lunes, 2 de abril de 2018

La Novara viene, la Novara va



La Novara viene, la Novara va.
El campo del asilo
P VÍctor Manuel López Wario


Galveston, a...
Reunidos por una serie de calamidades semejantes a las que nos habían alejado de nuestros hogares y dispersado súbitamente por diversas regiones, hemos resuelto buscar un asilo donde podamos recordar nuestros infortunios y sacar lecciones útiles de ellos. Una vasta comarca se presenta ante nosotros, pero una comarca abandonada por los hombres civilizados, recorrida por tribus indias que se contentan con la caza y dejan sin cultivar un territorio tan fértil como extenso. En la adversidad que anima nuestro coraje, lejos de abatirlo, ejerceremos el primer derecho acordado al hombre por el autor de la naturaleza, estableciéndonos sobre esta tierra, a fin de fertilizarla con nuestro trabajo y extraer de ella las producciones que jamás rehúsa a la perseverancia.

No atacaremos a nadie, no tenemos intenciones hostiles. Demandamos la paz y la amistad a todos los que nos circundan, y agradeceremos la benevolencia que se nos manifieste. Respetaremos la religión, las leyes, las costumbres y las usanzas de las naciones civilizadas.

Respetaremos la independencia, las usanzas y la manera de vivir de las naciones indias, a las que no estorbaremos ni en su caza ni en ningún otro ejercicio de su existencia. Sostendremos relaciones sociales y de buena vecindad, así como tratos comerciales, con todos aquellos a quienes eso pueda convenir. Nuestra conducta será apacible, activa y laboriosa; seremos útiles en tanto que podamos y devolveremos bien por bien; pero si fuera posible que nuestra posición no fuera respetada, y que la persecución nos alcanzara en los desiertos donde hemos buscado un retiro, nuestra resolución está tomada de antemano. Tenemos armas; el cuidado de nuestra conservación nos ha empeñado en proveemos, como lo han hecho siempre los hombres de nuestra posición. La tierra sobre la que nos hemos establecido nos verá triunfar o morir.

Llamaremos a la plaza en que está establecida nuestra colonia el Campo de Asilo. Ese nombre, al recordarnos nuestras adversidades, nos recordará también la necesidad de fijar nuestros destinos, de establecer nuevos dioses penates, en una palabra de crear una nueva patria. La colonia, esencialmente agrícola y comercial, será militar para su conservación. Estará dividida en cohortes; cada cohorte tendrá un jefe que estará obligado a llevar un registro general, compuesto por los registros reunidos de todas las cohortes y a cargo de la dirección de la colonia. Las cohortes estarán reunidas en el mismo emplazamiento, a fin de protegerse mejor contra los insultos, y cada una vivirá tranquila bajo la protección de todas. Será redactado un Código en el campo para garantizar la seguridad de las propiedades y personas, para prevenir y reprimir la injusticia, para asegurar la paz de los hombres y desbaratar los proyectos de los malvados. Los refugiados no admiten entre ellos más que franceses o militares que hayan servido en las filas de la armada francesa. Para unirse a ellos, es suficiente poseer uno de esos dos títulos y acudir a la Nueva Orleans. Allí se encontrará todo lo necesario para llegar al Campo de Asilo.

Guía de Forasteros.
Estanquillo Literario para el año de 1819.
Instituto Nacional de Bellas Artes.
Año III, Vol. III, Num.9 [41].
(Traducción Enrique Flores.).
bicentenario.gob.mx


La Novara viene, la Novara va
Ralph Waldo Emerson nos da un acercamiento a los protagonistas de una época en su descripción a la persona de Napoleón: “Entre los personajes eminentes del siglo XIX, Bonaparte es, con mucho, el mejor conocido y el más poderoso, y debe su predominio a la fidelidad con que expresa el tono de pensamiento, de la fe y de los ideales de las masas de hombres activos y cultos. Según la teoría de Swedenborg, cada uno de los órganos se compone de partículas homogéneas, o, como se ha expresado algunas veces, cada todo está compuesto de semejantes; es decir que los pulmones se componen de pulmones infinitamente pequeños, el hígado de hígados infinitamente pequeños, el riñón de riñoncillos, etc(étera). Siguiendo esta analogía, si se observa que un hombre contiene en sí el poder y los sentimientos de gran número de hombres, si Napoleón es Francia, si Napoleón es Europa, es porque los hombres a quienes gobierna son pequeños Napoleones.
           “En nuestra sociedad existe un perpetuo antagonismo entre las clase conservadoras y las democráticas, entre los que han hecho ya su fortuna y los jóvenes y los pobres que aún la tienen que hacer, entre los intereses del trabajo muerto —es decir el trabajo manual que permanece desde hace tiempo en el sepulcro, enterrado en forma de dinero, de tierras o edificios pertenecientes a capitalistas ociosos— y los intereses del trabajo vivo, que trata de poseer su propia tierra, sus edificios y su dinero. La primera clase es tímida, egoísta, mezquina, odia la innovación y se reduce continuamente a causa de la muerte. La segunda clase es también egoísta; intrusa, audaz, confía en sí misma, supera siempre en número a la otra y recluta sus miembros cada hora gracias a los nacimientos. Desea mantener abiertos todos los caminos de la competencia y multiplicar esos caminos. Es la clase a [la] que pertenecen todos los hombre de negocios de América, Inglaterra, Francia, y de toda Europa, la clase del trabajo y de la capacidad. Napoleón es su representante. El instinto de los hombres activos, valientes y capaces de la clase media de todas las naciones ha señalado a Napoleón como la encarnación de la Democracia. Poseía todas sus virtudes y todos sus vicios, y sobre todo poseía su espíritu y su ideal. Esa tendencia es material, aspira al éxito sensual y emplea para ese fin los medios más ricos y variados; es versada en fuerzas mecánicas, altamente intelectual, ha sido instruida con amplitud y con esmero, pero subordina todas las fuerzas intelectuales y espirituales a los medios para alcanzar el éxito material. El fin es llegar a ser un hombre rico. El Corán dice que “Dios ha concedido a cada pueblo un profeta que habla su propio idioma”. París, Londres y Nueva York, el espíritu del comercio, del dinero y el poder material debían también tener su profeta, y Bonaparte fue habilitado como tal y enviado al mundo. 1
a b
El SMS Novara (Seiner Majestät Schiff Novara —Buque de su majestad Novara—) fragata de vela perteneciente a la marina de guerra austro-húngara conocida por su navegación alrededor del mundo en la Expedición de 1857 a 1859 durante el gobierno del káiser Francisco José I de Austria (Franz Josef Karl von Habsburg-Lothringen). Poseía tres mástiles y seis cubiertas, estaba equipada con 42 cañones y un desplazamiento de poco más de 2100 toneladas.
           Su nombre original fue el de Minerva durante su construcción iniciada en Venecia en 1843, posteriormente, en 1848, parcialmente terminada recibió el de Italia por revolucionarios venecianos y ya concluida, en 1850 el definitivo de SMS Novara después de la Batalla de Novara  en 1849, cuando los austriacos recapturaron Venecia tras la victoria del mariscal Joseph Radetzky 2 sobre Carlos Alberto, rey de Cerdaña.
           “La expedición Novara” fue la primera misión científica a gran escala realizada por la marina austrohúngara autorizada por el archiduque Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine. La expedición zarpó el 30 de abril de 1857 a cargo del vicealmirante Bernhard von Wüllerstorf-Urbair con 345 oficiales y tripulantes, aparte de siete científicos. Los preparativos fueron realizados por la Academia Imperial de ciencias de Viena bajo la dirección del geólogo Ferdinand von Hochstetter y del zoólogo Georg von Frauenfeld.
           En su recorrido por el mundo “La expedición Novara” recolectó 26 000 especímenes botánicos y zoológicos junto con otras muestras culturales que enriquecieron el acervo de los museos de Viena, en especial del Museo de Historia Natural. Los especímenes fueron estudiados por Johann Natterer durante 18 años. Las observaciones geomagnéticas realizadas por la expedición enriquecieron el conocimiento en el campo y las plantas de coca recogidas por la misión permitieron aislar la cocaína en forma pura por primera vez en 1860.
           Los resultados de la expedición fueron entregados en un informe para la Academia de ciencias de Viena titulado Reise der österreichischen Fregatte Novara um die Erde (El viaje de la fragata austriaca Novara alrededor del mundo) que incluía un grabado de la fragata rodeado por un borde oval en que se encuentran los nombres de todos los puertos 3 que tocó el SMS Novara durante la misión concluida el 30 de agosto de 1859, tras dos años y tres meses de navegación.
         En abril de 1864 esta fragata trasladó al archiduque Maximiliano y a su esposa Carlota al puerto de Veracruz para iniciar el Segundo Imperio Mexicano, al cual llegaron el 28 de mayo de 1864.

FUNDAMENTOS, DOCUMENTOS.
PLAN DE LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO, PROCLAMADA Y JURADA EN EL PUEBLO DE IGUALA EN LOS DÍAS 1 Y 2 DE MARZO DE 1821 POR EL SERENÍSIMO SR. D. AGUSTÍN DE ITURBIDE, GENERALÍSIMO ALMIRANTE, Y PRESIDENTE DE LA REGENCIA GOBERNADORA INTERINA DEL IMPERIO.
1º. La religión de la Nueva España es y será la católica, apostólica, romana, sin tolerancia de otra alguna.
2º. La Nueva España es Independiente de la antigua y de toda potencia, aun de nuestro Continente.
3º. Su gobierno será Monarquía moderada, con arreglo á la Constitución peculiar y adaptable del reino.
4º. Será su Emperador el Sr. D. Fernando Séptimo, y no presentándose personalmente en México dentro del término que las Cortes señalaren á prestar juramento, serán llamados en su caso, el serenísimo Sr. Infante D. Carlos, el Sr. D. Francisco de Paula, el archiduque Carlos u otro individuo de Casa reinante, que estime sea conveniente el Congreso.
5º. Interín las Córtes se reunen, habrá una Junta que tendrá por objeto tal reunión, y hacer que se cumpla con el plan en toda su extención.
6º. Dicha Junta, que se denominará gubernativa, debe componerse de los vocales que habla la carta oficial del Excmo. Sr. Virey.
7º. Ínterin el Sr. D. Fernando Septimo se presenta en México y hace el juramento, gobernará la Junta ó la Regencia, á nombre de S. M. en virtud del juramento de fidelidad que le tiene prestado la Nacion; sin embargo de que se suspenderán todas las órdenes que diere interin no haya prestado juramento.
8º.- Si el Sr. D Fernando Septimo no se dignare venir á México, interin se resuelve el Emperador que deba coronarse, la Junta ó la Regencia mandará en nombre de la Nacion.
9º.- Este gobierno será sostenido por el ejército de las tres garantías, de que se hablará después.
10º. Las Córtes resolverán la continuación de la Junta, ó si debe substituirla una Regencia, interin llega la persona que deba coronarse.
11º. Las Córtes establecerán en seguida la Constitución del Imperio Mexicano… (sic) 4
TRATADOS DE CORDOBA
Art. 1º Está América se reconocerá por nación soberana e independiente, y se llamar en lo sucesivo imperio mexicano.
2º. El gobierno del imperio será monárquico, constitucional moderado.
3º. Será llamado a reinar en el imperio mexicano (previo el juramento que designa el art. 4º del plan) en primer lugar el señor don Fernando VII, Rey católico de España, y por su renuncia o no admisión, su hermano, el serenísimo señor infante don Carlos - por su renuncia o no admisión, el serenísimo señor infante don Francisco de Paula; por su renuncia o no admisión el señor don Carlos Luis, infante de España, antes heredero de Etruria, hoy de Luca; y por la renuncia o no admisión de éste, el que las Cortes del imperio designaren.
4º. El emperador fijar su corte en México, que ser la capital del imperio.
Villa de Córdoba, 24 de agosto de 1821. —Agustín de Iturbide. —Juan O’Donojú. —Es copia fiel de su original. —José‚ Domínguez.— Es copia fiel de la original que queda en esta comandancia general. José Joaquín de Herrera. --Como ayudante secretario. Tomás Illañez. 5
           Siete días después de firmada el acta, 31 de agosto siguiente, desde la misma Villa de Córdova, don Juan O’Donojú y O'Ryan 6 envía la justificación de su actuar a España: “¿Quién ignora que un negociador sin fuerzas está para convenirse con cuanto le propongan y no para proponer lo que convenga a la nación que representa?... envié al Primer Jefe del Ejército Imperial Iturbide dos comisionados con una carta en que le aseguraba de las ideas liberales del Gobierno, de las paternales del Rey, de mi sinceridad y deseos de contribuir al bien general e invitándole a una conferencia. Otra recibí del mismo Jefe, que al ver mi proclama me dirigía también comisionados para que nos viésemos. Repito que jamás pensé en que podría sacar de la entrevista partido ventajoso para mi patria; pero resuelto a proponer lo que, atendidas las circunstancias, tal vez se consiguiese; a no sucumbir jamás a lo que no fuese justo y decoroso, o a quedar prisionero en poder de los independientes si faltaban a la buena fe, como por desgracia es y ha sido siempre tan frecuente, salí de Veracruz para tratar en Córdoba con Iturbide… tuvieron cuidado de formar apuntes de mis contestaciones, de las bases en que era preciso apoyarse para que pudiésemos entrar en convenio… Yo no sé si he acertado… cuando reflexiono que todo estaba perdido sin remedio, y que (hoy) todo está ganado, menos lo que era indispensable que se perdiese, algunos meses antes o algunos después… La Independencia ya era indefectible, sin que hubiese fuerza en el mundo capaz de contrarrestarla. Nosotros mismos hemos experimentado lo que sabe hacer un pueblo que quiere ser libre. Era preciso, pues, acceder a que la América sea reconocida por nación soberana e independiente y se llame en lo sucesivo Imperio Mexicano.” 7
           Don Carlos María de Bustamante escribe en su Cuadro histórico: “Tal fue el Tratado de Córdoba, confirmación del Plan de Iguala, aunque modificándolo en el importante punto de designación de las personas que se llamaban a ocupar el trono del nuevo imperio, pues además de señalar para ellos al rey Fernando VII y a sus hermanos don Carlos y don Francisco de Paula, se hizo también mención del príncipe heredero Luca, sobrino del monarca español y se omitió el nombre del archiduque Carlos de Austria; pero se introdujo en el tratado la notable novedad de que por la no admisión del rey y los infantes, las Cortes elegirían al soberano, sin expresar que había de ser de casa reinante, como se fijó en el Plan de Iguala. Iturbide dejó con esto abierta la puerta a su ambición, y O'Donojú, «empeñado únicamente en asegurar el trono a los príncipes de la casa de España, dice Alamán, quizás no reparó en la variación muy sustancial que Iturbide había introducido, bastante a minar todo el edificio que acababa de levantarse.» No pudo ocultarse al sagaz primer jefe del ejército libertador que el tratado era esencialmente nulo, por falta de poder para ajustarle por una de las partes, pues el carácter de capitán general y jefe superior político que tenía O'Donojú era insuficiente para celebrar un contrato de tanta entidad; pero el tratado le allanaba la posesión de la capital, y dividía más y más a los últimos defensores de la dominación española”. 8
ACTA DE INDEPENDENCIA DEL IMPERIO MEXICANO, PRONUNCIADA POR SU JUNTA SOBERANA CONGREGADA EN LA CAPITAL DE ÉL EN 28 DE SETIEMBRE DE 1821
La Nacion Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresion en que ha vivido.
           Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados y está consumada la empresa, enteramente memorable, que un genio, superior á toda admiración y elogio, amor y gloria de su Patria, principio en Iguala, prosiguió y llebo al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables.
           Restituida, pues, esta parte del Septentrion al exercicio de cuantos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza, y reconocen por inenagenables y sagrados las naciones cultas de la tierra; en libertad de constituirse del modo que mas convenga á su felicidad; y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios; comienza á hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que es Nación Soberana, é independiente de la antigua España, con quien en lo succesivo, no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha, en los términos que prescribieren los tratados: que entablará relaciones amistosas con las demas potencias executando, respecto de ellas, cuantos actos pueden y estan en posesion de executar las otras naciones soberanas: que va á constituirse con arreglo á las bases que en el Plan de Iguala y tratado de Cordoba estableció, sabiamente, el primer Gefe del Exercito Imperial de las Tres Garantias; y en fin que sostendra, á todo trance, y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos, (si fuere necesario) esta solemne declaración, hecha en la Capital del Imperio á veinte y ocho de Setiembre del año de mil ochocientos veinte y uno, primero de la Independencia Mexicana.
           Agustín de Iturbide, Antonio Obispo de la Puebla, Lugar de la firma del S. odonojú (sic, por O’Donojú) , Manuel de la Bárcena, Matías Moteagudo, José Yáñez, Juan Francisco Azcarate, Juan José Espinoza de los Monteros, José María Fagoaga, José Miguel Guridi y Alcocer, El Marqués de Salvatierra, El Conde de Casa de Heras Soto, Juan Bautista Lobo, Francisco Manuel Sánchez de Tagle, Antonio de Gama y Córdova, José Manuel Sartorio, Manuel Velázquez de León, Manuel Montes Argüelles, Manuel de la Sota Rivas, El Marqués de San Juan de Rayas, José Ignacio García Illueca, José María de Bustamante, José María Cervantes y Velasco, Juan Cervantes y Padilla, José Manuel Velázquez de la Cadena, Juan de Horbegozo, Nicolás Campero El Conde de Jala y de Regla, José María de Echevers y Valdivielso, Manuel Martínez Mansilla, Juan Bautista Raz y Guzmán, José María de Jáuregui, Jose Rafael Suarez Pereda Anastasio Bustamante, Isidro Ignacio de Icaza, Juan José Espinoza de los Monteros, Vocal Srio. (sic) 9
LOS PERSONAJES EN LA TRAGEDIA
Entre el mito y el infundio. “Para los merovingios, la abeja era la criatura más sagrada. Emblema divino de la realeza en Egipto, se convirtió en símbolo de la sabiduría. En 1653, al abrir la tumba de Childerico I el hijo de Meroveo, se hallaron alrededor de trescientas pequeñas abejas de oro que, Napoleón vestiría cosidas a su manto durante su coronación. Reclamó el derecho a llevarlas en virtud de ser descendiente de Jacobo de Rohan-Estuardo, hijo natural (reconocido en 1667) de Carlos II de Gran Bretaña y Margarita, duquesa de Rohan. Los Estuardo exiliados en Europa adoptaron la abeja como símbolo y aún pueden verse abejas grabadas en alguna cristalería de familias jacobitas.” 10 Afirmación poco conocida que, de ser cierta dejaría malparado al Emperador de los franceses, aunque, por otro lado, las infidelidades en la nobleza de los siglos previos y del XIX, parecen no representar ningún conflicto de conciencia ni social, siempre y cuando las dos partes aceptaran la situación.
           Por su parte, el profesor Eduardo Garzón-Sobrado nos ilustra en cuanto a la alegoría en la imagen de las abejas: “Símbolo de inmortalidad, de resurrección y linaje real desde el antiguo Egipto, las abejas fueron escogidas con el fin de vincular a la nueva dinastía con los orígenes mismos de la monarquía francesa. En efecto, abejas de oro (algunos las interpretan como cigarras) habían sido descubiertas en 1653, en Tournai (hoy Bélgica), en la tumba del rey Childerico I, fundador en 457 de la dinastía merovingia y padre del gran rey Clovis. Son consideradas como el emblema más antiguo de los soberanos de Francia. En cuanto a su significado intrínseco, en el plano espiritual y limitándonos a nuestra tradición judeo-cristiana, la abeja, por su miel, es considerada como el emblema de Jesucristo: por un lado, se destaca su dulzura y su misericordia; por el otro, el ejercicio de su justicia como Cristo-juez; hallamos recurrentemente su figura en la literatura de la Edad Media. Para Bernardo de Clairvaux simboliza el Espíritu Santo. Insistiendo en la noción de la intermediación, encontramos en un texto jurídico medieval galés que la nobleza de las abejas viene del paraíso y es a causa del pecado del hombre que de ahí vinieron; Dios extendió su gracia sobre ellas y es por esa razón que no se puede cantar la misa sin cera. En el ámbito terrenal y desde una perspectiva social, la abeja simboliza al maestro del orden y de la prosperidad, ya sea éste rey o emperador, guía líder y padre ungido en todo caso; se aparenta igualmente a los héroes civilizadores, que establecen la armonía por medio de la sabiduría y la espada. Como lo indica el barón Philippe Lamarque, «el Emperador se reserva su uso exclusivo » precisando que « las únicas tolerancias se aplican a las cabezas de escudos de los príncipes dignatarios y de las ciudades de primera clase». 11
           El 20 de marzo de 1811, en el Palacio de las Tullerías 12, el pueblo parisino supo del nacimiento del primer y único hijo legal del Emperador Napoleón I, nacido Buonaparte en Ajaccio (Córcega) el 15 de agosto de 1769 y casado con la archiduquesa  Maria Ludovica Leopoldina Francisca Teresa Josefa Lucia, nacida en Viena, Austria, el 12 de diciembre de 1791, hija del Káiser Franz II: “María Luisa se embarazó en julio, y en el curso de los meses Francia entera aguardó expectante las salvas: 21 si era niña; 101 si era varón. El 20 de marzo de 1811comenzó el parto de María Luisa. El ginecólogo preveía un parto difícil, y Napoleón le dijo que si era necesario elegir entre la vida de la madre y la del hijo, debía salvar a la madre: una orden que siempre sería recordada con gratitud por María Luisa. Efectivamente, el parto fue difícil, pero el niño nació vivo. Cuando oyó la salva de 101 13 cañonazos, los ojos de Napoleón derramaron lágrimas de alivio y alegría. Al fin tenía heredero. Escribió lo siguiente a Josefina, que le envió sus felicitaciones: ‘Tengo un hijo robusto y sano… Tiene mi pecho, mi boca y mis ojos’.” 14 Con este su segundo matrimonio —después del tormentoso divorcio con Josefina, cuya finalidad era asentar una dinastía y legalidad a la etapa derivada de la Revolución que él consumó en una cadena de victoria bélicas con el fin de unir Europa con la forma de una Federación Europea a través del sistema de Imperio (estaba a un año de ver el inicio del gran derrumbe de su obra)—, parecía consolidar los fundamentos de la Revolución y los cimientos de un Imperio de reciente cuño.
           El niño llevará por nombre Napoleón François Joseph Charles Bonaparte, sobrenombrado l’aiglon (el aguilucho), con título de Rey de Roma y finalmente, duque de Reichstadt. Es un personaje ubicado entre la luz y la sombra de los intereses de su momento y en la historia, de ángulos romos en ocasiones y en otros inexistentes; plano, sin textura, casi comparsa en un desfile de altas personalidades, su vuelo truncado le negó un nido propio e importancia junto a los grandes de su época. Ya el mismo Emperador de los franceses, conocedor de los hechos de su tiempo y consecuencias de sus actos expresó: "Mi hijo no puede reemplazarme; yo mismo no podría reemplazarme. Soy hijo de las circunstancias.” 15
           Obligado por el frio con heladas inusitadas Napoleón inicia el 19 de octubre de 1812  la trágica retirada desde Moscú. Todavía venció a los prusianos y rusos en Lützen; la derrota le alcanzó en Leipzig.
           Después de la campaña de Francia y de la toma de París, María Luisa y su hijo se refugiaron en Rambouillet y posteriormente en Blois. El 4 de abril de 1814, Napoleón redacta en Fontainebleau un acta de abdicación que reserva los derechos de su hijo. El 6 de abril de 1814, Napoleón presionado por los aliados y por el personal cercano renuncia a la corona para él y su descendencia. Napoleón se despidió a sus tropas el 20 de abril de 1814 en Fontainebleau y se fue a la isla de Elba. Un cortejo que llevaba María Luisa y su hijo a Viena se fue el 23 de abril de 1814.
           Sucederán la efímera gloria postrera de “los Cien días”, Waterloo y el definitivo confinamiento en Santa Elena hasta la muerte del emperador el 5 de mayo de 1821.
           “El 5 de mayo de 1821 Napoleón I muere en la isla de Santa Elena en la que estaba exilado desde 1815. Es enterrado cerca de un manantial, a la sombra de varios sauces llorones, en el "valle del Geranio". Sus restos mortales siguen allí hasta 1840 cuando el rey Luis Felipe I decide el traslado del cuerpo del Emperador a París. Marinos franceses, bajo el mando del príncipe de Joinville, traen de vuelta a Francia el ataúd a bordo del barco la ‘Belle Poule’.
           “Un funeral nacional acompaña el regreso de las cenizas del Emperador Napoleón I, trasladadas a Les Invalides el 15 de diciembre de 1840 esperando la construcción de la tumba. Esta fue encargada en 1842 por el rey Luis Felipe al arquitecto Visconti (1791-1853), que realiza bajo el Domo importantes transformaciones cavando un agujero inmenso para acoger la tumba. El cuerpo del Emperador Napoleón I se mete el 2 de abril de 1861. La tumba, realizada en bloques de cuarcita roja, situada sobre un pedestal de granito verde de los Vosgos, está rodeada de una corona de laureles y de inscripciones que recuerdan las grandes victorias del Imperio. Rodeando la Tumba, doce ‘Victorias’ esculpidas por Pradier, simbolizan las campañas militares de Napoleón. Sobre el mármol polícromo están inscritas 8 famosas victorias. En la galería circular, una serie de 10 bajorrelieves esculpidos por Simart, representan las principales acciones del reino: pacificación de la nación, centralización administrativa, consejo de Estado, Código civil, Concordato, Universidad imperial, corte de cuentas, código mercantil, Grandes obras, Legión de honor. En el fondo de la cripta, encima de la losa bajo la que descansa el Rey de Roma, se erige una estatua del Emperador vestido con la simbología imperial.” 16
           El Domo de los Invalides, iglesia del Domo. Esta capilla real se construye entre 1677 y 1706. Las decoraciones interiores realizadas en esa época exaltan la gloria de Luis XIV, de la monarquía y de sus ejércitos.
           “Templo de Marte durante la Revolución, la iglesia del Domo se convierte en panteón militar con la acción de Napoleón Bonaparte, la instalación de la tumba de (Henri de la Tour d'Auvergne-Bouillon 17) Turenne (1800) y de un monumento funerario de Vauban (1807-1808). En 1800, el Primer Cónsul ordena el traslado bajo el Domo de los restos mortales de Turenne, uno de los mariscales más conocidos del siglo XVII, en una tumba monumental. Una vez convertido en emperador de los franceses, vuelve a realizar un gesto similar el 26 de mayo de 1808, transfiriendo el corazón de Vauban a un mausoleo erigido enfrente del de Turenne. Obra de Trepsat, el mausoleo original erigido en la capilla de Sainte-Thérèse comprende una simple columna sobre la cual se sitúa una urna, apoyada en una base portadora de trofeos.
           “En 1847, en el marco del acondicionamiento por el arquitecto Visconti de la cripta destinada a la tumba de Napoleón, este monumento es reemplazado por un sarcófago de mármol negro realizado por el escultor Antoine Etex. Se representa a Vauban semitumbado. Sujeta un compás y medita sobre sus escritos. Está enmarcada por las figuras de la Ciencia, con velo y de la Guerra, con casco. El sarcófago se sitúa bajo un obelisco enmarcado de banderas y de estandartes. Una inscripción y un bajorrelieve en el pie recuerdan el proyecto de diezmo real de Vauban y ponen en valor la dimensión política y reformadora de la obra de Vauban. 18
           “Al día de hoy, el Domo acoge, alrededor de la tumba de Napoleón I, las sepulturas de su hijo, el Aguilucho, el Rey de Roma 19, de sus hermanos Joseph y Jérôme Bonaparte, de los generales Bertrand y Duroc, pero también de dos mariscales ilustres de la primera mitad del siglo XX, Foch y Lyautey.” 20
           En una de las salas contiguas, al frente de un basamento con la estatua de Napoleón Emperador con el manto  adornado con las abejas y gran parecido al retrato realizado por François Pascal Simon, barón Gérard (Roma, 4 de mayo de 1779 – † París, 11 de enero de 1837), discípulo de Jacques-Louis David (París, Francia, 30 de agosto de 1748 - Bruselas, Bélgica, 29 de diciembre de 1825), una lápida cubre los restos de Napoleón François Joseph Charles Bonaparte, la cual sencillamente dice:
NAPOLEON II
ROI DE ROME
(1811 1832)
Napoleón II, falleció el 22 de julio de 1832, afectado aparentemente de tuberculosis, en el palacio de Schönbrunn (Viena) significativamente a la edad de los 21 años de edad. “El que pudo haberlo tenido todo, pasaba a la eternidad sin tener nada”. 21
           En 1830, la Revolución de julio expulsó a los Borbones que gobernaban después del debacle en Waterloo y subió al trono Luis Felipe de Orleáns, mucho más favorable a Napoleón. El nombre del Napoleón II fue aclamado en París; se pedía su retorno a Francia. Klemens von Metternich, ministro de Exteriores de Franz, su «eminencia gris» (a quien responsabilizan por la muerte del rey de Roma mediante envenenamiento), se opuso a ello. Metternich favorecía a Luis Felipe, e invocó, además, que el Duque de Reichstadt ya no era francés en sus sentimientos – afirmación desmentida años más tarde con la publicación de la correspondencia personal del Duque–, sino que se había germanizado por completo. 22
           “... Hacía diecinueve años que había muerto en el Palacio de Schönbrunn, en Viena, el hijo que Napoleón Bonaparte había tenido con la austriaca María Luisa, y once años desde el día en que los lanceros de penachos tricolores precedieron, en su marcha a Los Inválidos, el féretro que contenía los restos de Napoleón el Grande, llevados a Francia por el Príncipe de Joinville, y al que seguía un caballo sin jinete, blanco como el caballo de batalla del Gran Corso, que era conducido por dos palafreneros vestidos de verde y oro. La dinastía de los Bonaparte pareció entonces extinguirse para siempre.” 23
           Charles Louis Napoleón Bonaparte, hijo de Louis Bonaparte (2 de septiembre de 1778 - 25 de julio de 1846) y Hortense Eugénie Cécile de Beauharnais (10 de abril de 1783 – 5 de octubre de 1837), único presidente de la Segunda República Francesa en 1848 y luego el segundo emperador de los franceses en 1852, bajo el nombre de Napoleón III, siendo el último monarca que reinó sobre este país nació el 20 de abril de 1808, París, Francia y murió el 9 de enero de 1873, Chislehurst, Londres, Inglaterra, en donde están sepultados sus restos.
           “Hijo de los reyes de Holanda, Luis y Hortensia, era sobrino carnal del también temerariamente imaginativo Napoleón I; y si llegó al trono de Francia se debió no a méritos particulares, sino a ser el sucesor, después de la muerte del rey de Roma, fallecido en Viena el 22 de julio de 1832, y a quien por un buen número de años se atribuyó la paternidad de Fernando Maximiliano de Habsburgo, emperador de México.
           “Desaparecido el rey de Roma, Luis Napoleón se creyó llamado, como representante de la dinastía napoleónica, a ocupar el trono de su tío, que no por tener más talento que el sobrino era menos neurótico que éste…” 24
           “Los historiadores dan como primer interés de Napoleón III la intención de crear un estado fuerte en América del norte para frenar el crecimiento de los Estados Unidos, un enemigo que podría actuar desde afuera de Europa alterando un sistema de fuerzas mundial que los europeos parecían saber manejar por sí solos, pero posible de desbarrancarse si se producía la intrusión de una potencia ajena y lejana. El momento era propicio, EE. UU., estaba distraído con la Guerra de Secesión (1861-64) y su capacidad de responder con lo que después fue una bandera infranqueable  «América para los americanos» era nula. Por otra parte los franceses aspiraban a tomar ventajas del clima bélico, apoyando el bando sureño, a la sazón perdidos en la guerra civil, al cual trataron de complicarlo en un proyecto de colonización estadounidense en el estado mexicano de Sonora.” 25
           Recorte periodístico. “Un estudio de ADN revela que Napoleón III,… no es familiar del que se suponía su tío, el emperador Napoleón Bonaparte. Es el resultado que arroja una investigación de un año encargada por la asociación El Recuerdo Napoleónico al antropólogo y genetista Gérard Lucotte que publica hoy el diario Le Figaro.
           “El estudio muestra que los cromosomas ‘Y’ de Napoleón Bonaparte (1769-1821) pertenecen al haplogrupo ‘corso-sardo’ mientras que los de Napoleón III (1808-1873) son del tipo ‘caucásico’, lo que hace imposible su vinculación sanguínea.
           “Hasta ahora se pensaba que Napoleón III era hijo de Luis Bonaparte, rey de Holanda y hermano del emperador, y de Hortensia de Beauharnais, hija de un matrimonio de la emperatriz Josefina anterior a su enlace con el emperador.
           “Pero las nuevas evidencias muestras que la descendencia de Napoleón, considerado uno de los grandes estrategas militares de la historia y personaje clave del siglo XIX, terminó con la muerte de su hijo, el príncipe imperial Napoleón II, que sucumbió a la tuberculosis a los 21 años, en 1832. Sin embargo, el ADN confirma que Napoleón III y su hijo, el príncipe imperial Napoleón Luis Eugenio Bonaparte y hasta ahora supuesto sobrino-nieto del conquistador de Europa, sí comparten el mismo origen genético…” 26
           La afirmación anterior invalida otra de las imputaciones gratuitas al Emperador de los francés en lo tocante a la paternidad ilegitima de Napoleón III al afirmar sin basamento que ante la repulsa de Louis —y de la familia Buonaparte en general— por los integrantes de los Beauharnais, el hermano de Napoleón negaba en la práctica todo acercamiento con Hortense y que el mismo Napoleón engendró a quien llevaría el título y apellido de la familia.

UN CORDERO
¿Por qué la elección para erigir un sistema político mexicano bajo la forma de Imperio recayó en Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine (Viena, 6 de julio de 1832 - Santiago de Querétaro, 19 de junio de 1867)? A más de infundios, interpretaciones fallidas, pecados impuestos, la política no desaprovechan cualquier elemento secundario —reales o ficticios, míticos o impuestos— para sostener los principios de sus decisiones e imposiciones.
           “La casa de Habsburgo fue una de las familias reales más importantes en Europa entre fines del siglo XIII y principios del siglo XX. Su origen se encuentra en Habichtsburg (Castillo de Azor), en el antiguo ducado de Suabia. Como príncipes electores del Sacro Imperio Romano Germánico, tuvieron acceso a la dignidad imperial en 1273, con Rodolfo I, nuevamente en 1298, con su hijo Alberto I y de manera definitiva en 1438 con Alberto II, cuando el trono, supuestamente concedido por elección, quedó en realidad vinculado a los Habsburgo.
           “La Casa de Habsburgo se ligó al trono español por el matrimonio de Felipe I ˂˂el hermoso>> (1478-1506) con la reina Juana (llamada ˂˂la loca>>), heredera de los Reyes católicos Fernando e Isabel. Su hijo, Carlos I de España, fue electo emperador en 1519 (gobernando como Carlos V) y fue bajo su reinado que Hernán Cortés conquistó el Imperio Mexica, con lo que incorporó el vasto territorio mexicano a los dominios de la dinastía, que ya se extendía por gran parte de Europa.
           “Carlos V repartió sus posesiones entre su hermano Fernando y su hijo Felipe II, con lo que se crearon dos ramas familiares establecidas respectivamente en Austria y España (en esta última reinaron hasta el año de 1700, cuando fueron sustituidos por los Borbones). En 1806, al disolverse el Sacro Imperio Germánico por obra de Napoleón Bonaparte, el monarca Francisco II conservó el título de emperador de Austria. A su descendencia, la dinastía de Habsburgo-Lorena, pertenecieron el emperador Francisco José I, nacido el 18 de agosto de 1830, y su hermano menor Fernando Maximiliano José, nacido el 6 de julio de 1832. Maximiliano renunció en 1864 a sus títulos de príncipe de Hungría y Bohemia y segundo en línea sucesoria al trono austriaco, para convertirse en Emperador de México.” 27
           A. Z. Manfred y N. A. Smirnov dejan un dato interesante: “Después de la batalla de Waterloo Napoleón abdicó de nuevo (22 de junio de 1815). Pensaba ir a América, pero no pudo realizar el proyecto a causa del bloqueo de las costas de Francia por la escuadra inglesa, viéndose obligado a rendirse a los ingleses…” 28 que apoya y encuentra refuerzo en la afirmación de Frederic Bluche: “Los proscriptos y emigrados del 24 de julio de 1815 y los bonapartistas más comprometidos tuvieron que elegir la ruta hacia el extranjero. Se los encontrará en Londres, en Bélgica, en Oriente y en los Estados Unidos (de Norteamérica). Las tormentosas tribulaciones del general Lallemand de Smyrne en México llegan a tener valor de símbolo. Charles Lallemand, acariciando de tanto en tanto la esperanza de hacer evadir a Napoleón  de Santa Elena o la proclamar a su hermano José, ex rey de España, como emperador de México, fundó con el general barón Rigau, la célebre y efímera colonia militar del Campo de Asilo en Texas (1818)”. 28
           “EL CAMPO DE ASILO. En 1818, un grupo de ex-oficiales del ejército napoleónico decidió dirigirse a Texas para fundar una colonia cerca de la desembocadura del río Trinidad. Dos de ellos, Hartmann y Millard, publicaron en 1819 una memoria del intento colonizador. En la cual se incluye la Proclama Lanzada por los aventureros.” (Ver el inicio).
           Ya desde la primera abdicación al trono de Francia, surgen rumores “fantasiosos” sobre la huida de Napoleón y algunos seguidores a tierras lejanas: “En septiembre (del 1816), comentando esos ruidos, Richelieu escribe a su amigo el marqués de Osmond: «se nos asegura hoy que José Buonaparte, Grouchy, Clausel, han partido de los Estados Unidos para ir a México; espero que sean aprehendidos y ahorcados, lo cual les curará para siempre de la rabia de revolucionar». (El anexo 2 brinda una visión compleja del asunto que trata. Muestra la serie de fuerzas conjuntadas para un fin y de manera paralela indica —implícitamente— la aventura napoleónica anterior, la fuga de la Isla de Elba, sin esa aura de decisión y ejecución prácticamente unipersonal asentada en las biografía del gran corso, de “le petit caporal”,  del caído Emperador de los franceses. Pese a lo extenso, es destacable por brindar la complejidad del hecho.)
           Sumado a los anhelos de regir y sus logros en las áreas de administración proporcionadas, Maximiliano contaba con sus sueños de grandeza afianzados por sus logros en la práctica de las corrientes liberales de su época, el orgullo de una esposa pronta a obtener un alto nivel histórico, el acicate de un suegro belga con escaso conocimiento de la realidad mexicana, el deseo de su hermano, el Emperador Francisco José por deshacerse de su incómodo, liberal y crítico hermano, la visión de expansión americana de un Napoleón III y abrir una brecha para contener el crecimiento y expansión de los Estados Unidos de Norteamérica a través de un miembro de la familia, a más de las gestiones europeas de José Gutiérrez de Estada irritado por la expropiación de algunas de sus propiedades, de Juan Nepomuceno Almonte, de un purpurado Pelagio Antonio Labastida y Dávalos, el apoyo de trasmano de un general experimentado en el poder llamado Antonio López de Santa Anna que lo calificaba de “candidato inmejorable” a quien ofrecía sus servicios “hasta la realización plena del negocio”. 30 Todo argumento era aprovechable.
           Emperador electo. “En el invierno de 1861 a 1862, fueron sucesivamente a Miramar los señores Gutiérrez de Estrada y Almonte…El archiduque fue conociendo poco a poco a los demás mexicanos partidarios de la monarquía… y a todos nos obsequió una benévola y exquisita hospitalidad… Todos éramos monárquicos, pero había naturalmente modificaciones en nuestras tendencias, y o que a cada uno preocupaba más respecto al futuro cambio de gobierno, lo creía resuelto por las tendencias mismas de Su Alteza Imperial en el sentido que deseaba. Todos los deseos eran dignos y patrióticos, todos indicábamos respetuosa y honradamente nuestras opiniones, y todos… nos encontrábamos de acuerdo al juzgar al archiduque y aplaudimos la inspiración que nos llevó a elegirle.” 31
           Años antes, el 20 de Diciembre de 1827, don Guadalupe Victoria, primer presidente de la recién formada República, decreta la expulsión del país de todos los españoles residentes en él:
           “De acuerdo con este decreto deben salir del territorio nacional en un lapso no mayor de seis meses y quedan exceptuados los casados con mexicanas, que hagan vida marital; los que tienen hijos no españoles; los mayores de sesenta años; los impedidos físicamente; los que hubieren prestado servicios a la causa de la independencia; y los profesores de alguna ciencia, arte o industria. Queda establecido que esta ley se hará efectiva en tanto el gobierno español no reconozca la Independencia de México.
           “La conspiración para la reconquista española de México del monje dieguino español Joaquín Arenas, de sirvió de pretexto para expulsiones de españoles y venganzas contra los partidarios de Iturbide.
           “El hecho ocurre en medio de las turbulencias originadas por los conflictos entre “yorkinos” y “escoceses”  32/33 ; pero, en el fondo, la medida es contra comerciantes, eclesiásticos y militares para impedir la consolidación de una oligarquía económica, política y hasta racial. H. D. Sims (Descolonización en México), refiere que “el movimiento expulsionista de 1827-1828, fracasó tanto en alcanzar su designio de arrojar de México a todos los españoles como en su carácter de medida para proteger la independencia de México. En realidad, puso en grave peligro la independencia nacional al proporcionar tanto oficiales como soldados para las fuerzas españolas que participaron en la invasión emprendida desde La Habana a mediados de 1829. Tampoco logró fortalecer la economía de la nación, lo cual había sido una de las ilusiones de los primeros proponentes de la expulsión, sino que al contrario, México quedó muy gravemente debilitado tanto físicamente como en su comercio exterior. Además de los cambios económicos, la ‘gente decente’ vio con profundo temor la destrucción de las garantías sociales. El clero que se quedó en el país, se encontró con que la iglesia ya no podía desempeñar su papel tradicional de guardiana de las garantías sociales, porque los nativistas, en realidad, habían declarado la guerra a la elite social tradicional, y los que quedaban. Los que en el decenio de 1830-40 surgieron como defensores de los fueros tradicionales y de las propiedades de la iglesia, eran gente decidida a impedir en el futuro cualquier ataque sobre los derechos y privilegios heredados de la tradición. A pesar de todo, la cuestión de los españoles seguiría viva hasta que, por fin España otorgó a México el reconocimiento de su independencia en 1836 [...].” 34
           “Nacido en 1832 en el Palacio de Schönbrunn, en las inmediaciones de Viena, Maximiliano fue poeta y marino, naturalista y viajero. Su atracción por el mar lo llevó a conocer el Mediterráneo y el norte de África, Centroamérica y la costa del Brasil. Como emperador de México se ocupó de la reorganización de la Academia de San Carlos, de la fundación de los Museos de Historia Natural y de Arqueología, así como de la Academia Imperial de Ciencias y Literatura. Heredero del Iluminismo, sus intereses se dirigían hacia actividades intelectuales más que a las propiamente políticas, y a partir de sus escritos es claro que la idea de gobernar lo apasionaba más como un problema para la reflexión que como una realidad cotidiana.” 35
Preámbulo y pretextos.
“La Guerra de Reforma de 1857-1861 dejó al país diezmado y dividido. Al término del conflicto bélico entre liberales y conservadores, era necesario restaurar el orden, la paz y la seguridad nacional.
           “En enero de 1861 las fuerzas liberales habían entrado triunfantes a la ciudad de México, sin embargo la reacción armada no había terminado, por lo que se requerían fondos para hacerle frente.
           “Por ello, el 29 de mayo de 1861 el presidente Benito Juárez decretó una moratoria a la deuda externa que México tenía con Inglaterra.
           “Mes y medio después, a través de un segundo decreto suspendió los pagos de las llamadas ‘convenciones’ con Inglaterra, Francia y España  (La deuda externa sumaba en total unos 77 millones de pesos).  De inmediato los ministros de Inglaterra, Charles Wyke, y de Francia, Alphonse Dubois de Saligny solicitaron al gobierno la derogación del decreto. Al obtener una respuesta negativa, el 25 de julio romperían relaciones con México.
           “Como consecuencia de ello, meses después las naciones que integraban la Triple Alianza, enviarían navíos a México reclamando el restablecimiento del pago de la deuda.  Este sería el origen de la segunda intervención francesa, cuya consecuencia fue la instauración del imperio de Maximiliano de Habsburgo.” 36
                    El 10 de julio de 1863, la Junta de Notables emitió el siguiente dictamen:
           1.- La nación mexicana adopta por forma de gobierno la monarquía moderada, hereditaria, con un príncipe católico.
           2.- El soberano tomará el título de Emperador de México.
           3.- La corona imperial de México se ofrece a S. A. I. y R., el príncipe Maximiliano, archiduque de Austria, para sí y sus descendientes.
           4.- En caso que, por circunstancias imposibles de prever, el archiduque Maximiliano no llegase a tomar posesión del trono que se le ofrece, la nación mexicana se remite a la benevolencia de S. M. Napoleón III, emperador de los franceses, para que le indique otro príncipe católico.
           A su llegada a Veracruz, desembarcados del Novara, ante una fría recepción carente de protocolo y emoción y el llanto entristecido de la nueva Emperatriz, Maximiliano expresa: “Mexicanos, vosotros me habéis deseado; vuestra noble nación, por una mayoría espontánea, me ha designado para velar de hoy en adelante por vuestros destinos. Yo me entrego con alegría a ese llamamiento.”
           “Y en efecto, a las cinco y media de la mañana, al tronar de los cañones de barcos y fortines, los príncipes pusieron pies en tierras mexicanas. Pocos fueron los habitantes deseosos de ver lo que nunca habían visto. Los veracruzanos, con su desdén —y ésto fue ocultado a Maximiliano— cumplieron con su culto republicano y juarista. Allí en Veracruz, había nacido con el pulso de don Antonio López de Santa Anna, la república mexicana; allí, fue la ciudad capitana de Juárez, durante la guerra de Tres Años; allí, en fin, se originaron las leyes llamadas de Reforma. El liberalismo, pues, estaba hincado en Veracruz, aparte de que siendo españoles los más fuertes comerciantes de la ciudad, y éstos por naturaleza y rivalidad se oponían a lo francés, el ambiente para el imperio no fue el más acogedor.” 37
           Lo que va desde su llegada a Orizaba a la pretendida traición del coronel Miguel López 38 es tiempo asentado en múltiples narraciones de esa corta e importante etapa en la vida nacional con abundancia en loas desaforadas, descalificaciones, notas degradantes, ofensivas y hasta denigrantes para el personaje vencido en la última plaza imperial: Querétaro. En ésta, a las siete y cinco minutos de la mañana del 19 de junio de 1867, tras un juicio celebrado a fin de notificárseles los cargos correspondientes, son fusilados simultáneamente el austriaco Fernando Maximiliano de Habsburgo —llamado Emperador de México— y sus generales Tomás Mejía y Miguel Miramón en el Cerro de las Campanas, Querétaro, por las tropas dispuestas para su ejecución, al mando del ciudadano general Jesús Díaz de León. Son tres escuadras de siete tiradores cada una. Una para cada prisionero. El correspondiente a Maximiliano quedó a cargo del capitán Simón Montemayor, de 22 años, originario de Villa Santiago, Nuevo León. Como una petición especial, el emperador solicitó que se escogieran buenos tiradores y que apuntaran al pecho. Así que solo los experimentados sargentos integran su pelotón de ejecución: Jesús Rodríguez, Marcial García, Ignacio Lerma, Máximo Valencia, Ángel Padilla, Carlos Quiñones y Aureliano Blanquet. Los soldados preparan sus mosquetes. Son rifles Springfield de un solo tiro, fabricados en Harper's Ferry, Virginia, USA. 39
           “Fueron juzgados conforme a la Ley del 23 de enero de 1862, por delitos contra la Nación, el orden y la paz pública, el derecho de gentes y las garantías individuales; y el día 14 anterior, condenados con arreglo a ella, a la pena capital señalada para los delitos referidos. La ejecución se había ordenado para la tarde del día 16 de junio, pero con el fin de que los sentenciados tuvieran el tiempo necesario para el arreglo de sus asuntos, el ciudadano Presidente de la República determinó que se verificara en la mañana del miércoles 19 del mes corriente.” 40
           El día 18 (uno antes de la ejecución) Maximiliano escribió al Papa Pío IX, “al partir para el patíbulo a sufrir una muerte no merecida”, para suplicarle el perdón “por las faltas que pueda haber tenido para con el Vicario de Jesucristo y por todo aquello en que haya sido lastimado su paternal corazón”... y rogarle “no ser olvidado en sus cristianas y fervorosas oraciones y, si fuere posible, aplicar una misa por mi pobrecita alma". 41
           “Maximiliano no aceptó a tiempo la sugerencia de abdicar que el hizo Napoleón III, quien por los Convenios de Miramar, se había comprometido a apoyarlo; tampoco tuvieron éxito las gestiones de Carlota Amalia en el Vaticano y en París en busca de apoyo; también fracasó el manifiesto en el que expresaba su intención de convocar a un Congreso y acabar el gobierno absoluto. Atrás quedó su esfuerzo por ganar el apoyo popular aprendiendo español, estudiando la historia de México e intentando una política liberal. Nada borró la intervención extranjera, el absolutismo y la condena a muerte, sin juicio previo, de todos los liberales que fueran capturados. Sitiado durante setenta y dos días, había sido aprehendido, juzgado y sentenciado a muerte. Juárez le había negado el indulto para proclamar ante el mundo, especialmente a las potencias extranjeras, la voluntad de los mexicanos de constituir una nación soberana, libre e independiente. Por eso se le atribuye la frase: “No mato al hombre, mato a la idea” (de dominar a México)”. 42
           “Ese mismo día (18 de junio de 1867), Maximiliano escribió… al presidente Benito Juárez:
           “Próximo a recibir la muerte, a consecuencia de haber querido hacer la prueba de si nuevas instituciones políticas lograban poner término a la sangrienta guerra civil que ha destrozado desde hace tantos años este desgraciado país, perderé con gusto mi vida si su sacrificio puede contribuir a la paz y prosperidad de mi nueva patria. Íntimamente persuadido de que nada sólido puede fundarse sobre un terreno empapado de sangre y agitado por violentas conmociones, yo conjuro a usted, de la manera más solemne, y con la sinceridad propia de los momentos en que me hallo, para que mi sangre sea la última que se derrame, y para que la misma perseverancia, que me complacía en reconocer y estimar en medio de la prosperidad, con que ha defendido usted la causa que acaba de triunfar, la consagre a la más noble tarea de reconciliar los ánimos, y de fundar de una manera más estable y duradera la paz y la tranquilidad de este país infortunado.” 43
Escándalo en Europa
“En 1867 Europa se encontraba en medio de una gran fiesta. El Segundo Imperio de Napoleón III organizó la Exposición Universal de París, la cual fue inaugurada el 1 de abril de ese año. El objetivo de tan importante evento era, en buena medida, realzar o manifestar al mundo el poderío y hegemonía del imperio napoleónico. La sede de dicha exposición fueron los Campos de Marte en París, donde tendrían lugar ostentosos eventos, muestras de lo último en tecnología, aparatos científicos, armas novedosas, telas, moda, muebles, arte, degustación de bebidas y una serie de personalidades de todas partes del mundo se dieron cita: el zar Alejandro de Rusia, el canciller Bismarck, el sultán de Turquía, reyes, reinas, mandatarios, gobernantes, diplomáticos, en fin, poco más de 80 personalidades ahí reunidas junto con su glamour y sus vanidades. Irónicamente, el tema de la exposición fue ‘El progreso y la paz’, a pesar de celebrarse en los Campos de Marte –dios mitológico de la guerra– y frente a las instalaciones de la escuela militar francesa. Hubo más de 50,000 expositores, procedentes de diversos países, Gran Bretaña, la propia Francia, Estados Unidos, Canadá, Japón, India, entre otros. Durante los siete meses de duración, de abril a octubre, la exposición fue visitada por más de nueve millones de personas, incluidos expositores y empleados. En una palabra, ‘el mundo’ estaba ahí reunido sin siquiera pensar en el calvario que el archiduque Maximiliano estaba viviendo en México y que finalmente le costaría la vida. Dentro de los eventos esperados en la exposición, se llegó el día de la premiación el 1 de julio, ésta se realizaría en el Palais de l’Industrie. Aquel día tan lleno de expectación, los premios y medallas serían recibidos de manos del emperador Napoleón III y su esposa Eugenia, un gran honor para todo galardonado. Ese día muy temprano, un mensajero del Ministerio de Asuntos Exteriores, se vio en la necesidad de interrumpir el sueño del emperador, pues había que darle una noticia terrible…
           –Majestad, es importante...acaba de llegar un mensaje procedente de Bélgica...
           –... Le escucho...
           –La prensa belga ha difundido la noticia de que en México han dado muerte al archiduque Maximiliano de Habsburgo... murió fusilado...
           “Fue una noticia que dejó frío al emperador y su esposa, recuerdos, remordimientos y una serie de pensamientos injustos pasaban por su cabeza: ¡Maximiliano ha muerto en manos del ejército republicano de México, cómo es posible, ese indio Benito Juárez ha llegado muy lejos al matar a un príncipe de Austria... a un príncipe imperial, ha sido un verdadero crimen...! La emperatriz Eugenia se vistió de negro y de inmediato fue a rezar al templo de Saint Roch. Conservando la serenidad, ambos se dirigieron al Palacio de la Industria a fin de presidir la ceremonia de premiación, ahí se encontrarían con el embajador de Austria y la impresión sería incómoda. En la misma ceremonia, la delegación austriaca se enteraría de la noticia escandalosa y de inmediato abandonaría el evento. Poco a poco el mundo se enteró de la muerte de Maximiliano, el escándalo que se escondía en medio del glamour y la pomposidad de la exposición era inevitable, se hablaba en voz baja, pero la noticia recorría de pabellón en pabellón, en los cafés, en las salas de reunión, pasillos, calles, carruajes, era inevitable conversar de ‘la horrible tragedia’. La prensa europea como L’Indépendance belge, daba cuenta de la noticia; Le Figaro narraba los hechos sobre la muerte del archiduque. Otros tantos escandalosamente propagaron con términos impropios e incluso con caricaturas un solo hecho, un monarca caído en desgracia. Fue la más grandiosa exposición internacional habida hasta ese entonces, tanto por su magnitud como por la noticia de que fue testigo.” 44
QUERÉTARO DE ARTEAGA, AÑO DE 1934
En nombre de la República de México y como Juez del Estado Civil de este lugar, hago saber a los que la presente vieren y certifico ser cierto, que en el libro número 6 (seis)– Sección tercera de defunciones correspondiente al Juzgado del Registro Civil que es a mi cargo a fojas 120 (ciento veinte) frente, se encuentra una acta del tenor siguiente: Al margen.—Acta número 716 (setecientos dieciséis).—Al centro.—FERNANDO MAXIMILIANO JOSÉ.—En la Ciudad de Querétaro, a las ocho de la mañana del día dieciocho de julio de 1867 (mil ochocientos sesenta y siete) el Juez que suscribe, dispuso se levantara la presente acta en que constaran las generales de MAXIMILIANO DE HABSBURGO, tomadas del periódico de la Capital titulado "El Globo" por no haber otros datos:
           Fernando Maximiliano José, falleció en el Cerro de las Campanas, según oficio de la Comandancia, el diecinueve de Junio próximo pasado, a las siete de la mañana, de treinta y cinco años, casado que fue con Doña Carlota Amalia, originario de Seholorum (sic, por Schönbrunn) y vecino de México. Son testigos de este acto los CC. Cesario Frías, de treinta y seis años, viudo, empleado, originario y vecino de esta Ciudad, en la calle de la Flor Baja número doce y Francisco Servín de cincuenta años, viudo, empleado, originario y vecino de esta Ciudad en la calle de la Alhóndiga casa sin señal. Se dio lectura a esta acta así como a los artículos que previene la Ley General y a los de la Reglamentaria del Estado, y terminó este acto que firmaron los que supieron, con los CC. Juez y Secretario. —Doy fe. —Cenobio Díaz. —Secretario. —M. Rubio. —Rúbricas.
           Al margen. —Una nota que dice. —Por orden del Gobierno de esta fecha se quedó el cadáver depositado en el Palacio del mismo. —Adulto. —Primera Clase. —Doy fe. —
           Para los efectos legales a que hubiere lugar y compulsada fielmente de su original se extiende la presente copia certificada en la Ciudad de Querétaro, a los veinticuatro días del mes de agosto de mil novecientos treinta y cuatro.—Doy fe.
           El C. Juez del Estado Civil, J. A. Santos.
           El C. Secretario, Miguel G. Herrera.

(En la leyenda. Poco después del fusilamiento del emperador, negado el perdón por el presidente Juárez, surgió la versión de que de manera encubierta don Benito aplicó la clemencia en el caso de Maximiliano, pero que, por las circunstancias y el descrédito de la medida en el terreno de la legalidad, sería fingido el fusilamiento del Emperador quien poco después salió rumbo a la República del Salvador en donde murió en el transcurso del año de 1937 con el nombre de Justo Armas. Contaría en ese momento con 105 años de edad. Versión desacreditada casi de inicio.)
Mortal travesía
“De acuerdo al historiador Konrad Ratz, el ataúd que compró el Gobierno Federal no era suficientemente largo para un hombre de la altura de Maximiliano, por lo que tuvieron que comprar un nuevo ataúd para trasladar los restos a la Ciudad de México, pero estos sufrieron un accidente y se mojaron en el trayecto obligando a hacer una nueva momificación.
           “El cuerpo de Maximiliano, diseccionado y con ojos de vidrio negro sufrió robos y vejaciones hasta que en noviembre de 1867, Benito Juárez permitió a su familia recobrar el cadáver enviando una embarcación a México para recogerlo.
Queretano sin dónde caer muerto. 45
“El cadáver del militar serrano Tomás Mejía, se quedó expuesto por tres meses en una casa de la calle Guerrero, hasta que el Gobierno queretano le dio fondos a la viuda para que enterraran al militar en el Panteón de San Fernando de la Ciudad de México, una fotografía de la época muestra el cuerpo del aguerrido militar y Gobernador queretano sentado en una silla en su casa debido a que la familia no tenía dinero para enterrarlo y la esposa del militar recientemente había tenido una niña que no alcanzó a conocer a su padre.
Ex Presidentes. 46
“La tumba de Miguel Miramón se ubica ahora en la Catedral de Puebla luego de dos exhumaciones y sufrimiento antes de morir fusilado, pues durante la toma de Querétaro el 15 de mayo de 1867, sufrió el impacto de una bala en la mejilla y se atendió con el doctor Vicente Licea.
           “En sus memorias, la viuda de Miramón acusó al doctor Vicente Licea de entregarlo a los soldados juaristas, quien fue el Presidente más joven de México y ‘niño héroe’ en 1847, cuando simulaba curarlo por el balazo en la mejilla y denunció al médico, quien hizo la primera disección del cadáver de Maximiano, por supuestamente robar y vender ropa y objetos personales de Maximiliano, por lo que este pasó meses tras las rejas, mientras que el cuerpo de Miramón fue trasladado del Panteón de San Fernando, donde también reposaba su compañero de armas Tomás Mejía.
           “Sin embargo, al regresar a México, hacia la década de 1890, su viuda Concha Lombardo de Miramón se indignó al saber que Juárez se encontraba sepultado a unos metros de su esposo por lo que decidió exhumar el cuerpo de su marido y se lo llevó a descansar a la Catedral de Puebla.” 47
El regreso.
“Murió el archiduque como el más bizarro de los generales. El honor de los Habsburgo quedó impoluto. Maximiliano tenía la edad de treintaicuatro años. ¡Largo camino le quedaba todavía por recorrer con su bondad, ilustración e inteligencia! Arrancar la vida a un hombre, a título de venganza, será siempre ominoso. Infortunadamente, en aquellos días las instituciones civiles y políticas de México se hallaban en estado pérmico.
           “De esta suerte cuando el doctor Bash quiso disponer del cadáver de Maximiliano, de acuerdo con el mandato testamentario de éste, Lerdo se opuso. Vergüenza produce la orden sádica del ministro. Faltaron en él los más elementales sentimientos humanos.
           “Los restos del ajusticiado, mal embalsamados, deformaron la figura del príncipe cuando fueron entregados al vicealmirante austriaco (Wilhelm von) Tegetthoff, quien los condujo a Trieste, donde en medio de un mundo conmocionado por el brutal acontecimiento fueron recibidos con el respeto y admiración que el hombre merece cuando sabe morir.” 48 La Novara llegó al puerto de Trieste el 16 de enero de 1868.
Carta de Víctor Hugo a Benito Juárez solicitando el indulto de Maximiliano.
Hauteville, 20 de junio de  1867.
Al Presidente de la República Mexicana:
Juárez, vosotros habéis igualado a John Brown. La América actual tiene dos héroes, John Brown y vosotros.  John Brown, por quien ha muerto la esclavitud; vosotros por quien ha vencido la libertad. México se ha salvado por un principio y por un hombre.  El principio es la República; el hombre sois vosotros. Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos termina por abortar. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro.
           Europa, en 1863, se arrojó sobre América. Dos monarquías atacaron vuestra democracia: la una con un príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa, que tenía por punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como en tierra; que tenía el respaldo de todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazos sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente orgulloso de su bandera; que poseía en abundancia caballos, artillería, abasto, municiones formidables.  Del otro lado, Juárez.
           Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos.  Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones.  Los matorrales por ciudades.  Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándosele bandido. La usurpación con el casco en la cabeza y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza.  El derecho solo y desnudo. Vosotros, el derecho, habéis aceptado el combate.
           La batalla de uno, contra todos, ha durado cinco años. Falto de hombres, habéis tomado cualquier cosa por proyectil.  El terrible clima os ha socorrido; habéis tenido por auxiliar a vuestro sol.  Habéis tenido por defensores los pantanos infranqueables, los torrentes llenos de caimanes, las marismas plenas de fiebre, las vegetaciones tupidas, el vómito negro de las tierras calientes, los desiertos salados, los grandes arenales sin agua y sin hierbas, donde los caballos mueren de sed y hambre; la grande y severa meseta del Anáhuac que, como la de Castilla se defiende por su desnudez; las barrancas siempre conmovidas por los temblores de los volcanes, desde el Colima hasta el Nevado de Toluca.
           Habéis llamado en vuestro auxilio a vuestras barreras naturales: lo escabroso de las cordilleras, los altos diques basálticos y las colosales rocas de pórfido. Habéis hecho la guerra del gigante y vuestros proyectiles han sido las montañas. Y un día, después de cinco años de humo, de polvo y de ceguera, la nube se ha disipado y entonces se han visto dos imperios caídos por tierra.  No más monarquía, no más ejércitos; nada más que la enormidad de la usurpación en ruina y sobre este horroroso derrumbamiento, un hombre de pie, Juárez, y al lado de este hombre, la libertad. Habéis hecho todo esto, Juárez, y es grande; pero lo que os resta por hacer es más grande todavía.
           Escuchad, ciudadano Presidente de la República Mexicana. Acabáis de abatir las monarquías con la democracia.  Les habéis demostrado su poder, ahora mostrad su belleza.  Después del rayo, mostrad la aurora. Al cesarismo que masacra, oponed la República que deja vivir.  A las monarquías que usurpan y exterminan, oponed al pueblo que reina y se modera. A los bárbaros, mostrad la civilización.  A los déspotas mostrad los principios. Humillad a los reyes frente al pueblo, deslumbrándolos.  Vencedlos, sobre todo, por la piedad.
           Protegiendo al enemigo se afirman los principios.  La grandeza de los principios consiste en ignorar al enemigo.  Los hombres no tienen nombre frente a los principios; los hombres son el Hombre.  Los principios no conocen más allá de ellos mismos.  El hombre en su estupidez augusta no sabe más que esto: la vida humana es inviolable. ¡Oh, venerable imparcialidad de la verdad! ¡Qué bello es el derecho sin discernimiento, ocupado sólo en ser el derecho! Precisamente delante de los que han merecido legalmente la muerte es donde se debe abjurar de las vías de hecho.  La grandiosa destrucción del cadalso debe hacerse delante de los culpables.
           Que el violador de los principios sea salvaguardado por un principio.  Que tenga esta dicha y esta vergüenza.  Que el perseguidor del derecho sea protegido por el derecho.  Despojándolo de la falsa inviolabilidad, la inviolabilidad real, lo ponéis delante de la verdadera inviolabilidad humana.  Que se quede asombrado al ver que el lado por el cual es sagrado, es precisamente aquél por el cual no es emperador.  Que este príncipe que no sabía que era un hombre, sepa que hay en él una miseria, el rey; y una Majestad, el hombre. Jamás se os ha presentado una ocasión más relevante. ¿Osarían golpear a Berezowski en presencia de Maximiliano sano y salvo?  Uno ha querido matar a un rey; el otro ha querido matar a una Nación. Juárez, haced que la civilización de este paso inmenso.  Juárez, abolid sobre toda la tierra la pena de muerte.
           Que el mundo vea esta cosa prodigiosa: la República tiene en su poder a un asesino, un emperador; en el momento de aniquilarlo, descubre que es un hombre, lo deja en libertad y le dice: eres del pueblo, como los otros. ¡Vete!. Esta será, Juárez, vuestra segunda victoria. La primera, vencer la usurpación, es grandiosa. La segunda, perdonar al usurpador, será sublime.
           Sí, a estos príncipes, cuyas prisiones están repletas; cuyos patíbulos están corroídos de asesinatos; a esos príncipes de cadalsos, de exilios, de presidios, y de Siberias; a esos que tienen Polonia, a esos que tienen Irlanda, a los que tienen La Habana, a los que tienen Creta; a estos príncipes a quienes obedecen los jueces, a estos jueces a quienes obedecen los verdugos, a esos verdugos obedecidos por la muerte, a esos emperadores que tan fácilmente cortan la cabeza de un hombre, mostradles cómo se perdona la cabeza de un emperador!
           Sobre todos los códigos monárquicos de donde manan las gotas de sangre, abrid la ley de la luz y, en medio de la más santa página del libro supremo, que se vea el dedo de la República señalando esta orden de Dios: Tú ya no matarás. Estas cuatro palabras son el deber. Vosotros cumpliréis con ese deber.
           El usurpador será salvado y el libertador, ay, no pudo serlo.  Hace ocho años, el 2 de diciembre de 1859, sin más derecho que el que tiene cualquier hombre, he tomado la palabra en nombre de la democracia y he pedido a los Estados Unidos la vida de John Brown.  No la obtuve.  Hoy pido a México la vida de Maximiliano. ¿La tendré? Sí y quizás a esta hora esté ya concedida. Maximiliano deberá la vida a Juárez. Y el castigo, preguntarán. El castigo, helo aquí: Maximiliano vivirá “por la gracia de la República”. 49
La muerte del emperador Maximiliano.
(Traducción al español del artículo que apareció el 18 de junio de 1876 en el periódico "Hungría y el Mundo" por el Dr. Szender Ede, quien acompañó el ejército Franco-Belga en 1865 bajo el mando del General Bazaine y vivió en México por 10 años. Publicado aquí con el amable permiso de Eduardo Wallentin.) 50
Dr. Szender Ede
(Con motivo de su noveno aniversario: un testigo lo describe y comenta que presenció la ejecución.)
"Maximiliano debió morir en México y allí murió".
José Zorrilla: Drama del Alma
Cada 19 de Junio, para mí, siempre me trae a la memoria un catastrófico momento, y me provoca un estado anímico depresivo (como Byron describe en Manfredo: “Hay sombras que nunca desvanecen y recuerdos que nunca se borran"). Uno se rebela aceptar que hace 9 años mi Emperador muere abandonado por todos y no hay más que una sola persona— yo— que cubra sus restos con una sábana y lo deposite en su ataúd.
          Hay muy poca literatura sobre la historia verídica de Maximiliano, y ninguno de su fusilamiento (sobre todo en Europa), ya que los 4 únicos testigos presenciales No Mexicanos (dos diplomáticos de Prusia, un comerciante, (Carlos Stefan) y un médico húngaro (yo) hasta ahora no lo publicaron.
           Vamos pues al grano:
           La aventura de un Imperio en México encabezado por Maximiliano, perdió toda posibilidad de éxito desde el momento que se ordenó el retiro de las tropas Francesas y se suspendió el apoyo económico, anunciado de Orizaba en Noviembre de 1866. Allí proclama y afirma Maximiliano que no renuncia a la corona y con el apoyo del Partido Conservador y Clerical.
           Seguirá la lucha armada. Efectivamente lucho cuatro meses más, hasta que el 15 de Mayo, (debido a una traición de Miguel López) su ejército perdió la defensa de Querétaro y cayó como prisionero junto con los Generales Miramón y Mejía.
           Todo México se preguntaba cuál será el destino de los prisioneros, ya que gozaban —sobre todo Maximiliano—de simpatizadores, no solo del Partido Conservador sino de varios Liberales. La decisión dependía del Gobierno Republicano. Estos decidieron aprovechar el triunfo del ejército constitucional y votaron que deben enjuiciar a los prisioneros bajo la ley vigente, (promulgada el 25 de enero de 1862) y ser juzgado por una Corte Marcial.
           De acuerdo con esa Ley todo ciudadano Mexicano (incluyendo el Presidente) así como los extranjeros, que se levanten en armas contra el Gobierno debe ser condenado a muerte.
          En esta época yo vivía en San Luís Potosí y practicaba la medicina privada. El Gobierno Republicano tenía su sede provisional en esa Ciudad.
           La ciudadanía estaba nerviosa en espera de la decisión del tribunal sobre la suerte de los prisioneros, pero la opinión en general era, que solamente un indulto Presidencial podría evitar su muerte. Los defensores del Emperador, Mariano Palacios y Rafael Martínez de la Torre, así como el Barón Magnus consejero de Prusia acudieron a San Luís Potosí, junto con la Princesa Salm y las esposas de los Generales Miramón y Mejía para pedir clemencia, de Benito Juárez o del vicepresidente Sebastián Lerdo de Tejada, quienes les dijeron que la decisión está en manos del tribunal con sede en Querétaro, y del jefe militar de la Plaza que era el Gral. Mariano Escobedo.
           El 16 de Junio en la noche un enviado del Barón Magnus me busco en mi casa pidiendo que lo acompañe urgentemente a su hotel en donde después de saludarme me dijo: "Lo que esperábamos, desgraciadamente ya sucedió, el Tribunal Militar condeno a los prisioneros a muerte. Escobedo ya firmo el veredicto y el Presidente Juárez lo ratifico. (Diciendo que hay que respetar la ley). Yo lo único que pude conseguir es que se posponga la ejecución dos días. Esto nos da tiempo para cumplir los últimos deseos del Emperador y preparar su embalsamamiento y enviar su cuerpo a Europa. — ¿Acepta Usted el encargo? Mi contestación era: —Desde Luego.
           Era domingo y de inmediato encargue mis pacientes a un colega y pedí a varios farmacéuticos ayuda para recabar medicamentos e instrumental que tenía que llevarme para el embalsamiento y empacarlos adecuadamente para transportarlos en la diligencia en la que íbamos a trasladarnos a Querétaro, ya que sospechaba que debido al largo sitio de la Ciudad no iba a encontrar ninguna ayuda médica. Al tomar la diligencia en la casa del Cónsul de Alemania Oriental (H.J. Bahnsen) en San Luís Potosí nos encontramos con la Princesa Salm, que venía procedente de Querétaro para tratar de obtener el indulto de los miembros del tribunal. Eran: 2 Tenientes Coroneles, 4 Capitanes y de 2 soldados (como escribanos). El presidente era el Coronel Platón Sánchez (a quien por cierto lo mataron en 1868 sus propios soldados. A este asesinato lo consideraban "los mochos" como testigo de Dios). De Juárez o de Lerdo de Tejada. Los 4 ocupantes de la diligencia (Barón Magnus, Cónsul Bahnse (sic), Carlos Estefan y yo y los custodios) abordamos a la diligencia bien armados, previniendo asaltos en el camino. El viaje que duró aproximadamente 36 horas sin mayor incidente. En Dolores Hidalgo nos cruzamos con la esposa del Gral. Miramón quien iba a San Luís Potosí a acompañar a la Princesa Salm por instrucciones de su propio esposo, quien, a pesar de que sabía de antemano la negación del indulto, no quería que sus familiares estén presenciando la ejecución.
           Llegamos a Querétaro el 18 de Junio a las 10 de la mañana. En la comida me informó el Barón Magnus, que el Emperador Maximiliano desea hablar conmigo para lo cual debo ver inmediatamente al Gral. Escobedo.
           Antes de recibirme en audiencia, el Gral. Escobedo tuve que esperar a que despidiera a un grupo de damas vestidas de negro (entre ellas la esposa del Gral. Mejía) quienes fueron a verlo pidiendo indulgencia para los prisioneros.
           Escobedo, a quien yo ya conocía, me recibió en forma altanera y casi teatralmente. (Me daba la impresión que en su fuero interior le molestaba haber suscrito la sentencia de muerte) y autorizó mi visita al Emperador.
           Me trasladé al claustro de los Capuchinos, lleno de soldados que cuidaban a los prisioneros. Al subir al primer piso me tropecé con el Dr. Basch, mi amigo y colega.
           Me presentaron con el Emperador quien después de hacerme varias preguntas me dijo: "Quiero que nos considere Ud. como personas ya muertas; desde antes de ayer nos informaron que nos van a ejecutar ese mismo día a las 3 de tarde y que estemos preparados para nuestra última caminata. Nosotros, ya nos habíamos despedido de la vida, cuando nos informaron el aplazamiento por 48 horas. Esto no nos gustó porque como se dice en español, al mal paso hay que darle prisa".
           Yo le contesté que hay alguna esperanza porque el aplazamiento sin aparente razón podría ser señal de una reconsideración de la ejecución.
           A lo que él contestó: "A nosotros ya no nos interesa la vida, lo único que deseo es que mi muerte sirva para la nación y de una vez gane la paz y el entendimiento entre los mexicanos".
           Me dio la mano y me agradeció que le haya visitado en la prisión. En este momento entro a la habitación el Lic. Vázquez (uno de los defensores en el juicio a Maximiliano) con muchos documentos en la mano.
           Describir mi estado de ánimo durante y después de la entrevista no tengo palabras. Yo no había visto al Emperador hacia casi dos años; en agosto de 1865 lo vi en la recepción y comida que se dio con motivo del cumpleaños del Rey y Emperador Francisco José. Ahora lo vi bastante más delgado lo que es natural, porque Maximiliano durante su estadía en México sufrió muchas enfermedades y soportar dos meses del sitio de Querétaro, más un mes de prisión, no es cualquier cosa. Estaba vestido de civil su comportamiento fue digno y calmado y daba la impresión que estaba consciente de lo que le esperaba.
           El resto del día lo dediqué a preparar lo necesario para el embalsamamiento y conseguir clorhidrato de zinc así como de parte del Dr. Reyes (médico y amigo del Gral. Miramón) el féretro, para el cuerpo del Emperador y, de la dueña del hostal, la Sra. C. Rubio, una sábana y varios paliacates. Esa noche me acosté temprano ya que no había dormido desde hace dos días pero a media noche dos policías me llevaron a la comisaría para que me identificara y explicara mi presencia en Querétaro. Fuera del susto y la pérdida de un par de horas de sueño no pasó nada. Al haberles enseñado la autorización del Gral. Mariano Escobedo me soltaron. Al regresar al Hostal ya me estaban esperando el Barón Magnus y los otros dos compañeros de viaje para trasladarnos al Cerro de las Campanas. En la calle había muy poca gente. Siendo Querétaro una ciudad muy católica la mayoría de la gente sobre todo las mujeres estaban reunidas en las iglesias, pidiendo que el Todopoderoso reciba el alma de Emperador. (La ceremonia-misa sigue siendo muy común en México.)
           En el Cerro de las Campanas, un agrupamiento militar formo el cuadro de ejecución, dejando un lado abierto. Por ese lado llegaron los tres carruajes. Del primero bajo el Emperador Maximiliano acompañado de dos sacerdotes, del segundo Miramón y del tercero Mejía. El Emperador Maximiliano con saco negro, pantalón y chaleco del mismo color con la cabeza en alto saludo a la gente en su alrededor. Yo estuve a un par de pasos del lugar de la ejecución y mis tres compañeros de viaje se colocaron en la parte lateral de cerro.
           Maximiliano dirigiéndose a los Generales les dijo: Vámonos Señores.
           Entraron al cuadro que formaban los soldados y el Emperador se acercó a sus dos compañeros de prisión dándoles un abrazo así como a los dos sacerdotes, después se dirigió a los soldados escogidos para la ejecución y les entrego una moneda de oro de 20 y dirigiéndose a todos con voz firme dijo:
           "Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. Deseo que mi sangre sea la última que se derrame en este desgraciado país. Muero inocente y perdono a todos".
           Después de él hablo Miramón con valentía y vehemencia dijo:
           "Espero que la historia reconozca que no soy traidor de la patria y me quiten este baldón para que mis hijos no carguen con él".
           Acto seguido, fueron llevados al paredón los tres prisioneros y Maximiliano pidió al Gral. Miramón que ocupara el centro y Mejía la derecha y él a la izquierda. Luego separó su barba, descubrió el pecho. En este momento el encargado de dirigir la ejecución bajo su espada y el Emperador Maximiliano cayó al suelo al mismo tiempo que Miramón y Mejía los tres gigantes del Imperialismo Mexicano. El Emperador Maximiliano no murió inmediatamente y según dicen pronuncio unas palabras (hombre hombre).
           Por eso el oficial le dio tres tiros de gracia. (sic)
           “Es bien sabido que el embalsamamiento del cadáver de Maximiliano en Querétaro, a pesar de haber sido hecho por cuatro médicos, resultó mal ejecutado, por lo cual fue necesario un nuevo embalsamamiento, el cual se practicó en la capital de México, en la iglesia del hospital de San Andrés…
           “… a las doce de la noche en punto se paró un coche a la puerta del templo de San Andrés, y el jefe de la tropa abrió inmediatamente la puerta. Entraron únicamente Juárez y su Ministro Sebastián Lerdo de Tejada. Al entrar se descubrieron la cabeza y se dirigieron a la gran mesa que estaba en medio del templo, en la que estaba tendido el cadáver de Maximiliano, completamente desnudo y rodeado de gruesas hachas encendidas, y se pararon junto al cuerpo. Juárez se puso las manos por detrás, y por algunos instantes estuvo mirando el cadáver sin hablar palabra y sin que se le notara dolor ni gozo: su rostro parecía de piedra. Luego con la mano derecha midió el cadáver desde la cabeza hasta los pies, y dijo: ˂˂Era alto este hombre; pero no tenía buen cuerpo: tenía las piernas muy largas y desproporcionadas.>> 51 Y después de otros momentos de silencio, dijo: ˂˂No tenía talento, porque aunque la frente parece espaciosa, es por la calvicie>>. Lerdo no dijo nada.” 52
          “Noviembre 25. Llegada del cadáver de Maximiliano a Veracruz acompañado por Tegetthoff y la princesa de Salm Salm, que lo iba a acompañar hasta Viena. Y por una comisión del gobierno mexicano y 300 hombres de caballería que lo habían acompañado de México a Veracruz.” 53
Maximiliano. Tema en el arte.
Maximilien, ópera histórica en tres actos y 9 escenas; libreto de R.S. Hoffman basado en el drama Juárez und Maximilian de Franz Werfel; música de Darius Milhaud. Estreno: 1932.
Carlota, ópera en un acto. Libreto de Francisco Zendejas; música de Luis Sandi. Estreno: 1948.
Carlota, ópera. Libreto de autor desconocido; música de Robert Avalon. Inédita.
La emperatriz de la mentira. Libreto de Ángel Norzagaray; música de Dmitri Dudin. Estreno: 26 de noviembre de 2012.
Dramas:
Juárez und Maximilian. (1925), Franz Werfel.
Corona de sombras. (1947), Rodolfo Usigli.
Musicales:
El sueño de una Corona. (2005), Musical Histórico de Konrad y Wolfgang Ratz.
Novelas:
El último príncipe del Imperio Mexicano. (2010) de C.M. Mayo.
El cerro de las campanas. (1868) de Juan A. Mateos.
Noticias del Imperio. (1987) de Fernando del Paso.
Arrebatos Carnales. (2009) de Francisco Martín Moreno.
Imperio. (2011) de Héctor Zagal.

Películas:
Veracruz. Maximiliano es interpretado por George Macready.
Juárez. (1939), dirigida por William Dieterle. Maximiliano es interpretado por Brian Aherne.
Aquellos años. (1972), dirigida por Felipe Cazals.

Notas:
1 Ralph Waldo Emerson. Napoleón, el hombre del mundo, páginas VII y VIII en Napoleón de Jacques Bainville, Editorial Porrúa, S. A., Colección “Sepan cuántos…”, 1994, con traducción de Manuel Alemán y de la Sota.
2 Johann Joseph Wenzel Graf Radetzky von Radetz, personaje de la nobleza y militar bohemio del Imperio Austríaco inmortalizado Johann Strauss con su conocida composición “Marcha Radetzky”.
3 Gibraltar, Madeira, Río de Janeiro, Ciudad del Cabo, Isla San Pablo, Ceilán, Madras, Islas Nicobar, Singapur, Batavia, Manila, Hong Kong, Shanghai, Pohnpei, Estuardo, Sydney, Auckland, Tahiti, Valparaíso, Dubrovnik y Trieste.
4 mexicomaxico.org
5 juridicas.unam.mx
6 Nacido en Sevilla, España, 30 de julio de 1762, murió en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1821 sin ejercer propiamente el cargo conferido.
7 Doralicia Carmona. memoriapoliticademexico.org
8 Ídem.
9 ordenjuridico.gob.mx
10 Laurence Gardner. La herencia del Santo Grial, páginas 259-260. Grijalbo-Mondadori. Colección Mitos, 1999.
11 La simbólica napoleónica. Reseña introductoria y descriptiva por el profesor Eduardo Garzón-Sobrado, Presidente- fundador del Instituto Napoleónico México-Francia.
12 En español algo cercano a “El Palacio de las Tejerías o El Palacio de las Tejas”. El nombre tiene su origen en las antiguas fábricas de tejas derruidas para permitir la construcción de aquél.
13 Aunque es de suponer que a partir de la salva vigesimosegunda el resultado estaba dado.
14 Vincent Cronin. Napoleón. página 331, Javier Vergara Editor, S. A., Buenos Aires, Argentina, 1988, con traducción de Aníbal Leal.
15 Ralph Waldo Emerson. Op. citada, página XII.
16 musee-armee.fr
17 (Sedán, 11 de septiembre de 1611 - Salzbach, 27 de julio de 1675) Héroe militar francés, autor del “Arte de la guerra”.
18 musee-armee.fr
19 Cesión de Adolf Hitler al gobierno colaboracionista de Vichy (1940).
20 musee-armee.fr
21 Héctor López Martínez. Tragedia de ‘El Aguilucho’. Diario El Comercio (Perú). 20 de Marzo del 2011.
22 Aunque el Duque de Reichstadt no se casó ni tuvo descendencia, los historiadores consideran altamente probable (¿?) su paternidad de Maximiliano I de México. Los últimos años de su vida, estuvo muy íntimamente vinculado a su prima la princesa Sofía de Baviera, esposa del archiduque Francisco Carlos de Austria. La archiduquesa Sofía ya era madre del archiduque Francisco José, futuro emperador de Austria-Hungría; en el curso de su relación nació su segundo hijo, Maximiliano, futuro emperador de México. Maximiliano ¿hijo de Napoleón II? No está bien documentada la sospecha (¿?) de que Maximiliano de Habsburgo no fuera el producto de la unión entre la princesa Sofía y Francisco Carlos. Muchos europeos, y vieneses, en particular, sospechaban que fue engendrado en realidad por Napoleón II, también conocido como el Duque de Reichstadt (hijo de Napoleón Bonaparte de Francia y María Luisa de Austria) Aquellos que apoyaban esta creencia citaban la estrecha relación existente entre Sofía y Napoleón II (se dijo que Sofía nunca se recuperaría después de su muerte y le atribuiría a el canciller austriaco Metternich su deceso). Sofía y Napoleón II hicieron una amistad íntima que provocó rumores en la corte mismos que Sofía nunca se molestó en desmentir. Cuando Sofía estaba embarazada de su segundo hijo, Napoleón II moría de tuberculosis, y se decía que en realidad el niño que esperaba era hijo del Duque de Reichstadt, a su vez hijo de Napoleón Bonaparte. Ese niño fue Ferdinand Maximiliano. Fernando del Paso en su Noticias del Imperio, no se extrae a estos decires y a ellos dedica abigarrados párrafos de su novelado aporte. (Todo lo anterior sin documentos de referencia.)
23 Fernando del Paso. Noticias del Imperio. página 36. Editorial Diana, S. A. de C. V. 8ª. Impresión, 1996.
24 José C. Valadés. Maximiliano y Carlota en México. Historia del Segundo Imperio. Editorial Diana, S. A. México, 1977.
25 Rodolfo Usigli y "Corona de sombra", un cuento de hadas del siglo romántico. Roberto Perinelli. Buenos Aires, Argentina.
26 Boudon, Jacques-Olivier (26 de abril de 2014). «El ADN revela que Napoleón III no era sobrino de Napoleón Bonaparte» (en español). Instituto Napoleón. Consultado el 27 de abril de 2014.
27 Enrique Krauze. Juárez y Maximiliano. Página 104. Héroes de carne y hueso. Historia para todos, S. A. de C. V. Julio del 2010.
28 A. Manfred y N. Smirnov. La revolución francesa y el imperio de Napoleón. Página 160. Editorial Grijalbo, S. A., México, 1969. Versión al español de Rafael Cáceres C.
29 Frederic Bluche. El bonapartismo. Breviarios del Fondo de Cultura Económica, número 356, página 54. México, 1984.
30 Enrique Krauze. Op. citada, página 120.
31 José Manuel Hidalgo. Apuntes para escribir la historia de los proyectos de Monarquía en México (1868). Citado por Enrique Krauze. Op. citada, página 115.
32 “… liberales (Rito de York y posteriormente el Rito Nacional Mexicano) y los conservadores (Rito Escocés Antiguo y Aceptado)… Los francmasones yorkinos, liberales, eran firmes partidarios de instaurar la república federal, los francmasones conservadores el modelo de una república unitaria o centralista, aunque siempre pensaron en la posibilidad de la monarquía.” La francmasonería, al parecer, queda inserta en la historia mexicana a partir del año de 1806. Aproximación al impacto de la masonería en el proceso del proyecto de la nación mexicana. Eduardo Habacuc López Acevedo, UAEH/ICSHU. uaeh.edu.mx
33 Recién consumada la Independencia de México, en 1821, la sociedad mexicana enfrenta el debate político fundamental de su historia: decidir si el nuevo país se constituye en una república centralista o en una federalista. La masonería desempeña, desde entonces, un papel crucial en la historia mexicana; el llamado “rito escocés”, integrado por españoles peninsulares y algunos criollos deseosos de mantener los privilegios virreinales, se pronuncia por un esquema de organización política centralista. Los mestizos —la clase social emergente— deciden luchar por un modelo de república federal y se agrupan en el Rito York. Ambos sistemas de masonería se convierten en auténticos partidos políticos y según cuenta don José María Mateos en su Historia de la Masonería en México: 1806-1884, pronto las Logias dejaron de ser tales y se convirtieron en camarillas de poder y de influencia. Los rituales y el simbolismo masónico desaparecieron para constituirse en auténticos partidos políticos en los que ser escocés significaba ser centralista, y ser yorkino, federalista. Había masones escoceses y yorkinos en calidad de diputados al Congreso y el debate era tan fuerte que la fraternidad dejó de ser tal ante la lucha por el poder y el triunfo de uno de los dos proyectos. Ganó, finalmente, el proyecto de nación federal, es decir, el partido yorkino. Benito Juárez y el pensamiento masónico. lo Q.H. Cuauhtémoc D. Molina García. freemasons-freemasonry.com
34 Doralicia Carmona: Memoria Política de México. memoriapoliticademexico.org
35 Luigi Amara. Las meditaciones de un emperador inconstante* biblioteca.itam.mx/estudios
36 29 de mayo de 1861. Aniversario del decreto de Benito Juárez sobre la suspensión de pagos de la deuda externa. bicentenario.gob.mx
37 José C. Valadés. Op. citada. Remite con nota 495 a un texto anónimo, Calendario del Imperio, México, 1866, p. 4.
38 Fernando Iglesias Calderón. Rectificaciones históricas. La traición de Maximiliano y la capilla propiciatoria. Páginas VIII y XIX. Tip. Literaria de Filomeno Mata, Betlemitas 8, México. 1902. Acerca de la supuesta y difundida versión de la entrega del coronel Miguel López —compadre del emperador— de la plaza de Querétaro: “La famosa carta de Maximiliano á López, presentada por éste como autógrafo del Archiduque y cedida al General Escobedo cuando la publicación de su Informe, no formó parte del legado instituido á mi favor por haber sido donada al Museo Nacional de Artillería, DESDE EL AÑO DE 1900. Es por tanto inexacto como aseguran «El Imparcial» y «El Popular» que dicha carta haya sido donada al Museo con motivo del fallecimiento del glorioso vencedor del Imperio. El Sr. General Lalanne, Vice- Presidente de la Comisión de Auténticas, puede atestiguar que el autógrafo mencionado fue admitido agradecidamente por el Museo Nacional de Artillería desde la fecha que acabo de indicar, y mostrado en los anaqueles del establecimiento, como auténtica reliquia histórica, durante dos años—día más, día menos—sin que ninguno osara dudar de su autenticidad mientras vivió el glorioso vencedor del Imperio.” Al respecto, el general Mariano Escobedo afirma: “Coronel imperialista. Miguel López, aunque INFIDENTE PARA CON LA PATRIA, ni traicionó al Archiduque Maximiliano ni vendió por dinero su puesto de combate.” Texto de la carta con fecha del 18 de mayo de 1867: “Mi querido coronel López—Nos os recordamos guardar profundo sigilo sobre la comisión que para el general Escobedo os encargamos, pues si se divulga, quedaría mancillado Nuestro honor. Vuestro affmo. —Maximiliano.”cdigital.dgb.uanl.mx
39 Isaí Hidekel Tejeda Vallejo. El fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. diputados.gob.mx
40 Ídem.
41 Ibídem.
42 memoriapoliticademexico.org
43 José Manuel Villalpando. Carta de Maximiliano a Juárez. La muerte de un emperador. bicentenario.gob.mx
44 Isaí Hidekel Tejeda Vallejo. Op. citada.
45 Para la defensa del general Tomás Mejía, ver, Fernando Iglesias Calderón, óp. citada.
46 Para la defensa del general Miguel Miramón, ver ídem.
47 “Cuidan a Querétaro desde lo alto.”amqueretaro.com Jueves, noviembre 1, 2012
48 José C. Valadés. Op. citada, página 398.
49 tlamatqui.blogspot.com/2012 con fuente en comunicacionsocial.diputados.gob.mx biblioteca.diputados.gob.mx
50 cmmayo.com
51 Las referencias varían con respecto a qué tan alto era Maximiliano; van del 1.84 a 1.90 metros.
52 Agustín Rivera. Anales mexicanos: la Reforma y el Segundo Imperio. Páginas 355 y 356 Primera edición UNAM: 1994 de la Primera edición: 1891, Tipografía de Vicente Veloz, Lagos de Moreno, Jalisco.
53 Ídem, página 360.
Por la firma en un Decreto.
Víctor Manuel López Wario

La debilidad de los Estados Unidos de Norteamericana en riesgo de fracturación, la anexión de Santo Domingo a España, los embates de ésta en contra de las Repúblicas americanas del Perú, Venezuela, Colombia… las pesadas deudas contraídas y las ofensas inferidas a sus súbditos fueron los motivos argüidos por  Francia e Inglaterra para amenazar a la República Oriental del Uruguay con ultimátum al 10 de marzo de 1862 para la satisfacción plena de sus demandas;  argumentación semejante en el caso mexicano por España, Inglaterra y Francia para la incursión francesa en solitario —después de los tratados preliminares de La Soledad de 1862— en el territorio mexicano y el ensayo vergonzante en los inicios de 1838 [1].
          Especulaciones, intereses inmoderados, “ajustes” exorbitantes por la parte francesa, profundo complejo de superioridad montado en la injusticia, las añejas pretensiones napoleónicas para asentar un puntal de ingreso y apoderamiento de México (la forzada y supuesta paternidad de Napoleón II con Sofía de Baviera respecto a Maximiliano [2]  también cuenta [3] para definir el rostro visible de la intervención); aunados a los conflicto con el clero y los nacionales despechados, las irreductibles pugnas partidistas [4], la fragilidad hacendaria, la oportunidad para zanjar diferencias y ofensas, las discordias entre los jefes de las fuerzas armadas mexicanas: “El general Pedro Hinojosa se deshizo de Francisco Naranjo… Escobedo, como resultado de las envidias con el general Porfirio Díaz, abandonó a éste, y después de recorrer Tehuantepec, Chiapas, y Tabasco, se embarcó para Nueva York con el objeto de regresar a México por Texas; el general Riva Palacio acusó al general Salazar; los generales Arteaga y Salazar se separaron; y no pocos republicanos, ya por rivalidades, ya por desilusiones, dejaron los campos de batalla y marcharon a Estados Unidos, obligando al Gobierno de la República a advertir que (a) tales individuos o se les declaraba desertores o regresaban desde luego a sus respectivas filas…” [5], el abandono y la salida del país del general González Ortega por motivo de “derechos políticos”, contrastaban con la otra realidad, pues: “…si las deserciones y pleitos entre los caudillos republicanos se hacían notoria, también visible era el crecimiento de las guerrillas mexicanas. En el estado de Guerrero, Vicente Jiménez estableció su cuartel general en Tixtla; Ignacio Figueroa llevó la guerra a las cercanías de Chilapa; Pinzón operó en el norte del estado; el general Juan  Álvarez puso su centro de operaciones en La Providencia; y esto a pesar de que los republicanos de Guerrero estaban pobres de municiones, pues no poseían más que dos paradas de cartuchos por plaza. En el norte de la República, el general Negrete se hallaba en Río Florido. En La Laguna ocurrió una sublevación del pueblo; en el distrito de Río Grande aparecieron algunas partidas de guerrilla; otro tanto sucedió en San Dimas, en los límites de Durango y Sinaloa. En Parras, Antonio Aguirre puso a un grupo de vecinos sobre las armas. En Nuevo León, el ‘estar armados los pueblos’, producía guerrillas. En Huajuapan, Francisco Rodríguez acaudilló una partida armada; en Puebla, Oaxaca y Morelos, merodeaban los llamados Plateados. En Mixcoac, a las puertas de la ciudad de México, Tranquilino Pérez, ‘primero regidor y después presidente del ayuntamiento imperial’, se pronunció indignado por el ‘estado de abyección’ en que siempre han tenido los gobiernos ‘a los infelices indios’. Un pronunciamiento ocurrió en el 1865; y en La Paz, de Baja California, los liberales acudieron a tomar las armas.”  [6] Pese a “la paz” impuesta y propagada con el poderío de treinta mil efectivos de las fuerzas francesas de ocupación.
          “—La política a seguir con respecto a los conservadores, derrotados en la Guerra de Reforma. Ésta cubrió una amplia gama, con la expulsión a los embajadores de España, Ecuador y Guatemala, del arzobispo de México y varios obispos. El gobierno mostró una actitud vacilante al respecto a Isidro Díaz cuñado de Miramón (…) y su ministro más importante, y más adelante otorgó una amnistía (…) general a los conservadores, que sólo excluía a los más peligrosos, aún levantados en armas, como Márquez (…), Zuloaga y el líder campesino Manuel Lozada.
La economía, estropeada generó el descontento de muchos en todos los sectores. “Los años siguientes fueron convulsos para la economía. Las continuas guerras y la posible intención de instaurar a un nuevo emperador europeo frenaron el desarrollo comercial del país…” [7] y en lo correspondiente a los bienes eclesiásticos, el robo, la destrucción y olvido de los bienes materiales del culto y culturales generó lagunas enormes en el acervo, con respecto al conjunto del Convento de San Agustín (en el espacio actual en la Ciudad de México: 5 de Febrero, República del Salvador, Isabel la Católica y República de Uruguay): “… a excepción de la iglesia, se destruyó para vender lotes de terreno donde se construyeron casas insignificantes. La sillería desarmada se arrumbó hasta que muchos años después Gabino Barreda, director de la Escuela Preparatoria, rescató 143 sillas, hoy orgullo de la sala ceremonial llamada El Generalito… la biblioteca quedó enteramente abandonada, las puertas abiertas y los libros y manuscritos a merced de quien quisiera llevárselos: multitud de libros destrozados y esparcidos por os claustros y celdas, otros tirados por el suelo en el más completo desorden. El claustro ruinoso se convirtió en muladar, el atrio en una cloaca y los altares desaparecieron.” [8]
“—La lucha por el poder entre Juárez, Miguel Lerdo (…) y Jesús González Ortega, con cierto temor de que éste último se levantara en armas.
“—La oposición liberal al gobierno juarista, reflejada no sólo en los frecuentes cambios de gabinete, sino también en el Congreso y varios periódicos liberales.
“—Los guerrilleros conservadores al mando de Mejía, Márquez, Zuloaga y otros, responsables los dos últimos de los asesinatos de Melchor Ocampo (…), Santos Degollado (…) y Leandro Valle, que desestabilizaron en mucho la situación política nacional.
          “— La relativa paz, sin embargo, permitió la aplicación más sistemática de las leyes reformistas. Las relativas a la desamortización y nacionalización de bienes raíces, llevarán directamente al despojo de tierras a las comunidades campesinas, a la formación de una nueva clase latifundista laica, pero también a las consiguientes rebeliones campesinas que profundizaron aún más las crisis ya generalizada.” [9]
Más de ello: “Para 1858 se cernía en el horizonte de la República la posibilidad de que Estados Unidos aprovechara la debilidad política y la crisis económica para hacer lo que había hecho en Nicaragua, esto es, apoderarse del gobierno y ocupar el país. La alarma creció cuando en 1860 el gobierno dominicano hubo de apresar a un grupo de aventureros estadounidenses que habían ‘tomado posesión’ de la isla adyacente de Alta Vela para explotar sus yacimientos de guano. Las negociaciones con España para fines de protectorado cambiaron entonces de naturaleza, pues el Presidente dominicano, que en aquel momento era Pedro Santana, decidió solicitar un acuerdo de reincorporación o anexión del país a España. Las condiciones que debía seguir España para proceder a la anexión eran:
• Preservar la libertad individual y no restablecer la esclavitud en territorio dominicano.
• Considerar el territorio dominicano como provincia española, permitiéndole disfrutar de los mismos derechos que las demás.
• Utilizar los servicios del mayor número posible de funcionarios públicos y militares dominicanos en el nuevo gobierno español.
• Amortizar todo el papel moneda circulante.
• Reconocer como buenos y válidos todos los actos de los gobiernos dominicanos desde 1844 hasta la fecha.
“Con estas medidas, las elites políticas conservadoras, especialmente las que seguían y habían sido beneficiadas por (Pedro) Santana, pretendían garantizar el disfrute de los privilegios que una posible ocupación norteamericana o el fortalecimiento de las fuerzas liberales ponía en peligro.
“El 18 de marzo de 1861 se proclamó la anexión a España en la explanada de la Catedral de Santo Domingo.” [10]
Esta argumentación validaba irrefutablemente el juicio del hombre común de la época: “Era tanto el descrédito que se había arrojado por una parte de la prensa europea sobre los mexicanos, que hasta se les consideraba incapaces de defender su territorio. Los mexicanos carecían de dignidad, de valor, de sentimiento nacional, eran semi-salvajes; anarquistas, ladrones, asesinos. Esos juicios hacían que los mismos americanos los considerasen como hombres degradados hasta el último extremo; pero ha bastado la primera batalla entre ellos y las valientes tropas francesas para que queden rehabilitados ante sus hermanos de América y ante la misma Europa.” [11]
“Esperamos que el injustificable ataque hecho por el gobierno francés a México será favorable a nuestra santa causa, —y si hasta ahora han permanecido las secciones de América en un fatal aislamiento, tal vez aprovecharán de esta dura lección para realizar el sueño de Bolívar, y unirse todas para hacerse respetar de los tiranos que intentan subyugarlas.” [12]
Ya “asentado” el Imperio con el apoyo del ejército francés de intervención recuperado tras la Batalla de Puebla, la muerte de don Ignacio Zaragoza e inicio de la Presidencia itinerante, con el título de “Intervención y Segundo Imperio 1862 – 1867”:
“Una vez en el trono el Emperador comenzó a seguir una política liberal. Primero  trató de rodearse  por políticos liberales moderados y tratar de alejarse de los conservadores radicales que lo habían traído a México.
“Gabinete de Maximiliano:
“Ministro de estado: Joaquín Velásquez de León (Conservador).
“Ministro de Relaciones: José Fernando Ramírez (Liberal)“Ministro de Gobernación: José María González de la Vega (Conservador).
“Ministro de Guerra: Juan de Dios Peza (Liberal moderado).
“Además aprobó numerosas leyes liberales como la libertad o tolerancia de cultos (aunque la religión del Estado sería la católica). Ratificó la nacionalización de bienes eclesiásticos decretada por los liberales de la república. Confirmó el carácter constitucional de la monarquía (aunque nunca se completó el proyecto de establecer una.)
“Una vez en México Maximiliano se dio cuenta que el consenso que se le había presentado, donde la mayoría del pueblo apoyaba el establecimiento de la monarquía, no representaba el sentir de la mayoría y que las fuerzas republicanas aún no habían sido vencidas del todo.
“También apoyó la libertad de prensa y las garantías individuales (la igualdad ante la ley, la seguridad, la propiedad y la libertad de culto) y prohibió la esclavitud en cualquier forma.
“Estableció la jornada de trabajo (10 horas) y la regularización del trabajo infantil. (Estas reformas nunca se pudieron adoptar).
“En general el carácter político de Emperador de México era netamente liberal, lo que lo llevó a perder la simpatía de los conservadores y del clero. Ésto sería determinante para el derrocamiento final.
“En materia económica el Imperio estaba en muchas dificultades, no sólo por las deudas que ya había contraído la república, sino por los compromisos que se habían adquirido en el Tratado de Miramar. Además los gastos en la guerra con las fuerzas restantes de la república empeoraban la situación, y los fondos restantes eran invertidos en el embellecimiento de la ciudad de México en vez de en los sectores productivos.” [13]

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Versus: “Cuando Maximiliano de Habsburgo ascendió al trono de un México fraccionado, caminaba en la edad de treintaidós años; cincuenta y ocho años tenía Benito Juárez, el presidente de las porciones de la república mexicana no invadidas por los soldados extranjeros. Para Maximiliano, México era su país adoptivo; para Juárez, el suelo de su nacimiento. El príncipe austriaco representaba una juventud ilusiva; el licenciado Juárez significaba la realidad política mexicana. El emperador seguía los pasos de un ecuménico; el Presidente, los de su pueblo. Aquél sabía alemán, francés, inglés y español; éste sólo hablaba la lengua oficial de México…” [14] En aquel momento México era un país desunido en donde cada Estado poseía su propio gobierno y directriz, en donde cada población decidía hacia dónde y cuándo ir, donde a cada porción de tierra la dominaba una autoridad elegida o autoimpuesta al rigor de la costumbre y del poderoso de la localidad.

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“Así también, apenas comenzadas las graves complicaciones de México, dio nuestro gobierno —de la República del Perú— a la sazón presidido por el General Castilla, el paso más significativo de enviar una legación cerca de Juárez, y poco después acordó con los gobiernos de América, no reconocer al usurpador. Triunfante la República, nadie celebrará más cordialmente que nosotros ese triunfo, que es de la América toda, como lo fue el de Santo Domingo, como lo fue el de las aliadas del Pacífico, como lo será, el que Dios mediante, habremos de obtener aún si se repite la agresión española. Reciba, pues, México nuestros plácemes muy sinceros, y oiga el cielo los votos que hace el Perú por la prosperidad de ese pueblo hermano.” [15]
“…Grandes peligros corrió esta causas de una ocasión, y a no ser por la tenacidad de Juárez y por otras dos circunstancias… la primera de ellas… la grave desavenencia que surgió entre el imperio y el partido clerical que [16], como es sabido, constituía una de las más robustas columnas del edificio. Ese estrepitoso rompimiento produjo una reacción parcial, y creó al imperio dificultades con que no había contado. El otro hecho, más importante aún, fue el desenlace de la guerra de los Estados Unidos. Aquella poderosa nación había tenido que permanecer impasible a causa de sus propios conflictos, pero una vez resuelta la grave cuestión doméstica, era imposible que no echase en la balanza siquiera el peso de su poder moral , y esto aún sin que el emperador Napoleón (III) declarase, como lo había hecho en su famosa carta Forey, que el Imperio Mexicano había de ser un dique que contuviese a la raza anglosajona, es decir, que, contando con la división de la gran República, se debía crear frente a las dos secciones una monarquía que pudiese hacerles frente.” [17]
          Sin mengua en las dotes personales en su formación y las experiencias adquiridas en el hacer cotidiano, la sapiencia en acuerdos y el tejemaneje de los asuntos públicos, su actividad como virrey del Reino Lombardo-Véneto [18] resulta incomprensible y menos aceptable para la propia honra del Emperador, la ceguera personal en la aplicación de esa infamante medida que aún es admisible para algunos historiadores bajo título de engaño o cuando menos, forzamiento por parte del mariscal Bazaine sobre el Emperador Maximiliano, para admitir y firmar el decreto del 3 de octubre de 1865 que, al final, será el que rija ante el jurado constituido para dictarle sentencia después de su caída y “traición” del coronel Miguel López en Querétaro.
         Con victorias honrosas y derrotas vergonzantes, con incorporación de nuevos aliados y defección de partidarios por ambos bandos, para descrédito del Imperio y mancha personal de Maximiliano quedó el Decreto —constituido por quince artículos— publicado en el número 228 del Diario del Imperio:

“MAXIMILIANO, Emperador de México:
“Oído Nuestro Consejo de Ministros y Nuestro Consejo de Estado, Decretamos:
“Art. 1º. Todos los que pertenecieren á bandas ó reuniones armadas, que no estén legalmente autorizadas, proclamen ó no algun pretexto político, cualquiera que sea el número de los que formen la banda, su organización y el carácter y denominación que ellas se dieran, serán juzgados militarmente por las Cortes marciales, y si se declarase que son culpables, aunque sea solo del hecho de pertenecer á la banda , serán condenados á la pena capital, que se ejecutará dentro de las primeras veinticuatro horas después de pronunciada la sentencia… (sic)
       “…Dado en el Palacio de México, á 3 de Octubre de 1865,— MAXIMILIANO.— El Ministro de Negocios Extranjeros y encargado del de Estado, José F. Ramírez.— El Ministro de la Guerra, Juan de Dios Peza [19].— El Ministro de Fomento, Luis Robles Pezuela.— El Ministro de Justicia, Pedro Escudero y Echanove.— El Ministro de Instrucción Pública y Cultos, Manuel Siliceo.— El Subsecretario de Hacienda, Francisco de P. César.” [20]
         No hay una cifra exacta de los muertos en los enfrentamientos, de aprovechamiento personal en esos momentos de desajuste, de la destrucción de propiedades y brutalidad sobre los miserables anónimos, quedan por ejemplo de ello algunos nombres de sacrificados al rigor del Decreto: “…Fueron llevados al poblado de Uruapan donde a los generales (José María) Arteaga y (Carlos) Salazar, los coroneles Jesús Díaz Ruiz y José Trinidad Villagómez y el capitán Juan González, se les aplicó la ley del 3 de octubre de 1865, en el que se permitía fusilar, sin juicio previo, a lo que defendieran a la República. El 21 de octubre fueron llevados a la plaza principal de Uruapan donde se llevaría a cabo la ejecución…Los cuerpos de los cinco fueron sepultados en Uruapan, y, tras el triunfo de la República, los restos fueron trasladados al Panteón de San Fernando, donde se encuentran hoy en día. Se les conocería posteriormente como los ‘Mártires de Uruapan’.” [21]
Frente al documento la reacción de los por salvar: “De esta suerte la población civil de México no manifestaba temor ni contento por las disposiciones del emperador, ni con la laboriosa y humana ley sobre los estados de sitio, ni con la inescrupulosa ley del 3 de octubre del 1865, conforme a la cual se otorgaban tantas facultades a las cortes marciales que la pena de muerte quedaba justificada, y de la que se derivaron los fusilamientos, en Morelia, de los generales republicanos Arteaga y Salazar y de algunos jefes y oficiales, lo que perturbó a Maximiliano y exaltó en ánimo nacional. Así, para los imperialistas éstos dejaron de ser disidentes, y se les llamó bandoleros; ahora que tales disidentes que luchaban en las guerrillas de Michoacán, México, Puebla y Guerrero se apellidaron a sí mismos chinacos o chinacates, mientras que a los maximilianistas se les tildaba de traidores, a quienes en algunas ocasiones se les ponía al pecho o a la espalda, con hierro candente ese apellido.” [22]
No resulta admisible dotar al Emperador de un aura de soñador, romántico y bobalicón cuando a su educación y esfuerzos personales los regían los principios que en su casa natal le aprovecharan e hicieran quien fue con el comedido cariño de su madre —de quien dícese era el consentido— y las aspiraciones de su esposa, la hija del rey Leopoldo I de Bélgica, monarca de gran influencia durante su época. Ante hechos así, es exigencia respetar al caído por detestable que éste fuera. Maximiliano no era un tontainas, era un ser nacido entre la púrpura de los elegidos y así asumió su vida y si sus aspiraciones para ocupar un trono bajo principios liberales le llevó a aceptar “para bien de sus gobernados” esa alta responsabilidad, es bien sabido que aún el bien buscado para el prójimo resulta detestable cuando es impuesto.
Ante la tragedia del Cerro de las Campanas en Querétaro la reacción internacional benevolente e inclinada a la causa de Maximiliano arrastró aún más el prestigio de la sociedad y el gobierno mexicano: ““El atentado contra la vida de la República parece a vuestro juicio menos criminal que la muerte de Maximiliano; y eso se comprende fácilmente porque está en vuestro interés y no creerlo, por lo menos hacerlo creer y sostenerlo. Pero para el resto de los hombres que no pensamos bajo el solio de púrpura, sino bajo la bóveda estrellada del cielo, la muerte del Archiduque apenas es una falta, una pálida sombra de crueldad comparada con el espantoso atentado cometido contra el pueblo mexicano.” [23]
“No hace muchos días que entre nosotros se endiosaba a Bruto, (a) Catón y no se a quienes más por su severidad política. Se glorificó hasta el absurdo el asesinato del primero contra su padre y el bárbaro suicidio del segundo. Pues bien: estos mismos hombres (el autor remite a un anónimo redactor del periódico ‘El Federalista’)  son los que condenan hoy el patriotismo y la entereza política de Juárez; éstos mismos son los que lloran la caída del Imperio y maldicen (a) la República Mexicana… Bruto fue un semidiós porque libertó a Roma de César. Juárez no es más que un hombre porque ha liberado a su patria de un usurpador…” [24] (Texto destacado por el autor del documento.)
“Juárez comprendió que no podía sacrificar su popularidad, perdonando a Maximiliano, sin exponer a la República a gravísimos trastornos, sin renunciar a la consolidación de un orden establecido, sin correr el inminente riesgo de convertirse en el blanco de las iras populares, sin comprender el porvenir de la democracia americana, sin alentar los insidiosos que la monarquía no cesará de fraguar contra este hemisferio, y sin dejar trunca una obra  de que, no sólo depende la seguridad interior de México, sino que también la de todas las repúblicas latinas del Nuevo Mundo… En una palabra: Juárez cumplió con su deber —deber terrible, si se quiere—  pero de estricta justicia y de noble severidad. El esforzado adalid que había luchado solo por la patria contra la infame alianza de los enemigos extranjeros y los traidores interiores, no podía ahorrar el sacrificio de una vida para asegurar la de muchos.” [25]
Queda para quien lo necesite: “… el primer día de la Confederación Sudamericana será el último de nuestros trastornos civiles; y el primer día de gobierno por los pueblos y para los pueblos será el último de los gobiernos por los caudillos y para las anárquicas dictaduras.” [26]

“Los Debates.
“Montevideo, agosto 21 de 1872.
“Benito Juarez.

      “El correo francés nos trae una infausta noticia.
    “Benito Juarez, presidente de la República Mejicana, acaba de morir de una enfermedad violenta.
           “La vida de éste ciudadano consagrada al servicio y engrandecimiento de su patria, ocupará un lugar prominente en la historia de los pueblos libres, y todos estamos en el deber de rendir tributo de admiración al soldado que cae tan inesperadamente, al ciudadano y mandatario tipo de honradez y de energía.
           “Asociamos nuestro duelo al que experimentarán nuestros hermanos de Méjico por tan funesto acontecimiento.
           “La gran causa de la República acaba de perder en Juarez algo mas que un adicto —pierde un apóstol. (sic)” [27]
            El motivo es don Benito Juárez, el hombre con múltiples facetas, detestables algunas, loables otras, de las cuales mucho hay por clarificar y ajustar con la visión del momento en que vivió el “Benemérito de las Américas” [28], el motivo es México invadido, el motivo es el riesgo enorme para la América latina amenazada y cercada por el interés colonial por recuperar un espacio perdido con enorme pérdida de vidas y bienes y en donde el sistema de la república reuniera los afanes de la mayoría de sus ciudadanos. Más, el motivo ulterior en los textos, en las cartas, en los decretos, en los poemas seleccionados para conjuntar el grueso libro  de Carlos J. Sierra. Juárez en la voz y la palabra de Latinoamérica, es el ideal antiguo manifiesto en la instalación de la “Sociedad de Defensores de la Independencia Americana” en la ciudad de Lima, capital de la República del Perú, el 29 de marzo de 1862, ya declarada la amenaza de las tres potencias europeas signatarias en la Convención de Londres, en el 31 de octubre de 1861. Toda la obra, desde el inicio mismo en la página13 con el texto “Advertencia”, hasta la página 644, muestran el apoyo y esa fraternidad latinoamericana para con México. Hablan del ideal todavía por concretar, la unión de los americanos con sus diferencias y semejanzas en una causa común: la institución y práctica de los esfuerzos compartidos sin sujeción al valor de la balanza, sin menosprecio al temor de la debilidad interna, todos a una y la justicia para todo americano se cual fuere su extracción y origen. En la obra mencionada están presentes y solidarias: La República Argentina, el Estado Plurinacional de Bolivia, la República Federativa del Brasil, la República de Colombia, la República de Costa Rica, la República de Chile, la República Dominicana, la República de El Salvador, la República de Guatemala, la República de Nicaragua, la República del Perú, la República Oriental del Uruguay y la República de Venezuela…



Notas:
[1] “El 6 de febrero de 1838 comenzó la llamada Guerra de los Pasteles, conflicto armado entre México y Francia. Este conflicto se gestó, en parte, como consecuencia de la crisis generalizada, la economía paralizada, la inseguridad y las malas comunicaciones de nuestro país recién independizado.
“En ese contexto, un pastelero francés de apellido Remontel sufrió las causas de la inseguridad cuando oficiales mexicanos causaron daños a su local y el Gobierno se negó a pagar la indemnización pedida por el hombre francés. El Ministro de Relaciones Exteriores, Luis G. Cuevas, afirmó que el Gobierno de la República no encontraba razón alguna para pagar indemnizaciones por pérdidas a consecuencia del movimiento armado. En ese momento, la nación francesa se sintió ofendida a grado tal que el 6 de febrero de 1838 envió hombres a la costa de Veracruz estableciendo un ultimátum para pagar los daños ocasionados a sus connacionales. El Gobierno Mexicano hizo caso omiso, lo que los franceses tomaron como señal de guerra y abrieron fuego contra la fortaleza de San Juan de Ulúa, el 27 de noviembre de 1838. Todo diciembre se libraron combates intensos entre las tropas mexicanas y las francesas, en uno de ellos el General Antonio López de Santa Anna perdió una pierna.
“Finalmente, un día como hoy de 1839, el Gobierno de la República y la nación francesa firmaron un tratado de paz mediante el cual los franceses devolvían San Juan de Ulúa y México se comprometía a pagar la indemnización por 600 mil pesos.” 9 de marzo. Finaliza la Guerra de los Pasteles. sep.gob.mx/es/sep1/9_de_marzo Consultado el 10 de agosto del 2015.
[2] Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine (Viena, 6 de julio de 1832 - Santiago de Querétaro, 19 de junio de 1867), segundo Emperador de México y único monarca del denominado Segundo Imperio Mexicano. Por nacimiento, ostentó la dignidad de Archiduque de Austria, debido a su filiación con la poderosa Casa de Habsburgo. Fue el hermano más próximo del Emperador Francisco José de Austria-Hungría, y consorte de la princesa Carlota Amalia de Bélgica, hija del rey Leopoldo I de Bélgica (primero de la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha).
[3] Es curioso. Cuando a los poderosos les “viene bien” no importa socavar el prestigio, la “honra” de una testa coronada. El fin justifica los medios y el dicterio deja de serlo en la suma y resta de los beneficios para llegar con visos de verdad necesaria o vergüenza irreparable según la voluble valía de los personajes en la historia.
[4] “En los 55 años que van de la consumación de la Independencia en 1821, a la primera vez que Porfirio Díaz asumió la presidencia en 1876, la historia política de México fue turbulenta. No sería una exageración decir que la nueva república sufrió una crisis casi permanente durante la mayor parte de este período. De hecho, considerando la magnitud de las tensiones internas y la amenaza externa que imponían las ambiciones coloniales y territoriales de los adversarios europeos (España y Francia) y de su vecino del norte, es un hecho sobresaliente que México sobreviviera como un Estado independiente.
                “La transición del Estado colonial a la Independencia y a la formación de la nación fue, de manera inevitable, prolongada y dolorosa. Las tensiones étnicas, culturales y regionales, así como  la fragmentación de la autoridad política central que acompañó el proceso de independencia (1808-1821), fueron algunos factores que impidieron el establecimiento de un Estado central fuerte. Después de 1821, la lucha por el poder entre la Ciudad de México y las provincias y los conflictos que surgieron del intento por extirpar el legado colonial (representado, sobre todo, por la Iglesia católica) dominaron la política de la primera mitad del siglo XIX.
                “Los inicios de la historia nacional de México estuvieron marcados por brotes de proclama y reforma constitucional, pronunciamientos militares y golpes de Estado, faccionalismo y guerra civil, y acentuado por guerras contra la invasión extranjera (de Estados Unidos en 1847-1848 y de Francia entre 1862 y 1867). La estabilidad política, medida por el cambio frecuente de gobierno y de ocupantes de la silla presidencial, fue la pérdida más obvia por este estado de turbulencia…” Paul Garner. Porfirio Díaz: entre el mito y la historia. Prólogo del autor, páginas 16 y 17.Ediciones Culturales Paidós, S. A. de C. V.; Crítica, 2015.
[5] José C. Valadés. Maximiliano y Carlota en México, página 226, Editorial Diana, S. A. 2ª. Impresión, marzo de 1977.
[6] Ídem, páginas 227 y 228.
[7] María del Carmen Reyna, Jean-Paul Krammer. Apuntes para la historia de la cerveza en México, página 94. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2012.
[8] Ídem. Página 73. Texto extraído de la página 70 correspondiente al Libro de los desastres de Fernando Benítez, citada por los autores y de ahí tomada la cita.
[9] Imperio de Maximiliano. Antecedentes. recursos.salonesvirtuales…bloques/2012/08/Imperio-de-Maximiliano.pdf Consultado el 29 de julio del 2015.
[10] Anexión y Restauración. dominicanaonline.org/Portal/espanol/cpo_anexion.asp. Consultado el 27 de julio del 2015.
[11] Carlos J. Sierra. Juárez en la voz y la palabra de Latinoamérica. Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Dirección General de Prensa, Memoria, Bibliotecas y Publicaciones. México, julio de 1972. Con un tiraje de 2000 ejemplares. Página 533. Batalla de Puebla. Publicado en La Nación, Montevideo, 2 de agosto de 1862. B. N. U.
[12] Carlos J. Sierra. Obra citada, página 448. Felicitación por el triunfo de Puebla(*), con llamada de atención para aclarar: (*) Documento enviado al Cónsul de México, señor Ugarte, por los ciudadanos peruanos miembros de la Sociedad Defensora de la Independencia Americana, y respuesta del diplomático. El Heraldo. México, 11 de septiembre de 1862. B. S. H.
[13] webpages.cegs.itesm.mx/servicios/hdem/Inter_2doimperio/impresion/max_mex.htm Consultado el 28 de julio del 2015.
[14] José C. Valadés. Obra citada, página 187.
[15] Carlos J. Sierra. Obra citada, página 498. El triunfo de la América en México. Artículo editorial publicado en El Comercio. Lima, 3 y 4 de julio de 1867. B. N. P.
[16] “Pero lo más trascendente fue que Maximiliano entró en pugna con el clero mexicano, que deseaba la marcha atrás de las Leyes de Reforma y la devolución íntegra de su propiedad raíz, que antes de esas leyes ascendía a una tercera parte del territorio nacional, diez mil iglesias y ciento cincuenta conventos. Demandaba también que se le devolviera el papel central que tenía en la vida cotidiana: el control de la educación, las obras de caridad y asistencia, la recreación mediante las misas y festividades religiosas; además de funciones lucrativas agrícolas, ganaderas y bancarias; todo bajo la protección del fuero eclesiástico y sin obligación alguna de cumplir las leyes civiles y pagar impuestos.” memoriapoliticademexico.org/Biografias Fernando Maximiliano José María de Habsburgo-Lorena. Doralicia Carmona: Memoria Política de México. Consultado el 28 de julio del 2015.
[17] Carlos J. Sierra. Obra citada página 492. El triunfo de la América en México. Artículo editorial publicado en El Comercio. Lima, 3 y 4 de julio de 1867. B. N. P.
[18] Perdido en 1859, tras la derrota austriaca en la sangrienta Batalla de Solferino. “La batalla de Solferino tuvo lugar el 24 de junio de 1859, en la localidad de Solferino. El ejército austríaco, al mando de Francisco José I, de unos 100.000 hombres fue derrotado por los ejércitos de Napoleón III de Francia y del Reino de Cerdeña, comandado por Víctor Manuel II, con una fuerza aproximada de 118 600 hombres. La batalla estuvo en el marco de la Unificación Italiana. Después de nueve horas de batalla, las tropas austríacas fueron forzadas a rendirse. Las bajas en el bando aliado fueron 2492, 12 512 heridos y 2922 capturados o desaparecidos. Más de 3000 soldados austríacos murieron, 10 807 fueron heridos y 8638 capturados o desaparecidos.
“Después de esta batalla, Henri Dunant, testigo de ésta y de la agonía y sufrimiento de los heridos en el campo de batalla, se sintió motivado para crear la Cruz Roja Internacional.” es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Solferino Consultado el 29 de julio del 2015.
[19] Padre del poeta romántico que llevara el mismo nombre. Éste, que fuera discípulo de Ignacio Ramírez y de Ignacio Manuel Altamirano, el amigo predilecto de Manuel Acuña, figuró entre los jóvenes poetas liberales. Juan de Dios Peza (1852-1910) es el autor de la entrañable “Reír llorando”, “Fusiles y muñecas” y la un tanto despreciada “Sin sobre”, entre sus múltiples creaciones que el juicio y la pésima declamatoria arrojan al terreno de lo cursi. Miembro numerario de la Academia Mexicana de la Lengua, ocupó la silla IX en mayo de 1908.
[20] Tomado del Boletín de las Leyes del Imperio Mexicano: Comprende las Leyes, Decretos y Reglamentos generales, números del 1 al 176, expedidos por el Emperador Maximiliano desde 1o. de julio hasta 31 de diciembre de 1865. Páginas 143 a 146 cdigital.dgb.uanl.mx Consultado el 28 de julio del 2015.
[21] callesdemonterrey.wordpress.com Consultado el 29 de julio del 2015.
[22] José C. Valadés. Obra citada, página 232.
[23] Carlos J. Sierra. Obra citada, página 602. Un grito de patriotismo. Publicado en El Porvenir, Caracas, 24, 27, y 30 de agosto de 1867. B. N. V.
[24] Carlos J. Sierra. Obra citada, página 596. El cesarismo y la democracia. Publicado en El Porvenir con firma de F. N, Caracas, 25 y 26 de julio de 1867. B. N. V.
[25] Carlos J. Sierra. Obra citada, páginas 627 y 628. Benito Juárez. Publicado en El Porvenir con firma de Gil Paz, Caracas, 24, 27 y 30 de julio de 1867. B. N. V.
[26] Carlos J. Sierra. Obra citada, página 532. El sentimiento americano. Publicado en La Nación, Montevideo, 5 de junio de 1862. B. N. U.
[27] Carlos J. Sierra. Obra citada, reproducción facsimilar insertada en la página 548.
[28] “…Que fue Colombia, a través de su Congreso y mediante ley del 2 de mayo de 1865, comunicada al señor Juárez por el Presidente Manuel Murillo Toro, la primera nación que declaró al prócer mexicano ‘Benemérito de las Américas’, en los momentos en que libraba heroica lucha por la independencia de su patria…” Carlos J. Sierra. Obra citada, página 211. Decreto número 068… Documento proporcionado al autor por cortesía del señor Enrique Tello Macías, funcionario de la Embajada de México en Bogotá, Colombia.


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