Los
Guadalupes.
Víctor
Manuel López Wario
La visión polarizada
de los correctos y los desatinados, de los prístinos y los alucinados en franca
pugna, de criollos y peninsulares diferenciados notoriamente por una traza, en
síntesis, marcar una división en los actos heroicos e ideales retorcidos según
el punto de vista de cada uno de acuerdo a las inclinaciones propias y el magro
acopio de información disponible en los textos de la "historia
patria", emborrona la complejidad humana en lo individual y en lo colectivo.
Con esas dos sintéticas posiciones
de visión, posados en esas atalayas de juicio, pareciera que, en el medio no hubieran
seres en franca contradicción con este o el otro postulado —o con ambos— y que, inmersos en
las dudas de la forma por enfrentar una realidad adversa, quedaron con el
"sambenito" de "tibios" para arrojarles en el sobrecargado
montón de los desechables. En los dos bandos hubo seres épicos, malditos y
pusilánimes; en el medio también aquellos que en su provecho tomaron por causa
el beneficio personal. Que don Miguel Hidalgo contara inicialmente con el
intercambio y comunión de ideales con un Abad y Queipo, con una cercanía ideológica
a lo expresado por fray Antonio de San Miguel, de un doctor José Pérez Calama
1 incluso el trato y disfrute de los alimentos con el regidor Juan
Antonio Riaño, con algunos de los involucrados en la Conspiración de Valladolid
de 1809 [...] y contar con la melancólica oposición y descrédito del
descendiente del marqués de San Clemente: don Lucas Alamán y Escalada,
etcétera, marca, sólo, la diferencia en cuanto a la forma de enfrentar una
realidad agobiante. Para algunos de ellos, la religión era un consuelo ante las
circunstancias diarias y desde los pasillos de los conventos, institutos y
casas parroquiales fluían las ideas trasladadas a los salones de la sociedad.
De ellas surgieron los caudillos: Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos
y Pavón, Mariano Matamoros, el incendiario padre José Antonio Torres 2,
José Antonio Magos, Juan Miguel Correa, Juan Bustamante, Francisco Sánchez,
José Martínez, Guadalupe Díaz, José Pablo Calvillo (en Zacatecas y Aguascalientes),
el oaxaqueño Manuel Sabino Crespo, José María Fernández del Campo... cada uno
de ellos ―y muchos más en el oprobioso olvido― con su historia particular, con
la carga de su ministerio y las necesidades privativas de su feligresía. Sólo
unos cuantos nombres. 3 "Como ocurre con cualquier actor y pensador
político, las opiniones e ideas de [Lucas] Alamán a veces han sido tratadas con
cierta abstracción, como si la vida política e intelectual transcurriera al
margen de la vida de sus actores. Mucho de lo que Alamán hizo, dijo y escribió
puede relacionarse con los sucesos de su vida, y particularmente de su
adolescencia y sus primeros años como adulto. Debo admitir que éste no es un
enfoque especialmente original en una biografía, pero en el caso de Alamán ha
sido poco explorado. No intento reducir sus palabras y actos a los reflejos de
esta experiencia de vida, sino más bien trato de ver su interrelación. Escribe
Erik Erikson: 'La identidad psicosocial… tiene también su lado psicohistórico y
sugiere el estudio de cómo la historia de una vida se entreteje
inextricablemente con la historia. El estudio de la identidad psicosocial
depende, pues, de tres complementariedades… A saber: la coherencia personal de
un individuo y su integración al grupo; sus imágenes rectoras y las ideologías
de su tiempo; su historia personal… y el momento histórico.' [...]" 4
"[...] la profunda división
social que se produjo naturalmente a causa de la conquista española, y la
consiguiente clasificación de razas y de castas que estableció el dominio
colonial y que no ha sido posible extirpar en tan poco tiempo, desaparece también,
solamente ante los altares de la Virgen de Guadalupe. Allí son iguales todos,
mestizos e indios, aristócratas y plebeyos, pobres y ricos, conservadores y
liberales. Es la única vez (con excepción de las leyes de la naturaleza) en que
el pueblo de México soporte verdaderamente la ley de la igualdad. En las demás,
hay bellas teorías, pero la práctica no puede aclimatarse. Respecto de la que
hay en el culto a la Virgen se aclimató desde el siglo XVI y los autores de ella,
a lo que dice la tradición, fueron el obispo español Zumárraga y el indio Juan
Diego que comulgaron juntos en el banquete social, con motivo de la aparición,
y que se presenta en la imaginación popular, arrodillados ante la Virgen, en la
misma grada.
"Sólo un momento crítico ha
tenido esta igualdad del culto, y fue el año 10, cuando supieron los españoles
y sus aliados que Hidalgo enarbolaba la imagen de la Virgen de Guadalupe, como
bandera de la insurrección. Entonces sí, el pánico y el odio produjeron un poco
de aversión a la Virgen india, de parte de los realistas que le opusieron a la
Virgen española de los Remedios; su culto [a la de Guadalupe] se convirtió en
una especie de herejía, siendo perseguidos como sospechosos los adoradores. Pero
esto, sobre haber hecho más fervientes la devoción guadalupana, ventaja que
tienen todas las religiones perseguidas, pasó pronto, y ya Iturbide en 1821
vino a arrodillarse en el santuario del Tepeyac, como se habían arrodillado los
insurgentes a quienes persiguiera con encarnizamiento, y como se habían
arrodillado antes los virreyes y las virreinas.
"No contento con esto, y
queriendo sobrepujar a sus antiguos contrarios, en amor a la Virgen, cuando se
declaró emperador, debiendo rodearse de nobleza y de cruzados, creó la Orden
Militar de Guadalupe […].
"Después de Iturbide y
pasado enteramente el eclipse momentáneo del culto de la Virgen, todo el pueblo
volvió a unirse y con más entusiasmo que nunca en la adoración a la Madona que
era ya la Deidad nacional por excelencia." 5
"La Orden Imperial de
Guadalupe, creada como orden militar en 1821 por el primer emperador mexicano
don Agustín de Iturbide con la finalidad de atraer la atención y la
benevolencia de los seguidores del movimiento armado iniciado por don Miguel
Hidalgo y Costilla, don Ignacio Allende, don Juan Aldama, don Juan Abasolo...
en el transcurso de 1810 con la toma de una imagen pintada al óleo transformada
en estandarte que tantos entredichos dejara entre las partes beligerantes,
imagen para amparo de los huehuenches (así denominados por fray Servando Teresa
de Mier al ridiculizar los paramentos e insignias de los nuevos cruzados), con
estatutos aprobados por la Junta Provisional Gubernativa el 20 de febrero de
1822 y Decreto emitido por el Congreso el 11 de junio de ese mismo año de 1822,
confirmada y restituida por Antonio López de Santa Anna y posteriormente por
Decreto Imperial firmado por Maximiliano I (fechado en Chapultepec el 10 de
abril de 1865) dio impulso efímero a la orden desaparecida en el año de 1867
ante el triunfo de la República.
"[…] Y luego vemos que
apenas Iturbide, aunque acaudillando lo que se llamó América blanca en oposición a lo que se llamaba América prieta, no tanto quizás por los
primeros caudillos, como por la Virgen de Guadalupe, triunfó en 1821,
consumando la Independencia, y se coronó emperador, cuando se apresuró a rendir
un homenaje solemne de respeto, más político que sincero, pero muy notable, a la
Virgen insurgente creando la Orden Imperial de Guadalupe, cuyos estatutos
fueron presentados primero a la Junta Provisional Gubernativa que los aprobó en
[sic, por ¿el?] 20 de febrero de 1822, y luego al Congreso que los aprobó
también por su decreto de 11 de junio del mismo año..."; inaugurada el 13
de agosto, día de San Hipólito. "[...] Todavía Maximiliano intentó dar vida,
por última vez, a la orden de Guadalupe, y al efecto decretó desde el palacio
de Chapultepec, con fecha 10 de abril de 1865, la reorganización de la citada
orden, modificando sus antiguos estatutos. Según el artículo 4o de este decreto, los caballeros debían
ser 500, los comendadores 200, los grandes oficiales 100 y los grandes cruces
30, y según el 5o, la condecoración debía consistir en una cruz de
oro de cuatro brazos esmaltados de los tres colores de la bandera nacional,
teniendo en el centro una elipse esmeralda de verde, y en el fondo de ésta la
imagen de nuestra Señora de Guadalupe sobre campo blanco. Encima del brazo
superior de la cruz, un águila sobre un nopal con la corona imperial, y del
brazo inferior saliendo por un lado una palma y por el otro un ramo de oliva;
alrededor de la elipse, el lema: 'Religión, Independencia, Unión', y al
reverso, en letras esmaltadas, esta leyenda: 'Al mérito y virtudes'." 6
"[...] José Miguel Ramón
Adaucto Fernández y Félix nació el 29 de septiembre de 1786 en la Villa de
Tamazula, provincia de Nueva Galicia, hoy Durango (otros señalan el 16 de
septiembre del año de 1785). Hijo de Manuel Fernández y de Alejandra Félix,
durante la infancia perdió a sus padres, por lo que cuidó de él su tío Agustín
Fernández, el cura de Tamazula, quien le brindó su primera educación en un
ambiente duro y de privaciones. A la edad de 19 años se trasladó a Durango,
donde estudió por breve tiempo en el seminario; de ésta pasó a la ciudad de
México en 1807 para inscribirse en el Colegio de San Ildefonso a fin de
estudiar las carreras de Derecho Canónico y Derecho Civil. Ahí se integró a un
grupo llamado 'chaquetas', dispuesto a servir al gobierno virreinal, al que
dejó al poco tiempo.
"En 1811 abandonó sus
estudios al unirse a las fuerzas de José María Morelos y Pavón. Por su valentía
y arrojo Victoria [hasta este momento todavía era José Miguel Ramón Adaucto
Fernández y Félix] fue ascendido al grado de coronel por Juan Nepomuceno
Rosains [en otras fuentes aparece como Rosáins o Rossainz], fue entonces cuando
adoptó otro nombre, con el que sería famoso: Guadalupe Victoria, quizás porque
era miembro de Los Guadalupes, o tal vez recordando a la Virgen de Guadalupe,
patrona y protectora de los insurgentes, y a la victoria que con tanta
convicción perseguía y que estaba seguro de alcanzar. Su nuevo nombre fue
tolerado por el propio Morelos [...]" 7
Los antecedentes de
la sociedad secreta de "los Guadalupes" yacen en los frustrados
movimientos libertarios de Valladolid en 1808 y de Querétaro en 1810. Surge en
aquellos momentos un grupo con denominación de "El Águila": "Sus
integrantes se reunían a discutir ideas prohibidas, motivadas por las
corrientes de pensamiento europeo y por la emancipación de los Estados Unidos,
pero también para alentar la lucha armada por medio de provisiones y
financiamiento... solían firmar sus documentos como 'Los Doce', 'Número 12',
'Señor número doce', 'El de los pantalones', 'Serafine Rose' y, más comúnmente,
'Los Guadalupes' [...] Tras la derrota y muerte de Hidalgo, gran cantidad de
sus integrantes fueron capturados y, acogiéndose a la amnistía, desaparecieron
del escenario público. No obstante, su esencia y sus propósitos sobrevivieron.
Cuando Ignacio López Rayón tomó la rienda de la insurgencia, se dio a la tarea
de poner orden en el movimiento. De este modo, creó la Suprema Junta
Gubernativa de América o Junta de Zitácuaro, la cual se dividió en diversas
áreas muy bien definidas, como la militar, la administrativa y, sí, la de
espionaje [...] Quienes fungían como espías eran personas cercanas al poder
virreinal. Siempre en la oscuridad, siempre en el anonimato, se encargaban de
difundir información valiosa, de interceptar correos y comunicaciones, pero
también de hacerles llegar a los combatientes medicamentos, vendas
confeccionadas por las mujeres, alimentos, armamento, papel e imprentas para
que pudieran publicar algunos de los periódicos insurgentes y, algo muy
importante, dinero." 8
"Al fracasar la
conspiración de Valladolid en la cual estaban inodados los militares José María
García Obeso y José Mariano Michelena, Mariano Quevedo, José María Abarca y
otros, los eclesiásticos Manuel Ruiz de Chávez, cura de Huango; fray Vicente de
Santa María; los licenciados José Nicolás Michelena, (don José Ignacio Antonio
de) Soto Saldaña (y Ruíz de Frutos), así como Antonio Cumplido, Antonio Castro,
José María Izazaga, Lorenzo Castillo y varios más, los conspiradores fueron
unos conducidos a la ciudad de México, otros tuvieron a Valladolid por cárcel,
algunos huyeron, más en todos ellos se mantuvo el anhelo libertario y varios
participaron con posteridad y activamente en la guerra insurgente con sus armas
y sus plumas [...].
"[...] Resultaba necesario
no sólo ganar al enemigo las batallas, sino convencer a los remisos, a los
opacados y también mantener informados a todos los que luchaban por la
independencia del desarrollo de la contienda, de las ventajas de los nacionales
y a éstos de las maquinaciones de los realistas, de sus planes de ataque, de
sus recursos. Un servicio de inteligencia, de enlace, se imponía para realizar
esas funciones mas ese servicio por su propia naturaleza tenía que permanecer
oculto, anónimo, disperso en todos los ámbitos, mas con gran cohesión, con gran
sentido organizador y actuando con sigilo, suma prudencia, cautelosa e inteligentemente.
"Fue esta necesidad la que
hizo surgir de entre los partidarios de la independencia, la idea de constituir
una organización bien tramada, activa y secreta que sirviera de medio eficaz
para unir a los simpatizantes dispersos de la insurgencia, que los conectara
con los jefes y que diera a los grupos rebeldes el auxilio material y moral que
requerían en una guerra que era desigual." 9
Don Ernesto de la Torre Villar
asienta en la nota 4 de su texto: "En la orden de Calleja a Melchor
Álvarez, de 5 de noviembre de 1814, se dice ya muy avanzado el tiempo, que esos
partidarios son 'condes, marqueses, oidores, regidores y otros individuos como
doctores, licenciados y comerciantes', lo cual revela la composición de ese
grupo en el que se contaba con personajes de prominencia social." 10
La comunicación de los jefes
insurgentes con la sociedad secreta de Los Guadalupes y de éstos con los
primeros fue abundante. El riesgo era mayor y de ahí a que procurasen su desaparición
tan pronto el interesado leyera el contenido. De la mucha correspondencia
quedaron aún, para desgracia de los interesados algunas misivas capturadas con
los personajes involucrados que costara la seguridad y vida de los correos,
significativamente la correspondencia tomada a don José María Morelos en la
trágica escena de Temalaca el 5 de noviembre de 1815, que no fue la única mas
sí destacada en las crónicas del movimiento armado, o, para evidenciar el
comportamiento de "la gente del cuarto alto, o lo que llaman nobleza, los
cuales son todos unos egoístas, y uno que otro que se llama él mismo insurgente
desea ver la libertad de su patria, pero no quiere exponerse a contribuir a
ella, y si hace algo a su favor, es cubriéndose y sin dar la cara para no estar
mal con el gobierno." 11 Acusación un tanto inmerecida ya que
precisamente esa función exigía discreción y anonimato para su actividad. La
Sociedad informa a los jefes en quién confiar, a quién mantener a prudente
distancia, de las deserciones en el campo realista, de las dudas en cuanto a la
supuesta deserción, de cantidades y mercancías por llegar a la capital de la
Nueva España, prohijó los periódicos "El Pensador Mexicano"
(calificado posteriormente de "acomodaticio"), el
"Ilustrado" publicado en Tlalpujahua (auspiciado por don Ignacio
López Rayón), el "Juguetillo" y tres o cuatro más dentro de entre una
serie de incontables "papeluchos" indecentes y que poca estima
lograran entre los simpatizantes al movimiento, con poco favor a la causa y
francamente contrarios a la finalidad.
De "Los Guadalupes" y
simpatizantes surgieron los representantes populares del 4 de julio de 1813:
Miguel Guridi y Alcocer, José María Fagoaga, José Antonio del Cristo y Conde,
Pedro Acevedo y Calderón, Bernardo González de Angulo, José Mariano Marín, Tomás
Rodríguez Pontón, Antonio Manuel Couto...
La "diabólica junta" —
así denominada por Calleja—, tras las derrotas durante 1814, fue el enemigo a
vencer a fin de impedir el abastecimiento y las comunicaciones en favor de las desperdigadas
y desmoralizadas fuerzas insurgentes. En la correspondencia requisada a
"Los Guadalupes" surgen los nombres del marqués de Rayas, del
Licenciado Guzmán y de las Llaves, de don Manuel Cortázar y del magistrado
Alcalá lo mismo que del regidor don Dionisio Cano y Moctezuma... "En honor
a la verdad, es necesario decir que, aunque Calleja conocía el secreto de la
asociación de los Guadalupes y a muchos de sus individuos, no abusó de él. Sin
embargo, esa variación que manifestó luego que obtuvo el título de virrey, hizo
que en lo sucesivo se obrara con suma precaución." 12
A “Los Guadalupes” débele el
movimiento independentista la difusión de la Constitución de Cádiz de 1812, la
creación de imprentas para la fundación y sostenimiento de los periódicos afines
a su ideología y la divulgación de los textos de carácter independentista.
"Los antecedentes de la
masonería en México más bien se encuentran en unas sociedades afines a la
masonería o protomasónicas, que se llamaban sociedades de pensamiento, se
fundaron a fines del siglo XVIII, tanto en Francia y en España, así como en
algunas de las colonias de ultramar y a las que pertenecieron varios mexicanos
que después se afiliaron a la masonería. Tal vez era de esta naturaleza una
logia que funcionaba a principios del siglo XIX en la casa del regidor del
Ayuntamiento Manuel Cuevas Moreno de Monroy Guerrero y Luyando, en la calle de
las Ratas, hoy 7ª. de Bolívar, y que a ella pertenecieran el licenciado Primo
de Verdad y Ramos y don Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro. Afirma José
Ma. Mateos que a esta logia se afilió el cura Hidalgo, pero no hay más
constancia histórica de este hecho que tal afirmación.
"Podemos decir que otra
sociedad de pensamiento fundada, en México en 1808, fue la misma sociedad de
Los Guadalupes, con sedes en México y Puebla. Otras fueron la Sociedad de los
Caballeros Racionales, instituida en Jalapa, en 1810; y la de San Juan,
instaurada en Mérida, en 1812.
"En la organización se
observaba la influencia de los carbonarios italianos y de la masonería. Se
fortaleció a tal grado que, en 1812, Julián Roldán, receptor de la Sala del
Crimen y auxiliar de la Junta de Seguridad y Buen Orden Público informó al virrey:
[...] de la existencia de una diabólica junta, la cual estaba enterada de
cuantas providencias y pasos se toman por el gobierno y Junta de Seguridad, los
cuales dan a conocer a los cabecillas de la rebelión [...] estas
correspondencias se han sabido ya por los interceptados correos y ya por los
reos que se han aprehendido, con la diferencia de que por los autores de unas
cartas se ha sabido quiénes son, antes de que usasen una clave con que en la
presente se manejan los insurgentes de esta capital, como es la del Sr. Don
número uno, el Sr. Don número dos, tres y cuatro y demás siguientes [...] no
puede negarse que la masonería, cuyos principios esenciales [...] coadyuvaron a
los movimientos emancipadores de toda América [...] en el México de esos años
contó con partidarios que comulgaban con sus ideas universalistas [pero no] les
interesaban las ciencias iluministas de los grupos europeos y sí los fines
políticos que en la mayor parte de las logias se proclamaban, esos partidarios
[los masones] se sumaron totalmente al grupo insurgente, a la organización de
Los Guadalupes y no representaron grupo aparte." 13
Con un último destello hasta la
derrota y muerte de don Pedro Moreno y del navarro Francisco Javier Mina
(francmasón para la mayoría de su biógrafos), la sociedad de Los Guadalupes
sumará su destino al de las sociedades masónicas. "[...] El ciclo de vida
de la sociedad de los Guadalupes llegaba a su término. A partir de la
expedición de Mina, muchos de ellos seguirán actuando y se les verá participar
en la política mexicana antes y después de la consumación de la independencia,
pero no ya como grupo coherente, sino persiguiendo en ocasiones distintos
principios, aun cuando todos ellos hayan coincidido en uno que era el
primordial: obtener la libertad tan anhelada desde los años de 1808, esa
libertad que tanta sangre y tantos esfuerzos había costado y la cual ellos
hicieron posible con su nobleza, levantada actitud e indomable espíritu.
"Por ello, los señores
Guadalupes merecen el honor de la patria mexicana que contribuyeron a forjar.
"Pese a las menciones continua
de listas de nombres sueltos, no ha sido posible hasta el día reconstruir la
nómina de los señores Guadalupes. Muchos fueron, unos en una forma, otros en
otra, y todos contribuyeron a hacer realidad la independencia de México." 14
Que numerosos nombres de los
aparecidos en las nóminas de "Los Guadalupes" nos resulten extraños y
de valor menor no significa la pobreza intelectual y visionaria de los
personajes, nos da una realidad del olvido y empobrecimiento histórico, quizá
para no arañar el pedestal forjado para unos cuantos personajes destacados del
complejo movimiento libertario. Algunos de los notorios miembros de la sociedad
Los Guadalupes, unos con mayor certeza y otros por confirmar o descartar,
fueron:
"Ignacio Adalid y Gómez,
hacendado, pulquero y letrado; José María Alba y Llave, comerciante; José María
Alcalá y Orozco, eclesiástico; Francisco de Arce, comerciante; Manuel
Argüelles, abogado; José Nicolás Becerra, burócrata; José Antonio de
Bustamante, licenciado, escribano; Joaquín Caballero de los Olivos, regidor
perpetuo; Dionisio Cano y Moctezuma, cacique indígena y comerciante; Pedro
Cárdenas, abogado; José Manuel Cortázar, abogado; José Antonio del Cristo y
Conde, abogado; Manuel Díaz, abogado y hacendado y su esposa Antonia Peña; José
Ignacio Espinosa, abogado; José María Fagoaga y Lizaur, hacendado (firmante del
acta de independencia en 1821); Agustín Gallegos (¿?); José Antonio Garcés y
Eguia, abogado; José María de la Garza Falcón, abogado; Benito José Guerra (¿?);
Diego Andrés Hurtado de Mendoza, Conde del Valle de Orizaba; José María de
Jáuregui, abogado (firmante del acta de independencia en 1821); Félix López de
Vergara, eclesiástico y abogado; Antonio Ignacio López Matoso, abogado;
Francisco y José María de la Llave, comerciantes; Ignacio Moreno y Barros,
Marqués del Valle de Ameno; José Cándido de la Parra, burócrata de tesorería;
José Nazario Peimbert y Hernández, abogado (su nombre aparece en a la Sociedad
“El Águila”) y su hija Margarita Peimbert;
José María Peláez, eclesiástico; Ricardo Pérez Gallardo, abogado; Juan
Bautista Raz y Guzmán, abogado (miembro de la Junta Provisional Gubernativa
[1821 – 1822]). Antonio del Río; hacendado (miembro de la sociedad “El
Águila”); Juan Wenceslao Sánchez de la Barquera, periodista, escritor y
abogado; Francisco Manuel Sánchez de Tagle, escritor, poeta, propietario de
fincas, regidor perpetuo, además de firmante del acta de independencia y
miembro de la Junta Provisional Gubernativa (1821 – 1822); José Mariano de
Sardaneta y Llorente, segundo Marqués de San Juan de Rayas, minero, además de
firmante del acta de independencia y miembro de la Junta Provisional
Gubernativa (1821 – 1822); Ignacio Velarde (miembro de la sociedad “El
Águila”); María Leona Vicario Fernández, (que a más de esposa de Andrés
Quintana Roo era mujer con recursos provenientes de sus haciendas esencialmente
benefactoras del pulque); Manuel Villaverde, eclesiástico; Valentín Zerecero
(miembro de la sociedad “El Águila”) y su hijo Anastasio Zerecero; José Manuel
Zozaya Bermúdez, abogado y burócrata; Francisco Antonio Galicia, cacique
indígena de la parcialidad de San Juan (¿?); Jacobo de Villaurrutia y López
Osorio, abogado y burócrata." 15
Hay presunciones para la
inclusión del obispo poblano José Antonio Joaquín Pérez Martínez y Robles a más
de ser el primer firmante del acta de Independencia de México. Además de doña
Leona Vicario, esporádicamente aparecen los nombres de: Carmen Camacho, Josefa
Ortiz de Domínguez, Gertrudis Bocanegra, Mariana Rodríguez del Toro, Teodosita
Rodríguez y de la “casquivana”, “locuaz” y muy influyente María Ignacia
Rodríguez de Velasco de Osorio Barba y Bello Pereyra (“La güera Rodríguez”),
quienes en algunos compendios aparecen muy cercanas a la críptica sociedad de
“Los Guadalupes”, en otras mencionadas sólo a manera de simpatizantes y
favorecedoras.
Aquí y por resultar de interés,
será pertinente remitirnos al cuadro de "Los
Guadalupes" incluido por la historiadora Virginia Guedea 16,
en dicho cuadro los personajes pierden grisura y el conjunto adquiere la
pluralidad y complejidad del movimiento y de los intereses.
"... la sociedad secreta de Los Guadalupes
acaparó la atención de varios investigadores atraídos por las discontinuas
referencias que a ellos hicieron los escritores decimonónicos, quienes
abordaron el tema de las 'revoluciones' de principios de su siglo, como
Zerecero, Alamán, Mora, Bustamante o del Castillo Negrete; estas referencias se
repitieron en los historiadores que abordaron en lo general temas de la
Independencia como Teja Zabre o James Manger en la década de los cuarenta. Mas
la duda prevalecía: ¿quiénes eran y qué hicieron estos misteriosos personajes?
En 1950, W. H. Timmons publicó un conciso artículo en el que ensaya la
cronología de las acciones de esta sociedad desde los meses posteriores al
levantamiento de septiembre de 1810 hasta los arrestos realizados por Calleja a
principios de 1815. Estos 'héroes olvidados', como los llama Timmons, habrían
tenido para él básicamente la función de espías al servicio de la causa
independentista, y esta misma visión prevalece en las partes dedicadas a Los
Guadalupes de su obra sobre Morelos.
"Una década más tarde, el doctor José
Miranda recopiló la correspondencia de Los Guadalupes existente en el Archivo
General de Indias, la cual no llegó a publicarse entonces; en 1966 Ernesto de
la Torre Villar publicó la correspondencia dirigida a Morelos por Los
Guadalupes, tomada a aquél por los realistas en Tlacotepec, con un estudio
preliminar cercano a la reconstrucción cronológica y a la visión de Timmons...
"[...] La base social de acción de Los
Guadalupes, 'Serpentones', 'Serafina Rosier', 'Onofres' o 'números 12'
(seudónimos relacionados con la sociedad política secreta de la ciudad de
México) va desde las relaciones profesionales —abogados,
principalmente—, las relaciones
familiares, amorosas, de compadrazgo, de amistad, hasta las clientelares. Es
una base sólida que permitió, por una parte, la incorporación de individuos que
sin vínculos previos poseían intereses comunes; por otra, la concertación de
acciones de individuos o colectividades con diversos intereses: partidarios de
la insurgencia, autonomistas, antiguos regidores, gente que eventualmente prestaba
algún servicio con objeto de molestar al régimen, descontentos, hasta miembros
de las parcialidades indígenas que vieron en peligro su status jurídico con las
transformaciones políticas de la península; y, finalmente, el establecimiento
de vías de comunicación y tránsito de recursos a partir de relaciones
familiares y clientelares de individuos de la sociedad secreta con individuos
de las zonas insurgentes cercanas a la capital." 17
Al analizar de esta manera la conformación de la
sociedad secreta de Los Guadalupes, sus bases sociales y su amplitud y
flexibilidad de acción, (Virginia) Guedea aporta elementos y matices muy
importantes para el debate de una extendida interpretación de la guerra de
Independencia que ha considerado a las ciudades como islas pacíficas en medio
de la tormenta de la insurrección rural.
"... [Virginia Guedea]... devuelve la
historia un poco más como lo que es la vida: alejada de esquemas maniqueos,
héroes y heroínas que tenían por deber teleológico hacer la independencia y
darnos patria. Una historia más cercana a los individuos de carne y hueso que
viven ciertas circunstancias en su ámbito social y se identifican por intereses
e ideas comunes [...] labor en la cual es apoyado por un cuadro final con los
nombres, vínculos, profesiones y actividades de cuarenta y cinco individuos
(mujeres [3] y hombres [42]) relacionados con la sociedad de Los
Guadalupes..." 18
"Los
Guadalupes pertenecían a clases sociales diversas y profesiones tan dispares
como curandero, fraile, empleado de la Secretaría del Virreinato, boticario,
militar, confitero, indio pintor, abogado, médico o comerciante. Eran criollos
en su mayoría, aunque había algunos militantes indígenas.
"Numerosas figuras de la época, como los
historiadores José María Luis Mora y Carlos María de Bustamante, el abogado
Ignacio López Rayón, Andrés Quintana Roo y su esposa, Leona Vicario, fueron
parte del grupo, que colaboró directamente con los militares insurgentes
Mariano Matamoros y José María Morelos.” 19
SECRETO A VOCES
"En 1808, tras la ocupación
francesa de España y la destitución de Carlos IV, Francisco Primo de Verdad, síndico del
Ayuntamiento de la Ciudad de México, propuso al virrey José de Iturrigaray
convocar a todos los ayuntamientos de la Nueva España para formar un gobierno
provisional, con el argumento de que a falta del monarca español, la soberanía
volvía al pueblo. El virrey fue depuesto por una asonada y Primo de Verdad
acusado de traición y asesinado en prisión.
"Dos años después, cuando estalló la lucha
armada contra la Corona española, en la Ciudad de México aparentemente reinaba
la calma. Sus habitantes no eran bien vistos por los independentistas. En
diciembre de 1810 El Despertador Americano, primer periódico insurgente,
refería: 'Mientras que todo el Reyno experimenta la más fuerte y general
fermentación (…) y advirtiéndose en todos los Americanos una actitud intrépida
y belicosa; el apáthico Mexicano vegeta a su placer, sin tratar más que de
adormecer su histérico con sendos tarros de pulque […] ¿Habrá entre los
habitantes de aquella Ciudad populosa, una milésima parte capaz de pronunciar
con firmeza: mi Patria, mi libertad?”. 20
"Sin embargo, en 1811 Los Guadalupes
empezaron a operar en la capital.
"En ese mismo año apoyaron a la Suprema
Junta Nacional Americana, creada en agosto por López Rayón, colaborador cercano
del cura Hidalgo y quien sería figura clave del grupo. La Junta buscaba dotar
de una organización política, militar y legal al movimiento insurgente, para lo
cual era indispensable establecer una red de información que facilitara la
comunicación con los líderes rebeldes. Ésa fue la principal tarea de Los
Guadalupes, quienes iniciaron una nutrida correspondencia con Morelos.” Así,
por ejemplo, en una carta del 9 de abril de 1813, le informaban al jefe insurgente
que Leona Vicario estaba presa en el Colegio de Belén: “el motivo de su prisión
fue un correo que le cogieron de Tlalpujahua, pero ella, a pesar de su sexo, ha
tenido la fortaleza de no condenar a ninguno, sin embargo del mal trato que
está sufriendo y de las amenazas que continuamente le hacen”. 21
En septiembre de 1812 fue promulgada en España la
Constitución de Cádiz, que permitía a las colonias la elección de
ayuntamientos, diputaciones provinciales y de los representantes que enviarían
a las Cortes españolas. 22 Los Guadalupes aprovecharon la coyuntura
y promovieron a sus miembros como candidatos.
"Annino apunta: 'No hay que olvidar que los
indios, con Cádiz, entraron masivamente en el mundo de los derechos liberales.
El balance fue positivo porque todos los cuerpos territoriales se emanciparon
del gobierno de los representantes de la Corona. Ésta fue una ruptura que abrió
el camino hacia la independencia absoluta'.
"En lo que se consideran las primeras
elecciones en nuestro país, en noviembre de 1812 se eligió a los electores que luego votarían por
síndicos y diputados. En la Ciudad de México prácticamente todos los
postulantes autonomistas resultaron ganadores. La gente celebró en las calles.
(En julio de 1813, se eligieron diputados para las Cortes españolas. Los
candidatos opositores a la Corona, muchos de ellos Guadalupes, también
obtuvieron triunfos en la capital.)
“Hemos dado segundo ataque dentro de esta capital
a nuestro feroces enemigos, siendo la victoria nuestra completamente: pero verá
V. E. , por adjuntos diarios que le acompañamos de las elecciones celebradas en
esta capital de diputados para las Cortes de Cádiz, tomamos empeño en que
recayesen las elecciones en todos americanos del mejor modo de pensar, buenas
cualidades y grande amor a su patria y efectivamente lo conseguimos a toda
nuestra satisfacción”, 23 escribieron los Guadalupes a Morelos el 5
agosto de 1813.
Como era de esperarse, esos resultados
inquietaron a las autoridades españolas. El militar Félix María Calleja le escribió
al ministro de Gracia y Justicia de España: “La continuidad de los buenos
sucesos de la guerra ha ido poniendo en mis manos documentos justificativos […] de tal
manera que han producido la constancia necesaria para rrestar (sic) al ex
regidor, actual diputado electo para Cortes, don Ignacio Adalid [y Gómez] que
queda procesándose como verdadero traidor, miembro de una diabólica junta
establecida en esta capital bajo el nombre de Los Guadalupes”. 24 (La
carta de Calleja del Rey al Ministro de Gracia y Justicia fue dirigida a ¿don Antonio
Cano Ramírez de Arellano ―23 de junio de 1812 al 10 de octubre de 1813― o a don
Manuel García Herreros ―interino del 10 de octubre de 1813 al 4 de mayo de
1814―?, resulta interesante el hecho y hasta irónico, ya que este periodo
corresponde a la usurpación del trono español por el impuesto José I de España.)
"Al año siguiente, 1814,
Fernando VII regresó a España y abolió las libertades que brindaba la
Constitución de Cádiz. Calleja no tardó en declararles la guerra a los
insurrectos visibles y a los ocultos.
"Reforzó la vigilancia, y a quien los
apoyara le esperaba la cárcel, el destierro, trabajos forzados, el fusilamiento
o el garrote.
"En su proclama del 22 de junio de 1814
advirtió a la población sobre las medidas que se tomarían, de persistir la
insurrección: 'Se incendiarán los pueblos infieles, serán obligados los ciudadanos
a la más estricta policía […], se levantarán patíbulos por todas partes y
correrá la sangre donde quiera.'
"Ese año, los insurgentes sufrieron
numerosas derrotas, tanto militares como en sus redes de comunicación. Muchos
Guadalupes fueron detenidos tras la derrota del ejército insurgente en
Valladolid, pues los realistas encontraron cartas de ellos dirigidas al jefe
rebelde entre las cosas de Mariano Matamoros.
"Finalmente, en 1815, con el fusilamiento de
Morelos y la escalada represiva, Los Guadalupes quedaron casi inmovilizados y
la organización se fue extinguiendo.
"Annino resume el impacto
de las tribulaciones sociales de la época: 'Cada guerra es socializante y la de
aquellos años involucró a casi todo el país. Los dos bandos necesitaban de los
pueblos. Fue una guerra de guerrillas y de antiguerrilla, que involucró a mucha
más gente que a los meros combatientes'. Los Guadalupes fueron parte de esa
gente." 25
Acta de
Independencia del Imperio Mexicano, pronunciada por su Junta Soberana
congregada en la capital de él en 28 de septiembre de 1821.
La Nación
Mexicana que, por trescientos años, ni ha tenido voluntad propia, ni libre el
uso de la voz, sale hoy de la opresión en que ha vivido.
Los heroicos esfuerzos de sus
hijos han sido coronados; y está consumada la empresa, eternamente memorable,
que un genio, superior á toda admiración y elogio, amor y gloria de su Patria,
principio en Iguala, prosiguió y llevó al cabo, arrollando obstáculos casi
insuperables.
Restituida, pues esta parte del
septentrión al ejercicio de cuántos derechos le concedió el Autor de la Naturaleza.
Y reconocen por inajenables y sagrados las naciones cultas de la tierra; en
libertad de constituirse del modo que mas convenga á su felicidad; y con
representantes que puedan manifestar su voluntad y sus designios; comienza á
hacer uso de tan preciosos dones, y declara solemnemente, por medio de la Junta
Suprema del Imperio, que és Nación Soberana, é independiente de la antigua
España, con quien, en lo sucesivo, no mantendrá otra unión que la de una
amistad estrecha, en los términos que prescribieren los tratados: que entablará
relaciones amistosas con las demás, potencias ejecutando, respecto de ellas,
cuántos actos pueden y están en posesión
de ejecutar las otras naciones soberanas: que va á constituirse, con arreglo á
las bases que en el Plan de Iguala y Tratado de Córdoba estableció, sabiamente,
el primer Jefe del Ejército Imperial de las Tres Garantías; y en fin que
sostendrá á todo trance y con el sacrificio de los haberes y vidas de sus
individuos, (si fuere necesario) esta solemne declaración, hecha en la capital
del Imperio a veinte y ocho de septiembre del año de mil ochocientos veinte y
uno, primero de la Independencia Mexicana.
"Agustín de Iturbide [sic].–
[José] Antonio [Joaquín Pérez Martínez y Robles], obispo de la Puebla.– Lugar
de la firma del S. [Juan] O’Donojú (espacio sin firma además de Francisco Severo
Maldonado.–, José Domingo Rus y Ortega de Azarraullía.–, Miguel Sánchez
Enciso.– José Mariano de Almanza [o Almansa]).– Manuel de la Bárcena.– Matías
Monteagudo.– José [Isidro] Yáñez.– [Lic. Juan Francisco [de] Azcarate.– Juan
José Espinosa de los Monteros.– José María Fagoaga.– José Miguel Guridi
Alcocer.– [don Miguel Cervantes y Velasco]... marqués de Salvatierra.– [don
Manuel de Heras Soto] ... conde de Casa de Heras Soto.– Juan Bautista Lobo.–
Francisco Manuel Sánchez de Tagle.– Antonio de Gama y Córdoba.– José Manuel
Sartorio.– Manuel Velázquez de León.– Manuel Montes Argüelles.– Manuel de la
Sota (o Sotta) Riva.– [José Mariano de Sardaneta y Llorente; Segundo] ...
marqués de San Juan de Rayas.– José Ignacio García Illueca.– José María de
Bustamante.– José María Cervantes y Velasco. – Juan María Cervantes y Padilla.–
don José María Cervantes y Velasco, ex conde de Santiago de Calimaya.– José
Manuel Velázquez de la Cadena [y Villas y Villamil (marqués de La Cadena)].–
Juan de Horbegoso [u Horbegozo].– Nicolás Campero.– [don Pedro José Romero de Terreros]... conde
de Jala y de Regla.– José María de Echevers y Valdivielso (o Valdivieso)
[marqués de San Miguel de Aguayo y Santa Olaya].– Manuel Martínez Mancilla (o
Mansilla).– Juan Bautista Raz y Guzmán.– José María de Jáuregui.– José Rafael
Suárez (o Juárez) Pereda (o Peredo).– Anastasio Bustamante.– Isidro Ignacio de
Icaza.– Juan José Espinosa de los Monteros, vocal secretario." 26
Para memoria de la nueva Nación,
el Acta quedó en dos copias, la primera de ellas entregada a la Junta
Provisional Constitutiva puesta en exposición en el recinto de la Cámara de
Diputados y perdida en el incendio del conocido Teatro Iturbide que destruyó íntegramente
la biblioteca el 29 de marzo de 1909. “[…] El Imparcial y El País
calificaron de devastados [sic ¿por devastador?] ese incendio. Narraron que
luego del siniestro no ha quedado nada, ni siquiera piedra sobre piedra. Por la
conflagración se perdió la totalidad del archivo legislativo que se había
logrado rescatar del incendio en Palacio Nacional, de 1872; se perdió para
siempre el original del Acta de Independencia y un retrato del general José
María Morelos y Pavón. Lo que quedó del incendio de 1909 fue demolido y en su
lugar comenzó a construirse a partir del 10 de junio de ese año un edificio que
combinaría muchos estilos, que pasaría del clásico al gótico, no sin olvidar [¿?]
características afrancesadas de boga en la época. (sic)”
Un tanto en contradicción con la abrumadora
afirmación de no quedar “piedra sobre piedra”, salvo por la demolición
posterior, el pie para una fotografía asienta: “Exterior dela Cámara de
Diputados. El martes 29 de marzo de 1909 27 después de haber
extinguido los bomberos el fuego que destruyó este hermoso recinto y ocasionó
la pérdida irreparable del valioso archivo de la H. Cámara de Diputados,
desgracia terrible que nunca será bien lamentada.” 28
La segunda copia entregada al
resguardado de la Regencia del Imperio en Palacio Nacional despareció por robo
en el año de 1830, de este hecho don Lucas Alamán asentó: "No existe en la
república más copia (manuscrita) que la que está en el salón de sesiones de la
Cámara de Diputados (la que desapareció por incendio en el año de 1909); la
otra fue vendida por un empleado infiel a un viajero curioso dando a parar en
Francia." Así, quedan en las sombras los dos personajes involucrados: el
“empleado infiel” y el “viajero curioso”.
Una complicación para nuestro
entendimiento: “El acta de Independencia del Imperio Mexicano es una de las dos
que se realizaron y signaron el 28 de septiembre de 1821 en Palacio Nacional,
documento que puso fin a la monarquía española en la Nueva España, explica
[Lilia] Rivero Weber [Conservadora Palacio Nacional].
“['] Se hicieron dos ejemplares, uno para el gobierno
y el otro para la Junta Provisional Gubernativa, la cual deposito su Acta de
Independencia en la Sala de sesiones del Recinto Parlamentario, espacio que
sucumbiría en el incendio del 22 de agosto de 1872', y de ahí la importancia de
la recuperación del documento robado, comenta la especialista.” 29
Con una “cabecita secundaria”
prometedora (La atropellada historia del
Acta de Independencia de México), Historia de México nos regresa a la historia
admitida. “Una de la dos actas fue entregada [a] la regencia del imperio y otra
[a] la junta provisional gubernativa, quienes dispusieron ubicarlas en el
Palacio Nacional y en la Cámara de Diputados respectivamente; la primera de las
dos en tener una historia difícil fue la que se ubicaba en el Palacio Nacional,
la que se le entrego a la regencia del imperio y es que en 1830 fue robada por
un empleado y se la vendió a un francés que estaba de viaje. La de la Cámara de
Diputados vivió casi todos sus días sin problemas, hasta que en 1909 la Cámara
se incendió y con ella el Acta. La otra copia paso por muchas diferentes manos
en Europa, pero hoy en día ya descansa en el Archivo General dela Nación.” 30
Florencio Gavito Bustillo “[…]
originario de Puebla […] vivía en Biarritz, Francia. Se dedicaba a la industria
textil y tenía una enorme colección de libros y amigos con aficiones similares.
Entre ellos. Luis García Pimentel. Coleccionista español que un día de 1947 le
ofrece a la venta un 'documento interesante' heredado de su abuelo, Joaquín
García Icazbalceta.” La compra de la copia del Acta fue por la cantidad de 10
mil pesos misma que a su regresó a México decidió entregar al gobierno
mexicano, acto interrumpido por su fallecimiento por leucemia en 1958.
Posteriormente, los herederos de
don Florencio Gavito, obedecido el deseo póstumo de su antecesor, facilitaron
el documento para un proceso de autentificación culminado el 14 de noviembre de
1961 para la entrega oficial el 21 de
noviembre del mismo año al Presidente de la República Adolfo López
Mateos con la presencia del Secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz y el
secretario de Educación Pública don Jaime Torres Bodet. Expuesta temporalmente
en el Castillo de Chapultepec quedó protegida en el Archivo General de la
Nación. 31
Notas:
1.- "No
hay que olvidar que José Pérez Calama, originario de la zona más misérrima de
España, de las Batuecas, fue el encargado del Seminario Humanístico que se
estableció en Puebla, y más tarde, siendo Deán de la Catedral de Valladolid,
impulsó la reforma de la instrucción y convocó a varios concursos serios de la
reforma al estudio de la filosofía y la teología, en uno de los cuales resultó
triunfante Miguel Hidalgo, por entonces colegial del Colegio de San Nicolás."
Ernesto de la Torre Villar. El clero y la
independencia mexicana, reflexiones para su estudio. arquidiocesisgdl.org consultado el 23 de marzo del 2017.
2.- “El ave
negra” en la lucha por la independencia. Así denominado por don Guillermo
Prieto. Mina y Moreno. Monografía Histórica, página 185. bicentenario.gob.mx Visitado el 7 de febrero del 2018.
3.- Carlos
Villa Roiz. Sacerdotes poco conocidos en
la lucha insurgente. siame.mx consultado el 23 de marzo del 2017 y en Los
curas dela Independencia de México. cronica.com.mx
Visitado el 7 de febrero del 2018.
4.- Eric
van Young. Vidas privadas y mitos
públicos. terra.com.mx Consultado
el 23 de marzo del 2017.
5.- Ignacio
Manuel Altamirano. La fiesta de Guadalupe,
páginas 1131 y 1132, en Testimonios
históricos guadalupanos. Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de
Anda. Fondo de Cultura Económica, 1982.
6.- Ignacio
Manuel Altamirano. Ídem, páginas
1202, 1203 y 1209.
7.-
Doralicia Carmona. Victoria Guadalupe (sic). Memoria Política de México. Visitada en marzo del 2017 y revisada
el 7de febrero del 2018.
8.- Carlos
Eduardo Díaz. Los Guadalupes.
mexicanismos.com.mx consultado el 24 de marzo del 2017.
9.- Ernesto
de la Torre Villar. La sociedad secreta
de Guadalupes, páginas 461, 464 y 465. archivos.
juridicas.unam.mx consultado el 23 de marzo del 2017 y revisado el 7 de febrero
del 2018.
10.- Ernesto
de la Torre Villar. Ídem, página 467.
11.- Ernesto
de la Torre Villar. Ibídem, páginas
476 y 477.
12.- Ernesto
de la Torre Villar. Ibídem, página
503.
13.- Víctor
Luis Castellón Cervantes. Los Guadalupes,
páginas 150 y 151. Amicus Curiae.
Vol. 1, Número 4, Mayo-Agosto 2015, 3ra
época. Revista Electrónica de la Facultad de Derecho.
14.- Ernesto
de la Torre Villar. Obra citada,
páginas 507 y 508.
15.- Con
base en Los Guadalupes de Víctor Luis
Castellón Cervantes. Obra citada.
16.- Virginia
Guedea en su En busca de un gobierno
alterno: Los Guadalupes de México, México, Universidad Nacional Autónoma de
México, Instituto de Investigaciones Históricas, 1992 (Serie Historia
Novohispana, 46. Seminario de Rebeliones y Revoluciones en México), página 412.
17.- Martha
Beatriz Loyo (editora), Estudios de
Historia Moderna y Contemporánea de México, Universidad Nacional Autónoma
de México, Instituto de Investigaciones Históricas, v. 19, 1999, p. 124-130. DR
© 2006. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones
Históricas. unam.mx/moderna/ehmc/ehmc19/250.html
18.- Martha
Beatriz Loyo. Ídem.
19.- Regina
Zamorano. Los Guadalupes: la guerra
secreta.
20.- Ignacio
Sosa. Notas sobre la constitución
histórica y la constitución política de 1857. Página 56. Cita este párrafo
habido en la página 18 de “El Despertador” correspondiente al 20 de diciembre
de 1810. estudioshsitoricos.inah.gob.mx Revisado
el 7 de febrero del 2018.
21.- Regina
Zamorano. Obra citada.
22.- guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/el-centro-fondo/los-guadalupes-la Consultado el 30 de agosto del 2015.
23.- Regina
Zamorano. Obra citada.
24.- guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/el-centro-fondo/los-guadalupes-la Consultado el 30 de agosto del 2015.
25.- guiadelcentrohistorico.mx/kmcero/el-centro-fondo/los-guadalupes-la Consultado el 30 de agosto del 2015.
26.- Firmantes
del Acta de Independencia según Lucas Alamán cotejado contra el aporte del Lic.
Juan Francisco Romero Pérez, Coordinador del Archivo General Municipal e
Histórico de Tepatitlán. Cronista Honorario de los Altos de Jalisco. tepatitlan.gob.mx y juridicosegobver.gob.mx y bicentenarios.es
Visitados el 25 de febrero del 2017 y confrontados el 7 de febrero del 2018.
27.- En esta fecha queda un yerro. De corresponder
la fecha, es decir, el 29 de marzo corresponde al día lunes, o si en realidad
fue un martes, el más cercano sería el fechado como día 23 (¿o el 30?) de ese
1909 ¿a las tres de la mañana? La Jornada: Centenaria jornada.unam.mx.
Con apoyo del Calendario consecutivo
de 1901 al 2000 preparado y obsequiado por el periódico Excélsior.
28.- diputados.gob.mx Visitado el 7 de
febrero del 2018.
29.-
Leticia Sánchez Medel. Las peripecias del
Acta de Independencia. milenio.com Milenio,
Sección Cultura. Visitado el 7 de febrero del 2018.
30.- Acta
de Independencia y su difícil historia (Sin firma). Historia de México. independenciademexico.com.mx Visitado el
7 de febrero del 2018.
31.- Información
tomada Dulce Ramos. Un acta de
Independencia fugitiva. Jueves 16 de septiembre del 2010 elsiglodetorreon.com.mx Visitado el 7 de
febrero del 2018.
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