de su noveno aniversario: un testigo
lo describe y comenta que presenció la ejecución.)
"Maximiliano
debió morir en México y allí murió".
José Zorrilla: Drama del Alma
Cada 19 de Junio, para mí, siempre me trae a la
memoria un catastrófico momento, y me provoca un estado anímico depresivo (como
Byron describe en Manfredo: “Hay
sombras que nunca desvanecen y recuerdos que nunca se borran"). Uno se
rebela aceptar que hace 9 años mi Emperador muere abandonado por todos y no hay
más que una sola persona— yo— que cubra sus restos con una sábana y lo deposite
en su ataúd.
Hay muy poca
literatura sobre la historia verídica de Maximiliano, y ninguno de su
fusilamiento (sobre todo en Europa), ya que los 4 únicos testigos presenciales
No Mexicanos (dos diplomáticos de Prusia, un comerciante, (Carlos Stefan) y un
médico húngaro (yo) hasta ahora no lo publicaron.
Vamos pues al
grano:
La aventura de un
Imperio en México encabezado por Maximiliano, perdió toda posibilidad de éxito
desde el momento que se ordenó el retiro de las tropas Francesas y se suspendió
el apoyo económico, anunciado de Orizaba en Noviembre de 1866. Allí proclama y
afirma Maximiliano que no renuncia a la corona y con el apoyo del Partido
Conservador y Clerical.
Seguirá la lucha
armada. Efectivamente lucho cuatro meses más, hasta que el 15 de Mayo, (debido
a una traición de Miguel López) su ejército perdió la defensa de Querétaro y
cayó como prisionero junto con los Generales Miramón y Mejía.
Todo México se
preguntaba cuál será el destino de los prisioneros, ya que gozaban —sobre todo
Maximiliano—de simpatizadores, no solo del Partido Conservador sino de varios
Liberales. La decisión dependía del Gobierno Republicano. Estos decidieron
aprovechar el triunfo del ejército constitucional y votaron que deben enjuiciar
a los prisioneros bajo la ley vigente, (promulgada el 25 de enero de 1862) y
ser juzgado por una Corte Marcial.
De acuerdo con esa
Ley todo ciudadano Mexicano (incluyendo el Presidente) así como los
extranjeros, que se levanten en armas contra el Gobierno debe ser condenado a
muerte.
En esta época yo
vivía en San Luís Potosí y practicaba la medicina privada. El Gobierno
Republicano tenía su sede provisional en esa Ciudad.
La ciudadanía
estaba nerviosa en espera de la decisión del tribunal sobre la suerte de los
prisioneros, pero la opinión en general era, que solamente un indulto
Presidencial podría evitar su muerte. Los defensores del Emperador, Mariano
Palacios y Rafael Martínez de la Torre, así como el Barón Magnus consejero de
Prusia acudieron a San Luís Potosí, junto con la Princesa Salm y las esposas de
los Generales Miramón y Mejía para pedir clemencia, de Benito Juárez o del
vicepresidente Sebastián Lerdo de Tejada, quienes les dijeron que la decisión
está en manos del tribunal con sede en Querétaro, y del jefe militar de la
Plaza que era el Gral. Mariano Escobedo.
El 16 de Junio en
la noche un enviado del Barón Magnus me busco en mi casa pidiendo que lo
acompañe urgentemente a su hotel en donde después de saludarme me dijo:
"Lo que esperábamos, desgraciadamente ya sucedió, el Tribunal Militar condeno
a los prisioneros a muerte. Escobedo ya firmo el veredicto y el Presidente
Juárez lo ratifico. (Diciendo que hay que respetar la ley). Yo lo único que
pude conseguir es que se posponga la ejecución dos días. Esto nos da tiempo
para cumplir los últimos deseos del Emperador y preparar su embalsamamiento y
enviar su cuerpo a Europa. — ¿Acepta Usted el encargo? Mi contestación era:
—Desde Luego.
Era domingo y de
inmediato encargue mis pacientes a un colega y pedí a varios farmacéuticos
ayuda para recabar medicamentos e instrumental que tenía que llevarme para el
embalsamiento y empacarlos adecuadamente para transportarlos en la diligencia
en la que íbamos a trasladarnos a Querétaro, ya que sospechaba que debido al
largo sitio de la Ciudad no iba a encontrar ninguna ayuda médica. Al tomar la
diligencia en la casa del Cónsul de Alemania Oriental (H.J. Bahnsen) en San
Luís Potosí nos encontramos con la Princesa Salm, que venía procedente de
Querétaro para tratar de obtener el indulto de los miembros del tribunal. Eran:
2 Tenientes Coroneles, 4 Capitanes y de 2 soldados (como escribanos). El
presidente era el Coronel Platón Sánchez (a quien por cierto lo mataron en 1868
sus propios soldados. A este asesinato lo consideraban "los mochos"
como testigo de Dios). De Juárez o de Lerdo de Tejada. Los 4 ocupantes de la
diligencia (Barón Magnus, Cónsul Bahnse (sic), Carlos Estefan y yo y los
custodios) abordamos a la diligencia bien armados, previniendo asaltos en el
camino. El viaje que duró aproximadamente 36 horas sin mayor incidente. En
Dolores Hidalgo nos cruzamos con la esposa del Gral. Miramón quien iba a San
Luís Potosí a acompañar a la Princesa Salm por instrucciones de su propio
esposo, quien, a pesar de que sabía de antemano la negación del indulto, no
quería que sus familiares estén presenciando la ejecución.
Llegamos a
Querétaro el 18 de Junio a las 10 de la mañana. En la comida me informó el
Barón Magnus, que el Emperador Maximiliano desea hablar conmigo para lo cual
debo ver inmediatamente al Gral. Escobedo.
Antes de recibirme
en audiencia, el Gral. Escobedo tuve que esperar a que despidiera a un grupo de
damas vestidas de negro (entre ellas la esposa del Gral. Mejía) quienes fueron
a verlo pidiendo indulgencia para los prisioneros.
Escobedo, a quien
yo ya conocía, me recibió en forma altanera y casi teatralmente. (Me daba la
impresión que en su fuero interior le molestaba haber suscrito la sentencia de
muerte) y autorizó mi visita al Emperador.
Me trasladé al
claustro de los Capuchinos, lleno de soldados que cuidaban a los prisioneros.
Al subir al primer piso me tropecé con el Dr. Basch, mi amigo y colega.
Me presentaron con
el Emperador quien después de hacerme varias preguntas me dijo: "Quiero
que nos considere Ud. como personas ya muertas; desde antes de ayer nos
informaron que nos van a ejecutar ese mismo día a las 3 de tarde y que estemos
preparados para nuestra última caminata. Nosotros, ya nos habíamos despedido de
la vida, cuando nos informaron el aplazamiento por 48 horas. Esto no nos gustó
porque como se dice en español, al mal paso hay que darle prisa".
Yo le contesté que
hay alguna esperanza porque el aplazamiento sin aparente razón podría ser señal
de una reconsideración de la ejecución.
A lo que él
contestó: "A nosotros ya no nos interesa la vida, lo único que deseo es
que mi muerte sirva para la nación y de una vez gane la paz y el entendimiento
entre los mexicanos".
Me dio la mano y me
agradeció que le haya visitado en la prisión. En este momento entro a la
habitación el Lic. Vázquez (uno de los defensores en el juicio a Maximiliano)
con muchos documentos en la mano.
Describir mi estado
de ánimo durante y después de la entrevista no tengo palabras. Yo no había
visto al Emperador hacia casi dos años; en agosto de 1865 lo vi en la recepción
y comida que se dio con motivo del cumpleaños del Rey y Emperador Francisco
José. Ahora lo vi bastante más delgado lo que es natural, porque Maximiliano
durante su estadía en México sufrió muchas enfermedades y soportar dos meses
del sitio de Querétaro, más un mes de prisión, no es cualquier cosa. Estaba
vestido de civil su comportamiento fue digno y calmado y daba la impresión que
estaba consciente de lo que le esperaba.
El resto del día lo
dediqué a preparar lo necesario para el embalsamamiento y conseguir clorhidrato
de zinc así como de parte del Dr. Reyes (médico y amigo del Gral. Miramón) el
féretro, para el cuerpo del Emperador y, de la dueña del hostal, la Sra. C.
Rubio, una sábana y varios paliacates. Esa noche me acosté temprano ya que no
había dormido desde hace dos días pero a media noche dos policías me llevaron a
la comisaría para que me identificara y explicara mi presencia en Querétaro.
Fuera del susto y la pérdida de un par de horas de sueño no pasó nada. Al
haberles enseñado la autorización del Gral. Mariano Escobedo me soltaron. Al
regresar al Hostal ya me estaban esperando el Barón Magnus y los otros dos
compañeros de viaje para trasladarnos al Cerro de las Campanas. En la calle
había muy poca gente. Siendo Querétaro una ciudad muy católica la mayoría de la
gente sobre todo las mujeres estaban reunidas en las iglesias, pidiendo que el
Todopoderoso reciba el alma de Emperador. (La ceremonia-misa sigue siendo muy
común en México.)
En el Cerro de las
Campanas, un agrupamiento militar formo el cuadro de ejecución, dejando un lado
abierto. Por ese lado llegaron los tres carruajes. Del primero bajo el
Emperador Maximiliano acompañado de dos sacerdotes, del segundo Miramón y del
tercero Mejía. El Emperador Maximiliano con saco negro, pantalón y chaleco del mismo
color con la cabeza en alto saludo a la gente en su alrededor. Yo estuve a un
par de pasos del lugar de la ejecución y mis tres compañeros de viaje se
colocaron en la parte lateral de cerro.
Maximiliano
dirigiéndose a los Generales les dijo: Vámonos Señores.
Entraron al cuadro
que formaban los soldados y el Emperador se acercó a sus dos compañeros de
prisión dándoles un abrazo así como a los dos sacerdotes, después se dirigió a
los soldados escogidos para la ejecución y les entrego una moneda de oro de 20
y dirigiéndose a todos con voz firme dijo:
"Voy a morir
por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. Deseo que mi
sangre sea la última que se derrame en este desgraciado país. Muero inocente y
perdono a todos".
Después de él hablo
Miramón con valentía y vehemencia dijo:
"Espero que la
historia reconozca que no soy traidor de la patria y me quiten este baldón para
que mis hijos no carguen con él".
Acto seguido,
fueron llevados al paredón los tres prisioneros y Maximiliano pidió al Gral.
Miramón que ocupara el centro y Mejía la derecha y él a la izquierda. Luego
separó su barba, descubrió el pecho. En este momento el encargado de dirigir la
ejecución bajo su espada y el Emperador Maximiliano cayó al suelo al mismo
tiempo que Miramón y Mejía los tres gigantes del Imperialismo Mexicano. El
Emperador Maximiliano no murió inmediatamente y según dicen pronuncio unas
palabras (hombre hombre).
Por eso el oficial
le dio tres tiros de gracia. (sic)
“Es bien sabido que
el embalsamamiento del cadáver de Maximiliano en Querétaro, a pesar de haber
sido hecho por cuatro médicos, resultó mal ejecutado, por lo cual fue necesario
un nuevo embalsamamiento, el cual se practicó en la capital de México, en la
iglesia del hospital de San Andrés…
“… a las doce de la
noche en punto se paró un coche a la puerta del templo de San Andrés, y el jefe
de la tropa abrió inmediatamente la puerta. Entraron únicamente Juárez y su
Ministro Sebastián Lerdo de Tejada. Al entrar se descubrieron la cabeza y se
dirigieron a la gran mesa que estaba en medio del templo, en la que estaba
tendido el cadáver de Maximiliano, completamente desnudo y rodeado de gruesas
hachas encendidas, y se pararon junto al cuerpo. Juárez se puso las manos por
detrás, y por algunos instantes estuvo mirando el cadáver sin hablar palabra y
sin que se le notara dolor ni gozo: su rostro parecía de piedra. Luego con la
mano derecha midió el cadáver desde la cabeza hasta los pies, y dijo: ˂˂Era
alto este hombre; pero no tenía buen cuerpo: tenía las piernas muy largas y
desproporcionadas.>> 51 Y después de otros momentos de
silencio, dijo: ˂˂No tenía talento, porque aunque la frente parece espaciosa,
es por la calvicie>>. Lerdo no dijo nada.” 52
“Noviembre 25.
Llegada del cadáver de Maximiliano a Veracruz acompañado por Tegetthoff y la
princesa de Salm Salm, que lo iba a acompañar hasta Viena. Y por una comisión
del gobierno mexicano y 300 hombres de caballería que lo habían acompañado de
México a Veracruz.” 53
Maximiliano. Tema en el arte.
Maximilien, ópera
histórica en tres actos y 9 escenas; libreto de R.S. Hoffman basado en el drama
Juárez und Maximilian de Franz
Werfel; música de Darius Milhaud. Estreno: 1932.
Carlota, ópera en un acto.
Libreto de Francisco Zendejas; música de Luis Sandi. Estreno: 1948.
Carlota, ópera. Libreto de
autor desconocido; música de Robert Avalon. Inédita.
La emperatriz de la
mentira. Libreto de Ángel Norzagaray; música de Dmitri Dudin. Estreno: 26 de
noviembre de 2012.
Dramas:
Juárez und
Maximilian. (1925), Franz Werfel.
Corona de sombras. (1947), Rodolfo
Usigli.
Musicales:
El sueño de una
Corona. (2005),
Musical Histórico de Konrad y Wolfgang Ratz.
Novelas:
El último príncipe
del Imperio Mexicano. (2010) de C.M. Mayo.
El cerro de las
campanas. (1868) de
Juan A. Mateos.
Noticias del
Imperio. (1987) de
Fernando del Paso.
Arrebatos Carnales. (2009) de
Francisco Martín Moreno.
Imperio. (2011) de Héctor
Zagal.
Películas:
Veracruz. Maximiliano es
interpretado por George Macready.
Juárez. (1939), dirigida
por William Dieterle. Maximiliano es interpretado por Brian Aherne.
Aquellos años. (1972), dirigida
por Felipe Cazals.
Notas:
1 Ralph Waldo
Emerson. Napoleón, el hombre del mundo,
páginas VII y VIII en Napoleón de
Jacques Bainville, Editorial Porrúa, S. A., Colección “Sepan cuántos…”, 1994,
con traducción de Manuel Alemán y de la Sota.
2 Johann Joseph
Wenzel Graf Radetzky von Radetz, personaje de la nobleza y militar bohemio del
Imperio Austríaco inmortalizado Johann Strauss con su conocida composición “Marcha Radetzky”.
3 Gibraltar,
Madeira, Río de Janeiro, Ciudad del Cabo, Isla San Pablo, Ceilán, Madras, Islas
Nicobar, Singapur, Batavia, Manila, Hong Kong, Shanghai, Pohnpei, Estuardo,
Sydney, Auckland, Tahiti, Valparaíso, Dubrovnik y Trieste.
4 mexicomaxico.org
5 juridicas.unam.mx
6 Nacido en Sevilla,
España, 30 de julio de 1762, murió en la Ciudad de México el 8 de octubre de
1821 sin ejercer propiamente el cargo conferido.
7 Doralicia Carmona.
memoriapoliticademexico.org
8 Ídem.
9 ordenjuridico.gob.mx
10 Laurence Gardner. La herencia
del Santo Grial, páginas 259-260. Grijalbo-Mondadori. Colección Mitos, 1999.
11 La simbólica napoleónica. Reseña
introductoria y descriptiva por el profesor Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente-
fundador del Instituto Napoleónico México-Francia.
12 En español algo
cercano a “El Palacio de las Tejerías o El Palacio de las Tejas”. El nombre
tiene su origen en las antiguas fábricas de tejas derruidas para permitir la
construcción de aquél.
13 Aunque es de
suponer que a partir de la salva vigesimosegunda el resultado estaba dado.
14 Vincent Cronin. Napoleón. página 331, Javier Vergara
Editor, S. A., Buenos Aires, Argentina, 1988, con traducción de Aníbal Leal.
15 Ralph Waldo
Emerson. Op. citada, página XII.
16 musee-armee.fr
17 (Sedán, 11 de
septiembre de 1611 - Salzbach, 27 de julio de 1675) Héroe militar francés,
autor del “Arte de la guerra”.
18 musee-armee.fr
19 Cesión de Adolf
Hitler al gobierno colaboracionista de Vichy (1940).
20 musee-armee.fr
21 Héctor López
Martínez. Tragedia de ‘El Aguilucho’. Diario
El Comercio (Perú). 20 de Marzo del 2011.
22 Aunque el Duque de
Reichstadt no se casó ni tuvo descendencia, los historiadores consideran
altamente probable (¿?) su paternidad de Maximiliano I de México. Los últimos
años de su vida, estuvo muy íntimamente vinculado a su prima la princesa Sofía
de Baviera, esposa del archiduque Francisco Carlos de Austria. La archiduquesa
Sofía ya era madre del archiduque Francisco José, futuro emperador de
Austria-Hungría; en el curso de su relación nació su segundo hijo, Maximiliano,
futuro emperador de México. Maximiliano ¿hijo de Napoleón II? No está bien
documentada la sospecha (¿?) de que Maximiliano de Habsburgo no fuera el
producto de la unión entre la princesa Sofía y Francisco Carlos. Muchos
europeos, y vieneses, en particular, sospechaban que fue engendrado en realidad
por Napoleón II, también conocido como el Duque de Reichstadt (hijo de Napoleón
Bonaparte de Francia y María Luisa de Austria) Aquellos que apoyaban esta
creencia citaban la estrecha relación existente entre Sofía y Napoleón II (se
dijo que Sofía nunca se recuperaría después de su muerte y le atribuiría a el
canciller austriaco Metternich su deceso). Sofía y Napoleón II hicieron una
amistad íntima que provocó rumores en la corte mismos que Sofía nunca se
molestó en desmentir. Cuando Sofía estaba embarazada de su segundo hijo,
Napoleón II moría de tuberculosis, y se decía que en realidad el niño que
esperaba era hijo del Duque de Reichstadt, a su vez hijo de Napoleón Bonaparte.
Ese niño fue Ferdinand Maximiliano. Fernando del Paso en su Noticias del
Imperio, no se extrae a estos decires y a ellos dedica abigarrados párrafos de
su novelado aporte. (Todo lo anterior sin documentos de referencia.)
23 Fernando del Paso.
Noticias del Imperio. página 36.
Editorial Diana, S. A. de C. V. 8ª. Impresión, 1996.
24 José C. Valadés. Maximiliano y Carlota en México. Historia
del Segundo Imperio. Editorial Diana, S. A. México, 1977.
25 Rodolfo Usigli y "Corona de
sombra", un cuento de hadas del siglo romántico. Roberto Perinelli.
Buenos Aires, Argentina.
26 Boudon,
Jacques-Olivier (26 de abril de 2014). «El ADN revela que Napoleón III no era
sobrino de Napoleón Bonaparte» (en español). Instituto Napoleón. Consultado el
27 de abril de 2014.
27 Enrique Krauze. Juárez y Maximiliano. Página 104. Héroes
de carne y hueso. Historia para todos, S. A. de C. V. Julio del 2010.
28 A. Manfred y N.
Smirnov. La revolución francesa y el
imperio de Napoleón. Página 160. Editorial Grijalbo, S. A., México, 1969.
Versión al español de Rafael Cáceres C.
29 Frederic Bluche. El bonapartismo. Breviarios del Fondo de
Cultura Económica, número 356, página 54. México, 1984.
30 Enrique Krauze.
Op. citada, página 120.
31 José Manuel
Hidalgo. Apuntes para escribir la
historia de los proyectos de Monarquía en México (1868). Citado por Enrique
Krauze. Op. citada, página 115.
32 “… liberales (Rito
de York y posteriormente el Rito Nacional Mexicano) y los conservadores (Rito
Escocés Antiguo y Aceptado)… Los francmasones yorkinos, liberales, eran firmes
partidarios de instaurar la república federal, los francmasones conservadores el
modelo de una república unitaria o centralista, aunque siempre pensaron en la
posibilidad de la monarquía.” La francmasonería, al parecer, queda inserta en
la historia mexicana a partir del año de 1806. Aproximación al impacto de la
masonería en el proceso del proyecto de la nación mexicana. Eduardo Habacuc
López Acevedo, UAEH/ICSHU. uaeh.edu.mx
33 Recién consumada
la Independencia de México, en 1821, la sociedad mexicana enfrenta el debate
político fundamental de su historia: decidir si el nuevo país se constituye en
una república centralista o en una federalista. La masonería desempeña, desde
entonces, un papel crucial en la historia mexicana; el llamado “rito escocés”,
integrado por españoles peninsulares y algunos criollos deseosos de mantener
los privilegios virreinales, se pronuncia por un esquema de organización
política centralista. Los mestizos —la clase social emergente— deciden luchar
por un modelo de república federal y se agrupan en el Rito York. Ambos sistemas
de masonería se convierten en auténticos partidos políticos y según cuenta don
José María Mateos en su Historia de la Masonería en México: 1806-1884, pronto
las Logias dejaron de ser tales y se convirtieron en camarillas de poder y de
influencia. Los rituales y el simbolismo masónico desaparecieron para
constituirse en auténticos partidos políticos en los que ser escocés
significaba ser centralista, y ser yorkino, federalista. Había masones
escoceses y yorkinos en calidad de diputados al Congreso y el debate era tan
fuerte que la fraternidad dejó de ser tal ante la lucha por el poder y el
triunfo de uno de los dos proyectos. Ganó, finalmente, el proyecto de nación
federal, es decir, el partido yorkino. Benito Juárez y el pensamiento masónico.
lo Q.H. Cuauhtémoc D. Molina García.
freemasons-freemasonry.com
34 Doralicia Carmona:
Memoria Política de México. memoriapoliticademexico.org
35 Luigi Amara. Las meditaciones de un emperador
inconstante* biblioteca.itam.mx/estudios
36 29 de mayo de
1861. Aniversario del decreto de Benito Juárez sobre la suspensión de pagos de
la deuda externa. bicentenario.gob.mx
37 José C. Valadés.
Op. citada. Remite con nota 495 a un texto anónimo, Calendario del Imperio,
México, 1866, p. 4.
38 Fernando Iglesias
Calderón. Rectificaciones históricas. La
traición de Maximiliano y la capilla propiciatoria. Páginas VIII y XIX.
Tip. Literaria de Filomeno Mata, Betlemitas 8, México. 1902. Acerca de la
supuesta y difundida versión de la entrega del coronel Miguel López —compadre
del emperador— de la plaza de Querétaro: “La famosa carta de Maximiliano á
López, presentada por éste como autógrafo del Archiduque y cedida al General
Escobedo cuando la publicación de su Informe, no formó parte del legado
instituido á mi favor por haber sido donada al Museo Nacional de Artillería,
DESDE EL AÑO DE 1900. Es por tanto inexacto como aseguran «El Imparcial» y «El
Popular» que dicha carta haya sido donada al Museo con motivo del fallecimiento
del glorioso vencedor del Imperio. El Sr. General Lalanne, Vice- Presidente de
la Comisión de Auténticas, puede atestiguar que el autógrafo mencionado fue
admitido agradecidamente por el Museo Nacional de Artillería desde la fecha que
acabo de indicar, y mostrado en los anaqueles del establecimiento, como
auténtica reliquia histórica, durante dos años—día más, día menos—sin que
ninguno osara dudar de su autenticidad mientras vivió el glorioso vencedor del
Imperio.” Al respecto, el general Mariano Escobedo afirma: “Coronel
imperialista. Miguel López, aunque INFIDENTE PARA CON LA PATRIA, ni traicionó al
Archiduque Maximiliano ni vendió por dinero su puesto de combate.” Texto de la
carta con fecha del 18 de mayo de 1867: “Mi querido coronel López—Nos os
recordamos guardar profundo sigilo sobre la comisión que para el general
Escobedo os encargamos, pues si se divulga, quedaría mancillado Nuestro honor.
Vuestro affmo. —Maximiliano.”cdigital.dgb.uanl.mx
39 Isaí Hidekel
Tejeda Vallejo. El fusilamiento de
Maximiliano de Habsburgo. diputados.gob.mx
40 Ídem.
41 Ibídem.
42 memoriapoliticademexico.org
43 José Manuel
Villalpando. Carta de Maximiliano a
Juárez. La muerte de un emperador. bicentenario.gob.mx
44 Isaí Hidekel
Tejeda Vallejo. Op. citada.
45 Para la defensa del general Tomás Mejía,
ver, Fernando Iglesias Calderón, óp. citada.
46 Para la defensa del general Miguel Miramón,
ver ídem.
47 “Cuidan a Querétaro desde lo
alto.”amqueretaro.com Jueves, noviembre 1, 2012
48 José C. Valadés.
Op. citada, página 398.
49 tlamatqui.blogspot.com/2012 con fuente en comunicacionsocial.diputados.gob.mx
biblioteca.diputados.gob.mx
50 cmmayo.com
51 Las referencias
varían con respecto a qué tan alto era Maximiliano; van del 1.84 a 1.90 metros.
52 Agustín Rivera. Anales mexicanos: la Reforma y el Segundo
Imperio. Páginas 355 y 356 Primera edición UNAM: 1994 de la Primera
edición: 1891, Tipografía de Vicente Veloz, Lagos de Moreno, Jalisco.
53 Ídem, página 360.
Por la firma en un
Decreto.
■ Víctor Manuel López Wario
La debilidad de los
Estados Unidos de Norteamericana en riesgo de fracturación, la anexión de Santo
Domingo a España, los embates de ésta en contra de las Repúblicas americanas
del Perú, Venezuela, Colombia… las pesadas deudas contraídas y las ofensas
inferidas a sus súbditos fueron los motivos argüidos por Francia e Inglaterra para amenazar a la
República Oriental del Uruguay con ultimátum al 10 de marzo de 1862 para la
satisfacción plena de sus demandas; argumentación
semejante en el caso mexicano por España, Inglaterra y Francia para la
incursión francesa en solitario —después de los tratados preliminares de La
Soledad de 1862— en el territorio mexicano y el ensayo vergonzante en los
inicios de 1838 [1].
Especulaciones, intereses
inmoderados, “ajustes” exorbitantes por la parte francesa, profundo complejo de
superioridad montado en la injusticia, las añejas pretensiones napoleónicas
para asentar un puntal de ingreso y apoderamiento de México (la forzada y
supuesta paternidad de Napoleón II con Sofía de Baviera respecto a Maximiliano [2] también cuenta [3]
para definir el rostro visible de la intervención); aunados a los conflicto con
el clero y los nacionales despechados, las irreductibles pugnas partidistas [4],
la fragilidad hacendaria, la oportunidad para zanjar diferencias y ofensas, las
discordias entre los jefes de las fuerzas armadas mexicanas: “El general Pedro
Hinojosa se deshizo de Francisco Naranjo… Escobedo, como resultado de las
envidias con el general Porfirio Díaz, abandonó a éste, y después de recorrer
Tehuantepec, Chiapas, y Tabasco, se embarcó para Nueva York con el objeto de
regresar a México por Texas; el general Riva Palacio acusó al general Salazar;
los generales Arteaga y Salazar se separaron; y no pocos republicanos, ya por
rivalidades, ya por desilusiones, dejaron los campos de batalla y marcharon a
Estados Unidos, obligando al Gobierno de la República a advertir que (a) tales
individuos o se les declaraba desertores o regresaban desde luego a sus
respectivas filas…” [5],
el abandono y la salida del país del general González Ortega por motivo de
“derechos políticos”, contrastaban con la otra realidad, pues: “…si las
deserciones y pleitos entre los caudillos republicanos se hacían notoria,
también visible era el crecimiento de las guerrillas mexicanas. En el estado de
Guerrero, Vicente Jiménez estableció su cuartel general en Tixtla; Ignacio
Figueroa llevó la guerra a las cercanías de Chilapa; Pinzón operó en el norte
del estado; el general Juan Álvarez puso
su centro de operaciones en La Providencia; y esto a pesar de que los
republicanos de Guerrero estaban pobres de municiones, pues no poseían más que
dos paradas de cartuchos por plaza. En el norte de la República, el general
Negrete se hallaba en Río Florido. En La Laguna ocurrió una sublevación del pueblo;
en el distrito de Río Grande aparecieron algunas partidas de guerrilla; otro
tanto sucedió en San Dimas, en los límites de Durango y Sinaloa. En Parras,
Antonio Aguirre puso a un grupo de vecinos sobre las armas. En Nuevo León, el
‘estar armados los pueblos’, producía guerrillas. En Huajuapan, Francisco
Rodríguez acaudilló una partida armada; en Puebla, Oaxaca y Morelos, merodeaban
los llamados Plateados. En Mixcoac, a
las puertas de la ciudad de México, Tranquilino Pérez, ‘primero regidor y
después presidente del ayuntamiento imperial’, se pronunció indignado por el
‘estado de abyección’ en que siempre han tenido los gobiernos ‘a los infelices
indios’. Un pronunciamiento ocurrió en el 1865; y en La Paz, de Baja
California, los liberales acudieron a tomar las armas.” [6]
Pese a “la paz” impuesta y propagada con el poderío de treinta mil efectivos de
las fuerzas francesas de ocupación.
“—La
política a seguir con respecto a los conservadores, derrotados en la Guerra de
Reforma. Ésta cubrió una amplia gama, con la expulsión a los embajadores de
España, Ecuador y Guatemala, del arzobispo de México y varios obispos. El
gobierno mostró una actitud vacilante al respecto a Isidro Díaz cuñado de
Miramón (…) y su ministro más importante, y más adelante otorgó una amnistía
(…) general a los conservadores, que sólo excluía a los más peligrosos, aún
levantados en armas, como Márquez (…), Zuloaga y el líder campesino Manuel
Lozada.
La
economía, estropeada generó el descontento de muchos en todos los sectores.
“Los años siguientes fueron convulsos para la economía. Las continuas guerras y
la posible intención de instaurar a un nuevo emperador europeo frenaron el
desarrollo comercial del país…” [7] y
en lo correspondiente a los bienes eclesiásticos, el robo, la destrucción y
olvido de los bienes materiales del culto y culturales generó lagunas enormes
en el acervo, con respecto al conjunto del Convento de San Agustín (en el
espacio actual en la Ciudad de México: 5 de Febrero, República del Salvador,
Isabel la Católica y República de Uruguay): “… a excepción de la iglesia, se
destruyó para vender lotes de terreno donde se construyeron casas
insignificantes. La sillería desarmada se arrumbó hasta que muchos años después
Gabino Barreda, director de la Escuela Preparatoria, rescató 143 sillas, hoy
orgullo de la sala ceremonial llamada El Generalito… la biblioteca quedó
enteramente abandonada, las puertas abiertas y los libros y manuscritos a
merced de quien quisiera llevárselos: multitud de libros destrozados y
esparcidos por os claustros y celdas, otros tirados por el suelo en el más
completo desorden. El claustro ruinoso se convirtió en muladar, el atrio en una
cloaca y los altares desaparecieron.” [8]
“—La
lucha por el poder entre Juárez, Miguel Lerdo (…) y Jesús González Ortega, con
cierto temor de que éste último se levantara en armas.
“—La
oposición liberal al gobierno juarista, reflejada no sólo en los frecuentes
cambios de gabinete, sino también en el Congreso y varios periódicos liberales.
“—Los guerrilleros conservadores al
mando de Mejía, Márquez, Zuloaga y otros, responsables los dos últimos de los
asesinatos de Melchor Ocampo (…), Santos Degollado (…) y Leandro Valle, que
desestabilizaron en mucho la situación política nacional.
“—
La relativa paz, sin embargo, permitió la aplicación más sistemática de las
leyes reformistas. Las relativas a la desamortización y nacionalización de
bienes raíces, llevarán directamente al despojo de tierras a las comunidades
campesinas, a la formación de una nueva clase latifundista laica, pero también
a las consiguientes rebeliones campesinas que profundizaron aún más las crisis
ya generalizada.” [9]
Más
de ello: “Para 1858 se cernía en el horizonte de la República la posibilidad de
que Estados Unidos aprovechara la debilidad política y la crisis económica para
hacer lo que había hecho en Nicaragua, esto es, apoderarse del gobierno y
ocupar el país. La alarma creció cuando en 1860 el gobierno dominicano hubo de
apresar a un grupo de aventureros estadounidenses que habían ‘tomado posesión’
de la isla adyacente de Alta Vela para explotar sus yacimientos de guano. Las
negociaciones con España para fines de protectorado cambiaron entonces de
naturaleza, pues el Presidente dominicano, que en aquel momento era Pedro
Santana, decidió solicitar un acuerdo de reincorporación o anexión del país a
España. Las condiciones que debía seguir España para proceder a la anexión
eran:
•
Preservar la libertad individual y no restablecer la esclavitud en territorio
dominicano.
•
Considerar el territorio dominicano como provincia española, permitiéndole
disfrutar de los mismos derechos que las demás.
•
Utilizar los servicios del mayor número posible de funcionarios públicos y
militares dominicanos en el nuevo gobierno español.
•
Amortizar todo el papel moneda circulante.
•
Reconocer como buenos y válidos todos los actos de los gobiernos dominicanos
desde 1844 hasta la fecha.
“Con
estas medidas, las elites políticas conservadoras, especialmente las que
seguían y habían sido beneficiadas por (Pedro) Santana, pretendían garantizar
el disfrute de los privilegios que una posible ocupación norteamericana o el
fortalecimiento de las fuerzas liberales ponía en peligro.
“El
18 de marzo de 1861 se proclamó la anexión a España en la explanada de la
Catedral de Santo Domingo.” [10]
Esta
argumentación validaba irrefutablemente el juicio del hombre común de la época:
“Era tanto el descrédito que se había arrojado por una parte de la prensa
europea sobre los mexicanos, que hasta se les consideraba incapaces de defender
su territorio. Los mexicanos carecían de dignidad, de valor, de sentimiento
nacional, eran semi-salvajes; anarquistas, ladrones, asesinos. Esos juicios
hacían que los mismos americanos los considerasen como hombres degradados hasta
el último extremo; pero ha bastado la primera batalla entre ellos y las
valientes tropas francesas para que queden rehabilitados ante sus hermanos de América
y ante la misma Europa.” [11]
“Esperamos
que el injustificable ataque hecho por el gobierno francés a México será
favorable a nuestra santa causa, —y si hasta ahora han permanecido las
secciones de América en un fatal aislamiento, tal vez aprovecharán de esta dura
lección para realizar el sueño de Bolívar, y unirse todas para hacerse respetar
de los tiranos que intentan subyugarlas.” [12]
Ya
“asentado” el Imperio con el apoyo del ejército francés de intervención
recuperado tras la Batalla de Puebla, la muerte de don Ignacio Zaragoza e
inicio de la Presidencia itinerante, con el título de “Intervención y Segundo Imperio 1862 – 1867”:
“Una
vez en el trono el Emperador comenzó a seguir una política liberal.
Primero trató de rodearse por políticos liberales moderados y tratar de
alejarse de los conservadores radicales que lo habían traído a México.
“Gabinete
de Maximiliano:
“Ministro
de estado: Joaquín Velásquez de León (Conservador).
“Ministro
de Relaciones: José Fernando Ramírez (Liberal)“Ministro
de Gobernación: José María González de la Vega (Conservador).
“Ministro
de Guerra: Juan de Dios Peza (Liberal moderado).
“Además
aprobó numerosas leyes liberales como la libertad o tolerancia de cultos
(aunque la religión del Estado sería la católica). Ratificó la nacionalización
de bienes eclesiásticos decretada por los liberales de la república. Confirmó
el carácter constitucional de la monarquía (aunque nunca se completó el
proyecto de establecer una.)
“Una
vez en México Maximiliano se dio cuenta que el consenso que se le había
presentado, donde la mayoría del pueblo apoyaba el establecimiento de la
monarquía, no representaba el sentir de la mayoría y que las fuerzas
republicanas aún no habían sido vencidas del todo.
“También
apoyó la libertad de prensa y las garantías individuales (la igualdad ante la
ley, la seguridad, la propiedad y la libertad de culto) y prohibió la
esclavitud en cualquier forma.
“Estableció
la jornada de trabajo (10 horas) y la regularización del trabajo infantil.
(Estas reformas nunca se pudieron adoptar).
“En
general el carácter político de Emperador de México era netamente liberal, lo
que lo llevó a perder la simpatía de los conservadores y del clero. Ésto sería
determinante para el derrocamiento final.
“En
materia económica el Imperio estaba en muchas dificultades, no sólo por las
deudas que ya había contraído la república, sino por los compromisos que se
habían adquirido en el Tratado de Miramar. Además los gastos en la guerra con
las fuerzas restantes de la república empeoraban la situación, y los fondos
restantes eran invertidos en el embellecimiento de la ciudad de México en vez
de en los sectores productivos.” [13]
ab
Versus: “Cuando
Maximiliano de Habsburgo ascendió al trono de un México fraccionado, caminaba
en la edad de treintaidós años; cincuenta y ocho años tenía Benito Juárez, el
presidente de las porciones de la república mexicana no invadidas por los
soldados extranjeros. Para Maximiliano, México era su país adoptivo; para
Juárez, el suelo de su nacimiento. El príncipe austriaco representaba una
juventud ilusiva; el licenciado Juárez significaba la realidad política
mexicana. El emperador seguía los pasos de un ecuménico; el Presidente, los de
su pueblo. Aquél sabía alemán, francés, inglés y español; éste sólo hablaba la
lengua oficial de México…” [14] En
aquel momento México era un país desunido en donde cada Estado poseía su propio
gobierno y directriz, en donde cada población decidía hacia dónde y cuándo ir,
donde a cada porción de tierra la dominaba una autoridad elegida o autoimpuesta
al rigor de la costumbre y del poderoso de la localidad.
ab
“Así
también, apenas comenzadas las graves complicaciones de México, dio nuestro
gobierno —de la República del Perú— a la sazón presidido por el General
Castilla, el paso más significativo de enviar una legación cerca de Juárez, y
poco después acordó con los gobiernos de América, no reconocer al usurpador.
Triunfante la República, nadie celebrará más cordialmente que nosotros ese
triunfo, que es de la América toda, como lo fue el de Santo Domingo, como lo
fue el de las aliadas del Pacífico, como lo será, el que Dios mediante,
habremos de obtener aún si se repite la agresión española. Reciba, pues, México
nuestros plácemes muy sinceros, y oiga el cielo los votos que hace el Perú por
la prosperidad de ese pueblo hermano.” [15]
“…Grandes peligros corrió esta causas de una
ocasión, y a no ser por la tenacidad de Juárez y por otras dos circunstancias…
la primera de ellas… la grave desavenencia que surgió entre el imperio y el
partido clerical que [16],
como es sabido, constituía una de las más robustas columnas del edificio. Ese
estrepitoso rompimiento produjo una reacción parcial, y creó al imperio
dificultades con que no había contado. El otro hecho, más importante aún, fue
el desenlace de la guerra de los Estados Unidos. Aquella poderosa nación había
tenido que permanecer impasible a causa de sus propios conflictos, pero una vez
resuelta la grave cuestión doméstica, era imposible que no echase en la balanza
siquiera el peso de su poder moral , y esto aún sin que el emperador Napoleón
(III) declarase, como lo había hecho en su famosa carta Forey, que el Imperio
Mexicano había de ser un dique que contuviese a la raza anglosajona, es decir,
que, contando con la división de la gran República, se debía crear frente a las
dos secciones una monarquía que pudiese hacerles frente.” [17]
Sin mengua en las dotes personales
en su formación y las experiencias adquiridas en el hacer cotidiano, la
sapiencia en acuerdos y el tejemaneje de los asuntos públicos, su actividad
como virrey del Reino Lombardo-Véneto [18]
resulta incomprensible y menos aceptable para la propia honra del Emperador, la
ceguera personal en la aplicación de esa infamante medida que aún es admisible
para algunos historiadores bajo título de engaño o cuando menos, forzamiento
por parte del mariscal Bazaine sobre el Emperador Maximiliano, para admitir y
firmar el decreto del 3 de octubre de 1865 que, al final, será el que rija ante
el jurado constituido para dictarle sentencia después de su caída y “traición” del coronel Miguel López en Querétaro.
Con
victorias honrosas y derrotas vergonzantes, con incorporación de nuevos aliados
y defección de partidarios por ambos bandos, para descrédito del Imperio y
mancha personal de Maximiliano quedó el Decreto —constituido por quince
artículos— publicado en el número 228 del Diario del Imperio:
“MAXIMILIANO,
Emperador de México:
“Oído Nuestro Consejo
de Ministros y Nuestro Consejo de Estado, Decretamos:
“Art. 1º. Todos los
que pertenecieren á bandas ó reuniones armadas, que no estén legalmente autorizadas,
proclamen ó no algun pretexto político, cualquiera que sea el número de los que
formen la banda, su organización y el carácter y denominación que ellas se
dieran, serán juzgados militarmente por las Cortes marciales, y si se declarase
que son culpables, aunque sea solo del hecho de pertenecer á la banda , serán
condenados á la pena capital, que se ejecutará dentro de las primeras
veinticuatro horas después de pronunciada la sentencia… (sic)
“…Dado en el Palacio
de México, á 3 de Octubre de 1865,— MAXIMILIANO.— El Ministro de Negocios
Extranjeros y encargado del de Estado, José F. Ramírez.— El Ministro de la
Guerra, Juan de Dios Peza [19].—
El Ministro de Fomento, Luis Robles Pezuela.— El Ministro de Justicia, Pedro
Escudero y Echanove.— El Ministro de Instrucción Pública y Cultos, Manuel
Siliceo.— El Subsecretario de Hacienda, Francisco de P. César.” [20]
No
hay una cifra exacta de los muertos en los enfrentamientos, de aprovechamiento
personal en esos momentos de desajuste, de la destrucción de propiedades y
brutalidad sobre los miserables anónimos, quedan por ejemplo de ello algunos
nombres de sacrificados al rigor del Decreto: “…Fueron llevados al poblado de
Uruapan donde a los generales (José María) Arteaga y (Carlos) Salazar, los
coroneles Jesús Díaz Ruiz y José Trinidad Villagómez y el capitán Juan
González, se les aplicó la ley del 3 de octubre de 1865, en el que se permitía
fusilar, sin juicio previo, a lo que defendieran a la República. El 21 de
octubre fueron llevados a la plaza principal de Uruapan donde se llevaría a
cabo la ejecución…Los cuerpos de los cinco fueron sepultados en Uruapan, y,
tras el triunfo de la República, los restos fueron trasladados al Panteón de
San Fernando, donde se encuentran hoy en día. Se les conocería posteriormente
como los ‘Mártires de Uruapan’.” [21]
Frente
al documento la reacción de los por salvar: “De esta suerte la población civil
de México no manifestaba temor ni contento por las disposiciones del emperador,
ni con la laboriosa y humana ley sobre los estados de sitio, ni con la
inescrupulosa ley del 3 de octubre del 1865, conforme a la cual se otorgaban
tantas facultades a las cortes marciales que la pena de muerte quedaba
justificada, y de la que se derivaron los fusilamientos, en Morelia, de los
generales republicanos Arteaga y Salazar y de algunos jefes y oficiales, lo que
perturbó a Maximiliano y exaltó en ánimo nacional. Así, para los imperialistas
éstos dejaron de ser disidentes, y se
les llamó bandoleros; ahora que tales
disidentes que luchaban en las guerrillas de Michoacán, México, Puebla y
Guerrero se apellidaron a sí mismos chinacos
o chinacates, mientras que a los
maximilianistas se les tildaba de traidores,
a quienes en algunas ocasiones se les ponía al pecho o a la espalda, con hierro
candente ese apellido.” [22]
No
resulta admisible dotar al Emperador de un aura de soñador, romántico y
bobalicón cuando a su educación y esfuerzos personales los regían los
principios que en su casa natal le aprovecharan e hicieran quien fue con el
comedido cariño de su madre —de quien dícese era el consentido— y las
aspiraciones de su esposa, la hija del rey Leopoldo I de Bélgica, monarca de
gran influencia durante su época. Ante hechos así, es exigencia respetar al caído
por detestable que éste fuera. Maximiliano no era un tontainas, era un ser
nacido entre la púrpura de los elegidos y así asumió su vida y si sus
aspiraciones para ocupar un trono bajo principios liberales le llevó a aceptar
“para bien de sus gobernados” esa alta responsabilidad, es bien sabido que aún
el bien buscado para el prójimo resulta detestable cuando es impuesto.
Ante
la tragedia del Cerro de las Campanas en Querétaro la reacción internacional
benevolente e inclinada a la causa de Maximiliano arrastró aún más el prestigio
de la sociedad y el gobierno mexicano: ““El atentado contra la vida de la
República parece a vuestro juicio menos criminal que la muerte de Maximiliano;
y eso se comprende fácilmente porque está en vuestro interés y no creerlo, por
lo menos hacerlo creer y sostenerlo. Pero para el resto de los hombres que no
pensamos bajo el solio de púrpura, sino bajo la bóveda estrellada del cielo, la
muerte del Archiduque apenas es una falta, una pálida sombra de crueldad
comparada con el espantoso atentado cometido contra el pueblo mexicano.” [23]
“No
hace muchos días que entre nosotros se endiosaba a Bruto, (a) Catón y no se a
quienes más por su severidad política. Se glorificó hasta el absurdo el
asesinato del primero contra su padre y el bárbaro suicidio del segundo. Pues
bien: estos mismos hombres (el autor remite a un anónimo redactor del periódico
‘El Federalista’) son los que condenan
hoy el patriotismo y la entereza política de Juárez; éstos mismos son los que
lloran la caída del Imperio y maldicen (a) la República Mexicana… Bruto fue un
semidiós porque libertó a Roma de César. Juárez no es más que un hombre porque ha liberado a su patria de un
usurpador…” [24]
(Texto destacado por el autor del documento.)
“Juárez
comprendió que no podía sacrificar su popularidad, perdonando a Maximiliano,
sin exponer a la República a gravísimos trastornos, sin renunciar a la consolidación
de un orden establecido, sin correr el inminente riesgo de convertirse en el
blanco de las iras populares, sin comprender el porvenir de la democracia
americana, sin alentar los insidiosos que la monarquía no cesará de fraguar
contra este hemisferio, y sin dejar trunca una obra de que, no sólo depende la seguridad interior
de México, sino que también la de todas las repúblicas latinas del Nuevo Mundo…
En una palabra: Juárez cumplió con su deber —deber terrible, si se quiere— pero de estricta justicia y de noble
severidad. El esforzado adalid que había luchado solo por la patria contra la
infame alianza de los enemigos extranjeros y los traidores interiores, no podía
ahorrar el sacrificio de una vida para asegurar la de muchos.” [25]
Queda para quien lo necesite: “… el
primer día de la Confederación Sudamericana será el último de nuestros
trastornos civiles; y el primer día de gobierno por los pueblos y para los
pueblos será el último de los gobiernos por los caudillos y para las anárquicas
dictaduras.” [26]
“Los
Debates.
“Montevideo,
agosto 21 de 1872.
“Benito
Juarez.
“El
correo francés nos trae una infausta noticia.
“Benito Juarez, presidente de la
República Mejicana, acaba de morir de una enfermedad violenta.
“La vida de éste ciudadano
consagrada al servicio y engrandecimiento de su patria, ocupará un lugar
prominente en la historia de los pueblos libres, y todos estamos en el deber de
rendir tributo de admiración al soldado que cae tan inesperadamente, al
ciudadano y mandatario tipo de honradez y de energía.
“Asociamos nuestro duelo al que
experimentarán nuestros hermanos de Méjico por tan funesto acontecimiento.
“La gran causa de la República acaba
de perder en Juarez algo mas que un adicto —pierde un apóstol. (sic)” [27]
El motivo es don Benito Juárez, el
hombre con múltiples facetas, detestables algunas, loables otras, de las cuales
mucho hay por clarificar y ajustar con la visión del momento en que vivió el “Benemérito
de las Américas” [28],
el motivo es México invadido, el motivo es el riesgo enorme para la América
latina amenazada y cercada por el interés colonial por recuperar un espacio
perdido con enorme pérdida de vidas y bienes y en donde el sistema de la
república reuniera los afanes de la mayoría de sus ciudadanos. Más, el motivo
ulterior en los textos, en las cartas, en los decretos, en los poemas
seleccionados para conjuntar el grueso libro de Carlos J. Sierra. Juárez en la voz y la palabra de Latinoamérica, es el ideal antiguo
manifiesto en la instalación de la “Sociedad de Defensores de la Independencia
Americana” en la ciudad de Lima, capital de la República del Perú, el 29 de
marzo de 1862, ya declarada la amenaza de las tres potencias europeas
signatarias en la Convención de Londres, en el 31 de octubre de 1861. Toda la
obra, desde el inicio mismo en la página13 con el texto “Advertencia”, hasta la página 644, muestran el apoyo y esa
fraternidad latinoamericana para con México. Hablan del ideal todavía por
concretar, la unión de los americanos con sus diferencias y semejanzas en una
causa común: la institución y práctica de los esfuerzos compartidos sin
sujeción al valor de la balanza, sin menosprecio al temor de la debilidad
interna, todos a una y la justicia para todo americano se cual fuere su
extracción y origen. En la obra mencionada están presentes y solidarias: La
República Argentina, el Estado Plurinacional de Bolivia, la República
Federativa del Brasil, la República de Colombia, la República de Costa Rica, la
República de Chile, la República Dominicana, la República de El Salvador, la
República de Guatemala, la República de Nicaragua, la República del Perú, la
República Oriental del Uruguay y la República de Venezuela…
[1] “El 6 de
febrero de 1838 comenzó la llamada Guerra de los Pasteles, conflicto armado
entre México y Francia. Este conflicto se gestó, en parte, como consecuencia de
la crisis generalizada, la economía paralizada, la inseguridad y las malas
comunicaciones de nuestro país recién independizado.
“En ese
contexto, un pastelero francés de apellido Remontel sufrió las causas de la
inseguridad cuando oficiales mexicanos causaron daños a su local y el Gobierno
se negó a pagar la indemnización pedida por el hombre francés. El Ministro de
Relaciones Exteriores, Luis G. Cuevas, afirmó que el Gobierno de la República
no encontraba razón alguna para pagar indemnizaciones por pérdidas a
consecuencia del movimiento armado. En ese momento, la nación francesa se
sintió ofendida a grado tal que el 6 de febrero de 1838 envió hombres a la
costa de Veracruz estableciendo un ultimátum para pagar los daños ocasionados a
sus connacionales. El Gobierno Mexicano hizo caso omiso, lo que los franceses
tomaron como señal de guerra y abrieron fuego contra la fortaleza de San Juan
de Ulúa, el 27 de noviembre de 1838. Todo diciembre se libraron combates
intensos entre las tropas mexicanas y las francesas, en uno de ellos el General
Antonio López de Santa Anna perdió una pierna.
“Finalmente, un
día como hoy de 1839, el Gobierno de la República y la nación francesa firmaron
un tratado de paz mediante el cual los franceses devolvían San Juan de Ulúa y
México se comprometía a pagar la indemnización por 600 mil pesos.” 9 de marzo. Finaliza la Guerra de los Pasteles. sep.gob.mx/es/sep1/9_de_marzo
Consultado el 10 de agosto del 2015.
[2] Ferdinand
Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine (Viena, 6 de julio de 1832 -
Santiago de Querétaro, 19 de junio de 1867), segundo Emperador de México y
único monarca del denominado Segundo Imperio Mexicano. Por nacimiento, ostentó
la dignidad de Archiduque de Austria, debido a su filiación con la poderosa
Casa de Habsburgo. Fue el hermano más próximo del Emperador Francisco José de
Austria-Hungría, y consorte de la princesa Carlota Amalia de Bélgica, hija del
rey Leopoldo I de Bélgica (primero de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha).
[3] Es curioso.
Cuando a los poderosos les “viene bien” no importa socavar el prestigio, la “honra”
de una testa coronada. El fin justifica los medios y el dicterio deja de serlo
en la suma y resta de los beneficios para llegar con visos de verdad necesaria
o vergüenza irreparable según la voluble valía de los personajes en la
historia.
[4] “En los 55
años que van de la consumación de la Independencia en 1821, a la primera vez
que Porfirio Díaz asumió la presidencia en 1876, la historia política de México
fue turbulenta. No sería una exageración decir que la nueva república sufrió
una crisis casi permanente durante la mayor parte de este período. De hecho,
considerando la magnitud de las tensiones internas y la amenaza externa que
imponían las ambiciones coloniales y territoriales de los adversarios europeos
(España y Francia) y de su vecino del norte, es un hecho sobresaliente que
México sobreviviera como un Estado independiente.
“La
transición del Estado colonial a la Independencia y a la formación de la nación
fue, de manera inevitable, prolongada y dolorosa. Las tensiones étnicas,
culturales y regionales, así como la
fragmentación de la autoridad política central que acompañó el proceso de
independencia (1808-1821), fueron algunos factores que impidieron el
establecimiento de un Estado central fuerte. Después de 1821, la lucha por el
poder entre la Ciudad de México y las provincias y los conflictos que surgieron
del intento por extirpar el legado colonial (representado, sobre todo, por la
Iglesia católica) dominaron la política de la primera mitad del siglo XIX.
“Los
inicios de la historia nacional de México estuvieron marcados por brotes de
proclama y reforma constitucional, pronunciamientos militares y golpes de
Estado, faccionalismo y guerra civil, y acentuado por guerras contra la
invasión extranjera (de Estados Unidos en 1847-1848 y de Francia entre 1862 y
1867). La estabilidad política, medida por el cambio frecuente de gobierno y de
ocupantes de la silla presidencial, fue la pérdida más obvia por este estado de
turbulencia…” Paul Garner. Porfirio Díaz:
entre el mito y la historia. Prólogo del autor, páginas 16 y 17.Ediciones
Culturales Paidós, S. A. de C. V.; Crítica, 2015.
[5] José C.
Valadés. Maximiliano y Carlota en México,
página 226, Editorial Diana, S. A. 2ª. Impresión, marzo de 1977.
[6] Ídem, páginas
227 y 228.
[7] María del
Carmen Reyna, Jean-Paul Krammer. Apuntes
para la historia de la cerveza en México, página 94. Instituto Nacional de
Antropología e Historia. 2012.
[8] Ídem. Página
73. Texto extraído de la página 70 correspondiente al Libro de los desastres de Fernando Benítez, citada por los autores
y de ahí tomada la cita.
[9] Imperio de
Maximiliano. Antecedentes. recursos.salonesvirtuales…bloques/2012/08/Imperio-de-Maximiliano.pdf
Consultado el 29 de julio del 2015.
[10] Anexión y
Restauración. dominicanaonline.org/Portal/espanol/cpo_anexion.asp.
Consultado el 27 de julio del 2015.
[11] Carlos J.
Sierra. Juárez en la voz y la palabra de
Latinoamérica. Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Dirección General
de Prensa, Memoria, Bibliotecas y Publicaciones. México, julio de 1972. Con un
tiraje de 2000 ejemplares. Página 533. Batalla
de Puebla. Publicado en La Nación, Montevideo, 2 de agosto de 1862. B. N.
U.
[12] Carlos J.
Sierra. Obra citada, página 448. Felicitación
por el triunfo de Puebla(*), con llamada de atención para aclarar: (*)
Documento enviado al Cónsul de México, señor Ugarte, por los ciudadanos
peruanos miembros de la Sociedad Defensora de la Independencia Americana, y
respuesta del diplomático. El Heraldo. México, 11 de septiembre de 1862. B. S.
H.
[13] webpages.cegs.itesm.mx/servicios/hdem/Inter_2doimperio/impresion/max_mex.htm
Consultado el 28 de julio del 2015.
[14] José C.
Valadés. Obra citada, página 187.
[15] Carlos J.
Sierra. Obra citada, página 498. El
triunfo de la América en México. Artículo editorial publicado en El
Comercio. Lima, 3 y 4 de julio de 1867. B. N. P.
[16] “Pero lo más
trascendente fue que Maximiliano entró en pugna con el clero mexicano, que
deseaba la marcha atrás de las Leyes de Reforma y la devolución íntegra de su
propiedad raíz, que antes de esas leyes ascendía a una tercera parte del
territorio nacional, diez mil iglesias y ciento cincuenta conventos. Demandaba
también que se le devolviera el papel central que tenía en la vida cotidiana:
el control de la educación, las obras de caridad y asistencia, la recreación
mediante las misas y festividades religiosas; además de funciones lucrativas
agrícolas, ganaderas y bancarias; todo bajo la protección del fuero
eclesiástico y sin obligación alguna de cumplir las leyes civiles y pagar
impuestos.” memoriapoliticademexico.org/Biografias
Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena. Doralicia Carmona: Memoria
Política de México. Consultado el 28 de julio del 2015.
[17] Carlos J.
Sierra. Obra citada página 492. El
triunfo de la América en México. Artículo editorial publicado en El
Comercio. Lima, 3 y 4 de julio de 1867. B. N. P.
[18] Perdido en
1859, tras la derrota austriaca en la sangrienta Batalla de Solferino. “La
batalla de Solferino tuvo lugar el 24 de junio de 1859, en la localidad de
Solferino. El ejército austríaco, al mando de Francisco José I, de unos 100.000
hombres fue derrotado por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino
de Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II, con una fuerza aproximada de 118
600 hombres. La batalla estuvo en el marco de la Unificación Italiana. Después
de nueve horas de batalla, las tropas austríacas fueron forzadas a rendirse.
Las bajas en el bando aliado fueron 2492, 12 512 heridos y 2922 capturados o
desaparecidos. Más de 3000 soldados austríacos murieron, 10 807 fueron heridos
y 8638 capturados o desaparecidos.
“Después de
esta batalla, Henri Dunant, testigo de ésta y de la agonía y sufrimiento de los
heridos en el campo de batalla, se sintió motivado para crear la Cruz Roja
Internacional.” es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Solferino
Consultado el 29 de julio del 2015.
[19] Padre del poeta
romántico que llevara el mismo nombre. Éste, que fuera discípulo de Ignacio
Ramírez y de Ignacio Manuel Altamirano, el amigo predilecto de Manuel Acuña,
figuró entre los jóvenes poetas liberales. Juan de Dios Peza (1852-1910) es el
autor de la entrañable “Reír llorando”, “Fusiles y muñecas” y la un tanto
despreciada “Sin sobre”, entre sus múltiples creaciones que el juicio y la
pésima declamatoria arrojan al terreno de lo cursi. Miembro
numerario de la Academia Mexicana de la Lengua, ocupó la silla IX en mayo de
1908.
[20] Tomado del
Boletín de las Leyes del Imperio Mexicano: Comprende las Leyes, Decretos y
Reglamentos generales, números del 1 al 176, expedidos por el Emperador
Maximiliano desde 1o. de julio hasta 31 de diciembre de 1865. Páginas 143 a 146
cdigital.dgb.uanl.mx Consultado el 28
de julio del 2015.
[21] callesdemonterrey.wordpress.com
Consultado el 29 de julio del 2015.
[22] José C.
Valadés. Obra citada, página 232.
[23] Carlos J.
Sierra. Obra citada, página 602. Un grito
de patriotismo. Publicado en El Porvenir, Caracas, 24, 27, y 30 de agosto
de 1867. B. N. V.
[24] Carlos J.
Sierra. Obra citada, página 596. El
cesarismo y la democracia. Publicado en El Porvenir con firma de F. N,
Caracas, 25 y 26 de julio de 1867. B. N. V.
[25] Carlos J.
Sierra. Obra citada, páginas 627 y 628. Benito
Juárez. Publicado en El Porvenir con firma de Gil Paz, Caracas, 24, 27 y 30
de julio de 1867. B. N. V.
[26] Carlos J.
Sierra. Obra citada, página 532. El
sentimiento americano. Publicado en La Nación, Montevideo, 5 de junio de
1862. B. N. U.
[27] Carlos J.
Sierra. Obra citada, reproducción facsimilar insertada en la página 548.
[28] “…Que fue
Colombia, a través de su Congreso y mediante ley del 2 de mayo de 1865,
comunicada al señor Juárez por el Presidente Manuel Murillo Toro, la primera
nación que declaró al prócer mexicano ‘Benemérito de las Américas’, en los
momentos en que libraba heroica lucha por la independencia de su patria…”
Carlos J. Sierra. Obra citada, página 211. Decreto
número 068… Documento proporcionado al autor por cortesía del señor Enrique
Tello Macías, funcionario de la Embajada de México en Bogotá, Colombia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario