Las
cartas de Madrid y los “endemoniados”
en la América Mexicana
Víctor Manuel López Wario
La
firma de la paz entre Francia y España en 1795, la invasión a España en 1802
por el ejército de Napoleón so pretexto de ocupar militarmente a Portugal
—aliada de la política inglesa—; la caída de Manuel Godoy, Primer Ministro en
la corte de Carlos IV. Por su inclinación hacia Francia, con intermediación de
Godoy, España firmó un acuerdo de "paso libre" para el ejército
francés cuya finalidad era apoderarse de Portugal y repartirlo entre ambos
países lo cual obligó la huida de la reina María I y
del príncipe regente —futuro Juan VI de Portugal de la familia Braganza— junto
con su corte compuesta de poco menos de 15,000 personas, entre civiles y
militares, hacia su colonia sudamericana del Brasil. La animadversión del Príncipe Fernando de
Asturias en contra de Godoy culminó con la toma del palacio de Aranjuez, la
prisión del Primer Ministro y la abdicación impuesta a su padre (19 de marzo de
1808): así, el Príncipe sube al trono con el nombre de Fernando VII. Napoleón
interviene y aprehende a Fernando VII.
Carta de Carlos
IV a Napoleón.
Señor,
mi hermano:
Vuestra
Majestad sabrá sin duda con pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas: y no
verá con indiferencia a un Rey que forzado a renunciar la corona, acude a
ponerse en los brazos de un grande monarca aliado suyo, subordinándose
totalmente a la disposición del único que puede darle su felicidad, la de toda
su familia, y la de sus fieles vasallos.
Yo
no he renunciado en favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias,
cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada, me
hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida o la muerte, pues esta
última hubiera sido seguida de la de la Reina.
Yo
fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en la
magnanimidad y el genio del grande hombre que siempre ha mostrado ser amigo
mío, he tomado la resolución de conformarme con todo lo que este mismo grande
hombre quiera disponer de nosotros, y de mi suerte, la de la reina y la del
Príncipe de la Paz.
Dirijo
a Vuestra Majestad Ilustrísima y Real una protesta contra los sucesos de
Aranjuez y contra mi abdicación. Me entrego, y enteramente confío en el corazón
y amistad de Vuestra Majestad, con lo cual ruego a Dios que os conserve en su
santa y digna guarda.
De Vuestra Majestad Ilustrísima y Real su más
afecto hermano y amigo.
Carlos.
Aranjuez 23 de Marzo de 1808".
Protesta.-
Protesto y declaro que mi decreto de 19 de Marzo, en el que he abdicado la
corona en favor de mi hijo, es un acto a que me he visto obligado para evitar
mayores infortunios, y la efusión de sangre de mis amados vasallos, y por
consiguiente debe ser considerado como nulo.
Carlos.
Bando del Alcalde
de Móstoles.
Señores
Justicias de los pueblos a quienes se presente este oficio de mí, el Alcalde de
Móstoles.
Es
notorio que los franceses apostados en las cercanías de Madrid y dentro de la
Corte han tomado la defensa sobre este pueblo capital y las tropas españolas;
de manera que en Madrid está corriendo a estas horas mucha sangre; como
españoles es necesario que muramos por el Rey y la Patria; armándonos contra
unos pérfidos que so color de amistad y alianza nos quieren imponer un pesado
yugo, después de haberse apoderado de la augusta persona del Rey, procedamos,
pues, a tomar las activas providencias para escarmentar tanta perfidia,
acudiendo al socorro de Madrid y demás pueblos y alentándonos, pues no hay
fuerzas que prevalezcan contra quien es leal y valiente, como los españoles lo
son.
Dios guarde a V. muchos años. Móstoles, 2 de mayo
de 1808.
Andrés Torrejón.
Simón Hernández.
Este manoseo a la corona
afrentó a los españoles y gestó el motín del 2 de mayo y la matanza de 3 de
mayo 1808 por la caballería de Joachim Murat.
De Fernando VII a
Carlos IV.
Mi
venerado padre y señor: Para dar a Vuestra Majestad una prueba de mi amor, de
mi obediencia y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que Vuestra
Majestad me ha manifestado reiteradas veces, renuncio [a] mi corona en favor de
Vuestra Majestad, deseando que Vuestra Majestad pueda gozarla por muchos años.
Recomiendo a Vuestra Majestad las personas que me han servido desde el 19 de
marzo.
5 de mayo de 1808.
1808
Decreto de Carlos IV en que da aviso
haber abdicado a favor de
Napoleón Bonaparte.
He
tenido a bien dar a mis amados vasallos la última prueba de mi paternal amor.
Su felicidad, la tranquilidad, prosperidad, conservación e integridad de los
Dominios que la Divina Providencia tenía puestos bajo mi gobierno, han sido
durante mi reinado los únicos objetos de mis constantes desvelos. Cuantas
providencias y medidas se han tomado desde mi exaltación al Trono de mis augustos
mayores, todas se han dirigido a tan justo fin, y no han podido dirigirse a
otro. Hoy, en las extraordinarias circunstancias en que se me ha puesto y me
veo, mi conciencia, mi honor, y el buen nombre que debo dejar a la posteridad,
exigen imperiosamente de Mí que el último acto de mi Soberanía únicamente se
encamine al expresado fin; a saber, a la tranquilidad, prosperidad, seguridad e
integridad de la Monarquía de cuyo Trono me separo, a la mayor felicidad de mis
vasallos de ambos hemisferios.
Así, pues, por un tratado
firmado y ratificado, he cedido a mi Aliado y caro Amigo el Emperador de los
Franceses todos mis derechos sobre España e Indias; habiendo pactado que la
Corona de las Españas e Indias ha de ser siempre independiente e íntegra, cual
ha sido y estado bajo mi Soberanía, y también que nuestra sagrada Religión ha
de ser, no solamente la dominante en España, sino la única que ha de observarse
en todos los Dominios de esta Monarquía.
Tendréislo entendido, y así lo
comunicaréis a los demás Consejos, a los Tribunales del Reino, Jefes de las
Provincias, tanto Militares como Civiles y Eclesiásticos, y a todas las
Justicias de mis Pueblos, a fin de que este último acto de mi Soberanía sea
notorio a todos en mis Dominios de España e Indias, y de que concurráis y
concurran a que se lleven a debido efecto las disposiciones de mi caro Amigo el
Emperador Napoleón, dirigidas a conservar la paz, amistad y unión entre la
Francia y España, evitando desórdenes y movimientos populares, cuyos efectos
son siempre el estrago, la desolación de las familias, y la ruina de todos.
Dado en Bayona en el Palacio
Imperial llamado del Gobierno a ocho de Mayo de mil ochocientos y ocho.
YO EL REY
A mi Gobernador interino de mi
Consejo de Castilla
(Publicada en la Gazeta de Madrid, viernes 20 de
mayo de 1808.)
Mensaje de
Napoleón a los españoles.
Españoles:
después de una larga agonía, vuestra nación iba a perecer. He visto vuestros
males, y voy a remediarlos. Vuestra grandeza y vuestro poder hacen parte del
mío.
Vuestros
príncipes me han cedido todos sus derechos a la corona de las Españas: yo no
quiero reinar en vuestras provincias; pero quiero adquirir derechos eternos al
amor y al reconocimiento de vuestra posteridad.
Vuestra
monarquía es vieja: mi misión se dirige a renovarla; mejoraré vuestras
instituciones, y os haré gozar de los beneficios de una reforma, sin que
experimentéis quebrantos, desórdenes ni convulsiones.
Españoles:
he hecho convocar una asamblea general de las diputaciones de las provincias y
de las ciudades. Yo mismo quiero saber vuestros deseos y vuestras necesidades.
Entonces
depondré todos mis derechos, y colocaré vuestra gloriosa corona en las sienes
de otro Yo mismo, asegurándoos al mismo tiempo una constitución que concilie la
santa y saludable autoridad del soberano con las libertades y los privilegios
del pueblo.
Españoles:
acordaos de lo que han sido vuestros padres, y mirad a lo que habéis llegado.
No es vuestra la culpa, sino del mal gobierno que os regía. Tened suma
esperanza y confianza en las circunstancias actuales; pues Yo quiero que mi
memoria llegue hasta vuestros últimos nietos, y que exclamen: Es el regenerador
de nuestra patria.
Dado en nuestro palacio imperial y real de Bayona
a 25 de mayo de 1808.
Napoleón I.
El 5 de junio Napoleón cede sus
derechos al trono español en favor de su hermano [Joseph] José Bonaparte I despectivamente
llamado por los españoles "Pepe botella" —aunque al parecer la
familia Buonaparte/Bonaparte era poco proclive a la bebida—.
En
el intento para comprender los fundamentos para el movimiento armado de 1810
—un eslabón antecedido por una larga cadena de insurrecciones reivindicativas
aún sin concluir—, para un vislumbre de los asuntos complejos de las historias
para constituir la Historia, el hilo conductor es una secuencia de
interrogantes que los textos escolares no clarifican y peor aún, por lo
sintético terminan por embrollar, sino es que trivializar. Queden los
siguientes y sumamente compactados hechos para demarcar las complejidades en la
sociedad de tales años.
La Crisis de 1808. La condena en Francia a Louis XVII y su muerte
en la guillotina provocan en la corte de España la actividad de sus
representantes en clara y coherente oposición al magnicidio. España provoca el
conflicto bélico para castigar la muerte del rey francés e inicia la llamada
"Guerra de la Convención" en la que a España favorecieron los
resultados inicialmente. La desgastante guerra para ambas partes tuvo en don
Manuel Godoy y Álvarez de Faria el activo gestor y firmante de la Paz de
Basilea —22 de julio de 1795—, acuerdo por el cual España cedía al poder
francés parte de la Isla de Santo Domingo a más de "otras ventajas" a
cambio de la retirada gala de los territorios conquistados. La corona española,
en la encrucijada de elegir entre dos alianzas decide, con el disgusto de los
ingleses, por la del Directorio francés ya que los reyes españoles —Carlos IV y
María Luisa de Parma— precisaban del apoyo galo ante el futuro del ducado de
Parma —posteriormente reino de Etruria creado por disposición de Napoleón del
antiguo Ducado de Toscana — por el matrimonio de su hija María Luisa de Borbón
con Luis, heredero de ese territorio. De este acuerdo y concordia momentánea le
vienen a don Manuel Godoy la acreditación de "Príncipe de la Paz",
"cuatro títulos de grandeza de España, siete grandes cruces de Carlos III,
diez bandas de María Luisa y otros premios más" a mas de ciertos
pecadillos verdaderos o impuestos que le acarrearán el
odio de los españoles. Carlos IV determina "solicitar" una serie de
"prestamos" a fin de fortalecer la economía española deteriorada
enormemente por su embarazosa alianza en favor del régimen francés y en contra
del Imperio británico, una de cuyas consecuencias fue la vergonzante derrota de
la armada naval en Trafalgar en el año de 1805. Esta guerra y las medidas para
financiarla, la "Consolidación de los Vales Reales", es decir, el cobro de las deudas de los criollos y las
denominadas castas con altos intereses, afectó el precario equilibrio en las
colonias en la América cuyo rigor generó una razón más para la inconformidad de
los novohispanos ya sujetos a los abusos de las autoridades dispensadas por los
peninsulares.
La Real Cédula de Consolidación de Vales. "Esta orden,
expedida en 1804, disponía que la Iglesia cobrara en un plazo de diez años los
préstamos que había otorgado. La medida sólo se aplicó parcialmente, pero
afectó a toda la vida económica: muchas haciendas, minas, predios urbanos y
negocios estaban hipotecados, y pagaban un interés anual del 5% por los
préstamos recibidos. Normalmente se renovaban los créditos a su vencimiento. Al
no poder pagar el capital los dueños se veían obligados a vender sus
propiedades porque de no hacerlo estas eran rematadas por las autoridades, bajando
así catastróficamente el valor de los bienes; muchas empresas se arruinaron
dejando en el desamparo a sus trabajadores.
"Los capitales que en
virtud de ese decreto, fueron enviados a España llegaron a la suma de
$44´500,000 pesos. Quienes más resintieron esa funesta sangría fueron los
agricultores y los industriales en pequeño. La apelación más fuerte a la Corona
fue la del Cabildo Eclesiástico de Michoacán." 1
Quedan asentados para el periodo
de 1808 a 1810 las siguientes cifras base de la inconformidad:
Préstamo patriótico 1809:
$3'176,835.00 (6% tasa de interés.)
Préstamo/suplemento diciembre
1809: $1'393,500.00 (sin especificar tasa de interés.)
Préstamo patriótico 1810:
$2'010,000.00 (6-8% tasa de interés.)
Préstamo/suplemento julio 1810:
$1'000,000.00 (sin especificar tasa.)
Préstamo/suplemento diciembre
1810: $2'000,000.00 (sin especificar tasa de interés.)
Préstamo/suplemento:
$1'194,000.00 (sin especificar tasa de interés.)
Donativo 1808-1810 $1'941,643.00
(Aquí cabe tomar las cifras
anteriores con discreción ya que varían enormemente en las fuentes de acuerdo a
los rubros considerados a detalle y muestran únicamente el aporte de Nueva
España, de las colonias en su conjunto o de la suma de las anteriores con las
correspondientes a la propia España.)
Conocida en Nueva España la
reclusión forzada de Fernando VII en Valçlay (Francia) y la toma de Valencia
por el mariscal francés Louis-Gabriel Suchet, duque de l'Albufera, en Nueva
España, un grupo de notables acusa al entonces virrey José Joaquín Vicente de
Iturrigaray y Aróstegui de Gaínza y Larrea, de apoyar a los criollos a fin de
establecer un gobierno nacional y erigirse en la cabeza de un nuevo estado de
cosas.
"Reunióse en efecto el
acuerdo. El virrey les hizo presente el motivo con que los había citado, y
aquellos hombres palidecieron como si vieran á la muerte sobre sus cabezas, y
apenas se atrevieron á dar su opinión.
"Entonces el virrey tomó la
palabra, y con un acento conmovido, protestó que antes perdería la existencia que obedecer las órdenes
de un gobierno usurpador; que aun podía ponerse á la cabeza de un ejército
[tenía entonces 66 años], y combatir por la independencia y el honor de su
patria. Los oidores se retiraron avergonzados y cabizbajos.
"La Audiencia aborrecía al
virrey y le hacía una guerra sorda, y sin embargo, en aquél momento le había
tenido que contemplar con respeto." 2
"Cuando se llevó a cabo la
ocupación de las fuerzas de Napoleón a España, el Ayuntamiento de la capital
influenció [en] el ánimo del virrey [José de] Iturrigaray, para que se formara
un gobierno provisional, cuyo mando debía recaer en el mismo virrey, quien
resguardaría el territorio de embates extranjeros, mientras no se restituyese a
la corona española. En sí, el verdadero postulado que el síndico evocó, el 9 de
agosto de 1808, ante la abdicación de Fernando VII, era el de la vuelta de la
soberanía al pueblo como premisa inmediata para corregir la situación de
inestabilidad en la que se encontraba la Metrópoli y, por ende, la Nueva
España." 3
“[Francisco Primo de] Verdad [y
Ramos], era un abogado insigne en el foro mexicano, dotado de una gran
elocuencia y de un extraordinario valor civil. Habló, habló, pero con todo el
fuego de un republicano; habló de patria, de libertad, de independencia, y por
último proclamó allí mismo, delante del virrey y del arzobispo y de la
audiencia, y de los inquisidores, el dogma de la soberanía popular.
"Aquella fue la primera vez
que se escuchó, en reunión semejante, la voz de un mexicano llamando soberano
al pueblo”. 4
Ante la reacción opositora de
algunos representantes y la dubitativa de otros: "Pese a ello, Primo de
Verdad, (fray Melchor de) Talamantes y Jacobo de Villaurrutia insistieron en su
propuesta: crear un congreso de notables novohispanos que asumiera el gobierno
de la Nueva España, ya que de acuerdo con las Leyes de Partida de Alfonso el
Sabio, con los escritos de Francisco Suárez y con autores franceses relevantes,
a falta de rey, la soberanía regresa al pueblo y éste debe gobernarse a sí
mismo.
"En este tenor, Primo de
Verdad propuso al virrey que dado que 'dos
son las autoridades legítimas que reconocemos, la primera es de nuestros
soberanos, y la segunda de los ayuntamientos', a falta de rey, convocara a
juntas a todos los ayuntamientos de la Nueva España para formar un gobierno
provisional legal e independiente a salvo del dominio francés." 5
En la Declaración de Autodeterminación de la Nueva España, en la
que el Ayuntamiento de la ciudad de México, en representación de todo el reino,
[Francisco Primo de Verdad y Ramos] exponía los siguientes puntos: las
renuncias de los monarcas españoles eran nulas porque fueron arrancadas por la
violencia; la soberanía radicaba en todo el pueblo y en particular en los
cuerpos que llevaban a voz pública, quienes la conservarían para
devolverla al legítimo sucesor, cuando se hallase (España) libre de fuerzas
extranjeras; que, en consecuencia, debía el virrey continuar provisionalmente
en el gobierno.
"Esta postura les pareció
herética y peligrosa a los simpatizantes del partido español, quienes
decidieron deshacerse del virrey y de sus principales seguidores, entre ellos,
Primo de Verdad, deponiendo al primero y sometiendo a prisión al segundo, en la
Cárcel del Arzobispado..." 6
“A principios de septiembre, un
grupo encabezado por los oidores Guillermo Aguirre y Viana, Miguel Bataller y
Pedro Catani comenzó a difundir entre los españoles el rumor de que Iturrigaray
desobedecería al gobierno español y se proclamaría Rey de Nueva España, apoyado
por los criollos. El hacendado vizcaíno Gabriel de Yermo, radicado desde hacía
muchos años en la Nueva España, fue atraído
a la conspiración por Bataller, y en poco tiempo se erigió como líder
del movimiento. El 11 de septiembre quedó formalmente constituido el grupo Los Patriotas de Fernando VII al servicio del rey en turno y que pretendía
derrocar a Iturrigaray y acabar con los criollos partidarios del virrey. El 15
de septiembre por la noche, fue la fecha propuesta para tomar por asalto el Palacio Virreinal y
detener al virrey y a los miembros liberales del ayuntamiento. Esa misma tarde,
Bataller y Catani visitaron el palacio del arzobispo de la Nueva España,
Francisco Xavier de Lizana y Beaumont y allí el prelado los bendijo para que
salieran airosos del evento." 7
"Pero no sólo fueron
aprehendidos el virrey, su esposa y sus hijos, sino también quienes habían
manifestado la idea independentista: Primo de Verdad, Francisco Azcárate, el
abad de Guadalupe José Beye de Cisneros, el canónigo José Mariano Beristaín, el
licenciado José Antonio del Cristo y fray Melchor de Talamantes, quienes fueron
recluidos en las cárceles del arzobispado en la ciudad de México. En una celda
de ese lugar, el 4 de octubre siguiente, fue encontrado muerto Francisco Primo
de Verdad y Ramos, colgado de una viga o según Riva Palacio, de un gran clavo
fijado en una de las paredes de su celda, o envenenado como también se dijo. Se
asegura que fue asesinado por los españoles que se hicieron cargo del gobierno
colonial. Fue sepultado en el sagrario de la basílica de Guadalupe." 8
Francisco Azcárate encarcelado
hasta ya iniciado el movimiento armado de don Miguel Hidalgo con el cual no
estaba de acuerdo en el método, murió el 31 de enero de 1831. El mercedario
peruano fray Melchor de Talamantes Salvador y Baeza, definido reiteradamente
como un "...religioso díscolo, insubordinado y escandaloso; omiso en
desempeñar la comisión que se le dio con auxilios de los que ha abusado;
turbado de la quietud pública con sus producciones escritas y diligencias que
practicó para divulgarlas, y fecundo en subterfugios para cubrir con ellos la
enormidad y castigo de sus delitos..." en espera de su traslado a España,
murió de fiebre amarilla el 9 de mayo de 1809 en la tinaja de San Juan de Ulúa
a donde le enviaron; parte de la guardia del virrey que no aceptó la traición,
muerta; la esposa e hijos del virrey Iturrigaray presos en el convento de San
Bernardo de Claraval 9 y llevados posteriormente junto al depuesto a
Cádiz ... "Iturrigaray fue llevado al convento de Betlemitas y después al
castillo de Perote. El 25 de septiembre siguiente, fue enviado a San Juan de
Ulúa, y el 6 de octubre embarcado a España en la fragata 'San Justo'. Estuvo
preso en Cádiz y fue procesado por infidencia. Fue interrogado en el Castillo
de Santa Cecilia en Cádiz. Pero la intervención de su suegro, Agustín Jáuregui
y Aldecoa, le permitió acogerse a la amnistía concedida por las Cortes en 1810,
aunque posteriormente fue sometido a otro largo juicio de residencia.
"Murió en Madrid el 3 de
noviembre de 1815 sin que el juicio hubiera concluido. Ya muerto se le condenó
a pagar $435,413 por habérsele encontrado reo de peculado." 10
"La noche del 15 al 16 de
septiembre, [Iturrigaray] fué entregado
pérfida y traidoramente por el capitan
de la guardia del regimiento de milicias Urbanas de
México D. Santiago García. Sorprendiósele en su cama por una turba de facciosos
que temblando pisaron los umbrales de su palacio: hízoles fuego en la garita de
la esquina de Provincia, el granadero del comercio Miguel Garrido, que mató á
uno ú otro; pero rodeado y envuelto, tuvo que ceder á la fuerza despues de
haber visto huir como codornices á
aquellos cobardes. Entre estos se
presentó embozado en su capa uno
de los oidores facciosos: distinguióse por su osadía en el acto de la sorpresa
del virey un europeo llamado Inarra,
vecino de Veracruz, conocido allí por el ʽMilón de Cretonaˊ,
según su gran comer y beber. El virey fué conducido preso á la Inquisición en
un coche, acompañándole el alcalde de corte D. Juan Collado, y el doctoral de la Iglesia de México D. Juan Francisco de
Jarábo. Precedíale un cañón á vanguardia: seguíale otro á retaguardia, y le
rodeaba una turba de bandidos en
verdadera farza y mogiganga. Este primer
acto se procuró cohonestar, imputándole
al virey el crímen de heregía...
"En aquella misma hora
fueron igualmente presos los licenciados Azcárate, Verdad, Cristo, D. Francisco
Beye de Cisneros, abad de Guadalupe; Fr. Melchor Talamantes, mercedario de la
provincia de Lima, que despues murió preso en el castillo de S. Juan de Ulúa, (habiéndolo
sacado de la prisión sin quitarle los grillos hasta echarlo en el sepulcro,
situado en la puntilla del castillo.) También fué preso el canónigo Beristain
de México, y D. Rafael José de Ortega, secretario de cartas del virey. La
vireina fué como toda su familia arrestada y conducida al convento de S.
Bernardo. Vióse en su cama insultada
hasta el vilipendio: saqueáronsele sus bienes, y entre ellos las perlas compradas
para la reina María Luisa, que reclamaron á pocos dias los ministros del
tribunal de cuentas por medio del Diario de la capital, cuyo hecho procuraron
inútilmente ocultar los amotinados..." 11
Al
amparo de reuniones y tertulias culturales, en septiembre de 1809, en Valladolid,
Michoacán, nace un movimiento secreto encabezado por don José Mariano Michelena
cuya finalidad era crear una Junta Nacional Gubernativa en nombre de Fernando
VII, preso por el emperador francés Napoleón Bonaparte. La crisis de España
daba a los vallisoletanos la oportunidad para lograr su autonomía por medio de un gobierno americano,
“aunque para eso fuese necesario derrocar las autoridades virreinales por medio
de una lucha armada”.
En la historia quedan los
nombres de los conspiradores: José Mariano de Michelena, José María Izazaga,
José María García Obeso, Manuel Villalongín, José Nicolás de Michelena, Vicente
de Santa María y Martínez, José Ignacio Antonio de Soto Saldaña y Ruiz de
Frutos, Manuel de la Torre Lloreda, Manuel Iturriaga, José María Abarca,
Francisco Álvarez, Pedro Rosales, Juan Bautista Guerra, Ruperto Mier, Manuel
Muñiz, Manuel Ruiz de Chávez, Luis Correa, Mariano Quevedo y dos militares de
grado en el regimiento de la Reina: Ignacio José de Allende y Unzaga y José
Mariano de Abasolo y Outón, entre otros más; “en ella jugó un papel muy
importante el indio Pedro Rosales, a través del cual se establece una alianza
con el grupo indígena."
Por la fecha contenida
recuperamos este párrafo del amplio trabajo de don Carlos María de Bustamante. Si
resultara verídico y no correspondiera a esos "pincelazos" que tan de
su agrado fueran y tantos reproches mancharan su labor, don José María Morelos
y Pavón no llegó a Charo para continuar hasta Indarapeo en seguimiento del cura
don Miguel Hidalgo y Costilla en su camino a Valladolid con
"únicamente" el fin de aclarar la "verdad" sobre los hechos
recientes del 16 de septiembre de ese mismo año de 1810 en Dolores que
acarrearan al cura "levantado en armas" la brutal excomunión por vía
del obispo don Manuel Abad y Queipo, quien, no obstante opositor al método
elegido por su antiguo amigo —Hidalgo—, no dejaba de reconocer y exponer las
graves dificultades y los motivos para depauperización de las haciendas en
Nueva España y los motivos para su baja productividad. "Creo haber
manifestado á V. de una manera bien
perceptible la predisposición en que se hallaba esta América para la
revolución ocurrida del 15 al 16 de
septiembre de 1810. Los ultrajes hechos á los americanos se habian hecho
sentir, no solo en la capital, sino en las de mas poblaciones de este
continente y hasta en los bosques mas
remotos. El cura de Nucupetaro y Carácuaro, es decir, el gran Morelos, hombre modesto é incapaz de causar á nadie el menor sinsabor, llegó á
Valladolid en diciembre de 1809, con el objeto de visitar á una hermana suya; hallóse por un raro
accidente en una concurrencia de amigos, donde se representaba un coloquio, ó
sea la escena del nacimiento de nuestro
Redentor Jesucristo, y en ella se trató
de los escandalosos arrestos que en aquellos dias se habian hecho por el teniente letrado de aquella provincia,
haciendo venir tropa de Páztcuaro, en la
persona del capitan D. José María Garcia de Obeso, padre Fr. Vicente de
Santa María, los dos Michelenas, Soto, y otras personas con el mayor estrépito,
y de los insultos inferidos á toda la América en la prisión del virey
Iturrigaray: todo lo oyó con sorpresa, y
su corazon se inflamó de deseos de
venganza. Decidióse luego á tomarla, y marchando á pocos dias á su
curato, comenzó á fortificarse en él haciendo un ensayo de la resistencia que
podia algún dia oponer á sus enemigos en aquel punto; no de otro modo Napoleon
Bonaparte se fortificó en su cuarto
cuando era aun niño cursante en un colegio militar, y desafió á sus
enemigos los jóvenes que le miraban de mal ojo, porque no coincidía con sus
ideas pueriles y estravagantes: tan cierto es, que los hombres grandes se
asemejan unos á otros, aun en ciertas
pequeñeces, y parecen fundidos en un mismo molde. El primero salió de su
colegio lleno de ideas militares para asombrar al mundo antiguo con sus
conquistas, y el segundo partió de allí para Acapulco á dar asunto á la
historia con sus hechos hazañosos, y á llenar de asombro y estupor aun á sus
mismos enemigos." 12
Conspiración de Querétaro, 1810. "En febrero de 1810, Hidalgo y Allende viajaron
juntos a Querétaro para conocer el plan revolucionario del doctor Manuel
Iturriaga, con cuyos términos estuvieron de acuerdo. Éste consistía en formar
en las principales poblaciones Juntas
que propagasen la inconformidad contra los españoles, que rechazaran la idea de
que la Nueva España quedara sometida a los franceses y declararan
simultáneamente la independencia en el momento oportuno, mientras que el
gobierno sería ejercido inicialmente en nombre de Fernando VII por una asamblea
de representantes de las provincias. Las primeras juntas que se integraron
fueron las de San Luis Potosí y la ciudad de México, al tiempo que los
conjurados propusieron el 1o. de
diciembre como día del pronunciamiento y al pueblo de San
Juan de los Lagos como sitio para iniciar la independencia, aprovechando la
concentración de 100 mil fieles que se esperaba para esa fecha con motivo de
las festividades de la Virgen." 13
Los primeros pasos serían la
destitución de todos los españoles en los puestos de gobierno, apoyados por un
levantamiento que se llevaría a cabo en San Juan de los Lagos el 1 de octubre
(¿?), para lo cual se prepararon lanzas, espadas y municiones que almacenaron
en San Miguel el Grande, Dolores y Querétaro. La organización de los
conspiradores preveía en el mando a Ignacio Allende como general, Ignacio de
Aldama y González como segundo y don Miguel Hidalgo y Costilla Hidalgo al
frente del movimiento popular. Entre sus miembros estaban el capitán de
caballería en el regimiento de la Reina, Juan de Aldama y González; el
corregidor José Miguel Domínguez con su esposa Josefa Ortiz de Domínguez; el
presbítero José María Sánchez, los abogados Parra, Laso y Juan Nepomuceno Mier
y Altamirano, Francisco Araujo, Antonio Téllez, Ignacio Gutiérrez; los
comerciantes Epigmenio y Emeterio González, el regidor José Ignacio de
Villaseñor y Cervantes, el capitán Joaquín Arias, el teniente Francisco
Lanzagorta del regimiento de Sierra Gorda y el teniente don Justo Baca del
regimiento de San Miguel. Movimiento insurreccional que traicionado, anticipó
el estallido el día 16 de septiembre del 2010. (Para este acto del movimiento
por la Independencia de Nueva España, queda en entredicho el nombre de Mariano
Galván Rivera, primer editor del conocido Calendario Galván.)
Don Miguel Hidalgo y Costilla
tenía una claridad mayor de sus ideas a las que el tiempo y los dicterios le
respetan. No era aquel zonzo encasullado alejado a la dura realidad de su
momento histórico, él hablaba ya de un Congreso y restarle méritos para
encumbrar a otros no es de hombres y mucho menos de interesados en saber quién
y porqué todos esos desastres en procura de una libertad de grupo y de
intereses personales. Además, da una idea de su pensamiento y de las
imputaciones que ya en su vida le cercaban y le sujetaran varias veces a
investigación de su ministerio y proceder de las cuales salió sin cargo e
inocente. (Fueron de tres a cuatro investigaciones. La diferencia estriba en
que para algunas fuentes las acusaciones ante el en dos de los casos son sólo
extensión una de la otra.)
“¿Cómo era físicamente Don
Miguel Hidalgo y Costilla? No se sabe. Nunca fue retratado. Y los retratos que
pudo haber habido, fueron destruidos.
"Todas las naciones conservan
los rostros pintados o esculpidos de sus héroes. Saber cómo fueron físicamente
no sólo es una curiosidad humana sino también una necesidad política; pero en
México los intentos por difundir su imagen fueron eficazmente contrarrestados
por el régimen colonial. La de independencia fue una guerra no sólo de
ejércitos e ideas sino también de imágenes. Las estatuas [sic] de la Virgen de
los Remedios eran fusiladas por los insurgentes y las de la Virgen de
Guadalupe, por los españoles [independientemente a otras aberraciones
desagradables]. Igualmente, mientras unos levantaron la efigie de Fernando VII
y otros la del águila mexicana, hubo también quienes trataron de materializar
las imágenes de Hidalgo y Allende, sin éxito..." 14
Vendrá después la fallida
Constitución de Cádiz y el caos en España y en los territorios de la América… Y,
poco después, el primer el vergonzante juicio, fusilamiento y decapitación en
la lejana Chihuahua en contra de Ignacio Allende, Juan Aldama, Mariano Jiménez
y el alevoso homicida, saqueador, roba vacas, hereje, francófilo, abarraganado,
el endiablado cura poseído por el frenesí al que fusilaran el 30 de julio del
1811. De don José Mariano [de]
Abasolo Outón 15 quien carga el sambenito de traicionar el nombre y
figura de sus compañeros de armas queda por aclarar, si conmutarle la pena de
muerte fue por instancias de la casi olvidada María Manuela [Sabina]
Taboada [Liceaga]
(1768-?)
quien expuso la valía de su marido al salvar de la muerte a “muchos” españoles
o que, pese a la supuesta delación la realidad lo ubica fuera de la toma,
rapiña y matanza en la Alhóndiga de Granaditas, porque además, no habría
explicación para que la “felonía del insurgente” le premiara tras su muerte por
tuberculosis pulmonar en el Castillo de Santa Catalina en Cádiz el 14 de abril
de 1816, al inmortalizar el nombre y figura del capitán en el Regimiento de
Dragones de la Reina y posterior Mariscal en las fuerzas insurgentes, con su nombre
en calles, poblaciones y escuelas en este país tras la consumación de la
Independencia, ni mucho menos declarado “Benemérito de la Patria” y destacado
con letras de oro en la Cámara de Diputados en caso de una mínima duda respecto
a su honorabilidad.
En su Estudio Histórico, Carmen Saucedo Zarco aporta algunos detalles
casi desconocidos que aclaran la inclusión de don José Mariano de Abasolo en el
listado “Benemérito de la Patria”. La historiadora enriquece su obra con la
copia de la Partida y la correspondiente al Registro de entierro de Mariano
José de Abasolo (sic) 17 que para el mes de marzo y con el numero
138 asienta el nombre de Dn. José Mariano Abasolo con fecha del día
14:
“En la Ciudad de Cádiz, en el
día catorce del mes de marzo de mil ochocientos diez y seis, falleció en el
Castillo de Santa Catalina, Don Mariano José de Abasolo, de edad de cuarenta y
cinco años, natural del Pueblo de Dolores, del Obispado de Michoacán, hijo de
Don Bernardo de Abasolo y de Doña Micaela Orbón,
de estado casado con Doña Manuela Taboada. Fue sepultado su cadáver sin
solemnidad alguna de funeral, en la mañana del día quince del expresado mes en
el cementerio general de San José de Extramuros de dicha Ciudad. Recibió los
Santos Sacramentos. No testó, y lo firmé. Manuel de la Puerta y Quevedo”.
Las obras de remodelación
realizadas en el cementerio y el tiempo transcurrido desde la inhumación
propiciaron la pérdida definitiva de los huesos de aquel que cautivo en
Chihuahua, al parecer intentó su fuga para reiniciar sus
esfuerzos independentistas con ayuda de los grupos apaches de paz de San
Buenaventura y del presidio de Fronteras 18. Esto le valió el cambio
de sentencia de diez años de prisión “confiscados sus bienes y afrentados sus
hijos” por la de “presidio ultramarino”.
Condición ineludible en todo
conflicto humano es la pluralidad de visiones de sus integrantes y en oposición
que dificultan la práctica y consecución de un ideal con apariencia de
colectiva. El movimiento en pro de la Independencia iniciado prematuramente el
16 de septiembre de 1810 liderado al inicio de la primera etapa por el
sacerdote don Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga
Mandarte y Villaseñor no carecía de esos conflictos. A más de la precariedad en
recursos económicos para sostener un ejército bien pertrechado, la comprensible
indisciplina de los grupos participantes contenía en el interior del grupo
insurgente visiones divergentes y en total oposición. Así, el maestro José
Guadalupe Martínez García divide en cuatro las posiciones de sus integrantes:
“a).- Los enemigos de la Independencia,
que buscaban a toda costa ser parte del reino de España, por ejemplo los
peninsulares y algunos criollos del ejército español como Iturbide y Santa
Anna, quienes posteriormente decidieron favorecer a la causa independentista.
“b).- Los conservadores que
pretendían la Independencia, siempre y cuando no cambiaran las cosas en la
Nueva España, es decir [que] ellos conservaran el poder. Es
el caso emblemático del Virrey Iturrigaray, que acepto la Independencia siempre
y cuando él fuera el gobernante de la
nueva nación.
“c).- Los liberales, que
pretendían ser independientes pero con los cambios suficientes que limitaran el
monopolio del poder económico, político, eclesiástico y militar de los
españoles y tuvieran la posibilidad de formar parte del primer círculo del
poder, por ejemplo Ignacio Allende e Ignacio López Rayón.
“d).- Los que podríamos llamar
populares, partidarios de la Independencia, pero también de la abolición de la
esclavitud, de la entrega de las tierras a los naturales, es decir de
transformar el nuevo país, que tuviera un gobierno parlamentario, etcétera. El
mejor ejemplo es el Manifiesto de Morelos durante el sitio de Cuautla.” 19
Lo que parecía una realidad
alcanzable el 1º. de noviembre de 1810, exigirá a los obcecados
independentistas un esfuerzo de once años, que, incluso con su culminación no
unificará
las diferencias exacerbadas en las tribunas… Y así hasta la fecha.
Desgraciadamente el bien de una nación corresponde a la óptica de algún grupo
que, cuando ve en merma sus beneficios y sobre tal injusticia fijan su
proceder.
Notas:
1.-
La Iglesia y la Independencia de México.
El Puente Editorial. Publicado el 8 de octubre del 2010. elpuente.org.mx Visitado el 14 de noviembre del 2017.
2.-
El libro rojo. 1521-1867. El licenciado
Verdad. Páginas 38 y 39 con firma de Vicente Riva Palacio. (Vicente Riva
Palacio, Manuel Payno, Juan A. Mateos y Rafael Martínez de la Torre.) cdigital.dgb.unal.mx
3.-
Francisco Primo de Verdad y Ramos.
“Protomártir de la Independencia”. archivohistorici2010.sedena.gob.mx
4.-
El libro rojo. 1521-1867. El licenciado
Verdad… páginas 42 y 43.
5.-
Doralicia Carmona. Francisco Primo de
Verdad y Ramos. memoriapoliticademexico.org
Visitada el 15 de noviembre del 2017.
6.-
Francisco Primo de Verdad y Ramos.
“Protomártir de la Independencia”. Página 75 archivohistorici2010.sedena.gob.mx
7.-
Crisis Política en México de 1808. El
golpe. es.scribd.com Visitado el
15 de noviembre del 2015.
8.-
Doralicia Carmona. Francisco Primo de
Verdad y Ramos. memoriapoliticademexico.org
Visitado el 15 de noviembre del 2017.
9.-
Cuando el conjunto religioso puesto bajo el amparo de San Bernardo de Claraval
(Clàirvaux),
hoy en la esquina de Avenida 20 de noviembre y en esquina con Venustiano
Carranza poseía la maciza construcción conventual hacia su lado derecho, vista
de frente su fachada.
10.-
Doralicia Carmona. José Joaquín de
Iturrigaray y Arióstegui. memoriapoliticademexico.org
Visitado el 15 de noviembre del 2017.
11.-
Carlos María de Bustamante. Cuadro
Histórico de la Revolución de la América Mejicana. Carta Primera. Dedicada a la
memoria del señor don José María Morelos, páginas 28 y 29. antorcha.net y archivos.juridicas.unam.mx Visitadas el 15 y 16 de noviembre del
2017.
12.-
Ídem.
13.-
Francisco Ibarra Palafox. Libertad y tradición: El juicio inquisitorial y la
causa militar contra Miguel Hidalgo. Página 3. senado2010.gob.mx y jurídicas.unam.mx
Visitado el 16 de noviembre del 2017.
14.-
José Herrera Peña. El retrato de Hidalgo.
umich.mx Visitado el 16 de noviembre
del 2017.
15.-
La delación del movimiento por la Independencia en Nueva España queda adjudicada
al nombre de José Mariano Galván con fecha del 9 de septiembre de 1810 ante el
comandante Ignacio García Rebolledo. Queda asentado (Momentos estelares del
Ejército Mexicano, pagina 8,
sedena.gob.mx) que el sargento del Regimiento de Dragones dela Reina,
Buenaventura Armijo, para salvar su vida tras imputársele un asesinato, ofreció
información acerca del movimiento en gestación.
16.-
Carmen Saucedo Zarco. Los restos de los
héroes en el Monumento a la Independencia. Tomo I, Estudio histórico, en el
apartado Los restos no encontrados,
Mariano Abasolo, páginas 150 a 153. Instituto Nacional de Antropología e
Historia. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de
México. 2012.
17.-
El nombre aparece indistintamente en las diversas fuentes consultadas inclusive
con la omisión del vocablo protocolario de “don”.
18.-
Para la época, un Presidio era una fortificación militar cuya finalidad era
defender una frontera, proteger a los asentados en sus alrededores y ser base
para la pacificación del territorio bajo su encomienda.
19.-
José Guadalupe Martínez García: “Lo que
no se cuenta de la Independencia: ¿Cómo era la relación entre los líderes del
movimiento de Independencia?” Universia México universia.net.mx visitado el 14 de diciembre del 2017.
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