domingo, 1 de abril de 2018

25º. Obispo en Valladolid, Michoacán.




25º. Obispo en Valladolid, Michoacán.
Víctor Manuel López Wario

ANTECEDENTES
Pulsa en la Historia "el jardín de Nueva España", la antigua Valladolid, fundada el 18 de mayo de 1541 por Juan de Alvarado —el viejo—, Juan de Villaseñor y Luis de León Romano, por disposición del primer virrey de la Nueva España (1535 a 1550) don Antonio de Mendoza y Pacheco (segundo del Perú, de 1551 a 1552). Asentada en una loma plana al norponiente del Valle de Guayangareo (en tarasco, "loma larga y aplanada") abastecida por sus dos ríos (el "Río Grande" con origen en el municipio de Pátzcuaro para desembocar en el Lago de Cuitzeo y el "Río Chiquito" —principal afluente del anterior—, surge en los montes de la Lobera y la Lechuguilla para unirse en su recorrido con los arroyos la Cuadrilla, Agua Escondida, el Salitre, el Peral, Bello y el Carindapaz) que en el pasado abastecían un asentamiento enmedio de los cerros y entre los cuales, al suroriente, quedaban unos manantiales. La "Nueva Ciudad de Mechuacan", así denominada por los españoles avecindados en ella para asiento de los poderes Administrativos y religiosos, surge en oposición a la visión de don Vasco de Quiroga para mantener la titularidad en beneficio de la ciudad de Pátzcuaro.
                "Entre 1548 y 1550 se construyó la sede del cabildo civil y la del Corregidor, el templo y el convento de San Francisco, caminos y puentes, la carnicería, la cañería y un colegio de primeras letras y gramática para los hijos de los vecinos y de los indios principales de la comarca." [i]
                La tramitación realizada por el Obispo don Antonio Morales de Molina para el traslado del título de Catedral de Pátzcuaro a Guayangareo concluye en Roma en octubre de 1571 mediante la bula —Super universas—del Papa Pío V. Ya fallecido Vasco de Quiroga, queda "erigida" la "Ciudad de Guayangareo" hasta 1577 cuando Felipe II cambia el nombre y le otorga el de "Ciudad de Valladolid". Las diversas crónicas visitadas coinciden en que a aquella Ciudad de Valladolid la constituían 220 casas "y en los arrabales en contorno doce pueblos... rodeada de los barrios indígenas de San Pedro, San Miguel, Ichaqueo, Guayangareo, Santa María, Itzicuaro, Santa Catalina, Chicacuaro, El Batán, Santiago, Santa Ana, El Carmen y San Juan de los mexicanos." [ii]
                Aquí conviene contrastar la antes asentado con el aporte de Rodrigo Martínez Baracs en su Mechuacan, Guayangareo, Valladolid: los orígenes de "Morelia" en la cual expone el interesante contribución de Carlos Herrejón Peredo: "... en 1541 el virrey Mendoza fundó, en el valle de Guayangareo, una ciudad titulada ciudad de Mechuacan —como decide llamarla Herrejón, por claridad— pues Tzintzuntzan había ostentado y Pátzcuaro seguía ostentando o queriendo ostentar en nombre de Ciudad de Mechuacan. A partir de 1555, gracias a las gestiones en España del obispo Vasco de Quiroga, defensor de Pátzcuaro, la Nueva Ciudad de Mechuacan fue rebajada a pueblo de Guayangareo. En 1565 murió Quiroga y el nuevo obispo obtuvo una Bula del 28 de octubre de 1571 que mandó el traslado de la sede del obispado de Pátzcuaro a Guayangareo, que así recuperó el título de ciudad, ahora Ciudad de Guayangareo. En 1576 se trasladó el cabildo secular español de la Ciudad de Mechuacan en Pátzcuaro a la de Guayangareo. Y sólo a fines de 1577 o comienzos de 1578, precisa Herrejón (lo hizo desde su estudio sobre El Colegio de San Miguel de Guayangareo, publicado en 1989), la ciudad de Guayangareo recibió el nombre de Valladolid, cuando se trasladaba allí la sede del obispado y la capital civil de la provincia de Michoacán (1578-1580)."
                En la página 123 del documento referido queda: "Respecto al origen del nombre de Valladolid, Herrejón desestima las supuestas etimologías del Valle de Olid o Villa de Olid (derivado supuestamente en referencia al nombre del conquistador español Cristóbal de Olid), y destaca en primer lugar que este nombre español, en el lugar del nahua Mechuacan y del tarasco Guayangareo, 'resumía la historia de treinta y siete años transcurridos desde la fundación de lo que siempre había querido ser: asiento de pobladores españoles". Los vecinos de Guayangareo ya no querían seguir teniendo un nombre tarasco, ni un nombre nahua, como Mechuacan, que además seguía siendo ostentado por Pátzcuaro. Querían un nombre plenamente español. Valladolid era una ciudad de gran importancia en España, frecuente asiento de la corte y sede de una Chancillería y una Universidad, por lo que su nombre era adecuado para marcar la jerarquía de la Valladolid michoacana por encima de las recién fundadas villas españolas de Celaya, Zamora y León. Otro motivo inmediato para seleccionar el nombre de Valladolid, según Herrejón, pudo ser que allí nació en 1527 el rey Felipe II."
                Por otra parte, difiere en cuanto al significado del nombre propio trasladado a la lengua hispana, Guayangareo: "Entre otros datos nuevos, Carlos Herrejón, después de rechazar las etimologías de Guayangareo que se han propuesto —'loma chata', 'rinconada' y 'lugar de aguas termales'—, registra y acepta la etimología recientemente propuesta por Moisés Franco Mendoza, del Colegio de Michoacán, de 'loma con hundimiento en la ladera', pues explica Herrejón, '[a] los asentamientos prehispánicos de las faldas de la loma de Santa María convienen a ese significado'." [iii]
Fray Miguel.
La página escritorescantabros.com le da por nombre de bautismo el de Alejandro Gabino Antonio Iglesias de la Cagiga al nacido en Revilla de Camargo, Santander, España, el 19 de febrero de 1726 (aunque otras fuentes asientan el 27 de agosto de 1724). En plena juventud ingresa al monasterio de Santa Catalina de Monte Corbán de la Orden de San Jerónimo en donde realizó sus estudios y juró sus votos monásticos. Impartió en los colegios de Ávila, Sigüenza y Salamanca. Según la página aludida, en 1768 recibió el nombramiento de General de la Orden, posteriormente el de Visitador General de las Dos Castillas y durante 1776 —a propuesta del rey Carlos III— el título de Obispo de Comayagua (el decimoséptimo en el orden, antecedido por don Francisco José de Palencia y sucedido por don José Antonio de Isabela, en la hoy ciudad de Tegucigalpa, Honduras) en la Capitanía General de Guatemala. Recién llegado a ella —en 1777—, enfrentó la terrible hambruna, el brote de la viruela y el terremoto que destruyera gran parte de la capital, Guatemala, en el año de 1780. Ocupó este Ministerio hasta 1783 al encomendársele la diócesis de Valladolid de Michoacán, México, en donde continuó el ministerio de don Juan Ignacio de la Rocha. Tomó residencia de la mitra el 25 de junio de 1784 hasta su muerte el 18 de junio de 1804 en la misma ciudad, sucediéndole don Marcos de Moriana y Zafrilla y a éste, el asturiano don Manuel Abad y Queypo (Queipo).
                "El problema social de Nueva España, tal como lo planteaban los finales del siglo XVIII, va a ser vivido y captado, no por los criollos, sino por  dos  españoles. Uno de ellos, el obispo D. Fray Antonio de San Miguel, aporta a la solución del problema su intuitiva caridad, al verificar directamente la miseria de las clases bajas y al derramar, para suavizarla, los caudales de la Iglesia y su patrimonio personal. Si su ilustre  antecesor, el primer obispo de Michoacán D. Vasco de Quiroga, defendió a la todavía entonces lozana estirpe tarasca, Fray Antonio se impuso la tarea de descender hasta su degradación." [iv]
 Recién iniciada su gestión, fray Antonio de San Miguel enfrentó las graves consecuencias de la sequía durante el año de 1785, crisis conocida como la de "el hambre gorda": pérdida de las cosechas, migración, mortandad del ganado, el consabido acaparamiento y alza de los precios de los productos imprescindibles para el sustento en la población de escasos recursos y una epidemia de viruela. ("... El hambre, debida sobre todo a fenómenos naturales que arruinaban a las cosechas. Para ver la importancia de este factor basta recordar que en una de estas ocasiones, en 1784, murieron 300 000 personas —cifra difícilmente comprobable derivada de Ensayo político sobre el reino de la Nueva España. Alexandre von Humboldt —." [v]
"Acerca de la ilustración en España y Nueva España, Labastida (2002) asegura que los borbones propiciaron 'la renovación de la economía, la política, las ideas y las  instituciones  de  España  y  sus  posesiones'  [...] pero sin confrontar los intereses de la Iglesia. Si bien en ambas regiones los intelectuales 'ilustrados' buscaban orientar la renovación hacia la modernización, en la Nueva España el esfuerzo renovador se ajustó a los límites teóricos de la filosofía escolástica; es decir, no rebasó 'jamás las fronteras ideológicas de la ortodoxia religiosa' [...]. Esto explica por qué la Iglesia, especialmente el clero del Obispado de Michoacán, apoyó al virrey [Bernardo de Gálvez] y desempeñó un papel importante en el impulso de la agricultura de riego y semirriego y en la aplicación de medidas sociales contra la pobreza y el hambre. Desde el punto de vista de Talavera (2015), en el año del 'hambre' el alto clero pasó de la discusión académica  en  torno  a  la  ilustración  a  la  'aplicación  práctica  en  la  solución  de  los problemas sociales y económicos' [...] En el Obispado de Michoacán donde había una gran variedad de frutas, hierbas y cereales, algunas familias y párrocos en el campo y las ciudades pusieron en práctica diversas recetas para afrontar la escasez de maíz. El obispo Fray Antonio de San Miguel ordenó a los curas elaborar tortillas con olote y maíz para que los pobres no padecieran hambre [...]." Acorde con los dictados y medidas establecidas por el virrey a fin de palear la tragedia derivada a los diversos fenómenos naturales conjuntados en el país: carencia de lluvias, exceso de lluvias, nevadas, sequía, peste y los derivados del ejercicio humano: acaparamiento, encarecimiento, resistencia para acatar las ordenes virreinales la consiguiente migración, aumento de menesterosos "pordioseros, vagos, malentretenidos y holgazanes, abusivos, jugadores, viciosos y el acrecentamiento de la delincuencia." Igual que en la Ciudad de México, en Michoacán el Arzobispado de Valladolid dio empleo a este grupo de población en la construcción de un acueducto, en la reconstrucción de un templo y de varias calzadas y otras obras menores. Fray Antonio de San Miguel donó 40 000 pesos para instalar una fábrica de hilados..." [vi]
Para comprender el terrible dilema en las mentes esclarecidas de la época, cabe señalar aunque sea de manera burda que, la Escolástica, tema sumamente complejo que aún en nuestros días jalona las conciencias casi siempre bamboleante entre dos de sus manifestaciones o etapas, es un movimiento filosófico y teológico basado en el pensamiento especulativo de Aristóteles que en el transcurso de la historia la definen tres etapas básicas: en la primera (escolástica temprana, del siglo IX al XII) la fe en Dios predomina sobre la razón; en la segunda etapa (alta escolástica, predominantemente en el transcurso del siglo XIII) la fe y la razón —entendidos ya como dos elementos constitutivos— están ligadas por la sagrada verdad regida por Dios;  en la tercera etapa (baja escolástica, durante el siglo XIV), la fe y la razón quedan separadas con sus altibajos en dos apartados independientes: la Historia de la Teología y la Historia de la Filosofía.
                "El estado en el cual  fray Antonio de San Miguel encontró al Seminario Tridentino no era absolutamente para regocijarse; pocas semanas antes del ingreso del prelado a Valladolid de Michoacán, don Manuel Ruiz de Chávez había renunciado a la cátedra de filosofía, y en el texto de renuncia establecía que uno de los motivos que lo llevaban a tomar tal determinación lo era el que por espacio de casi tres años, que llevaba sirviendo en aquel plantel no había percibido sueldo alguno." [vii]
                "La causa principal del abatimiento del Seminario era, a juicio de los señores Ríos y Moche, el desmesurado y poco práctico aumento de planteles de enseñanza; en tanto que otras diócesis sólo contaban con una casa de estudios en la capital, la de Michoacán tenía nueve en total, 'a más de los de moral y ritos y gramática que hay en los colegios Clerical e Instrucción y de Infantes en esta capital' (y aun planteles como Querétaro y Guadalajara se llevaban alumnos michoacanos). Además del Colegio de San Nicolás y del Seminario de Valladolid, funcionaban colegios en San Luís Potosí, Guanajuato, Irapuato, Pátzcuaro y Zamora; a los que se sumaban Celaya y San Miguel el Grande. 'Ninguna de dichas casas nuevas florece —dicen los informante—, ni hay prudente esperanza de que florezcan'." [viii]
                "Tenemos, pues, que la crisis económica del Seminario Tridentino estaba generando crisis académica. Como principal protector del plantel conciliar, fray Antonio de San Miguel se dio, desde un principio, a la tarea de mejorar tal estado de cosas, para lo cual no omitió recurso alguno.
"... A partir del mes de junio de 1785, o sea dos meses después de la publicación de la Instrucción Pastoral, empezaron a llegar a la tesorería del Seminario Tridentino las pensiones de algunos curas que tenían hasta doce años de retraso en sus pagos al plantel educativo. Según informó don Nicolás de Alfaro y Mesa, tesorero de aquel, durante el año de 1785 se ingresaron a las arcas de la institución conciliar veintiochomil setecientos sesenta pesos, un real y tres granos, producto de lo aportado por los curatos, las cofradías y los hospitales del obispado, así como por los colegiales pensionistas... La Instrucción Pastoral, si bien produjo algunos buenos efectos en el gobierno económico y espiritual de la diócesis, irritó a algunos enemigos de la reforma pretendida por fray Antonio de San Miguel. A través de una 'contrapastoral' se manifestaron en contra del 'rigorismo' contenido en ella y del 'gobierno tirano' que resultaría con su aplicación. Como el déan había sido prácticamente coautor del documento, se concluyó con que 'si el prelado continúa consultando al doctor [José Pérez] Calama, somos perdidos'. El cabecilla de aquellos opositores era... el doctor Vicente Antonio de los Ríos." [ix]
Es durante este difícil año de 1785 que el recién llegado obispo [fray Antonio] envía un escrito al Ayuntamiento para financiar las obras correspondientes para la reconstrucción y ampliación de un acueducto así como la recuperación y mejoras de las calles principales a fin de procurar trabajo a los pobladores, erradicar la ociosidad, los delitos, el vagabundeo y la pesada carga de limosneros en las calles, a la vez de dotar a la ciudad de los beneficios derivados de tales obras.
Hombre práctico enfundado en su hábito y ministerio, en el “Memorial" —cuyo extracto tomamos de "Hacia una iglesia beligerante..."— queda, para asombrar nuestra realidad, el punto 44 donde señala que "...para sacar al pueblo americano del miserable  abatimiento en que se halla, y conducirle a la felicidad que siempre le ha deseado, son necesarias las leyes siguientes:
"1).- Una ley que establezca la igualdad civil absoluta de la clase de indios con la clase de españoles...
"2).- Una ley que restituya las castas descendientes de negros, mulatos, indios, españoles, que padecen nota de infamia de Hecho y Derecho...
"3).- Una ley para dividir las tierras de las comunidades de indios en dominio y prosperidad entre ellos mismos...
"4).- División gratuita de las tierras realengas (ociosas, que no pertenecen a alguien en específico, en su mayoría al quedar sometidas a la autoridad directa del rey o de la reina) entre indios, castas y españoles pobres...
"5).- Una ley agraria que conceda al pueblo una equivalencia de la propiedad que le falta, permitiendo abrir tierras incultas...".
"El obispo fray Antonio de San Miguel era un hombre de ideas avanzadas; sus opiniones respecto a los problemas sociales de la Nueva España le colocaron en el grupo de españoles amantes del progreso, que realmente buscaban el mejoramiento de las colonias y el engrandecimiento de su patria, o tal vez porque ya consideraban a esta tierra americana como su verdadera patria... Poco después de su llegada a Valladolid [recién restablecida su salud y de la fractura de una pierna en su trajinar en su anterior ministerio de Comayagua] una prolongada sequía provocó carencias tan graves que el año de 1786 fue conocido como el Año del Hambre. El obispo y su cuerpo eclesiástico actuaron de acuerdo con las circunstancias, y entre las medidas que tomaron se contó la realización de obras de servicio público, pues la falta de dinero por la pérdida de cosechas había ocasionado el desempleo, y eran los desocupados un problema social de grandes proporciones. El obispo ordenó la reconstrucción del acueducto que abastecía la ciudad, y de la calzada que comunicaba la Calle Real con el santuario de Guadalupe, además del arreglo de calles, puentes y calzadas en algunas ciudades del obispado, con un costo global de $ 288.000.00. Entre las preocupaciones del prelado estuvo el Colegio de San Nicolás, al que se hicieron mejoras materiales por valor de mil pesos." [x]
"Los estudios del 'Gran Hambre' en Michoacán han destacado las iniciativas del obispo fray Antonio de San Miguel y el deán José Pérez Calama, por aminorar los efectos sociales de la crisis, aplicando ideas ilustradas mediante políticas económicas en todo el obispado y en particular en su ciudad sede: Valladolid —insistimos, en armonía con las medidas practicadas en toda la Nueva España por recomendación del virrey Bernardo de Gálvez—. El dinero de la Iglesia se empleó para comprar maíz y tener abasto suficiente de grano, para promover siembras del cereal de riego, así como para efectuar obras públicas en la capital, con lo cual se daría empleo a los menesterosos, quienes tendrían ingresos y podrían comprar alimentos. Las medidas no partieron únicamente de los prelados de la Iglesia, el cabildo vallisoletano fue muy importante en la contención de los problemas por la falta de maíz. La consulta de las actas de esta institución, muestra que sus integrantes adoptaron medidas preventivas desde fines del año 1784, que permitieron campear la carencia en 1785, al año siguiente recibieron un apoyo económico fundamental de la Iglesia para evitar problemas y consecuencias en la población. El pensamiento ilustrado se hizo presente en estas acciones, de la mano de Pérez Calama y de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, que incluía a miembros de los cabildos catedralicio y del ayuntamiento." [xi]
En su momento y circunstancias fray Antonio de San Miguel impulsó el desarrollo agrícola a través de novedosos métodos de labranza y fertilización, para la consecución de su obra contó con la ayuda de don José Pérez Calama y de don Manuel Abad y Queipo, labor empañada por la contrariedad a sus esfuerzos ante las medidas adoptadas por Carlos IV para debilitar el fuero eclesiástico y otros privilegios: el regalismo borbónico. En ésta medida y otras surgidas en el transcurso del tiempo, desarraigadas de la realidad, inmoderadas y acomodaticias del conjunto de los hechos históricos, yace lo nulamente calificado por "espontáneo" de la inconformidad manifiesta pocos años después de manera violenta que fue, en realidad, un cúmulo de limitaciones impuestas desde la distante corona, su insensibilidad y agravios enconados de generación en generación.
En "Consideraciones sobre la población de la Nueva España (1793-1810) según [Alexandre von] Humboldt y [Fernando] Navarro y Noriega" de Victoria Lerner, página 328 (La población de la Nueva España) historiamexicana.colmex.mx  en el cuadro IV, considerada la población indígena, de europeos, criollos, africanos y mestizos, los estimados, sumamente variados entre ellos dan: indígenas: 3'676,281; europeos: 15,000; criollos: 1'092,367; africanos: 10,000; mestizos: 6'122,354, lo cual da un total de 6'122,354 habitantes en el espacio para el año de 1810.
El Regalismo.
Para un intento de comprensión en las fluctuaciones teóricas e ideológicas con su aplicación a rajatabla e inserciones matizadas, interpretaciones fallidas, parciales y ajustadas a los intereses de cada grupo e individuo según afectara o beneficiara sus metas propias y sus efectos poco destacados en los estudios para la comprensión de la realidad durante los años previos al movimiento por la Independencia en México, queden para apoyo los párrafos tomados de hispanidad.info: [xii]
                "El regalismo. Es la política de control del gobierno del rey o del Estado sobre la Iglesia, imponiéndole las regalías o supuestos derechos absolutos del rey o del estado a mandar en la Iglesia como en todos los demás asuntos y personas de sus dominios. Nace de las ideas cesaristas de la Baja Edad Media que cristalizan en las monarquías autoritarias del renacimiento y desembocan en las monarquías absolutas, y, sobre todo, en el despotismo ilustrado del XVIII y, después, de la revolución liberal, en la prepotencia del Estado contemporáneo, que se basa en la doctrina del Pueblo Soberano, aún más absoluto supuestamente también.
                "Una cosa es que el rey reciba como privilegio o concesión del Papa algunas competencias sobre asuntos o nombramientos eclesiásticos, como en el XVI y XVII, y otra, la afirmación de los regalistas ilustrados de que esas atribuciones son un derecho del rey, son una regalía.
                "Regalismo inicial. En España, durante la época de los Reyes Católicos y los Austrias, se implanta por concesión y privilegio recibido del Papa, la Inquisición bajo control gubernativo y el Patronato (control y organización) de la Corona sobre la Iglesia de Granada y la de las Indias, y la presentación (designación) de sus obispos; y en 1523, sobre todos los obispados de España.
                "Regalismo borbónico absolutista. Durante la primera mitad del XVIII, bajo los primeros Borbones, que pasan de la monarquía autoritaria a la monarquía absoluta, se intensifica el regalismo hasta llegar al Patronato Universal, casi, sobre todos sus dominios, obtenido de la Santa Sede en el Concordato de 1753, en el que el Papa se reserva la designación de unos pocos de los miles de cargos eclesiásticos. Esta reserva papal es para dejar constancia de que el Patronato lo tiene el rey por privilegio o concesión, no en virtud de las regalías, no como si el rey tuviese derecho de mandar en la Iglesia.
                "Regalismo ilustrado. Desde 1754, la superposición de la Ilustración al absolutismo, no sólo intensifica el regalismo, sino que el control sobre la Iglesia tendrá ahora como objetivo disminuir la impregnación católica de la sociedad hasta eliminarla. Este nuevo regalismo ilustrado consigue que Carlos III decrete la expulsión de España de los jesuitas en 1767 y que presione al Papa para que suprima la orden de la Compañía de Jesús, hasta conseguirlo en 1773.
                "Los jesuitas se habían creado muchos enemigos entre las demás órdenes religiosas y entre el clero secular, por su prepotencia contra el resto del clero, mientras ejercieron su influencia en la Corte borbónica hasta su caída en desgracia en 1754. Después experimentaron la dureza del regalismo que habían apoyado mientras les duró la influencia. Pero ahora imperaba el regalismo ilustrado enemigo de la Iglesia y de la religiosidad popular. El plan de los ilustrados (Campomanes, Roda, Aranda y Floridablanca, entre otros) era expulsar a todas las órdenes religiosas, cuyo malestar habían utilizado, como el de los obispos, contra la Compañía de Jesús.
                "Desde 1768 se implanta el Regium exequatur, censura previa por el Consejo de Castilla de los escritos del Papa y de sus subordinados a los católicos españoles para juzgar si contenían algo contrario a las decisiones de la Corona y prohibición de su entrada sin autorización del rey de España en sus dominios. El Estado liberal del XIX sigue utilizando esta prohibición para impedir la entrada de la bula que contiene la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María (1854) y la del Syllabus (1864) que notifica a los fieles católicos las doctrinas que son incompatibles con su fe." Una relación y una materialidad nada tersa que repercutió en el espacio de Nueva España.
                Por demás está asentar el apenas vislumbrado tema del jansenismo en la realidad de los pueblos sujetos a la corona española durante la época. Este movimiento surgido dentro de la misma iglesia católica toma su nombre del teólogo y Obispo de Yprés, el holandés Cornelius Janssens (1585-1638). De los postulados en el Augustinus (la libertad y la gracia divina a la manera de Agustín de Hipona), surgen tres ramas en el movimiento: el jansenismo teológico (con sede en el monasterio de Saint-Cyran, en Francia, destruido en el año de 1711 [¿o 1710?] por orden de Louis XIV y del papa Clemente XI), el jansenismo moral-espiritual y, quizás el de mayor fuerza y desarrollo en las sociedades, el jansenismo político-antijesuítico-galicanista. Los jansenistas, finalmente, en respuesta a su postura, reciben declaratoria de heréticos en el año de 1653 y de ahí, todo postulado que posea un ligero matiz de jansenismo, adquirirá tal desprestigio y castigo.
                El jansenismo nace de una regresión a los postulados originales en el catolicismo degradado y encuentra raíz y soporte en los textos de San Agustín. Para sus opositores no es otra cosa más que una degenerada interpretación de los textos del santo de Hipona. En la práctica, los jansenistas que contara en sus filas a personajes trascendentales en la historia (Racine, Pascal, Arnaud...) de suma importancia en su reflejo en la América hispana, sus querellas con el papado y la corona francesa con Alejandro VII y después con Clemente XI, Louis XIV con su infaltable cardenal (Jules) Mazarino, mantenían una férrea disputa en contra de los jesuitas incrustados en el poder en búsqueda de la destrucción de los unos y de los otros. Así, resulta desconcertante —para nuestra "racionalidad" de los siglos XX y XXI— que un movimiento iniciado en el terreno de lo espiritual con posiciones extremas en cuanto a si queda libre el individuo para adquirir la gracia divina por sí mismo o está predestinado a recibirla o no, con su adecuación a las circunstancias, terminara en un movimiento de orden político en el cual caben acusaciones de "jansenistas" en los propios jesuitas y a la vez en contra de todo movimiento popular que recibe también el epíteto de "afrancesado", lo cual, para la época, era prácticamente preámbulo para la excomunión y separación de entre los seres racionales.
                En esta lucha de postulados en la religión católica entre jansenistas y jesuitas destaca el aporte satírico de Blaise Pascal —todo un personaje en las ciencias con anticipaciones que exigen amplio espacio para su comprensión— quien en sus Lettres provinciales (Lettres provinciales, ou Lettres de Louis de Montalte à un provincial de ses amis el aux R.R.P.P. Jésuites sur la morale et la politique de ces pères. Cartas provincianas, o cartas de L. de M. a un provinciano amigo así como a los RR. PP. jesuitas sobre la moral y la política), ataque directo a la teología "amistosa y práctica" pero "tendenciosa, oportunista y —muchas veces— capciosa". El éxito de estas cartas publicadas en formato de libro fue tal que ingresaron en el Índice y quemadas por el verdugo en el año de 1660, señaladas como el principio del fin de la omnipotencia jesuita.
                Con Blaise Pascal, en quien queda bien el término de polímata por sus estudios, intereses y aportaciones en el terreno de las matemáticas, la física, la filosofía y la literatura a más de sus aportes a la "nueva" teología, la noción jansenista de la "Gracia" afirma en síntesis que "Aquel que nos creó sin nuestro concurso, no puede salvarnos sin nuestra participación." Hasta el momento, aún sin conocer el origen, la pugna entre los bandos, entre ridiculizaciones y descréditos, resulta incomprensible a menos de partir de la idea fundamental —si es posible aislarla del conjunto de factores intelectuales y materiales en su momento— de la separación entre el Estado y la Iglesia: la descarnada lucha de y por los poderes terrenos.

LOS ACUEDUCTOS DE MORELIA
La estructura hidráulica a la que conocemos con el nombre de "Acueducto de Morelia" es en realidad un conjunto de cuatro estructuras construidas en el transcurso de su historia.
PRIMER ACUEDUCTO
El primer conjunto acuífero edificado en beneficio de los habitantes de la plaza data del 1549, era una estructura elaborada en madera y tejamanil, compuesta por “canoas” —troncos tallados en su centro— por las cuales conducían el agua. Este sistema de acueducto con base a canoas, utilizado ampliamente en la época colonial española remedió parcialmente la demanda en algunas otras poblaciones michoacanas.
SEGUNDO ACUEDUCTO
A finales del siglo XVI a la estructura del acueducto con base en "canoas" la sustituyeron con una  más elaborada en cal y canto, no obstante, conservar aún partes del antiguo sistema. Durante el siglo XVII el acueducto recibió algunas reparaciones.
TERCER ACUEDUCTO
El reemplazo en piedra de cantera en parte del acueducto data del año de 1705 a iniciativa del decimosexto Obispo de Michoacán, don Manuel Escalante Colombres y Mendoza (periodo 1704-1708) con una nueva sección realizada de 1728 a 1730.


Acueducto de Valladolid, Michoacán. Imagen antigua.

CUARTO ACUEDUCTO
En 1784 parte de la construcción colapsó y dejó a la antigua Valladolid sin el suministro de agua potable.  Para mayor desgracia coincidió con la falta de lluvias, factores aunados que provocaron una larga sequía en el campo, originó la escasez de granos, el acaparamiento de los alimentos en la ciudad, generó un grave desempleo entre los campesinos, carencia del circulante, enfermedades, desnutrición, migración, inmigración... etcétera, elementos conjuntados para gestar una grave crisis económica.
En esa época la administración pública era corresponsabilidad de la Iglesia y del Estado, por lo que el entonces Vigesimoquinto Obispo de Michoacán fray Francisco Antonio de San Miguel Iglesia Cajiga (o Cagiga), tuvo la idea de resolver los problemas de la ciudad con la construcción de un nuevo acueducto, que es el que hoy vemos. Resolvió con esta obra de infraestructura hidráulica la falta de agua potable y a la vez generó empleos en favor de los desamparados en las comunidades afectadas.
Los trabajos de reconstrucción, agregado de contrafuertes y ampliación del acueducto quedaron a la responsabilidad del maestro Diego Durán. Para la construcción de la parte nueva la cantera provino de la loma de Santa María. En su época de funcionamiento el acueducto contó con 253 arcos de diversos tamaños, obra iniciada en 1785 y concluida en 1789.
Al recorrer los nombres y procedencias de los maestros arquitectos cuyos trabajos dan la fisonomía de Valladolid de Michoacán en la época, Moisés Guzmán Pérez deja algunos datos curiosos: "Lo que merece especial atención es la presencia activa de alarifes y maestros de arquitectura pertenecientes a los estratos sociales más bajos de la comunidad... Diego Durán, maestro de arquitectura, mulato, participó en la reparación y construcción de varios edificios públicos y religiosos como el acueducto, el Real Hospital de Señor San José, el mesón de San Juan de Dios, el Provisorato y en algunas casas y accesorias ubicadas en la calle real..." [xiii]
A lo largo del siglo XIX el acueducto fue motivo de admiración por parte de ilustres viajeros llegados a la ciudad a conocerlo y quienes divulgaron sus impresiones en cartas y libros. Una pintura de finales del siglo XIX elaborada por el artista local Mariano de Jesús Torres (apodado "el pingo Torres") muestra el buen estado del acueducto en su cruce sobre la ahora Calzada de Guadalupe, donde se observa el entorno un tanto despoblado al ser el límite de la entonces ciudad, y al fondo, junto a la plazuela de Villalongín, el sitio donde concluye el acueducto.

Mariano de Jesús Torres. Calzada de Guadalupe, Acueducto y Capilla de las Ánimas. mediateca.inah.gob.mx
"Considerado como el mejor conservado de todos los acueductos del país, está formado de cantera rosa, cuenta con 253 arcos, mil 810 metros de largo y una altura máxima de 9.24 metros. Posee dos cajas de agua; una a su inicio, a la altura de la Unidad Deportiva y la otra a aproximadamente 700 metros de la primera.
"En su apogeo conducía el agua desde los manantiales situados al sureste de la ciudad aprovechando la inclinación de los cerros, mantenía una  pendiente de dos centímetros por cada diez  metros, y de esa manera sobrellevaba las diferentes altitudes del relieve para transportar el líquido mediante la gravedad hasta su destino." [xiv]
El sistema del acueducto estuvo en función hasta 1910. Posteriormente y ya en desuso al ahora monumento a salvó de la demolición lo dotaron con pavimentación en sus laterales para constituirlas como avenida. A lo largo del siglo XX el acueducto sufrió daños menores, en sus muros colocaban publicidad, incluso carteleras espectaculares; algunos arcos pequeños, los correspondientes al área donde inicia así como las bases de otros desaparecieron con el cambio del nivel del suelo por pavimentaciones.
Sometido a una restauración integral en 1997 y con el añadido de su iluminación escénica, el acueducto es un importante atractivo turístico para significar eficazmente a la ciudad de Morelia.
El acueducto en la leyenda.
“Existe entre la gente otra historia misteriosa acerca del Acueducto. Dicen que el Obispo de Michoacán Fray Antonio de San Miguel, pidió una limosna a los españoles que vivían en Valladolid.  Estos vecinos acaudalados y avaros, se pusieron de acuerdo para no dar esa limosna al Obispo. Pero a la vez, querían quedar bien con él. Se reunieron y le dijeron que tenían su oro en la Caja del Tesoro de la ciudad de México y que no podían sacarlo hasta dentro de un mes. Don Gonzalo del Roble le dijo al Obispo que si la obra se terminaba en Septiembre, el día veintinueve de Septiembre, día de San Miguel Arcángel, le darían la limosna que les pedía.
“Faltaban arcos por terminar y parecía imposible concluir tal obra en un mes. Prometieron, los españoles, pagar al obispo los gastos si para tal día estuvieran terminados.  Muy triste se quedó el Obispo, pensando que era imposible concluirlo para ese día. No obstante llamó a los albañiles y operarios para que se pusieran a trabajar. Y así lo hicieron con verdadero empeño.
“Cinco días faltaban para la fecha prevista y una gran desgracia aconteció. Los trabajadores se enfermaron de un extraño mal. Tuvieron que suspender sus trabajos.  Pero dicen, que a las doce de la noche, esa tristeza se convirtió en miedo, faltaban ocho arcos por terminar y era la víspera de San Miguel, por todo Valladolid, se escuchó un fuerte martilleo de cinceles, un trajín de animales de carga, andamios, ruidos, carros, idas y venidas por la ciudad... Ningún vecino se asomó a ver qué pasaba por miedo, la gente lo escuchó desde sus casas. Fue una larga y trabajada noche inolvidable. Nadie quería salir de sus recámaras.
“Pero alguien [¿?] llegó a Valladolid y vieron [vió] cómo el agua llegaba a la ciudad a través del Acueducto, los arcos estaban terminados, nadie lo podía explicar.
                “Aquellos hipócritas que habían negado su dinero, sacaron cuanto tenían en bolsas de oro y se lo llevaron al Obispo, temerosos de que Dios les castigara. Pero el Obispo, bueno y generoso, no lo necesitó porque el milagro se había obrado y el Obispo que tenía sus cajas fuertes vacías de dinero, al abrirlas [constató que] también estaban llenas.  Dios quiso favorecer ampliamente a la gente de este hermoso lugar de Morelia.” [xv]

El Colegio de San Nicolás.
Mediado el año de 1785 llega fray Antonio de San Miguel a su sede, la ciudad de Valladolid de Michoacán (Mario Moya Palencia en El zorro enjaulado. Miguel Ángel Porrúa, librero-editor, México, septiembre de 2002,  pone por testigo del hecho a don Miguel Hidalgo y Costilla). "El Colegio de San Nicolás se aprestó a saludar al señor obispo el 15 de julio, en dos actos mayores con asistencia del prelado en el mismo plantel; se hicieron en un día por 'la estrechez del tiempo y las ocupaciones crecidas de esa mitra'. Presidió ambos actos el Br. (Miguel) Hidalgo (y Costilla), colegial de oposición y catedrático de Prima de Teología, y arguyeron: por la mañana el Br. Antonio Tejeda, 'defendiendo los cinco tomos de las Prelecciones del padre Serry con todos los puntos de cronología, historia y crítica, que aun por incidencia toca el autor, haciendo ver que no hay antilogía alguna en toda su doctrina'. Por la tarde del mismo día, el Br. Juan Antonio de Salvador defendió 'cuatro volúmenes íntegros de la Historia Eclesiástica del padre Graveson'. Dice la Gaceta de México que Tejeda 'satisfizo plenamente las réplicas que le objetaron; concilió con claridad las antilogías que le propusieron, haciendo ver que sólo eran aparentes, y últimamente vindicó al autor de la infame calumnia de jansenista, con que algunos han querido denigrar sus obras'. Por su parte, Juan Antonio 'respondió con solidez los argumentos que le pusieron y según el orden con que le preguntaron y refirió con mucha expedición los puntos de la Historia del autor'. El obispo San Miguel quedó muy complacido y premió a Tejeda y a Salvador, otorgándoles las cátedras de Filosofía y Gramática, respectivamente." [xvi]
                "A pesar de las obras en el Colegio, que debieron ser importantes, dado su costo, diez años más tarde el edificio estaba en ruinas,  según el informe del rector del plantel, doctor Manuel Iturriaga, el 11 de enero de 1796. El doctor Iturriaga describe la situación del edificio de San Nicolás, 'el fatal y miserable estado en que se halla su fábrica material, amenazando ruina todos los techos de la vivienda que habito; ha sido necesario apuntalarla, y en el pasado tiempo de las aguas hubo noche en que no tuve lugar en que poner mi cama, por gotearse toda la vivienda; y lo mismo sucede en las de los colegiales, sin que basten composturas, que no sirven de otra cosa sino de que se aumenten las goteras. La Capilla y General es indecentísima; el Refectorio vierte agua; la Cocina y Oficinas interiores creo que no pueden durar un año sin venirse abajo; y en una palabra, el todo de la fábrica en el más lastimoso estado que pueda imaginarse'." [xvii]
                "El obispo San Miguel ante la aflictiva situación del plantel, dispuso que se aplicaran en su reparación $16.000.00 de la testamentaría del arcediano doctor Marcos Muñoz de Sanabria, más otros arbitrios hasta completar el costo de las reparaciones o sea $21,819.00 más medio real. Con esta cantidad, durante quince meses y bajo la supervisión del doctor Iturriaga, se trabajó 'techando de nuevo y levantando las paredes, y reforzando las de la antigua fábrica, y haciéndose de nuevo un patio con sus tres corredores altos y bajos, vivienda por tres vientos, con nueva Capilla, Refectorio, Cocina, Despensa y demás oficinas necesarias, y además de esto han quedado al Colegio para alquilar cuatro casas y once accesorias, unas hechas de nuevo y otras reedificadas'." [xviii]
                "La situación financiera del Colegio era de suma estrechez al finalizar el siglo XVIII. Las rentas eran muy pobres y no alcanzaban a cubrir ni los bajos sueldos de los catedráticos; por ejemplo, un maestro de Gramática ganaba cien pesos anuales; y el mismo rector Iturriaga se vio precisado en 1796 a renunciar a sus sueldos para poder cubrir los gastos del plantel; y aun así 'el mayor dolor que padece un Rector es verse necesitado a despedir a algunos jóvenes virtuosos y aplicados porque no tienen con qué pagar, como me ha sucedido muchas veces'." [xix]
                "De acuerdo con diversas fuentes históricas, apenas unos cuantos años antes del estallido de la revolución de Independencia la vida de José María Cleto (¿Teclo?) Morelos y Pavón transcurrían no sin pocos sobresaltos y carencias económicas en San Agustín  Carácuaro, adonde llegó el 1799 como cura interino. Esta condición cambió entre 1801 y 1802, cuando el obispo fray Antonio de San  Miguel lo nombró propietario, con lo cual el clérigo vallisoletano logró una cierta estabilidad desde su ordenación sacerdotal, en 1797." [xx]
                "Aunque don Juan Antonio Riaño, el primer intendente de Valladolid de Michoacán, fue sin duda un personaje comprometido con los proyectos de reformas urbanas y económico-fiscales de la época ilustrada, no logró introducir cambios en esos renglones debido a que la urbe se venía recuperando de la terrible crisis agrícola de 1786-1787, en la cual la iniciativa de algunos hombres de la Iglesia fueron las que principalmente evitaron un desastre de grandes magnitudes. Eso fue lo que encontró Morelos a su retorno: desde hacía cuatro años la ciudad había sido objeto de algunos cambios, cuando se inició un proceso de mejoras impulsadas por el obispo fray Antonio de San Miguel y la mayoría de los miembros del cabildo eclesiástico, mediante las cuales se buscó dar empleo en obras públicas a miles de afectados por la crisis agrícola.
                "Así, las calles del centro, la mayoría de las cuales eran de terracería y generaban una multitud de incomodidades sobre todo en época de lluvias, habían sido empedradas. También estaba por concluirse un gran acueducto de cantera, obra monumental compuesta por varias docenas de arcos y que llamaba la atención de cuantos la observaban, con lo que ahora quedaba asegurado el abasto de agua a la ciudad. Asimismo, las calzadas de Guadalupe y de los Urdiales habían sido totalmente remodeladas con baldosas y arboledas en sus contornos, además de largas bancas que las delimitaban. Por último, algunos puentes que daban acceso a la urbe por sus principales entradas habían sido reconstruidas, y el edificio del Colegio de San Nicolás había sido objeto de varias reparaciones." [xxi]
                "… entre 1786 y 1787, a consecuencia de la crisis agrícola experimentada en casi toda la Nueva España, Valladolid de Michoacán se vio invadida por miles de menesterosos que huían de los lugares más afectados por la peste y la hambruna, y a los cuales había que albergar en la ciudad.
                "Sin lugar a dudas, entre 1786 y 1794 Valladolid de Michoacán fue objeto de varios cambios urbanos, y en el plano académico asimismo se vivían nuevos tiempos en la capital michoacana: desde unos cinco años antes del regreso de Morelos, un personaje cercano al obispo fray Antonio de San Miguel, el doctor José Pérez Calama, había propuesto e impulsado transformaciones y mejoras en los estudios del Seminario Tridentino, las mismas que se adoptaron para el Colegio de San Nicolás por parte de Miguel Hidalgo, en su condición de catedrático de teología.
                "Aun con los efectos de la crisis agrícola de 1785 y 1786, en 1787 el propio Pérez Calama propuso formalizar una de las tertulias que se celebraban a diario en la ciudad, con lo que llevó las cosas más allá del simple recreo y pasatiempo para imprimirles un tinte literario. Con este objetivo propuso la lectura y discusión de temas sobre religión, historia y política." [xxii]
                "... el triunfo de la Revolución Francesa provocó entre las autoridades civiles y ecleciásticas del mundo hispánico una reacción de rechazo y censura contra sus protagonistas y sus consecuencias. Aunque no sabemos cómo actuaron Juan Antonio Riaño y Felipe Díaz de Ortega —intendentes de Michoacán— ante las noticias sobre el triunfo de los revolucionarios franceses y la decapitación del rey Luis XVI, conocemos que el obispo Antonio de San Miguel y su cabildo ecleciástico, apenas llegó la noticia sobre el inicio de la guerra entre la monarquía católica española y la Francia revolucionaria, emprendieron una campaña de misas, procesiones y rogativas, además de recaudar fondos para el antedicho conflicto militar. Asímismo, el obispo escribió, hizo copiar por centenares y puso en circulación una carta pastoral en la que hablaba de todos los males que acarreaba la Revolución Francesa... Y no sólo se tomaron las medidas anteriores, sino que el obispo hizo llevar a un grupo de padres misioneros a la capital michoacana  con el objetivo de que 'preparasen los corazones de los fieles'. Algo más que las guerras contra la Francia revolucionaria y la Inglaterra protestante preocupaban al obispo De San Miguel, y posiblemente era el hecho de que en esos tiempos había en la ciudad de Valladolid de Michoacán mucha curiosidad por cualquier tipo de novedades, incluyendo la lectura de obras prohibidas por la Inquisición. Con ese fin, varias personas habían aprendido algunos rudimentos del idioma francés, según lo denunciaba un comisario de la Inquisición el 28 de septiembre de 1790: 'He notado que en esta ciudad hay muchos sujetos de estos que pecan de curiosos y entienden el idioma francés, los cuales tienen copia de las obras  modernas que a cada paso salen a la luz'." [xxiii]
                "En aquellos años del Morelos estudiante, algunos familiares del obispo Fray Antonio de San Miguel estuvieron en la ciudad formando parte de su generación y de la vida académica de la ciudad, primero como alumnos y luego como profesores en el Seminario Tridentino. Éstos eran individuos llegados de España que acompañaban al obispo y le servían en el palacio episcopal. De seguro, por su cercanía con el prelado, algunos se manejaban con rigor y disciplina en sus deberes y compartían la lectura de autores que proponían la modernización de los estudios, aunque siempre cuidando la forma católica y el amor a la monarquía. Es muy posible que ellos, así como varios de los principales colaboradores del obispo, sostuvieran con frecuencia reuniones o tertulias literarias en el palacio episcopal, donde varios vivían, pues la mayoría se interesaba en el conocimiento y gustaba de incursionar en diversas materias e intercambiar libros de teología, derecho civil y canónigo, historia sagrada y filosofía, así como algunas gacetas.
                "Quizá el más sabio de estos personajes fuera Manuel Abad y Queipo, un hombre con una erudición inusual... Otro de los favorecidos por esos cambios —modernización del plan de estudios e inclusión de materias y autores— fue Manuel de la Torre Lloreda, uno de los primeros poetas y literatos de Michoacán y personaje vinculado a la llamada Conspiración de Valladolid de 1809. Es indiscutible que él y Morelos se conocieron en el Seminario Tridentino, pues sus tiempos como alumnos coincidieron, si bien no fueron condiscípulos ni esto implica por necesidad que hayan trabado amistad..." [xxiv]
                "En 1807, Antonio María Uraga [y Gutiérrez] —también ligado a la Conspiración de Valladolid de 1809—, rector del Colegio de San Nicolás, propuso lo que (José) Pérez Calama e Hidalgo propusieran con antelación, sumar a los estudios de filosofía e historia los de historia eclesiásticas, sagradas escrituras y concilios, ello, con la venia del obispo fray Antonio de San Miguel." [xxv]
                Del 25o. obispo de Valladolid en Michoacán, Fray Antonio de San Miguel, don José María Morelos y Pavón recibió el sacro presbiteriato, y las ordenes sacerdotales, ésta última, 18 años exactos al día de su fusilamiento en Ecatepec,
Ilustrísimo y reverendísimo señor maestro don fray Antonio de San Miguel:
Dignísimo prelado y señor de mi veneración.
El día 31 de enero por la tarde, con fecha de 25 de dicho recibí la superior determinación de vuestra señoría ilustrísima en la que se me ordena pase a recibir el interinato de cura del partido de Churumuco y la que abracé con increíble regocijo, para ejecutarla, aunque sacrificando mi vida, por obedecer a vuestra señoría ilustrísima y cultivar la viña del Señor.
                Doy repetidas gracias a vuestra señoría ilustrísima que se digna elegir pequeños para empresas grandes; y aunque no me hallo suficiente para desempeñar tan grave cargo, pero fiado en la promesa del Señor, y en la protección de vuestra señoría ilustrísima que espero no me desampare, voy desde luego a observar al pie de la letra la superior resolución de nuestra señoría ilustrísima cuya vida guarde Dios nuestro señor siglos en su mayor grandeza.

Uruapan, 10 de febrero de 1798.
Ilustrísimo y reverendísimo señor.
Besa la mano de vuestra señoría ilustrísima su menor súbdito.
José María Morelos. [xxvi]
                1795. El obispo Fray Antonio de San Miguel Iglesias, otorga las órdenes menores sacerdotales al bachiller José María Morelos. En ese año, Morelos recibe las órdenes sacerdotales. [xxvii]
Calzada Fray Antonio de San Miguel.
Construida en 1732, débele su restauración a la administración de fray Antonio de San Miguel, de ahí su nombre. En sus alrededores pueden admirarse las casas de verano de los siglos XVIII y XIX pertenecientes a la alta sociedad de la época. "Conocida popularmente como 'Calzada de Guadalupe' o 'Calzada de San Diego', la Calzada de Fray Antonio de San Miguel, tiene su origen en el siglo XVII y servía para comunicar a la ciudad virreinal con una capilla dedicada a la Virgen de Guadalupe. El edificio original ha desaparecido, en su lugar como remate visual de la calzada se encuentra el Templo de San Diego. Históricamente, este espacio era utilizado para diversas actividades, incluyendo procesiones relacionadas con el culto Guadalupano.
                "La calzada fue remozada como espacio urbano, se instalaron bancas y se colocaron losas de cantería al final del siglo XVIII. En el mismo periodo se plantaron los fresnos que flanquean la calle.
                "Es un refrescante lugar donde se puede descansar a la sombra de los árboles y admirar la arquitectura colonial de las diferentes casonas que se encuentran a lo largo de esta bella calzada." Referencia de ubicación: "Entre [las] Avenida Madero y Acueducto, frente a la fuente de Las Tarascas." [xxviii]
                A la muerte del vigesimoquinto obispo de Michoacán, don Manuel de la Bárcena y Arce, protegido suyo escribió en su honor un Elogio fúnebre para exaltar la vida y afirmar el recuerdo del Obispo. Por cierto que el sacerdote español de la Bárcena y Arce, sacerdote español, fue amigo de don Manuel Abad y Queipo y de don Miguel Hidalgo y Costilla de quien reprochara el alzamiento armado; participó aparentemente en la "Conspiración de La Profesa" y apoyó la Constitución de Apatzingán y la lucha y persona de don Agustín de Iturbide.
                "En la cuarta sala del Museo [y Archivo Histórico Casa de Morelos] se aborda el pensamiento ilustrado en el Obispado de Michoacán, para lo cual se muestran cédulas de la teología político-caritativa, los centros de enseñanza en Valladolid, y la generación de Independencia. Hay una semblanza de Fray Antonio de San Miguel y un óleo sobre tela en su honor..." (realizado en 1991 por Odilón Ríos Farías [65 x 85 centímetros]). [xxix]


Odilón Ríos Frías (?) Fray Antonio de San Miguel (1991) mediateca.inah.gob.mx

                Hay un antecedente para la representación anterior y es la imagen al óleo sobre tela de 81 x 95 centímetros realizado en el año de 1797 por el pintor don José de Alcíbar (o Alzibar) (1751-1803).

José de Alcíbar (o Alzibar) Fray Antonio de San Miguel. Óleo sobre tela.


[i] morelia.gob.mx vista el 7 de julio del 2016.
[ii] morelia.gob.mx vista el 7 de julio del 2016.
[iii] Rodrigo Martínez Baracs. Mechuacan, Guayangareo, Valladolid: los orígenes de Morelia. estudioshistoricos.inah.gob.mx Consultado el 14 de febrero del 2017.
[iv] Felipe Tena Ramírez. El obispo Abad y Queipo. Página 73 historiamexicana.colmex.mx Consultado el 23 de febrero del 2017.
[v] Victoria Lerner. Consideraciones sobre la población de la Nueva España (1793-1810) según [Alexandre von] Humboldt y [Fernando] Navarro y Noriega, página 328 (La población de la Nueva España) historiamexicana.colmex.mx
[vi] Luz María Espinosa Cortés. “El año del hambre" en Nueva España, 1785-1786: escacez de maís, epidemias y "cocinas públicas" para pobres. Páginas 99 y 102. Diálogos Revista Electrónica de Historia, vol. 17, núm. 1, 2016, pp. 89-110. Universidad de Costa Rica. San Pedro de Montes de Oca, Costa Rica.
[vii] Juvenal Jaramillo Magaña. Hacia una iglesia beligerante: la gestión episcopal de Fray Antonio de San Miguel en Michoacán, 1784-1804: los proyectos ilustrados y las defensas canónicas. Páginas 81 y 82, El Colegio de Michoacán, A.C.
[viii] El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017.
[ix] Juvenal Jaramillo Magaña. Hacia una iglesia beligerante: la gestión episcopal de Fray Antonio de San Miguel en Michoacán, 1784-1804: los proyectos ilustrados y las defensas canónicas. Páginas 81 y 82, El Colegio de Michoacán, A.C.
[x] El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017" El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017.
[xi] Oziel Ulises Talavera Ibarra. La crisis de los años 1785-1786 en Michoacán: ¿el "Gran Hambre" o las grandes epidemias? Tzintzun. Rev. estud. históricos  no. 61 Michoacán ene./jun. 2015 scielo.org.mx Consultado el 14 de febrero del 2017
[xii] hispanidad.info Visitado el 5 de julio del 2016.
[xiii] Moisés Guzmán Pérez. página 63 en Arquitectos, patrones y obras materiales en Valladolid de Michoacán. Siglos XVI-XVII.
[xiv] elsiglodetorreon.com.mx Consultado el 14 de febrero del 2017
[xv] Julio Sopetrán (textos y fotos). Magias de México. Lugares inéditos, personas, historias, tradiciones que nos hablan de paz y amor.
[xvi] El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017
[xvii] El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017
[xviii] El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017
[xix] El siglo del barroco (XVIII). umich.mx Consultada el 11 de febrero del 2017
[xx] Jaime Reyes Monroy. El cura Morelos y su casa a través de los testimonios documentales. Página 57 en José María Morelos y Pavón. Generalísimo de los Ejércitos de la América Mexicana. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2015.
[xxi] Jaime Reyes Monroy. El cura Morelos y su casa a través de los testimonios documentales. Páginas 68 y 69 en José María Morelos y Pavón. Generalísimo de los Ejércitos de la América Mexicana. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2015.
[xxii] Jaime Reyes Monroy. El cura Morelos y su casa a través de los testimonios documentales. Página 70 en José María Morelos y Pavón. Generalísimo de los Ejércitos de la América Mexicana. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2015
[xxiii] Jaime Reyes Monroy. El cura Morelos y su casa a través de los testimonios documentales. Páginas 71 y 72 en José María Morelos y Pavón. Generalísimo de los Ejércitos de la América Mexicana. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2015.
[xxiv] Jaime Reyes Monroy. El cura Morelos y su casa a través de los testimonios documentales. Páginas 76 y 77 en José María Morelos y Pavón. Generalísimo de los Ejércitos de la América Mexicana. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2015
[xxv] Jaime Reyes Monroy. El cura Morelos y su casa a través de los testimonios documentales, página 78. José María Morelos y Pavón. Generalísimo de los Ejércitos de la América Mexicana. Instituto Nacional de Antropología e Historia. 2015
[xxvi] José María Morelos y Pavón, documentos de su vida y lucha revolucionaria 1750 - 1816. Suma documental en formato electrónico. IX volúmenes. Tercer volumen. El cura Morelos, 1798-1810. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas del presente volumen: Felipe I. Echenique March, Juan Manuel Pérez Zevallos, Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Coordinación, elaboración y diseño de su consulta electrónica: Aurelio López López, Dulce María Millán Zárate, Álvaro O. López García, Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. México, 2013. biblioteca.tv Consultado el 10 de febrero del 2017.
[xxvii] inafed.gob.mx
[xxviii] morelianas.com Consultada el 16 de febrero del 2017.
[xxix] inah.gob.mx Consultado el 26 de febrero del 2017

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