viernes, 6 de abril de 2018

El apoyo "oculto"


Los Guadalupes.

Víctor Manuel López Wario



La visión polarizada de los correctos y los desatinados, de los prístinos y los alucinados en franca pugna, de criollos y peninsulares diferenciados notoriamente por una traza, en síntesis, marcar una división en los actos heroicos e ideales retorcidos según el punto de vista de cada uno de acuerdo a las inclinaciones propias y el magro acopio de información disponible en los textos de la "historia patria", emborrona la complejidad humana en lo individual y en lo colectivo.
                Con esas dos sintéticas posiciones de visión, posados en esas atalayas de juicio, pareciera que, en el medio no hubieran seres en franca contradicción con este o el otro  postulado —o con ambos— y que, inmersos en las dudas de la forma por enfrentar una realidad adversa, quedaron con el "sambenito" de "tibios" para arrojarles en el sobrecargado montón de los desechables. En los dos bandos hubo seres épicos, malditos y pusilánimes; en el medio también aquellos que en su provecho tomaron por causa el beneficio personal. Que don Miguel Hidalgo contara inicialmente con el intercambio y comunión de ideales con un Abad y Queipo, con una cercanía ideológica a lo expresado por fray Antonio de San Miguel, de un doctor José Pérez Calama 1 incluso el trato y disfrute de los alimentos con el regidor Juan Antonio Riaño, con algunos de los involucrados en la Conspiración de Valladolid de 1809 [...] y contar con la melancólica oposición y descrédito del descendiente del marqués de San Clemente: don Lucas Alamán y Escalada, etcétera, marca, sólo, la diferencia en cuanto a la forma de enfrentar una realidad agobiante. Para algunos de ellos, la religión era un consuelo ante las circunstancias diarias y desde los pasillos de los conventos, institutos y casas parroquiales fluían las ideas trasladadas a los salones de la sociedad. De ellas surgieron los caudillos: Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros, el incendiario padre José Antonio Torres 2, José Antonio Magos, Juan Miguel Correa, Juan Bustamante, Francisco Sánchez, José Martínez, Guadalupe Díaz, José Pablo Calvillo (en Zacatecas y Aguascalientes), el oaxaqueño Manuel Sabino Crespo, José María Fernández del Campo... cada uno de ellos ―y muchos más en el oprobioso olvido― con su historia particular, con la carga de su ministerio y las necesidades privativas de su feligresía. Sólo unos cuantos nombres. 3 "Como ocurre con cualquier actor y pensador político, las opiniones e ideas de [Lucas] Alamán a veces han sido tratadas con cierta abstracción, como si la vida política e intelectual transcurriera al margen de la vida de sus actores. Mucho de lo que Alamán hizo, dijo y escribió puede relacionarse con los sucesos de su vida, y particularmente de su adolescencia y sus primeros años como adulto. Debo admitir que éste no es un enfoque especialmente original en una biografía, pero en el caso de Alamán ha sido poco explorado. No intento reducir sus palabras y actos a los reflejos de esta experiencia de vida, sino más bien trato de ver su interrelación. Escribe Erik Erikson: 'La identidad psicosocial… tiene también su lado psicohistórico y sugiere el estudio de cómo la historia de una vida se entreteje inextricablemente con la historia. El estudio de la identidad psicosocial depende, pues, de tres complementariedades… A saber: la coherencia personal de un individuo y su integración al grupo; sus imágenes rectoras y las ideologías de su tiempo; su historia personal… y el momento histórico.' [...]" 4
                "[...] la profunda división social que se produjo naturalmente a causa de la conquista española, y la consiguiente clasificación de razas y de castas que estableció el dominio colonial y que no ha sido posible extirpar en tan poco tiempo, desaparece también, solamente ante los altares de la Virgen de Guadalupe. Allí son iguales todos, mestizos e indios, aristócratas y plebeyos, pobres y ricos, conservadores y liberales. Es la única vez (con excepción de las leyes de la naturaleza) en que el pueblo de México soporte verdaderamente la ley de la igualdad. En las demás, hay bellas teorías, pero la práctica no puede aclimatarse. Respecto de la que hay en el culto a la Virgen se aclimató desde el siglo XVI y los autores de ella, a lo que dice la tradición, fueron el obispo español Zumárraga y el indio Juan Diego que comulgaron juntos en el banquete social, con motivo de la aparición, y que se presenta en la imaginación popular, arrodillados ante la Virgen, en la misma grada.
                "Sólo un momento crítico ha tenido esta igualdad del culto, y fue el año 10, cuando supieron los españoles y sus aliados que Hidalgo enarbolaba la imagen de la Virgen de Guadalupe, como bandera de la insurrección. Entonces sí, el pánico y el odio produjeron un poco de aversión a la Virgen india, de parte de los realistas que le opusieron a la Virgen española de los Remedios; su culto [a la de Guadalupe] se convirtió en una especie de herejía, siendo perseguidos como sospechosos los adoradores. Pero esto, sobre haber hecho más fervientes la devoción guadalupana, ventaja que tienen todas las religiones perseguidas, pasó pronto, y ya Iturbide en 1821 vino a arrodillarse en el santuario del Tepeyac, como se habían arrodillado los insurgentes a quienes persiguiera con encarnizamiento, y como se habían arrodillado antes los virreyes y las virreinas.
                "No contento con esto, y queriendo sobrepujar a sus antiguos contrarios, en amor a la Virgen, cuando se declaró emperador, debiendo rodearse de nobleza y de cruzados, creó la Orden Militar de Guadalupe […].
                "Después de Iturbide y pasado enteramente el eclipse momentáneo del culto de la Virgen, todo el pueblo volvió a unirse y con más entusiasmo que nunca en la adoración a la Madona que era ya la Deidad nacional por excelencia." 5
                "La Orden Imperial de Guadalupe, creada como orden militar en 1821 por el primer emperador mexicano don Agustín de Iturbide con la finalidad de atraer la atención y la benevolencia de los seguidores del movimiento armado iniciado por don Miguel Hidalgo y Costilla, don Ignacio Allende, don Juan Aldama, don Juan Abasolo... en el transcurso de 1810 con la toma de una imagen pintada al óleo transformada en estandarte que tantos entredichos dejara entre las partes beligerantes, imagen para amparo de los huehuenches (así denominados por fray Servando Teresa de Mier al ridiculizar los paramentos e insignias de los nuevos cruzados), con estatutos aprobados por la Junta Provisional Gubernativa el 20 de febrero de 1822 y Decreto emitido por el Congreso el 11 de junio de ese mismo año de 1822, confirmada y restituida por Antonio López de Santa Anna y posteriormente por Decreto Imperial firmado por Maximiliano I (fechado en Chapultepec el 10 de abril de 1865) dio impulso efímero a la orden desaparecida en el año de 1867 ante el triunfo de la República.
                "[…] Y luego vemos que apenas Iturbide, aunque acaudillando lo que se llamó América blanca en oposición a lo que se llamaba América prieta, no tanto quizás por los primeros caudillos, como por la Virgen de Guadalupe, triunfó en 1821, consumando la Independencia, y se coronó emperador, cuando se apresuró a rendir un homenaje solemne de respeto, más político que sincero, pero muy notable, a la Virgen insurgente creando la Orden Imperial de Guadalupe, cuyos estatutos fueron presentados primero a la Junta Provisional Gubernativa que los aprobó en [sic, por ¿el?] 20 de febrero de 1822, y luego al Congreso que los aprobó también por su decreto de 11 de junio del mismo año..."; inaugurada el 13 de agosto, día de San Hipólito. "[...] Todavía Maximiliano intentó dar vida, por última vez, a la orden de Guadalupe, y al efecto decretó desde el palacio de Chapultepec, con fecha 10 de abril de 1865, la reorganización de la citada orden, modificando sus antiguos estatutos. Según el artículo 4o  de este decreto, los caballeros debían ser 500, los comendadores 200, los grandes oficiales 100 y los grandes cruces 30, y según el 5o, la condecoración debía consistir en una cruz de oro de cuatro brazos esmaltados de los tres colores de la bandera nacional, teniendo en el centro una elipse esmeralda de verde, y en el fondo de ésta la imagen de nuestra Señora de Guadalupe sobre campo blanco. Encima del brazo superior de la cruz, un águila sobre un nopal con la corona imperial, y del brazo inferior saliendo por un lado una palma y por el otro un ramo de oliva; alrededor de la elipse, el lema: 'Religión, Independencia, Unión', y al reverso, en letras esmaltadas, esta leyenda: 'Al mérito y virtudes'." 6
                "[...] José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix nació el 29 de septiembre de 1786 en la Villa de Tamazula, provincia de Nueva Galicia, hoy Durango (otros señalan el 16 de septiembre del año de 1785). Hijo de Manuel Fernández y de Alejandra Félix, durante la infancia perdió a sus padres, por lo que cuidó de él su tío Agustín Fernández, el cura de Tamazula, quien le brindó su primera educación en un ambiente duro y de privaciones. A la edad de 19 años se trasladó a Durango, donde estudió por breve tiempo en el seminario; de ésta pasó a la ciudad de México en 1807 para inscribirse en el Colegio de San Ildefonso a fin de estudiar las carreras de Derecho Canónico y Derecho Civil. Ahí se integró a un grupo llamado 'chaquetas', dispuesto a servir al gobierno virreinal, al que dejó al poco tiempo.
                "En 1811 abandonó sus estudios al unirse a las fuerzas de José María Morelos y Pavón. Por su valentía y arrojo Victoria [hasta este momento todavía era José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix] fue ascendido al grado de coronel por Juan Nepomuceno Rosains [en otras fuentes aparece como Rosáins o Rossainz], fue entonces cuando adoptó otro nombre, con el que sería famoso: Guadalupe Victoria, quizás porque era miembro de Los Guadalupes, o tal vez recordando a la Virgen de Guadalupe, patrona y protectora de los insurgentes, y a la victoria que con tanta convicción perseguía y que estaba seguro de alcanzar. Su nuevo nombre fue tolerado por el propio Morelos [...]" 7
                Los antecedentes de la sociedad secreta de "los Guadalupes" yacen en los frustrados movimientos libertarios de Valladolid en 1808 y de Querétaro en 1810. Surge en aquellos momentos un grupo con denominación de "El Águila": "Sus integrantes se reunían a discutir ideas prohibidas, motivadas por las corrientes de pensamiento europeo y por la emancipación de los Estados Unidos, pero también para alentar la lucha armada por medio de provisiones y financiamiento... solían firmar sus documentos como 'Los Doce', 'Número 12', 'Señor número doce', 'El de los pantalones', 'Serafine Rose' y, más comúnmente, 'Los Guadalupes' [...] Tras la derrota y muerte de Hidalgo, gran cantidad de sus integrantes fueron capturados y, acogiéndose a la amnistía, desaparecieron del escenario público. No obstante, su esencia y sus propósitos sobrevivieron. Cuando Ignacio López Rayón tomó la rienda de la insurgencia, se dio a la tarea de poner orden en el movimiento. De este modo, creó la Suprema Junta Gubernativa de América o Junta de Zitácuaro, la cual se dividió en diversas áreas muy bien definidas, como la militar, la administrativa y, sí, la de espionaje [...] Quienes fungían como espías eran personas cercanas al poder virreinal. Siempre en la oscuridad, siempre en el anonimato, se encargaban de difundir información valiosa, de interceptar correos y comunicaciones, pero también de hacerles llegar a los combatientes medicamentos, vendas confeccionadas por las mujeres, alimentos, armamento, papel e imprentas para que pudieran publicar algunos de los periódicos insurgentes y, algo muy importante, dinero." 8
                "Al fracasar la conspiración de Valladolid en la cual estaban inodados los militares José María García Obeso y José Mariano Michelena, Mariano Quevedo, José María Abarca y otros, los eclesiásticos Manuel Ruiz de Chávez, cura de Huango; fray Vicente de Santa María; los licenciados José Nicolás Michelena, (don José Ignacio Antonio de) Soto Saldaña (y Ruíz de Frutos), así como Antonio Cumplido, Antonio Castro, José María Izazaga, Lorenzo Castillo y varios más, los conspiradores fueron unos conducidos a la ciudad de México, otros tuvieron a Valladolid por cárcel, algunos huyeron, más en todos ellos se mantuvo el anhelo libertario y varios participaron con posteridad y activamente en la guerra insurgente con sus armas y sus plumas [...].
                "[...] Resultaba necesario no sólo ganar al enemigo las batallas, sino convencer a los remisos, a los opacados y también mantener informados a todos los que luchaban por la independencia del desarrollo de la contienda, de las ventajas de los nacionales y a éstos de las maquinaciones de los realistas, de sus planes de ataque, de sus recursos. Un servicio de inteligencia, de enlace, se imponía para realizar esas funciones mas ese servicio por su propia naturaleza tenía que permanecer oculto, anónimo, disperso en todos los ámbitos, mas con gran cohesión, con gran sentido organizador y actuando con sigilo, suma prudencia, cautelosa e inteligentemente.
                "Fue esta necesidad la que hizo surgir de entre los partidarios de la independencia, la idea de constituir una organización bien tramada, activa y secreta que sirviera de medio eficaz para unir a los simpatizantes dispersos de la insurgencia, que los conectara con los jefes y que diera a los grupos rebeldes el auxilio material y moral que requerían en una guerra que era desigual." 9
                Don Ernesto de la Torre Villar asienta en la nota 4 de su texto: "En la orden de Calleja a Melchor Álvarez, de 5 de noviembre de 1814, se dice ya muy avanzado el tiempo, que esos partidarios son 'condes, marqueses, oidores, regidores y otros individuos como doctores, licenciados y comerciantes', lo cual revela la composición de ese grupo en el que se contaba con personajes de prominencia social." 10
                La comunicación de los jefes insurgentes con la sociedad secreta de Los Guadalupes y de éstos con los primeros fue abundante. El riesgo era mayor y de ahí a que procurasen su desaparición tan pronto el interesado leyera el contenido. De la mucha correspondencia quedaron aún, para desgracia de los interesados algunas misivas capturadas con los personajes involucrados que costara la seguridad y vida de los correos, significativamente la correspondencia tomada a don José María Morelos en la trágica escena de Temalaca el 5 de noviembre de 1815, que no fue la única mas sí destacada en las crónicas del movimiento armado, o, para evidenciar el comportamiento de "la gente del cuarto alto, o lo que llaman nobleza, los cuales son todos unos egoístas, y uno que otro que se llama él mismo insurgente desea ver la libertad de su patria, pero no quiere exponerse a contribuir a ella, y si hace algo a su favor, es cubriéndose y sin dar la cara para no estar mal con el gobierno." 11 Acusación un tanto inmerecida ya que precisamente esa función exigía discreción y anonimato para su actividad. La Sociedad informa a los jefes en quién confiar, a quién mantener a prudente distancia, de las deserciones en el campo realista, de las dudas en cuanto a la supuesta deserción, de cantidades y mercancías por llegar a la capital de la Nueva España, prohijó los periódicos "El Pensador Mexicano" (calificado posteriormente de "acomodaticio"), el "Ilustrado" publicado en Tlalpujahua (auspiciado por don Ignacio López Rayón), el "Juguetillo" y tres o cuatro más dentro de entre una serie de incontables "papeluchos" indecentes y que poca estima lograran entre los simpatizantes al movimiento, con poco favor a la causa y francamente contrarios a la finalidad.
                De "Los Guadalupes" y simpatizantes surgieron los representantes populares del 4 de julio de 1813: Miguel Guridi y Alcocer, José María Fagoaga, José Antonio del Cristo y Conde, Pedro Acevedo y Calderón, Bernardo González de Angulo, José Mariano Marín, Tomás Rodríguez Pontón, Antonio Manuel Couto...
                La "diabólica junta" — así denominada por Calleja—, tras las derrotas durante 1814, fue el enemigo a vencer a fin de impedir el abastecimiento y las comunicaciones en favor de las desperdigadas y desmoralizadas fuerzas insurgentes. En la correspondencia requisada a "Los Guadalupes" surgen los nombres del marqués de Rayas, del Licenciado Guzmán y de las Llaves, de don Manuel Cortázar y del magistrado Alcalá lo mismo que del regidor don Dionisio Cano y Moctezuma... "En honor a la verdad, es necesario decir que, aunque Calleja conocía el secreto de la asociación de los Guadalupes y a muchos de sus individuos, no abusó de él. Sin embargo, esa variación que manifestó luego que obtuvo el título de virrey, hizo que en lo sucesivo se obrara con suma precaución." 12
                A “Los Guadalupes” débele el movimiento independentista la difusión de la Constitución de Cádiz de 1812, la creación de imprentas para la fundación y sostenimiento de los periódicos afines a su ideología y la divulgación de los textos de carácter independentista.
                "Los antecedentes de la masonería en México más bien se encuentran en unas sociedades afines a la masonería o protomasónicas, que se llamaban sociedades de pensamiento, se fundaron a fines del siglo XVIII, tanto en Francia y en España, así como en algunas de las colonias de ultramar y a las que pertenecieron varios mexicanos que después se afiliaron a la masonería. Tal vez era de esta naturaleza una logia que funcionaba a principios del siglo XIX en la casa del regidor del Ayuntamiento Manuel Cuevas Moreno de Monroy Guerrero y Luyando, en la calle de las Ratas, hoy 7ª. de Bolívar, y que a ella pertenecieran el licenciado Primo de Verdad y Ramos y don Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro. Afirma José Ma. Mateos que a esta logia se afilió el cura Hidalgo, pero no hay más constancia histórica de este hecho que tal afirmación. 
                "Podemos decir que otra sociedad de pensamiento fundada, en México en 1808, fue la misma sociedad de Los Guadalupes, con sedes en México y Puebla. Otras fueron la Sociedad de los Caballeros Racionales, instituida en Jalapa, en 1810; y la de San Juan, instaurada en Mérida, en 1812. 
                "En la organización se observaba la influencia de los carbonarios italianos y de la masonería. Se fortaleció a tal grado que, en 1812, Julián Roldán, receptor de la Sala del Crimen y auxiliar de la Junta de Seguridad y Buen Orden Público informó al virrey: [...] de la existencia de una diabólica junta, la cual estaba enterada de cuantas providencias y pasos se toman por el gobierno y Junta de Seguridad, los cuales dan a conocer a los cabecillas de la rebelión [...] estas correspondencias se han sabido ya por los interceptados correos y ya por los reos que se han aprehendido, con la diferencia de que por los autores de unas cartas se ha sabido quiénes son, antes de que usasen una clave con que en la presente se manejan los insurgentes de esta capital, como es la del Sr. Don número uno, el Sr. Don número dos, tres y cuatro y demás siguientes [...] no puede negarse que la masonería, cuyos principios esenciales [...] coadyuvaron a los movimientos emancipadores de toda América [...] en el México de esos años contó con partidarios que comulgaban con sus ideas universalistas [pero no] les interesaban las ciencias iluministas de los grupos europeos y sí los fines políticos que en la mayor parte de las logias se proclamaban, esos partidarios [los masones] se sumaron totalmente al grupo insurgente, a la organización de Los Guadalupes y no representaron grupo aparte." 13
                Con un último destello hasta la derrota y muerte de don Pedro Moreno y del navarro Francisco Javier Mina (francmasón para la mayoría de su biógrafos), la sociedad de Los Guadalupes sumará su destino al de las sociedades masónicas. "[...] El ciclo de vida de la sociedad de los Guadalupes llegaba a su término. A partir de la expedición de Mina, muchos de ellos seguirán actuando y se les verá participar en la política mexicana antes y después de la consumación de la independencia, pero no ya como grupo coherente, sino persiguiendo en ocasiones distintos principios, aun cuando todos ellos hayan coincidido en uno que era el primordial: obtener la libertad tan anhelada desde los años de 1808, esa libertad que tanta sangre y tantos esfuerzos había costado y la cual ellos hicieron posible con su nobleza, levantada actitud e indomable espíritu.
                "Por ello, los señores Guadalupes merecen el honor de la patria mexicana que contribuyeron a forjar.
                "Pese a las menciones continua de listas de nombres sueltos, no ha sido posible hasta el día reconstruir la nómina de los señores Guadalupes. Muchos fueron, unos en una forma, otros en otra, y todos contribuyeron a hacer realidad la independencia de México." 14
                Que numerosos nombres de los aparecidos en las nóminas de "Los Guadalupes" nos resulten extraños y de valor menor no significa la pobreza intelectual y visionaria de los personajes, nos da una realidad del olvido y empobrecimiento histórico, quizá para no arañar el pedestal forjado para unos cuantos personajes destacados del complejo movimiento libertario. Algunos de los notorios miembros de la sociedad Los Guadalupes, unos con mayor certeza y otros por confirmar o descartar, fueron:
                "Ignacio Adalid y Gómez, hacendado, pulquero y letrado; José María Alba y Llave, comerciante; José María Alcalá y Orozco, eclesiástico; Francisco de Arce, comerciante; Manuel Argüelles, abogado; José Nicolás Becerra, burócrata; José Antonio de Bustamante, licenciado, escribano; Joaquín Caballero de los Olivos, regidor perpetuo; Dionisio Cano y Moctezuma, cacique indígena y comerciante; Pedro Cárdenas, abogado; José Manuel Cortázar, abogado; José Antonio del Cristo y Conde, abogado; Manuel Díaz, abogado y hacendado y su esposa Antonia Peña; José Ignacio Espinosa, abogado; José María Fagoaga y Lizaur, hacendado (firmante del acta de independencia en 1821); Agustín Gallegos (¿?); José Antonio Garcés y Eguia, abogado; José María de la Garza Falcón, abogado; Benito José Guerra (¿?); Diego Andrés Hurtado de Mendoza, Conde del Valle de Orizaba; José María de Jáuregui, abogado (firmante del acta de independencia en 1821); Félix López de Vergara, eclesiástico y abogado; Antonio Ignacio López Matoso, abogado; Francisco y José María de la Llave, comerciantes; Ignacio Moreno y Barros, Marqués del Valle de Ameno; José Cándido de la Parra, burócrata de tesorería; José Nazario Peimbert y Hernández, abogado (su nombre aparece en a la Sociedad “El Águila”) y su hija Margarita Peimbert;  José María Peláez, eclesiástico; Ricardo Pérez Gallardo, abogado; Juan Bautista Raz y Guzmán, abogado (miembro de la Junta Provisional Gubernativa [1821 – 1822]). Antonio del Río; hacendado (miembro de la sociedad “El Águila”); Juan Wenceslao Sánchez de la Barquera, periodista, escritor y abogado; Francisco Manuel Sánchez de Tagle, escritor, poeta, propietario de fincas, regidor perpetuo, además de firmante del acta de independencia y miembro de la Junta Provisional Gubernativa (1821 – 1822); José Mariano de Sardaneta y Llorente, segundo Marqués de San Juan de Rayas, minero, además de firmante del acta de independencia y miembro de la Junta Provisional Gubernativa (1821 – 1822); Ignacio Velarde (miembro de la sociedad “El Águila”); María Leona Vicario Fernández, (que a más de esposa de Andrés Quintana Roo era mujer con recursos provenientes de sus haciendas esencialmente benefactoras del pulque); Manuel Villaverde, eclesiástico; Valentín Zerecero (miembro de la sociedad “El Águila”) y su hijo Anastasio Zerecero; José Manuel Zozaya Bermúdez, abogado y burócrata; Francisco Antonio Galicia, cacique indígena de la parcialidad de San Juan (¿?); Jacobo de Villaurrutia y López Osorio, abogado y burócrata." 15
                Hay presunciones para la inclusión del obispo poblano José Antonio Joaquín Pérez Martínez y Robles a más de ser el primer firmante del acta de Independencia de México. Además de doña Leona Vicario, esporádicamente aparecen los nombres de: Carmen Camacho, Josefa Ortiz de Domínguez, Gertrudis Bocanegra, Mariana Rodríguez del Toro, Teodosita Rodríguez y de la “casquivana”, “locuaz” y muy influyente María Ignacia Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra (“La güera Rodríguez”), quienes en algunos compendios aparecen muy cercanas a la críptica sociedad de “Los Guadalupes”, en otras mencionadas sólo a manera de simpatizantes y favorecedoras.
                Aquí y por resultar de interés, será pertinente remitirnos al cuadro de "Los Guadalupes" incluido por la historiadora Virginia Guedea 16, en dicho cuadro los personajes pierden grisura y el conjunto adquiere la pluralidad y complejidad del movimiento y de los intereses.
"... la sociedad secreta de Los Guadalupes acaparó la atención de varios investigadores atraídos por las discontinuas referencias que a ellos hicieron los escritores decimonónicos, quienes abordaron el tema de las 'revoluciones' de principios de su siglo, como Zerecero, Alamán, Mora, Bustamante o del Castillo Negrete; estas referencias se repitieron en los historiadores que abordaron en lo general temas de la Independencia como Teja Zabre o James Manger en la década de los cuarenta. Mas la duda prevalecía: ¿quiénes eran y qué hicieron estos misteriosos personajes? En 1950, W. H. Timmons publicó un conciso artículo en el que ensaya la cronología de las acciones de esta sociedad desde los meses posteriores al levantamiento de septiembre de 1810 hasta los arrestos realizados por Calleja a principios de 1815. Estos 'héroes olvidados', como los llama Timmons, habrían tenido para él básicamente la función de espías al servicio de la causa independentista, y esta misma visión prevalece en las partes dedicadas a Los Guadalupes de su obra sobre Morelos.
"Una década más tarde, el doctor José Miranda recopiló la correspondencia de Los Guadalupes existente en el Archivo General de Indias, la cual no llegó a publicarse entonces; en 1966 Ernesto de la Torre Villar publicó la correspondencia dirigida a Morelos por Los Guadalupes, tomada a aquél por los realistas en Tlacotepec, con un estudio preliminar cercano a la reconstrucción cronológica y a la visión de Timmons...
"[...] La base social de acción de Los Guadalupes, 'Serpentones', 'Serafina Rosier', 'Onofres' o 'números 12' (seudónimos relacionados con la sociedad política secreta de la ciudad de México) va desde las relaciones profesionales abogados, principalmente, las relaciones familiares, amorosas, de compadrazgo, de amistad, hasta las clientelares. Es una base sólida que permitió, por una parte, la incorporación de individuos que sin vínculos previos poseían intereses comunes; por otra, la concertación de acciones de individuos o colectividades con diversos intereses: partidarios de la insurgencia, autonomistas, antiguos regidores, gente que eventualmente prestaba algún servicio con objeto de molestar al régimen, descontentos, hasta miembros de las parcialidades indígenas que vieron en peligro su status jurídico con las transformaciones políticas de la península; y, finalmente, el establecimiento de vías de comunicación y tránsito de recursos a partir de relaciones familiares y clientelares de individuos de la sociedad secreta con individuos de las zonas insurgentes cercanas a la capital." 17
Al analizar de esta manera la conformación de la sociedad secreta de Los Guadalupes, sus bases sociales y su amplitud y flexibilidad de acción, (Virginia) Guedea aporta elementos y matices muy importantes para el debate de una extendida interpretación de la guerra de Independencia que ha considerado a las ciudades como islas pacíficas en medio de la tormenta de la insurrección rural.
"... [Virginia Guedea]... devuelve la historia un poco más como lo que es la vida: alejada de esquemas maniqueos, héroes y heroínas que tenían por deber teleológico hacer la independencia y darnos patria. Una historia más cercana a los individuos de carne y hueso que viven ciertas circunstancias en su ámbito social y se identifican por intereses e ideas comunes [...] labor en la cual es apoyado por un cuadro final con los nombres, vínculos, profesiones y actividades de cuarenta y cinco individuos (mujeres [3] y hombres [42]) relacionados con la sociedad de Los Guadalupes..." 18
                "Los Guadalupes pertenecían a clases sociales diversas y profesiones tan dispares como curandero, fraile, empleado de la Secretaría del Virreinato, boticario, militar, confitero, indio pintor, abogado, médico o comerciante. Eran criollos en su mayoría, aunque había algunos militantes indígenas.
"Numerosas figuras de la época, como los historiadores José María Luis Mora y Carlos María de Bustamante, el abogado Ignacio López Rayón, Andrés Quintana Roo y su esposa, Leona Vicario, fueron parte del grupo, que colaboró directamente con los militares insurgentes Mariano Matamoros y José María Morelos.” 19
SECRETO A VOCES
                "En 1808, tras la ocupación francesa de España y la destitución de Carlos IV,  Francisco Primo de Verdad, síndico del Ayuntamiento de la Ciudad de México, propuso al virrey José de Iturrigaray convocar a todos los ayuntamientos de la Nueva España para formar un gobierno provisional, con el argumento de que a falta del monarca español, la soberanía volvía al pueblo. El virrey fue depuesto por una asonada y Primo de Verdad acusado de traición y asesinado en prisión.
"Dos años después, cuando estalló la lucha armada contra la Corona española, en la Ciudad de México aparentemente reinaba la calma. Sus habitantes no eran bien vistos por los independentistas. En diciembre de 1810 El Despertador Americano, primer periódico insurgente, refería: 'Mientras que todo el Reyno experimenta la más fuerte y general fermentación (…) y advirtiéndose en todos los Americanos una actitud intrépida y belicosa; el apáthico Mexicano vegeta a su placer, sin tratar más que de adormecer su histérico con sendos tarros de pulque […] ¿Habrá entre los habitantes de aquella Ciudad populosa, una milésima parte capaz de pronunciar con firmeza: mi Patria, mi libertad?”. 20
"Sin embargo, en 1811 Los Guadalupes empezaron a operar en la capital.
"En ese mismo año apoyaron a la Suprema Junta Nacional Americana, creada en agosto por López Rayón, colaborador cercano del cura Hidalgo y quien sería figura clave del grupo. La Junta buscaba dotar de una organización política, militar y legal al movimiento insurgente, para lo cual era indispensable establecer una red de información que facilitara la comunicación con los líderes rebeldes. Ésa fue la principal tarea de Los Guadalupes, quienes iniciaron una nutrida correspondencia con Morelos.” Así, por ejemplo, en una carta del 9 de abril de 1813, le informaban al jefe insurgente que Leona Vicario estaba presa en el Colegio de Belén: “el motivo de su prisión fue un correo que le cogieron de Tlalpujahua, pero ella, a pesar de su sexo, ha tenido la fortaleza de no condenar a ninguno, sin embargo del mal trato que está sufriendo y de las amenazas que continuamente le hacen”. 21
En septiembre de 1812 fue promulgada en España la Constitución de Cádiz, que permitía a las colonias la elección de ayuntamientos, diputaciones provinciales y de los representantes que enviarían a las Cortes españolas. 22 Los Guadalupes aprovecharon la coyuntura y promovieron a sus miembros como candidatos.
"Annino apunta: 'No hay que olvidar que los indios, con Cádiz, entraron masivamente en el mundo de los derechos liberales. El balance fue positivo porque todos los cuerpos territoriales se emanciparon del gobierno de los representantes de la Corona. Ésta fue una ruptura que abrió el camino hacia la independencia absoluta'.
"En lo que se consideran las primeras elecciones en nuestro país, en noviembre de 1812 se eligió  a los electores que luego votarían por síndicos y diputados. En la Ciudad de México prácticamente todos los postulantes autonomistas resultaron ganadores. La gente celebró en las calles. (En julio de 1813, se eligieron diputados para las Cortes españolas. Los candidatos opositores a la Corona, muchos de ellos Guadalupes, también obtuvieron triunfos en la capital.)
“Hemos dado segundo ataque dentro de esta capital a nuestro feroces enemigos, siendo la victoria nuestra completamente: pero verá V. E. , por adjuntos diarios que le acompañamos de las elecciones celebradas en esta capital de diputados para las Cortes de Cádiz, tomamos empeño en que recayesen las elecciones en todos americanos del mejor modo de pensar, buenas cualidades y grande amor a su patria y efectivamente lo conseguimos a toda nuestra satisfacción”, 23 escribieron los Guadalupes a Morelos el 5 agosto de 1813.
Como era de esperarse, esos resultados inquietaron a las autoridades españolas. El militar Félix María Calleja le escribió al ministro de Gracia y Justicia de España: “La continuidad de los buenos sucesos de la guerra ha ido poniendo en mis manos documentos justificativos […] de tal manera que han producido la constancia necesaria para rrestar (sic) al ex regidor, actual diputado electo para Cortes, don Ignacio Adalid [y Gómez] que queda procesándose como verdadero traidor, miembro de una diabólica junta establecida en esta capital bajo el nombre de Los Guadalupes”. 24 (La carta de Calleja del Rey al Ministro de Gracia y Justicia fue dirigida a ¿don Antonio Cano Ramírez de Arellano ―23 de junio de 1812 al 10 de octubre de 1813― o a don Manuel García Herreros ―interino del 10 de octubre de 1813 al 4 de mayo de 1814―?, resulta interesante el hecho y hasta irónico, ya que este periodo corresponde a la usurpación del trono español por el impuesto José I de España.)
                "Al año siguiente, 1814, Fernando VII regresó a España y abolió las libertades que brindaba la Constitución de Cádiz. Calleja no tardó en declararles la guerra a los insurrectos visibles y a los ocultos.
"Reforzó la vigilancia, y a quien los apoyara le esperaba la cárcel, el destierro, trabajos forzados, el fusilamiento o el garrote.
"En su proclama del 22 de junio de 1814 advirtió a la población sobre las medidas que se tomarían, de persistir la insurrección: 'Se incendiarán los pueblos infieles, serán obligados los ciudadanos a la más estricta policía […], se levantarán patíbulos por todas partes y correrá la sangre donde quiera.'
"Ese año, los insurgentes sufrieron numerosas derrotas, tanto militares como en sus redes de comunicación. Muchos Guadalupes fueron detenidos tras la derrota del ejército insurgente en Valladolid, pues los realistas encontraron cartas de ellos dirigidas al jefe rebelde entre las cosas de Mariano Matamoros.
"Finalmente, en 1815, con el fusilamiento de Morelos y la escalada represiva, Los Guadalupes quedaron casi inmovilizados y la organización se fue extinguiendo.
                "Annino resume el impacto de las tribulaciones sociales de la época: 'Cada guerra es socializante y la de aquellos años involucró a casi todo el país. Los dos bandos necesitaban de los pueblos. Fue una guerra de guerrillas y de antiguerrilla, que involucró a mucha más gente que a los meros combatientes'. Los Guadalupes fueron parte de esa gente." 25
Acta de Independencia del Imperio Mexicano, pronunciada por su Junta Soberana congregada en la capital de él en 28 de septiembre de 1821.
La Nación Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre el uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido.
                Los heroicos esfuerzos de sus hijos han sido coronados; y está consumada la empresa, eternamente memorable, que un genio, superior á toda admiración y elogio, amor y gloria de su Patria, principio en Iguala, prosiguió y llevó al cabo, arrollando obstáculos casi insuperables.
                Restituida, pues esta parte del septentrión al ejercicio de cuántos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza. Y reconocen por inajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra; en libertad de constituirse del modo que mas convenga á su felicidad; y con representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios; comienza á hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente, por medio de la Junta Suprema del Imperio, que és Nación Soberana, é independiente de la antigua España, con quien, en lo sucesivo, no mantendrá otra unión que la de una amistad estrecha, en los términos que prescribieren los tratados: que entablará relaciones amistosas con las demás, potencias ejecutando, respecto de ellas, cuántos actos pueden  y están en posesión de ejecutar las otras naciones soberanas: que va á constituirse, con arreglo á las bases que en el Plan de Iguala y Tratado de Córdoba estableció, sabiamente, el primer Jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías; y en fin que sostendrá á todo trance y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus individuos, (si fuere necesario) esta solemne declaración, hecha en la capital del Imperio a veinte y ocho de septiembre del año de mil ochocientos veinte y uno, primero de la Independencia Mexicana.
                "Agustín de Iturbide [sic].– [José] Antonio [Joaquín Pérez Martínez y Robles], obispo de la Puebla.– Lugar de la firma del S. [Juan] O’Donojú (espacio sin firma además de Francisco Severo Maldonado.–, José Domingo Rus y Ortega de Azarraullía.–, Miguel Sánchez Enciso.– José Mariano de Almanza [o Almansa]).– Manuel de la Bárcena.– Matías Monteagudo.– José [Isidro] Yáñez.– [Lic. Juan Francisco [de] Azcarate.– Juan José Espinosa de los Monteros.– José María Fagoaga.– José Miguel Guridi Alcocer.– [don Miguel Cervantes y Velasco]... marqués de Salvatierra.– [don Manuel de Heras Soto] ... conde de Casa de Heras Soto.– Juan Bautista Lobo.– Francisco Manuel Sánchez de Tagle.– Antonio de Gama y Córdoba.– José Manuel Sartorio.– Manuel Velázquez de León.– Manuel Montes Argüelles.– Manuel de la Sota (o Sotta) Riva.– [José Mariano de Sardaneta y Llorente; Segundo] ... marqués de San Juan de Rayas.– José Ignacio García Illueca.– José María de Bustamante.– José María Cervantes y Velasco. – Juan María Cervantes y Padilla.– don José María Cervantes y Velasco, ex conde de Santiago de Calimaya.– José Manuel Velázquez de la Cadena [y Villas y Villamil (marqués de La Cadena)].– Juan de Horbegoso [u Horbegozo].– Nicolás Campero.–  [don Pedro José Romero de Terreros]... conde de Jala y de Regla.– José María de Echevers y Valdivielso (o Valdivieso) [marqués de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya].– Manuel Martínez Mancilla (o Mansilla).– Juan Bautista Raz y Guzmán.– José María de Jáuregui.– José Rafael Suárez (o Juárez) Pereda (o Peredo).– Anastasio Bustamante.– Isidro Ignacio de Icaza.– Juan José Espinosa de los Monteros, vocal secretario." 26
                Para memoria de la nueva Nación, el Acta quedó en dos copias, la primera de ellas entregada a la Junta Provisional Constitutiva puesta en exposición en el recinto de la Cámara de Diputados y perdida en el incendio del conocido Teatro Iturbide que destruyó íntegramente la biblioteca el 29 de marzo de 1909. “[…] El Imparcial y El País calificaron de devastados [sic ¿por devastador?] ese incendio. Narraron que luego del siniestro no ha quedado nada, ni siquiera piedra sobre piedra. Por la conflagración se perdió la totalidad del archivo legislativo que se había logrado rescatar del incendio en Palacio Nacional, de 1872; se perdió para siempre el original del Acta de Independencia y un retrato del general José María Morelos y Pavón. Lo que quedó del incendio de 1909 fue demolido y en su lugar comenzó a construirse a partir del 10 de junio de ese año un edificio que combinaría muchos estilos, que pasaría del clásico al gótico, no sin olvidar [¿?] características afrancesadas de boga en la época. (sic)”
Un tanto en contradicción con la abrumadora afirmación de no quedar “piedra sobre piedra”, salvo por la demolición posterior, el pie para una fotografía asienta: “Exterior dela Cámara de Diputados. El martes 29 de marzo de 1909 27 después de haber extinguido los bomberos el fuego que destruyó este hermoso recinto y ocasionó la pérdida irreparable del valioso archivo de la H. Cámara de Diputados, desgracia terrible que nunca será bien lamentada.” 28
                La segunda copia entregada al resguardado de la Regencia del Imperio en Palacio Nacional despareció por robo en el año de 1830, de este hecho don Lucas Alamán asentó: "No existe en la república más copia (manuscrita) que la que está en el salón de sesiones de la Cámara de Diputados (la que desapareció por incendio en el año de 1909); la otra fue vendida por un empleado infiel a un viajero curioso dando a parar en Francia." Así, quedan en las sombras los dos personajes involucrados: el “empleado infiel” y el “viajero curioso”.
                Una complicación para nuestro entendimiento: “El acta de Independencia del Imperio Mexicano es una de las dos que se realizaron y signaron el 28 de septiembre de 1821 en Palacio Nacional, documento que puso fin a la monarquía española en la Nueva España, explica [Lilia] Rivero Weber [Conservadora Palacio Nacional].
                “['] Se  hicieron dos ejemplares, uno para el gobierno y el otro para la Junta Provisional Gubernativa, la cual deposito su Acta de Independencia en la Sala de sesiones del Recinto Parlamentario, espacio que sucumbiría en el incendio del 22 de agosto de 1872', y de ahí la importancia de la recuperación del documento robado, comenta la especialista.” 29
                Con una “cabecita secundaria” prometedora (La atropellada historia del Acta de Independencia de México), Historia de México nos regresa a la historia admitida. “Una de la dos actas fue entregada [a] la regencia del imperio y otra [a] la junta provisional gubernativa, quienes dispusieron ubicarlas en el Palacio Nacional y en la Cámara de Diputados respectivamente; la primera de las dos en tener una historia difícil fue la que se ubicaba en el Palacio Nacional, la que se le entrego a la regencia del imperio y es que en 1830 fue robada por un empleado y se la vendió a un francés que estaba de viaje. La de la Cámara de Diputados vivió casi todos sus días sin problemas, hasta que en 1909 la Cámara se incendió y con ella el Acta. La otra copia paso por muchas diferentes manos en Europa, pero hoy en día ya descansa en el Archivo General dela Nación.” 30
                Florencio Gavito Bustillo “[…] originario de Puebla […] vivía en Biarritz, Francia. Se dedicaba a la industria textil y tenía una enorme colección de libros y amigos con aficiones similares. Entre ellos. Luis García Pimentel. Coleccionista español que un día de 1947 le ofrece a la venta un 'documento interesante' heredado de su abuelo, Joaquín García Icazbalceta.” La compra de la copia del Acta fue por la cantidad de 10 mil pesos misma que a su regresó a México decidió entregar al gobierno mexicano, acto interrumpido por su fallecimiento por leucemia en 1958.
                Posteriormente, los herederos de don Florencio Gavito, obedecido el deseo póstumo de su antecesor, facilitaron el documento para un proceso de autentificación culminado el 14 de noviembre de 1961 para la entrega oficial el 21 de  noviembre del mismo año al Presidente de la República Adolfo López Mateos con la presencia del Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz y el secretario de Educación Pública don Jaime Torres Bodet. Expuesta temporalmente en el Castillo de Chapultepec quedó protegida en el Archivo General de la Nación. 31


Notas:
1.- "No hay que olvidar que José Pérez Calama, originario de la zona más misérrima de España, de las Batuecas, fue el encargado del Seminario Humanístico que se estableció en Puebla, y más tarde, siendo Deán de la Catedral de Valladolid, impulsó la reforma de la instrucción y convocó a varios concursos serios de la reforma al estudio de la filosofía y la teología, en uno de los cuales resultó triunfante Miguel Hidalgo, por entonces colegial del Colegio de San Nicolás." Ernesto de la Torre Villar. El clero y la independencia mexicana, reflexiones para su estudio. arquidiocesisgdl.org consultado el 23 de marzo del 2017.
2.- “El ave negra” en la lucha por la independencia. Así denominado por don Guillermo Prieto. Mina y Moreno. Monografía Histórica, página 185. bicentenario.gob.mx Visitado el 7 de febrero del 2018.
3.- Carlos Villa Roiz. Sacerdotes poco conocidos en la lucha insurgente. siame.mx consultado el 23 de marzo del 2017 y en Los curas dela Independencia de México. cronica.com.mx Visitado el 7 de febrero del 2018.
4.- Eric van Young. Vidas privadas y mitos públicos. terra.com.mx Consultado el 23 de marzo del 2017.
5.- Ignacio Manuel Altamirano. La fiesta de Guadalupe, páginas 1131 y 1132, en Testimonios históricos guadalupanos. Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda. Fondo de Cultura Económica, 1982.
6.- Ignacio Manuel Altamirano. Ídem, páginas 1202, 1203 y 1209.
7.- Doralicia Carmona. Victoria Guadalupe (sic). Memoria Política de México. Visitada en marzo del 2017 y revisada el 7de febrero del 2018.
8.- Carlos Eduardo Díaz. Los Guadalupes. mexicanismos.com.mx consultado el 24 de marzo del 2017.
9.- Ernesto de la Torre Villar. La sociedad secreta de Guadalupes, páginas 461, 464 y 465. archivos. juridicas.unam.mx consultado el 23 de marzo del 2017 y revisado el 7 de febrero del 2018.
10.- Ernesto de la Torre Villar. Ídem, página 467.
11.- Ernesto de la Torre Villar. Ibídem, páginas 476 y 477.
12.- Ernesto de la Torre Villar. Ibídem, página 503.
13.- Víctor Luis Castellón Cervantes. Los Guadalupes, páginas 150 y 151. Amicus Curiae. Vol. 1, Número 4, Mayo-Agosto 2015,  3ra época. Revista Electrónica de la Facultad de Derecho.
14.- Ernesto de la Torre Villar. Obra citada, páginas 507 y 508.
15.- Con base en Los Guadalupes de Víctor Luis Castellón Cervantes. Obra citada.
16.- Virginia Guedea en su En busca de un gobierno alterno: Los Guadalupes de México, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1992 (Serie Historia Novohispana, 46. Seminario de Rebeliones y Revoluciones en México), página 412.
17.- Martha Beatriz Loyo (editora), Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 19, 1999, p. 124-130. DR © 2006. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Históricas. unam.mx/moderna/ehmc/ehmc19/250.html
18.- Martha Beatriz Loyo. Ídem.
19.- Regina Zamorano. Los Guadalupes: la guerra secreta.
20.- Ignacio Sosa. Notas sobre la constitución histórica y la constitución política de 1857. Página 56. Cita este párrafo habido en la página 18 de “El Despertador” correspondiente al 20 de diciembre de 1810. estudioshsitoricos.inah.gob.mx Revisado el 7 de febrero del 2018.
21.- Regina Zamorano. Obra citada.
22.- guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/el-centro-fondo/los-guadalupes-la  Consultado el 30 de agosto del 2015.
23.- Regina Zamorano. Obra citada.
24.- guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/el-centro-fondo/los-guadalupes-la  Consultado el 30 de agosto del 2015.
25.- guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/el-centro-fondo/los-guadalupes-la  Consultado el 30 de agosto del 2015.
26.- Firmantes del Acta de Independencia según Lucas Alamán cotejado contra el aporte del Lic. Juan Francisco Romero Pérez, Coordinador del Archivo General Municipal e Histórico de Tepatitlán. Cronista Honorario de los Altos de Jalisco. tepatitlan.gob.mx y juridicosegobver.gob.mx y bicentenarios.es Visitados el 25 de febrero del 2017 y confrontados el 7 de febrero del 2018.
27.-  En esta fecha queda un yerro. De corresponder la fecha, es decir, el 29 de marzo corresponde al día lunes, o si en realidad fue un martes, el más cercano sería el fechado como día 23 (¿o el 30?) de ese 1909 ¿a las tres de la mañana? La Jornada: Centenaria  jornada.unam.mx. Con apoyo del  Calendario consecutivo de 1901 al 2000 preparado y obsequiado por el periódico Excélsior.
28.- diputados.gob.mx Visitado el 7 de febrero del 2018.
29.- Leticia Sánchez Medel. Las peripecias del Acta de Independencia. milenio.com Milenio, Sección Cultura. Visitado el 7 de febrero del 2018.
30.- Acta de Independencia y su difícil historia (Sin firma). Historia de México. independenciademexico.com.mx Visitado el 7 de febrero del 2018.
31.- Información tomada Dulce Ramos. Un acta de Independencia fugitiva. Jueves 16 de septiembre del 2010 elsiglodetorreon.com.mx Visitado el 7 de febrero del 2018.

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