lunes, 9 de abril de 2018

Sierra Gorda 2



Un General y una zacatecana.
Víctor Manuel López Wario

Siglo XIX
1810. El movimiento revolucionario influye fuertemente en la zona serrana y hay varios levantamientos armados.

1819. La población de Jalpan queda en ruinas después de haber sido quemada y saqueada por el ejército realista.

1857. Desde Jalpan, el general Tomás Mejía emprende continuas acciones militares contra el Partido Liberal, que gobernaba el estado de Querétaro y la República, hasta lograr la toma de la plaza de Querétaro…

―――

José Tomás de la Luz Mejía Camacho General de División, otomí de la familia de los jonaces, nació el 17 de septiembre de 1820 en Pinal de Amoles, Villa de Jalpa, Querétaro, su fervor católico lo alejó del partido de don Benito Juárez y de las leyes surgidas durante el periodo de La Reforma.



                Doralicia Carmona en su trabajo titulado Maximiliano, Miramón y Mejía precisa la hora del fusilamiento de los tres personajes por las tropas al mando del General Jesús Díaz de León en el Cerro de las Campanas el 19 de junio de 1867: las siete con cinco minutos. 

Manifiesto de Sierra Gorda, en el que el general Tomás excita al pueblo y al ejército a combatir al Plan de Ayutla.

El general en jefe de las fuerzas de Sierra Gorda, a sus subordinados:
“¡Compañeros!

         “Después de dos años de inexplicables fatigas y penalidades, después de haber abandonado con heroico patriotismo vuestros hogares y familias, y después por último, de haberos presentado serenos en más de ocho combates, hoy os da la Providencia un día de júbilo con el triunfo obtenido por vuestros hermanos de la capital, los que han humillado el día de ayer el orgullo y la audacia de vuestros opresores.

“Mi corazón se enternece al dirigiros la palabra porque testigo de vuestras privaciones y escaseces, así como de vuestro entusiasmo y constancia os puedo anunciar que ya no sufriréis las primeras, y con las segundas habéis vencido a los satélites de la impiedad y el despotismo. Pero aún no hemos concluido, aún nos resta aniquilar del todo a las facciones que nos insultan. El dios de los batallas protege ya nuestra causa, no lo dudéis, se ha apiadado ya de nuestros sufrimientos, y con un esfuerzo más lograremos ver consolidada y feliz a nuestra amada patria.

“SOLDADOS: Vosotros que habéis sido los primeros en sostener la justa causa de nuestra religión y del orden, no dudando seréis los últimos en abandonar nuestra sacrosanta empresa, hasta no verla realizada; que la generación que nos suceda nos tribute una palabra de gratitud, y que al retirarnos al hogar doméstico, llevemos en nuestros corazones la satisfacción de haber cooperado a la felicidad de nuestra patria. Estos son mis sentimientos y ésta la única recompensa a que aspira vuestro compañero y amigo.

Tequisquiapan, enero 22 de 1858.
Tomás Mejía.”

                La derrotada carga ideológica del General don Tomás Mejía le aleja de los primeros sitios y referencias históricas, inclusive de su tiempo y es apenas mencionado por José C.(ayetano) Valadés en su "Maximiliano y Carlota en México. Historia del Segundo Imperio" 1 El malhadado militar poseía la elegante y clara grafía que en su tiempo fuera requisito en las personas con preparación, ésto queda evidenciado con la difusión de los facsimilares de sus cartas preservadas en el volumen "El señor Gral. de Div. Don Tomás Mejía". 2

                La Historia, vista de manera escueta nos hereda una interrogante ¿Cómo un personaje surgido de entre los orgullosos jonaces adopta, en contra de “sus principios” la doctrina de un blanco barbado y suma sus esfuerzos al del invasor?

                Quedan esparcidas referencias al distanciamiento ideológico del General de División Tomás Mejía Camacho con respecto a la tendencia de su momento. Al rigor de una visión diferenciada en cuanto a la solución de los problemas nacionales, don Benito Juárez miraba hacia el norte en procura de apoyos para el fin de las repetidas etapas bélicas nacionales en tanto el General Mejía oponíase a ello por el riesgo que entrañaba para la libre política mexicana y la vigencia religiosa del país. Finalmente, al fincar sus esperanzas en la comprensión de Europa bajo la visión de que la distancia impediría una sujeción determinante y no tanto en razón de asentar un trono imperial mexicano cuya experiencia resultara desastrosa con el fallido intento de don Agustín de Iturbide I., es que Mejía acepta la invitación de unirse al grueso del ejercito de nuevo y proclamado emperador de México: Maximiliano I; en Europa está, además, la Santa Sede, punto referencial para un ser profundamente católico, insatisfecho con la realidad de su país destrozado y dividido por motivos de conciencia. “… Mejía se mantuvo impasible; estaba listo para entregar su alma al Creador y sus asuntos terrenales estaban concluidos. Frente al pelotón el general de mil batallas, veterano de la guerra contra Estados Unidos, amo de la Sierra Gorda, señor de la caballería del ejército imperial y fervoroso católico se comportó con dignidad. Su muerte fue estoica.” 3 Esto último para recordar el estado deteriorado de salud del general desde antes de la toma de Querétaro por el ejército republicano que para sus detractores era y es síntoma de abatimiento moral.

                El epílogo para la historia del General Tomás Mejía resulta del todo abrumadora. Dada la escasez de recursos en los que viviera y en la que dejara a su esposa Agustina Rodríguez y a su hijo recién nacido, tras su fusilamiento y el descrédito anejo, con el beneficio de un buen embalsamamiento, carente de efectivos económicos, la esposa del vencido lo conservó por tres meses sentado en una silla en la casa que habitara la viuda en la calle de Guerrero de la Ciudad de México hasta que (unos afirman que sí y otros contradicen esta afirmación), el presidente Juárez, informado de ello, aportó personalmente la cantidad necesaria para sepultarlo en el Panteón de San Fernando, donde ya estaban los restos mortales del General Ignacio Zaragoza (quien venciera a Mejía en la Batalla de Zapotlanejo, en el Rancho de Tepetates sobre el Camino Real, cercano a Guadalajara, en octubre de 1860) y en un futuro cercano el cuerpo del Presidente, el mismo don Benito Juárez García, hecho por el cual al cadáver ahí depositado del General Miguel Miramón lo trasladaran poco después a la Catedral de Puebla a instancias de doña Concepción Lombardo Gil de Partearroyo, esposa del que fuera el presidente mexicano más joven en la historia, aunque de manera interina, para distanciar al general ―”el joven Macabeo”―de aquel al que la esposa y algunas otras personas solicitaran infructuosamente el indulto.


                Para Andreas Kurz: “… en sus cuadros, Manet expresa un significado de la aventura imperial ignorado en Europa y México: el 19 de junio de 1867 los protagonistas principales no son Maximiliano y Juárez, tampoco Luis Napoleón, ni siquiera Miguel Miramón, cuyo historial político y militares bastante sospechoso. La figura central es Tomas Mejía.” 4

                Don Jaime Zúñiga Bustos, en La esquela de Tomás Mejía 5 aporta algunos detalles poco difundidos respecto a la vida y, particularmente posteriores a la muerte del General don José Tomás de la Luz Mejía Camacho: "… tenía méritos castrenses  que resultaban muy conocidos para sus paisanos, desde que aquel joven oriundo de la Sierra Gorda —probablemente de la Misión de Bucareli—, decidió partir con 500 hombres y llegó a la capital queretana en los turbulentos días de la Reforma, entre la admiración popular, sobre todo de los conservadores. Después de Querétaro, en poco tiempo toma también San Juan del Río, sumando a sus triunfos las batallas contra los liberales en Salamanca, Tampico, Arroyo Zarco, San Miguel, Tacubaya, Guanajuato, Estancia de Vacas, San Luis Potosí y Matehuala; e incluso la célebre batalla de Matamoros, en todas las cuales salió airoso… Por su gran valor y sus servicios al Emperador le es concedida la Orden de Guadalupe, establecida por Agustín I, y simultáneamente es nombrado general por el propio Maximiliano, quien personalmente le hace entrega de estas insignias…”, y menciona por su seudónimo y nombre propio al personaje que año tras año publicara una esquela en memoria del general sacrificado junto con el otro general, don Miguel Miramón y del fallido emperador, Maximiliano I de México: "… Terencio de Higareda e Híjar se firmaba el eminente queretano, quien nunca justificó la malograda vida del General Mejía por su trágico fin…” y ese alias ocultaba el del ex gobernador interino del Estado de Veracruz, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia, ex embajador en el Perú: licenciado Ignacio Herrera Tejeda.


La arenga de Maximiliano. (La primera fotografía mnh.inah.gob.mx) De ser un documento histórico veraz, la imagen contiene una colocación invertida de los condenados añadida la falta de concordancia con respecto a la altura de Maximiliano, Miramón y Mejía en relación a la de los soldados presentados en el lugar del fusilamiento. Es, evidentemente, una alegoría mediante el collage. La segunda aparece titulada: “Fotografía de la ejecución de Maximiliano (derecha), Miramón (centro) y Mejía (izquierda), el 19 de junio de 1867.” Wikipedia.


1880. La construcción de un camino de terracería que comunicaba con la capital del estado representa un fuerte impulso al desarrollo económico de la región.

Siglo XX

1904. El gobernador del estado, Francisco González de Cosío, otorga a la Villa de Jalpan la categoría de ciudad, que ya contaba con servicio telefónico (de baterías), energía eléctrica a base de carburo, telégrafo, así como molienda de caña de azúcar.

1911. Se crea en Jalpan el Grupo Revolucionario Aquiles Serdán, al mando del señor Policarpo Olvera, que se pone a las órdenes de don Francisco I. Madero.

1962-1970. Gracias a las gestiones de Manuel González de Cosío, gobernador de Querétaro, se construye la carretera Querétaro-Jalpan. También se construyen caminos y puentes, y se introducen servicios de energía eléctrica y agua potable.

2003. La UNESCO declara Patrimonio de  la Humanidad a las misiones franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro.

La zacatecana.
(Leyenda).

La casa de la Zacatecana ubicada en el número 6 de la antigua calle de “La Flor Alta” (actualmente Independencia No. 59) es conocida bajo este nombre debido a la leyenda misteriosa, basada en un hecho que tuvo lugar en 1859. El escritor Valentín F. Frías en su libro Las Calles de Querétaro, refiere la historia de la siguiente manera:

“… La Zacatecana, dueña de esta casa del siglo XVII, mandó matar a su marido y después mató al ejecutor del asesinato y ambos quedaron enterrados sigilosamente en las caballerizas de la casa, quedando estos crímenes ocultos. La Zacatecana tuvo al fin el pago merecido a sus crímenes, pues poco tiempo después amaneció asesinada; más nadie supo quién fuera autor de esa venganza, quedando este desenlace en el misterio. Muerta la Zacatecana, y debido a la leyenda macabra, los inquilinos permanecían poco tiempo en ella, porque según la tradición popular, habían muchos espantos”. 6 Las fuentes consultadas no asientan los nombres del matrimonio proveniente del Estado de Zacatecas en búsqueda de riquezas por medio de la explotación minera, la afirmación general va en el sentido de que el asesino del marido fue uno de los criados, amante de la señora cuya ánima aparece en alguna de las ventanas del ahora Museo que, en el espacio de las caballerizas, muestra al visitante ―morboso atractivo― los esqueletos del marido y el asesino/criado/amante, uno al lado del otro.

Al decir de don Valentín Frías 7, la redacción del Proceso de los ilustres personajes del Segundo Imperio fue en esta bella y espaciosa casona lo mismo que el embalsamamiento del cuerpo del General y expresidente don Miguel Miramón. (Al cuerpo de Maximiliano lo embalsamaron de manera precaria y vergonzosamente en el Convento de Capuchinas y al del General Mejía en la Iglesia de San Antonio.)

En 1992 el Lic. José Antonio Origel, reconocido coleccionista en la ciudad de Querétaro compró esta casona con la ilusión de convertirla en museo. El Lic. Origel muere en 1998 sin concretar su proyecto, el cual, por fortuna consuma su esposa, exponiendo ahí todas y cada una de las colecciones con la intención de compartir con los queretanos y sus visitantes este legado. Es así como La Casa de La Zacatecana constituye un rincón artístico en Santiago de Querétaro para la difusión cultural y recuperación parcial de una forma de vida local.

Notas:
1.- José C. Valadés. Maximiliano y Carlota en México. Historia del Segundo Imperio. Editorial Diana (segunda impresión, marzo de 1977).

2.- cdigital.dgb.uanl.mx

3.- Alejandro Rosas. Tomas Mejía, el muerto en casa. Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim. wikimexico.com, visitado el 30 de diciembre del 2017.

4.- Andreas Kurz Essmeister, El grito mudo de Tomás Mejía, publicado en Confabulario de El Universal publicado el 17 de mayo. Édouard Manet realizó tres pinturas de gran formato, un boceto al óleo de dimensiones reducidas y una litografía de “La ejecución del Emperador Maximiliano” (LʿExécution de Maximilien),  El autor llama nuestra atención sobre el de mayor difusión fechado en 1867 (aunque realmente corresponde al de 1869), un óleo sobre tela de 252 x 305 centímetros en el acervo del Städtische Kunsthalle (Mannheim).

5.- Jaime Zúñiga Bustos. La esquela de Tomás Mejía. Raíces. Todo Querétaro desde El Marqués. Publicado el 18 de febrero del 2011.

6.- museolazacatecana.com

7.- Autor también de: Ensayos Bibliográficos de Querétaro. Opúsculo presentado á la Sociedad "Antonio Alzate", Por Valentín F. Frías, Miembro de la misma Sociedad y socio del Instituto Bibliográfico Mexicano. Publicados por primera vez en el Boletín de la misma. Tomo XIX, núm. 7, pág. 85. Santiago de Querétaro. MCMIV. Demetrio Contreras, Imprimió.  En su página 3 dice: Ensayos Bibliográficos de Querétaro. Por Valentín F. Frías. M.S.A. cdigital.dgb.uanl.mx

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