Un General y
una zacatecana.
Víctor
Manuel López Wario
Siglo XIX
1810. El
movimiento revolucionario influye fuertemente en la zona serrana y hay varios
levantamientos armados.
1819. La
población de Jalpan queda en ruinas después de haber sido quemada y saqueada
por el ejército realista.
1857. Desde
Jalpan, el general Tomás Mejía emprende continuas acciones militares contra el
Partido Liberal, que gobernaba el estado de Querétaro y la República, hasta
lograr la toma de la plaza de Querétaro…
―――
José Tomás
de la Luz Mejía Camacho General de División, otomí de la familia de los
jonaces, nació el 17 de septiembre de 1820 en Pinal de Amoles, Villa de Jalpa,
Querétaro, su fervor católico lo alejó del partido de don Benito Juárez y de
las leyes surgidas durante el periodo de La Reforma.
Doralicia Carmona en su trabajo
titulado Maximiliano, Miramón y Mejía
precisa la hora del fusilamiento de los tres personajes por las tropas al mando
del General Jesús Díaz de León en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de
1867: las siete con cinco minutos.
Manifiesto de Sierra
Gorda, en el que el general Tomás excita al pueblo y al ejército a combatir al
Plan de Ayutla.
El general
en jefe de las fuerzas de Sierra Gorda, a sus subordinados:
“¡Compañeros!
“Después de
dos años de inexplicables fatigas y penalidades, después de haber abandonado
con heroico patriotismo vuestros hogares y familias, y después por último, de
haberos presentado serenos en más de ocho combates, hoy os da la Providencia un
día de júbilo con el triunfo obtenido por vuestros hermanos de la capital, los
que han humillado el día de ayer el orgullo y la audacia de vuestros opresores.
“Mi corazón se enternece al dirigiros la palabra porque testigo de
vuestras privaciones y escaseces, así como de vuestro entusiasmo y constancia
os puedo anunciar que ya no sufriréis las primeras, y con las segundas habéis
vencido a los satélites de la impiedad y el despotismo. Pero aún no hemos
concluido, aún nos resta aniquilar del todo a las facciones que nos insultan.
El dios de los batallas protege ya nuestra causa, no lo dudéis, se ha apiadado
ya de nuestros sufrimientos, y con un esfuerzo más lograremos ver consolidada y
feliz a nuestra amada patria.
“SOLDADOS: Vosotros que habéis sido los primeros en sostener la justa
causa de nuestra religión y del orden, no dudando seréis los últimos en
abandonar nuestra sacrosanta empresa, hasta no verla realizada; que la
generación que nos suceda nos tribute una palabra de gratitud, y que al
retirarnos al hogar doméstico, llevemos en nuestros corazones la satisfacción
de haber cooperado a la felicidad de nuestra patria. Estos son mis sentimientos
y ésta la única recompensa a que aspira vuestro compañero y amigo.
Tequisquiapan, enero 22 de 1858.
Tomás Mejía.”
La derrotada carga ideológica
del General don Tomás Mejía le aleja de los primeros sitios y referencias
históricas, inclusive de su tiempo y es apenas mencionado por José C.(ayetano)
Valadés en su "Maximiliano y Carlota
en México. Historia del Segundo Imperio" 1 El malhadado
militar poseía la elegante y clara grafía que en su tiempo fuera requisito en
las personas con preparación, ésto queda evidenciado con la difusión de los
facsimilares de sus cartas preservadas en el volumen "El señor Gral. de Div. Don Tomás Mejía". 2
La Historia, vista de manera
escueta nos hereda una interrogante ¿Cómo un personaje surgido de entre los
orgullosos jonaces adopta, en contra de “sus principios” la doctrina de un
blanco barbado y suma sus esfuerzos al del invasor?
Quedan esparcidas referencias al
distanciamiento ideológico del General de División Tomás Mejía Camacho con
respecto a la tendencia de su momento. Al rigor de una visión diferenciada en
cuanto a la solución de los problemas nacionales, don Benito Juárez miraba
hacia el norte en procura de apoyos para el fin de las repetidas etapas bélicas
nacionales en tanto el General Mejía oponíase a ello por el riesgo que
entrañaba para la libre política mexicana y la vigencia religiosa del país.
Finalmente, al fincar sus esperanzas en la comprensión de Europa bajo la visión
de que la distancia impediría una sujeción determinante y no tanto en razón de
asentar un trono imperial mexicano cuya experiencia resultara desastrosa con el
fallido intento de don Agustín de Iturbide I., es que Mejía acepta la
invitación de unirse al grueso del ejercito de nuevo y proclamado emperador de
México: Maximiliano I; en Europa está, además, la Santa Sede, punto referencial
para un ser profundamente católico, insatisfecho con la realidad de su país
destrozado y dividido por motivos de conciencia. “… Mejía se mantuvo impasible;
estaba listo para entregar su alma al Creador y sus asuntos terrenales estaban
concluidos. Frente al pelotón el general de mil batallas, veterano de la guerra
contra Estados Unidos, amo de la Sierra Gorda, señor de la caballería del
ejército imperial y fervoroso católico se comportó con dignidad. Su muerte fue
estoica.” 3 Esto último para recordar el estado deteriorado de salud
del general desde antes de la toma de Querétaro por el ejército republicano que
para sus detractores era y es síntoma de abatimiento moral.
El epílogo para la historia del
General Tomás Mejía resulta del todo abrumadora. Dada la escasez de recursos en
los que viviera y en la que dejara a su esposa Agustina Rodríguez y a su hijo
recién nacido, tras su fusilamiento y el descrédito anejo, con el beneficio
de un buen embalsamamiento, carente de efectivos económicos, la esposa del
vencido lo conservó por tres meses sentado en una silla en la casa que habitara
la viuda en la calle de Guerrero de la Ciudad de México hasta que (unos afirman
que sí y otros contradicen esta afirmación), el presidente Juárez, informado de
ello, aportó personalmente la cantidad necesaria para sepultarlo en el Panteón
de San Fernando, donde ya estaban los restos mortales del General Ignacio
Zaragoza (quien venciera a Mejía en la Batalla de Zapotlanejo, en el Rancho de
Tepetates sobre el Camino Real, cercano a Guadalajara, en octubre de 1860) y en
un futuro cercano el cuerpo del Presidente, el mismo don Benito Juárez García,
hecho por el cual al cadáver ahí depositado del General Miguel Miramón lo
trasladaran poco después a la Catedral de Puebla a instancias de doña
Concepción Lombardo Gil de Partearroyo, esposa del que fuera el presidente
mexicano más joven en la historia, aunque de manera interina, para distanciar
al general ―”el joven Macabeo”―de aquel al que la esposa y algunas otras
personas solicitaran infructuosamente el indulto.
Para Andreas Kurz: “… en sus
cuadros, Manet expresa un significado de la aventura imperial ignorado en
Europa y México: el 19 de junio de 1867 los protagonistas principales no son
Maximiliano y Juárez, tampoco Luis Napoleón, ni siquiera Miguel Miramón, cuyo
historial político y militares bastante sospechoso. La figura central es Tomas
Mejía.” 4
Don Jaime Zúñiga Bustos, en La esquela de Tomás Mejía 5 aporta
algunos detalles poco difundidos respecto a la vida y, particularmente
posteriores a la muerte del General don José Tomás de la Luz Mejía Camacho:
"… tenía méritos castrenses que
resultaban muy conocidos para sus paisanos, desde que aquel joven oriundo de la
Sierra Gorda —probablemente de la Misión de Bucareli—, decidió partir con 500
hombres y llegó a la capital queretana en los turbulentos días de la Reforma,
entre la admiración popular, sobre todo de los conservadores. Después de
Querétaro, en poco tiempo toma también San Juan del Río, sumando a sus triunfos
las batallas contra los liberales en Salamanca, Tampico, Arroyo Zarco, San
Miguel, Tacubaya, Guanajuato, Estancia de Vacas, San Luis Potosí y Matehuala; e
incluso la célebre batalla de Matamoros, en todas las cuales salió airoso… Por
su gran valor y sus servicios al Emperador le es concedida la Orden de
Guadalupe, establecida por Agustín I, y simultáneamente es nombrado general por
el propio Maximiliano, quien personalmente le hace entrega de estas
insignias…”, y menciona por su seudónimo y nombre propio al personaje que año
tras año publicara una esquela en memoria del general sacrificado junto con el
otro general, don Miguel Miramón y del fallido emperador, Maximiliano I de
México: "… Terencio de Higareda e Híjar se firmaba el eminente queretano,
quien nunca justificó la malograda vida del General Mejía por su trágico fin…”
y ese alias ocultaba el del ex gobernador interino del Estado de Veracruz, ex
ministro de la Suprema Corte de Justicia, ex embajador en el Perú: licenciado
Ignacio Herrera Tejeda.
La arenga de Maximiliano. (La primera
fotografía mnh.inah.gob.mx) De ser un
documento histórico veraz, la imagen contiene una colocación invertida de los
condenados añadida la falta de concordancia con respecto a la altura de
Maximiliano, Miramón y Mejía en relación a la de los soldados presentados en el
lugar del fusilamiento. Es, evidentemente, una alegoría mediante el collage. La
segunda aparece titulada: “Fotografía de
la ejecución de Maximiliano (derecha), Miramón (centro) y Mejía
(izquierda), el 19 de junio de 1867.” Wikipedia.
1880. La
construcción de un camino de terracería que comunicaba con la capital del
estado representa un fuerte impulso al desarrollo económico de la región.
Siglo XX
1904. El
gobernador del estado, Francisco González de Cosío, otorga a la Villa de Jalpan
la categoría de ciudad, que ya contaba con servicio telefónico (de baterías),
energía eléctrica a base de carburo, telégrafo, así como molienda de caña de
azúcar.
1911. Se
crea en Jalpan el Grupo Revolucionario Aquiles Serdán, al mando del señor
Policarpo Olvera, que se pone a las órdenes de don Francisco I. Madero.
1962-1970.
Gracias a las gestiones de Manuel González de Cosío, gobernador de Querétaro,
se construye la carretera Querétaro-Jalpan. También se construyen caminos y
puentes, y se introducen servicios de energía eléctrica y agua potable.
2003. La
UNESCO declara Patrimonio de la
Humanidad a las misiones franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro.
La zacatecana.
(Leyenda).
La casa de
la Zacatecana ubicada en el número 6 de la antigua calle de “La Flor Alta”
(actualmente Independencia No. 59) es conocida bajo este nombre debido a la
leyenda misteriosa, basada en un hecho que tuvo lugar en 1859. El escritor
Valentín F. Frías en su libro Las Calles
de Querétaro, refiere la historia de la siguiente manera:
“… La Zacatecana, dueña de esta casa del siglo XVII, mandó matar a su
marido y después mató al ejecutor del asesinato y ambos quedaron enterrados
sigilosamente en las caballerizas de la casa, quedando estos crímenes ocultos.
La Zacatecana tuvo al fin el pago merecido a sus crímenes, pues poco tiempo
después amaneció asesinada; más nadie supo quién fuera autor de esa venganza,
quedando este desenlace en el misterio. Muerta la Zacatecana, y debido a la
leyenda macabra, los inquilinos permanecían poco tiempo en ella, porque según
la tradición popular, habían muchos espantos”. 6 Las fuentes
consultadas no asientan los nombres del matrimonio proveniente del Estado de
Zacatecas en búsqueda de riquezas por medio de la explotación minera, la afirmación
general va en el sentido de que el asesino del marido fue uno de los criados,
amante de la señora cuya ánima aparece en alguna de las ventanas del ahora
Museo que, en el espacio de las caballerizas, muestra al visitante ―morboso
atractivo― los esqueletos del marido y el asesino/criado/amante, uno al lado
del otro.
Al decir de don Valentín Frías 7, la redacción del Proceso de los ilustres personajes del
Segundo Imperio fue en esta bella y espaciosa casona lo mismo que el
embalsamamiento del cuerpo del General y expresidente don Miguel Miramón. (Al
cuerpo de Maximiliano lo embalsamaron de manera precaria y vergonzosamente en
el Convento de Capuchinas y al del General Mejía en la Iglesia de San Antonio.)
En 1992 el Lic. José Antonio Origel, reconocido coleccionista en la
ciudad de Querétaro compró esta casona con la ilusión de convertirla en museo.
El Lic. Origel muere en 1998 sin concretar su proyecto, el cual, por fortuna
consuma su esposa, exponiendo ahí todas y cada una de las colecciones con la intención
de compartir con los queretanos y sus visitantes este legado. Es así como La Casa de La Zacatecana constituye un
rincón artístico en Santiago de Querétaro para la difusión cultural y
recuperación parcial de una forma de vida local.
Notas:
1.- José C.
Valadés. Maximiliano y Carlota en México.
Historia del Segundo Imperio. Editorial Diana (segunda impresión, marzo de
1977).
2.- cdigital.dgb.uanl.mx
3.-
Alejandro Rosas. Tomas Mejía, el muerto
en casa. Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim. wikimexico.com, visitado el 30 de
diciembre del 2017.
4.- Andreas
Kurz Essmeister, El grito mudo de Tomás
Mejía, publicado en Confabulario
de El Universal publicado el 17 de mayo. Édouard Manet realizó
tres pinturas de gran formato, un boceto al óleo de dimensiones reducidas y una
litografía de “La ejecución del Emperador
Maximiliano” (LʿExécution
de Maximilien), El autor llama
nuestra atención sobre el de mayor difusión fechado en 1867 (aunque realmente
corresponde al de 1869), un óleo sobre tela de 252 x 305 centímetros en el
acervo del Städtische Kunsthalle (Mannheim).
5.- Jaime
Zúñiga Bustos. La esquela de Tomás Mejía.
Raíces. Todo Querétaro desde El Marqués. Publicado el 18 de febrero del
2011.
6.- museolazacatecana.com
7.- Autor
también de: Ensayos Bibliográficos de
Querétaro. Opúsculo presentado á la Sociedad "Antonio Alzate",
Por Valentín F. Frías, Miembro de la misma Sociedad y socio del Instituto
Bibliográfico Mexicano. Publicados por primera vez en el Boletín de la misma.
Tomo XIX, núm. 7, pág. 85. Santiago de Querétaro. MCMIV. Demetrio Contreras,
Imprimió. En su página 3 dice: Ensayos Bibliográficos de Querétaro. Por
Valentín F. Frías. M.S.A. cdigital.dgb.uanl.mx






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