Los fantasmas en Padilla
Víctor Manuel López Wario
Inicia la biografía del emperador de los franceses realizada
por Jacques Bainville (Editorial Porrúa, S. A., colección “Sepan cuántos…”,
1994, con traducción de Manuel Alemán y De la Sota) con “Napoleón o el hombre
del mundo”, texto de Ralph Waldo Emerson: “Entre los personajes eminentes del
siglo XIX, Bonaparte es, con mucho, el mejor conocido y el más poderosos, y
debe su predominio a la fidelidad con que expresa el tono del pensamiento, de
la fe y de los ideales de las masas de hombres activos y cultos. Según la
teoría de Swedenborg, cada uno de los órganos se compone de partículas
homogéneas, o, como se ha expresado algunas veces, cada todo está compuesto de
semejantes; es decir que los pulmones se componen de pulmones infinitamente
pequeños, el hígado de hígados infinitamente pequeños, el riñón de riñoncillos,
etc(étera). Siguiendo esta analogía, si se observa que un hombre contiene en sí
el poder y los sentimientos de gran número de hombres, si Napoleón es Francia,
si Napoleón es Europa, es porque los hombres a quienes gobierna son pequeños
Napoleones.”
“Hemos seguido, desde la fundación de la
primera misión franciscana, en 1524, la trayectoria del sentimiento carismático
en Nueva España y sus metamorfosis. Ese sentimiento está presente, sobre todo,
alrededor de la figura de Morelos (después de la de Hidalgo), al que aureola.
Pero con Iturbide, llamado a su vez ‹‹padre de la Patria››, ‹‹hombre de Dios››
y, lo que es más interesante, ‹‹estrella del septentrión››, aparece un fenómeno
nuevo. Esta ‹‹estrella polar››, que recuerda directamente a la Virgen de
Guadalupe (estrella del Norte de México), es por vez primera en la historia de
lo que había dejado de ser Nueva España, un general. Sin duda, Hidalgo se había
hecho llamar ‹‹generalísimo›› y Morelos había sido un gran militar, pero uno y
otro eran inalienablemente sacerdotes. Iturbide, por el contrario, había
adoptado el estado militar a la edad de dieciséis años y nunca lo había dejado.
Iturbide fue calificado de ‹‹nuevo Josué››, como antes Cortés por Mendieta.”[1]
“El libertador de México vió la
primera luz en la ciudad de Valadolid (Valladolid), que dos y medio siglos
antes había sido fundada por uno de sus antepasados Don Juan de Villaseñor de
Orozco, antepasado también del párroco de Dolores Don Miguel Hidalgo y
Costilla. El niño Agustín nació en la casa que aún se conserva en el mismo
estado que entonces, el 27 de Septiembre de 1783, del matrimonio de Don Joaquín
de Iturbide y Arregui y de Doña María Josefa Arámburu Carrillo y
Villaseñor… El año de 1805, se enlazó
con Doña Ana María Huarte, de una familia notable, y al poco tiempo marchó con
su Cuerpo al Cantón que en Jalapa formó el virrey Iturrigaray. Allí oyó por
primera vez hablar de independencia, aunque por entonces la idea no hizo mella
en su espíritu. Vuelto a Morelia (sic) —en realidad Valladolid— fué invitado
por García Obeso, el padre Santa María y Michelena á tomar parte en la
conspiración que allí se tramaba; pero se negó á ello á causa de que no creyó
formal aquel intento y de que por entonces estaba dedicado á negocios que
debían aumentar su capital. Tuvo sin embargo noticias de todos los pasos y
combinaciones de los conspiradores y aun por un momento las autoridades lo
creyeron modado en la trama, como lo demuestra el hecho de que fuera llamado á
declarar y diera los nombres de las personas á quienes había visto reunirse,
sin decir, sin embargo, para qué se reunían. Don Miguel Hidalgo, invocando las
relaciones de parentesco que entre ambos existían y ofreciéndole un alto puesto
militar, también lo invitó á unirse á los que iban á pelear por la
independencia, pero Don Agustín se negó una vez más.” (Sic)[2]
“Fué concertada una insurrección
simultánea por todo el reino, pero se frustró por un accidente. Un cura de
Dolores, llamado Hidalgo, era el jefe de Ia conspiración en Guanajuato, una de
las más ricas y más bellas provincias de México.
“Descubrió su plan a Iturbide, que era
joven entonces; pero le pareció que ofrecía poca esperanza do suceso y rehusó
apoyarlo. Hidalgo y sus indisciplinados secuaces atravesaron diferentes
provincias y por cada una dejaban señalado su paso con robos y sangre. El, al
fin, fué destruido; pero sus esfuerzos han excitado muchos imitadores, y por
nueve ó diez años las provincias fueron acosadas y La industria interrumpida
por una sucesión de ignorantes aventureros, cuyo único objeto era adquirir
riquezas por el robo y una bárbara preeminencia por cruel carnicería.”[3]
Don Agustín de Iturbide expresa de sí
mismo y las circunstancias: “En el año de 10 era yo un simple subalterno; hizo
su explosión Ia revolución proyectada por D. Miguel Hidalgo, cura de Dolores,
quien me ofreció Ia faja de teniente general. La propuesta era seductora para
un joven sin experiencia y en Ia edad de ambicionar; Ia desprecié, sin embargo,
porque me persuadí á que los planes del cura estaban mal concebidos, ni podían
producir más que desorden, sangre y destrucción, y sin que el objeto que se
proponía llegara jamás a verificarse. El tiempo demostró Ia certeza de mis
predicciones. Hidalgo y los que le sucedieron, siguiendo su ejemplo, desolaron
el país, destruyeron las fortunas, radicaron el odio entre europeos y
americanos, sacrificaron millares de víctimas, obstruyeron las fuentes de las
riquezas, desorganizaron el ejército, aniquilaron Ia industria, hicieron de
peor condición Ia suerte de los americanos, excitando Ia vigilancia de los
españoles, á vista del peligro que les amenazaba, corrompieron las costumbre y,
lejos de conseguir Ia independencia, aumentaron los obstáculos que á ella se
oponían.”[4]
“Su estatura aproximada es de cinco
pies y diez u once pulgadas. Su rostro es ovalado y muy buenos sus rasgos
fisonómicos con excepción de los ojos que constantemente esquiva o mantiene
bajos. Su cabello es castaño con patillas rojas y su cutis blanco y encendido,
más semejante al de un alemán que al de los españoles… De trato agradable y
simpático, y gracias a su prodigalidad desmedida, ha atraído a los jefes,
oficiales y soldados a su persona, y mientras disponga de los medios para
pagarles y recompensarles, se sostendrá en el trono. Cuando le falten tales
medios, lo arrojarán de él. Es una máxima de la historia que un gobierno que no
está fundado en la opinión pública, no puede existir sin amplios recursos para
pagar a la soldadesca y para mantener a sus pensionados y partidarios.”[5]
“No es La causa del general Iturbide Ia que
exhibo á la faz del público, sino Ia de Ia nación entera. Su honor está
altamente comprometido, por los acontecimientos ruidosos que causó en el Nuevo
Mundo el genio singular que fijara los destinos de Anáhuac. Las épocas
memorables han nacido en el señalado mes de Septiembre, y en algunas de las más
célebres ha intervenido el caudillo de Iguala. Celoso yo por las glorias dc mi
patria, no aspiro á otra cosa más que á presentar a este gran móvil, tal como
fué, y no como se quiere que haya sido.”[6]
“…Y para danos una idea de la cantidad
de cartas[7]
enviadas por Iturbide a Guerrero en este trascendental paso lapso de la
historia mexicana, en el momento mismo de su fundación como Estado
independiente, vale la pena dar noticia, a manera de ejemplo, de la relación de
cartas y notas autógrafas e inéditas dirigidas por don Agustín de Iturbide a
Vicente Guerrero que se encuentran recogidas en el tomo dos… correspondiente
del 1 de mayo al 30 de junio del año 1821. (aquí
enlista lugar y fecha de las mismas)… En este contexto adquiere pleno
sentido y valor la carta del 26 de noviembre del año anterior localizada en
Teloloapan, así como su autenticidad, como manifestación de las primeras intenciones
y contactos entre quienes poco después sabrían unirse para consumar en forma
casi pacífica la independencia de la Nueva España y dar vida al México
independiente”[8]
Teloloapan, Noviembre 26 de 1820
Sr. Gral. D.
Vicente
Guerrero,
Exmo. Sr.
Recibí la atenta nota de Vd. de fecha 22 dl presente mes y por ella veo
qe. no está Vd. Dispuesto á deponer las armas y sí a continuar la campaña qe.
Inició el cura Hidalgo.
Ojalá, qe. pasados otros días, uno ú otro quede convencido de la justa
causa que nos conduce á batirnos en los campos de batalla.
A vuelta de correo sabré lo qe. Vd. Piensa sobre el particular.
Dios gue. A Vd. ms. as.
Agustín de
Iturbide[9]
(Última carta de Agustín de Iturbide
previa al encuentro de Acatempan.)
Amigo querido:
Aunque estoy seguro (decía el señor Iturbide al señor Guerrero) de que
vd. no dudará un momento de la firmeza de mi palabra, porque nunca di motivo
para ello, pero el portador de ésta D. Antonio Mier y Villagómez la garantizará
á satisfacción de Vd., por si hubiese quien intente infundirle la menor
desconfianza.
Al haber recibido antes la citada
de vd., y á haber estado en comunicación, se habría evitado el sensibilísimo
encuentro que Vd. tuvo con el teniente coronel D. Francisco Antonio Berdejo el
27 de diciembre, porque la pérdida de una y otra parte lo ha sido como Vd.
escribe á otro intento á dicho gefe, pérdida para nuestro país. Dios permita
que haya sido la última.
Si Vd. ha recibido otra carta que
con fecha de 16 le dirigí desde Cunacanotepec, acompañándole otra de un
americano de México cuyo testimonio no debe serle sospechoso (es decir, el
licenciado Carlos María de Bustamante), no debe dudar que ninguno en la Nueva
España es más interesado en la felicidad de ella, ni la desea con mas ardor,
que su muy afecto amigo que ansía comprobar con obras esta verdad, y S. M.
Agustín de Iturbide. —Sr. D.
Vicente Guerrero.[10]
El Plan de Iguala y un
manto imperial.
“…Esta misma voz que resonó en el
pueblo de los Dolores, el año de 1810, y que tantas desgracias originó al bello
país de las delicias por el desorden, el abandono y otra multitud de vicios,
fijó también la opinión pública de que la unión general entre europeos y
americanos, indios e indígenas, es la única base sólida en que puede descansar
nuestra común felicidad. ¿Y quién pondrá en duda en que después de la
experiencia horrorosa de tantos desastres, no haya uno siquiera que deje de
prestarse a la unión para conseguir tanto bien? Españoles europeos: vuestra
patria es la América, porque en ella vivís; en ella tenéis a vuestras amadas
mujeres, a vuestros tiernos hijos, vuestras haciendas, comercio y bienes.
Americanos: ¿quién de vosotros puede decir que no desciende de español? Ved la
cadena dulcísima que nos une: añadid los otros lazos de la amistad, la
dependencia de intereses, la educación e idioma y la conformidad de
sentimientos, y veréis son tan estrechos y tan poderosos, que la felicidad
común del reino es necesario la hagan todos reunidos en una sola opinión y en
una sola voz.
(Aquí enlista veintitrés
puntos de acuerdo)
“… Americanos: He aquí el
establecimiento y la creación de un nuevo imperio. He aquí lo que ha jurado el
ejército de las Tres Garantías, cuya voz lleva el que tiene el honor de
dirigírosla. He aquí el objeto para cuya cooperación os incita. No os pide otra
cosa que la que vosotros mismos debéis pedir y apetecer: unión, fraternidad, orden,
quietud interior, vigilancia y horror a cualquier movimiento turbulento. Estos
guerreros no quieren otra cosa que la felicidad común. Uníos con su valor, para
llevar adelante una empresa que por todos aspectos (si no es por la pequeña
parte que en ella ha tenido) debo llamar heroica. No teniendo enemigos que
batir, confiemos en el Dios de los ejércitos, que lo es también de la Paz, que
cuantos componemos este cuerpo de fuerzas combinadas de europeos y americanos,
de disidentes y realistas, seremos unos meros protectores, unos simples
espectadores de la obra grande que hoy ha trazado, y que retocarán y
perfeccionarán los padres de la patria. Asombrad a las naciones de la culta
Europa; vean que la América Septentrional se emancipó sin derramar una sola
gota de sangre. En el transporte de vuestro júbilo decid: ¡Viva la religión
santa que profesamos! ¡Viva la América Septentrional, independiente de todas
las naciones del globo! ¡Viva la unión que hizo nuestra felicidad!
Iguala, 24 de febrero de
1821. Agustín Iturbide” [11]
“Llevado de esta idea he acumulado
todos los documentos relativos a esclarecer los hechos que pudieran revocarse
en duda. Por ellos vemos al señor Iturbide en continua lucha con los primeros
patriotas, y que su desafecto hacia ellos permanece hasta el lustro en que
terminó sus días; pero que la persecución sangrienta solo dura el tiempo de la
fascinación; es decir, antes que se generalizaran las perfidias del gobierno
español, manifestadas en las discusiones de las Cortes.”[12]
“Un plan parecido al de Iguala en
muchos respectos figuraba entre los que se discutían abiertamente en España
antes de la partida de O’Donojú. Era el controvertido plan de Aranda de 1783,
que preconizaba el establecimiento de tres monarcas españoles en el Nuevo
Mundo, ligadas a la Madre Patria por lazos familiares mediante la ocupación de
los tres nuevos tronos por príncipes también españoles.”[13]
Tratados de Córdoba, celebrados en la Villa de Córdova el 24 de agosto de
1821, entre don Juan O´Donojú, teniente general de los ejércitos de España, y
don Agustín de Iturbide, primer jefe del ejército imperial mexicano de las tres
garantías.
1. Esta América se reconocerá por
Nación soberana e independiente, y se llamará en lo sucesivo Imperio Mexicano.
2. El gobierno del Imperio será
monárquico constitucional moderado.
3. Será llamado a reinar en el Imperio
Mexicano (previo el juramento que designa el art[ículo] 4o del Plan)
en primer lugar el Sr. D. Fernando VII, Rey Católico de España, y por su
renuncia o no admisión, su hermano el Serenísimo Señor Infante D. Carlos; por su
renuncia o no admisión el Serenísimo Señor Infante D. Francisco de Paula; por
su renuncia o no admisión el Serenísimo Señor D. Carlos Luis, infante de
España, antes heredero de Etruria, hoy de Luca, y por renuncia o no admisión de
este, el que las Cortes del Imperio designaren.
4. El emperador fijara su Corte en
México que será la capital del Imperio.
…
(Testimonian y firman: Es copia fiel
de su original. José Domínguez; Es copia fiel de la original, que queda en esta
Comandancia General. José Joaquín de Herrera; Como ayudante secretario, Tomas
Illañes. Méx[ico].)
En su trabajo sobre la obra y vida de
Maximiliano, Enrique Krauze retoma dos párrafos de “Apuntes para escribir la
historia de los proyectos de Monarquía en México (1868), de José Manuel
Hidalgo, en el segundo de ellos: “La cuestión del candidato no dejaba de
presentar sus dificultades. Elegir un príncipe de alguna de las naciones
interventoras habría sido impolíticas: esto saltaba a la vista. Lo más natural,
lo más cuerdo, lo más acertado, era volver la vista atrás y recordar el plan de
Iguala proclamado por Iturbide, en el que se llamaba al trono de México, entre
otros, a un archiduque de la casa de Austria… El nombre de Maximiliano se
presentaba naturalmente en esta coyuntura, atento a que había adquirido cierta
popularidad en Europa por sus ideas de progreso y por sus tendencias durante el
tiempo que gobernó la Lombardía y la Venecia.”[14]
“EL escritor de ellas, general Iturbide, es
ahora de cosa de cuarenta años: su cuerpo regular, bien proporcionado; y por su
experiencia militar, capaz de sufrir trabajos y privaciones. Su semblante
afable, y sus maneras sencillas y francas. Es imposible conocerle sin sentirse
arrastrado hacia él. Por una buena fortuna que no es común en Sur América, su
educación fué atendida desde su primera edad. Está versado en la literatura
clásica, y su ordinaria conversación está marcada con una peculiar concisión y
fuerza de expresión, cuando ocupado con algún objeto de importancia, su lenguaje
se eleva á una elocuencia natural y llega á ser afluente, gracioso e imponente.
“Su entendimiento es de un profundo y
noble orden, y por su previsión, comprensión y feliz perspicacia,
admirablemente adaptado para Ia organización de un país naciente. Sus talentos
como soldado y su constante buen éxito en el campo, lo han hecho el Ídolo del
ejército…”[15]
“Tenemos que considerar un hecho
incuestionable: Agustín de Iturbide va a conseguir la anhelada independencia de
España, va a proponer un modelo constitucional, que, aunque imperfecto, traía
importantes aportaciones, que hemos mencionado líneas atrás; ahora bien, aunque
posteriormente desbarró en los hechos del ejercicio diario del poder,
traicionando los propios principios enunciados en el Plan de Iguala, no por eso
tenemos que dejar de reconocerle que él cerró el antiguo régimen de la Nueva
España y abrió al México independiente la ruta para llegar a ser un Estado
liberal y democrático de derecho. De nuevo, a pesar de todos los defectos e
imperfecciones que se quieran, éste fue el inicio del caminar de nuestra
nación. Por las razones expuestas, es que nos hemos permitir (permitido)
calificar al Plan de Iguala como ‘el origen del Estado mexicano’.”[16]
“No fué Iturbide el que más hizo gemir
a la humanidad…
“Yo provoco,
por el contrario, á los primeros, para que me acrediten más valor, más
entereza, más denuedo que el que mostró Iturbide en sus acciones militares.
Negrete es el que apenas puede asemejársele en esto; pero cuán distante el uno
del otro en cuanto á bondad y buena fe, Iturbide ha sabido perdonar; Negrete,
nunca...”[17]
“¿Y cuándo hizo Iturbide estremecer a los déspotas con
el grito de Iguala? Cuando no tuvo más apoyo seguro que el del invencible
general Vicente Guerrero. Estos dos se presentaron a Ia palestra á combatir con
el poder colosal de un gobierno sistemado, engreído por haber hecho desaparecer
a más de las tres cuartas partes de los antiguos patriotas, abundante en
recursos, con tropas de línea tres veces superiores.”[18]
“Ellos han dicho que nada se le tiene
que agradecer a Iturbide, pues lo mismo que él hizo podía haber ejecutado otro
alguno. Si esto es así, la nación mexicana resulta agraviada pues siendo tan
asequible la independencia, se da á entender que los demás no lo hicieron por
desafecto o apatía en razón de que sólo por esto se omite una operación
sencilla. Han dicho también que estaba en combinación con el Virrey, y mas que
Ia resista la sana critica, quiero concederlo, sólo para sacar estas
consecuencias.
“Dícese que un puñado de léperos lo hizo
emperador: esto quiere decir, ó que toda la nación es ese miserable puñado, ó
que á este resto despreciable sucumbió una nación extensa, heroica y magnánima.
No sé cuál de los dos conceptos sea más insultante y denigrativo. A Iturbide se
le ha pintado como el más inmoral, flagicioso, implo, cruel, hipócrita, pérfido
é inhumano. ¿Y con qué objeto? Con el de suponer á los mexicanos cuales
bárbaros que fiaran sus destinos á un perverso tal.
“El partido que ataca á Iturbide aun
en el sepulcro, no es el que detesta las monarquías, ni el que odia á los
opresores…”[19]
“Los espíritus estaban así dispuestos, cuando
en 1821 el general D. Agustín de Iturbide formó su plan de Iguala é hizo su
tratado de Córdova, que fueron los puntos de reunión para consumar la
independencia. Si en el tiempo en que esto se verifico, la casa reinante de
España se hubiera aprovechado de aquella ocasión para colocar su dinastía en
México, como lo había aconsejado ahora medio siglo el conde de Aranda á Carlos
III, es claro que en el día tendríamos en México una monarquía, los esfuerzos
de los republicanos hubieran sido inútiles, y la nación solemnemente
comprometida no hubiera podido oponerse á la ejecución de una de las primeras
bases de los planes de independencia.”[20]
“El esclavo de Ia venganza, Carlos María de
Bustamante, en la defensa que hace de Garza, dice: que á pesar de habérsele hecho
saber á Iturbide su proscripción, se obstinó en morir. ¡Extraño capricho! ¿Pues
qué, no había en Londres pistolas ni venenos para darse el gusto que
quisiera?... Pero ya se ve, lo escribe y lo cree eso sólo Bustamante ú otro de
su jaez, tan crédulo como rencoroso. Iturbide murió por cuatro cosas: la
primera, porque era mortal; la segunda, porque para eso fue llamado y dirigido
á Soto Ia Marina; la tercera, porque Garza lo recibió; y Ia cuarta, porque el
Congreso de Tamaulipas no estaba en antecedentes.
“Su muerte tranquilizó á Ia patria, es
verdad; mas lo mismo se habría logrado haciéndole reembarcar, pues creo que
sabiendo la ley que lo proscribía, y notando la decisión de la patria por la forma
democrática, no se hubiera aventurado á un segundo golpe. Mas sea de esto lo
que fuere, Garza después se ha conducido noblemente: no así otros, que aun no
se sacian con ver difunto al hombre del año de 21.”[21]
Nada hay para añadir a la conocida
historia de corruptelas, traiciones, falsedades, destrucción y mortandad
inmisericorde por ambas partes beligerantes ni para ampliar al muy detallado
estudio y aporte en “El proceso contra Agustín de Iturbide” de Silvia Martínez
Del Campo Rangel. [22]
“A principios de julio de 1824,
acompañado por su esposa y sus dos hijos menores volvió del destierro, que él
consideraba "voluntario" llegando al puerto de Soto la Marina en la
costa de Nuevo Santander, hoy estado de Tamaulipas. El ex emperador y su
familia fueron escoltados por el comandante Felipe de la Garza, hasta el pueblo
cercano de Padilla. Iturbide ignoraba que había un decreto en su contra que lo
declaraba “traidor y fuera de la ley” y una sentencia de ejecución pendiente.
“El 19 de julio, el presidente de la
legislatura de Tamaulipas, un cura, le administró los últimos sacramentos a
Iturbide, le confesó tres veces sus pecados y dijo sus últimas palabras:
"¡Mexicanos! Muero con honor, no como traidor; no quedará a mis hijos y su
posteridad esta mancha, no soy traidor, no".
“Tres balas alcanzaron a Agustín de
Iturbide: una en la parte izquierda de la frente; la que lo mató, otra en el
costado izquierdo entre la tercera y cuarta costilla y otra que se alojó junto
a su nariz en el lado derecho de su cara. El cuerpo fue enterrado en la iglesia
parroquial de Padilla, que no tenía techo y estaba abandonada.”[23]
Un personaje en las
sombras.
“A lo largo de 1830 y
1831 (el general Manuel) Mier y Terán hizo continuas advertencias y elaboró
distintos proyectos, pero todo parecía ser inútil. En su opinión los desórdenes
en el país y la adopción de ciertas medidas que buscaban frenar el avance
norteamericano habían conseguido justamente el efecto contrario: incitar a los
colonos a su desconocimiento. Terán comparó la debilidad mexicana con la de
otros Estados: ‘las fronteras del norte están como las de Polonia con Rusia –sostuvo-.
Ya estoy palpando, con muy pocos recursos para impedirlo, que nuestro Texas
truena en el primer pronunciamiento, porque las medidas tomadas han excitado el
resentimiento y no hay medios para sostenerlas a proporción del peligro: no
sentiría tanto esta irrupción del norte si viera suficiencias en los Estados
Unidos para extenderse de una vez hasta Chiapas, porque sería el modo de
identificarse; pero ellos toman lo que quieren y dejan el resto con la lepra
que tiene, a más sometido a sus intereses: tal creo que será México dentro de
veinte años, si prosigue la inestabilidad de estos tiempos’.”[24]
“Reconocido por sus contemporáneos como un hombre
dotado de una excepcional inteligencia, talento, esmerada educación y unos
modales irreprochables, el general insurgente Manuel de Mier y Terán parecía el
candidato ideal para ocupar un día la presidencia de la República.
“Había nacido
el 18 de febrero de 1789 en la Ciudad de México, (aunque para Alejandro
Villaseñor y Villaseñor “Era nativo de Tepeji del Río, perteneciente á la
provincia de Puebla, donde nació por los años de 1783 á 1786, y procedía de una
familia distinguida y bien acomodada que procuró cultivar sus aptitudes y darle
una brillante educación; ingresó al Colegio de Minería, donde hizo sus estudios
hasta terminar su carrera, y en seguida resolvió pronunciarse por la
Independencia, como lo hizo en principios de 1812…” [25]) fue el hijo de Manuel de Mier y Terán y María
Ignacia de Teruel y Llanos. Cursó sus estudios en el afamado Colegio de Minería
y, al estallar la revolución de independencia, se unió al movimiento bajo las
órdenes de José María Morelos.
“El cura de
Carácuaro había tenido un gran tino al elegir a sus colaboradores; prueba de
ello fueron Mariano Matamoros, Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, los
Galeana, los Bravo, etc(étera). De este grupo, Mier y Terán fue considerado el
más brillante de todos, distinción que reconocían incluso los realistas.
“Al morir Morelos,
Mier y Terán se convirtió en una de las cabezas principales de la insurgencia,
pero después de algunas graves derrotas y decepciones, decidió acogerse al
indulto y retirarse a la vida privada. Volvió a la vida pública cuando fue
proclamado el Plan de Iguala.
“En el México independiente prestó sus
servicios como ministro de Guerra y tuvo una decisiva participación en la
victoria contra las fuerzas invasoras de Isidro Barradas, que en 1829
intentaron reconquistar México para España; sin embargo, sus méritos le fueron
escamoteados por Antonio López de Santa Anna, quien se atribuyó toda la gloria
de la campaña. Pocos años más tarde, este mismo personaje lo desplazó de la
contienda por la presidencia.
“En 1832, encontrándose en Padilla
—entonces capital de Tamaulipas—, tuvo deseos de conocer los detalles que
rodearon a la muerte del emperador Agustín de Iturbide. Los vecinos le narraron
los últimos momentos del consumador de la Independencia y le mostraron la casa
que le sirvió de prisión, el lugar donde fue fusilado y finalmente su sepulcro.
En ese sitio, Mier y Terán permaneció largo rato sumido en intensas reflexiones
e invadido de una profunda melancolía.
“Al día siguiente de su visita se
levantó muy temprano, vistió su uniforme con especial esmero y regresó al
cementerio de Padilla; esta vez sin ninguna compañía. Ahí desenvainó su espada,
la apoyó sobre una superficie firme y se arrojó sobre ella, quitándose la vida.
“Los autores coinciden en que Mier y
Terán se suicidó el 3 de julio con su propio acero en la Iglesia de San Antonio
en Padilla, pero respecto del lugar, las versiones consignan tres distintos; a
saber: a espaldas de la Iglesia —donde fue fusilado Iturbide—, ante el sepulcro
del emperador y en la habitación donde pasó sus últimas horas antes de la
ejecución.[26]
“... Mier y Terán sería el hombre a quien 12
de los 19 estados de la República favorecerían para las elecciones
presidenciales. Era el candidato ideal del progresista doctor Mora y mantenía
una vieja amistad con el tradicionalista (Lucas) Alamán. Pero el espectro de
Iturbide lo perseguía. Le pesaba la ‹‹norteamericanización›› de Texas, que no
había podido detener, y la pérdida de ese Departamento que, con razón, veía
inminente. Le pesaba la perspectiva de gobernar un país de eternas revoluciones.
En esas circunstancias, la providencia —y los azares de la más reciente
revolución— lo pondrían en el pueblo de Padilla, donde murió Iturbide. En 1828,
en el viaje de la comisión (Comisión de límites entre México y Estados Unidos),
Mier y Terán visitó esa villa fantasmal que, según el diario de los
científicos, ‹‹no merece fijar nuestra atención››. Entonces había caminado por
el cuarto oscuro del cuartel donde Iturbide estuvo en capilla y se había
detenido en el camposanto. El 2 de julio de 1832 Mier y Terán volvería a
recorrer los mismos lugares. Por más de una hora contemplaría el sepulcro de
Iturbide. Lamentaría con su secretario la futura pérdida de Texas. Desoiría su
respuesta ‹‹probablemente recibirá la mayoría de votos para la presidencia y así
usted podrá remediar el mal que teme›› y sólo comentaría que los cortesanos que
rodean a los presidentes no permiten que les llegue ni un rayo de verdad. A la
mañana siguiente, Mier y Terán caminaría de nuevo rumbo la plaza, y exactamente de cara al lugar
donde había caído Iturbide, colocaría su espada y ensartaría su cuerpo en ella.
Obedeciendo sus deseos finales, su secretario lo sepultó en la misma tumba
donde descansaban los restos de Iturbide, su cuerpo en abrazo póstumo con el
del libertador.”[27]
“Sus ayudantes, creyendo adivinar los últimos
deseos del general, depositaron su cuerpo en un ataúd de hoja de lata, en la
misma fosa donde descansaba Iturbide.
“Cuando el 22 de agosto de 1838, en
ceremonia oficial con la presencia del gobernador de Tamaulipas, se realizó el
acto oficial de exhumación de los restos de don Agustín para ser trasladados a
la Catedral de México, los de Mier y Terán fueron encontrados en “un cajón de
hoja de lata”, hecho que ayudó a corroborar la autenticidad de la tumba del emperador.
Según el acta oficial que se levantó ese día, los restos de Iturbide fueron
colocados, para su traslado, en una urna de madera forrada de terciopelo negro.
Por su parte, los de Mier y Terán fueron nuevamente depositados en el sepulcro
donde fueron hallados.
“Una leyenda forjada en el transcurso
de muchos años afirmaba que, debido a una confusión, los restos del emperador
Iturbide depositados en la Catedral metropolitana, eran en realidad los del
general Terán; circunstancia poco probable, dado el cuidado y detalle con que
se había realizado la exhumación. Sin embargo, pese a contar con gran cantidad
de pruebas sobre su autenticidad, el equívoco fue ganando popularidad y
permaneció por más de cien años. Por fin el mito pudo ser destruido gracias a
un circunstancia excepcional y al interés y porfía de un grupo de estudiosos
tamaulipecos.
“Con motivo de la construcción de la
presa Vicente Guerrero —que inevitablemente inundaría el cementerio de
Padilla—, Florentino Cuéllar, Miguel A. Rubiano y Eliseo Paredes, miembros de
la Sociedad Tamaulipeca de Historia y Geografía de Matamoros, se empeñaron en
rescatar de las aguas los restos mortales de Manuel Mier y Terán, para lo cual
planearon la exhumación, con todo cuidado, el 5 de diciembre de 1972.
Valiéndose del texto del acta de 1838, lograron ubicar sin lugar a dudas la
tumba que compartieron Iturbide y Terán.
“Después de remover una loza de piedra
de un metro de ancho, dos de largo y quince centímetros de espesor, iniciaron
la excavación. A unos sesenta centímetros de profundidad comenzaron a aparecer
algunos huesos y trozos de lámina de latón; sin embargo, también se encontraron
con el nivel de agua de la presa. El lodo que encenagó la fosa les obligó a
drenar el líquido antes de descubrir la mayor parte de la estructura ósea. La
posición de los fémures y tibias les permitió determinar que el cuerpo del
general había sido inhumado con los pies dirigidos hacia la Iglesia y la cabeza
orientada a la plaza donde fue fusilado el emperador.
“Aparte de los huesos se encontraron
los tacones de vaqueta de su calzado y dos botones de su uniforme, elementos
que confirmaban la identidad de los restos, pues el emperador Iturbide fue
sepultado con el hábito de los religiosos de San Francisco. Los restos óseos se
secaron al sol y se trasladaron al Museo de Historia de Casamata de la ciudad
de Matamoros en una urna de cedro, donde fueron expuestos provisionalmente al
público, en espera de la construcción de una rotonda, en donde descansarían,
junto con los de otros tamaulipecos ilustres.
“En 1982, el presidente municipal
Jorge Cárdenas dispuso que los restos se depositaran en el monumento consagrado
a Mariano Matamoros; también ahí fueron trasladados, desde el panteón del
Tepeyac, los del general Lauro Villar. De esta manera, un grupo de
tamaulipecos, comprometidos con la historia de México, logró salvar de la
inundación y del olvido los despojos de un distinguido insurgente.” [28]
El paredón de fusilamiento y el
espacio de la autoinmolación en Padilla, Tamaulipas, yace hoy bajo las aguas de
la presa irónicamente nombrada “Vicente Guerrero”.
“La vida de este criollo es
emblemática: egresado del Colegio de Minería, sirvió al lado de José María
Morelos y logró fundar una de las fortalezas más importantes durante la lucha
armada; sin embargo, no vaciló en disolver al Congreso que allí fue a
refugiarse, por considerarlo una carga para la insurgencia. Posteriormente, en
1827 sirvió en la Comisión que debía fijar los límites con los Estados Unidos.
A partir de entonces dedicará sus esfuerzos a hacer que el gobierno cobrara
conciencia de la amenaza que se cernía sobre México. Su profunda lucidez
contrasta con la escasa atención que le prestaron desde el poder. Este hecho
nos permite sostener que el acercarnos a la biografía de Mier y Terán, nos
permite, a la vez, aproximarnos a las contradicciones que impidieron la
consolidación del nuevo Estado y que llevaron a la pérdida de Texas primero y,
años después, a la pérdida de la mitad del territorio.”[29]
“Aunque en el campo de batalla sigue
obteniendo triunfos, destacando su triunfo en la batalla de Tampico donde
derrota a la expedición de reconquista española encabezada por Isidro Barradas
(cuya medalla se cuelga Santa Anna y cuyo principal aliado es la fiebre
amarilla que contagió a los gachupines) Mier y Terán no encuentra la paz. En
1832 Manuel Mier y Terán era el máximo presidenciable del país, el favorito
para suceder a Anastasio Bustamante y hacer sombra a la creciente figura de
Santa Anna, sin embargo, un fantasma lúgubre posee el alma del militar. Justo
cuando estaba a punto de lanzar su candidatura presidencial, Mier y Terán
decide visitar la tumba de Iturbide en el poblado de Padilla, a donde llega el
2 de julio de 1832. El militar llora frente al sepulcro del emperador y pide
perdón, pero no encuentra consuelo. Mier dirige desgarradoras palabras al
difunto: “Perdona a los que te ofendieron y ruega a Dios por el bien de la
Patria”. Al amanecer del 3 de julio de 1832, Manuel Mier y Terán se asea, se
viste con su uniforme de gala y vuelve a dirigirse solitario rumbo a la tumba
de Iturbide. Sus hombres lo miran a una prudente distancia. Pronuncia unas
palabras inaudibles. Después saca su espada, se la coloca sobre el corazón y la
encaja con todas sus fuerzas. El cuerpo del suicida cae sobre el sepulcro del
emperador. Su última voluntad es ser enterrado a lado de Iturbide.”[30]
“Encontrándose en Padilla, habitando en la misma casa
donde había pasado Iturbide sus últimos instantes, dominado cada vez más por
las ideas funestas que tenían trastornado su cerebro, puso fin á sus días el 2
de junio de 1832; tras un paredón arruinado había, arca de la iglesia de la
villa; allí apoyó el puño de su espada
contra una piedra y la punta del arma sobre su corazón, hizo un esfuerzo y
quedó traspasado, vaciló un momento y cayó exhalando el último suspiro. Su
cadáver fué velado sencillamente en el salón de sesiones del congreso de
Tamaulipas, mismo lugar donde se decretó la muerte de Iturbide.”[31]
“Con la muerte de Mier y Terán se canceló la
posibilidad de oponerse al irrefrenable avance de Santa Anna y, como más de
cien años después dijera Enrique González Pedrero, ‘¿quién recuerda el 3 de
julio de 1832, día en que se dio la muerte de uno de los lugartenientes más
puros, honrados y eficaces de Morelos en la insurgencia?’.”[32]
Al finalizar.
“…
En el muro del lado derecho de la capilla había un altar dedicado a San Carlos
Borromeo, que fue retirado para instalar la urna que contiene los restos de don
Agustín de Iturbide y Arámburo, que consumó la Independencia de México. Sus
cenizas fueron traídas de Padilla a México en octubre de 1838 y su traslación
constituyó un verdadero acontecimiento nacional.”[33]
Fructífera, anticipatoria, lúcida,
patriótica y recta la vida del general Manuel Mier y Terán. “… el general
Manuel Mier y Terán se quitó la vida aparentemente ante la inminente pérdida de
Texas y sus profundas frustraciones de ser testigo de la desunión y las luchas
civiles de su patria. El día anterior a su muerte, escribió a su amigo Lucas
Alamán: ‘una gran y respetable nación mexicana, una nación en la cual nosotros
hemos soñado y por la cual hemos trabajado tanto, no podrá salir jamás de
tantos desastres ...Nosotros nos hemos permitido ser llevados por las
ambiciones de grupos egoístas, y ahora estamos por perder las provincias
norteñas. ¿Cómo podemos esperar retener Tejas cuando ni siquiera podemos
ponernos de acuerdo entre nosotros mismos? Es un estado de cosas lóbrego. Si
nosotros trabajamos juntos avanzaremos. Tal como es, nosotros estamos
perdidos".[34]
“Mier y Terán no fue el único militar
criollo en sentir solidaridad con Iturbide. Hacia 1838, por orden del general y
presidente Anastasio Bustamante, los restos de Iturbide se depositarían en una
capilla de la Catedral. A la muerte de Bustamante en 1853, su corazón sería
depositado junto a los restos de su héroe.”[35]
Efemérides. México,
Julio de 1832.
14 de 1821.- El
General Don Felipe de la Garza, Gobernador y Comandante Militar de Tamaulipas y
el Ayuntamiento de Aguayo se adhieren al Plan de Iguala.
19 de 1824.- Fusilamiento
de Agustín de Iturbide en la Plaza de Armas de Padilla. Correspondió al General
Felipe de la Garza atender las disposiciones del Congreso Constituyente de
Tamaulipas.
3 de 1832.- Muere por
suicidio en Padilla, Tamaulipas, el General Manuel Mier y Terán.
3 de 1832.- Muere de
tuberculosis el General Felipe de la Garza Cisneros, militar tamaulipeco que
logró la aprehensión de Agustín de Iturbide en Soto la Marina y ordenó su
fusilamiento, en Padilla, Tamaulipas.
Cenotafio[36]
Aridez sin carroñeros —que hasta eso
le negara el tiempo—,
sudario reseco, incoloro, inutilizado
a golpes de sequía,
terrones café desesperanzados donde el
abrojo no enraizó
amplían la cripta oreada, la encalada
frase emborronada un día
sobre un detalle escenográfico con
mortaja de traición.
La luz de luna entrante a través del
pringoso ventanuco
adornará con la cruz de los barrotes
sobre el nombre,
polvo ensangrentado —alarido vivo en
la garganta—
segado con tres destellos, con tres
fulgores terminales.
A pesar de nosotros algo queda de su
ayer,
la gloria efímera en el cosmos de un
manto imperial
hermanado al badén trazado por su
sangre
y al aullido interno, visceral, de un
sueño personal
anudado a una mirada ajena; fantasmal
presencia
del desmadejado dentro de habito
franciscano
y por laudo, ordenadamente regresado a
Catedral,
tras un destierro interrumpido con el
expatriación
en soledad.
Notas importantes:
[1]Quetzalcóatl y Guadalupe (La formación de la conciencia
nacional en México). Jacques Lafaye. F. C. E., primera reimpresión, 1983.
Traducción de Ida Vitale. Páginas 192 y 193.
[2] Biografías de los héroes Y caudillos de la
Independencia. Alejandro Villaseñor y Villaseñor, Páginas 411 y 412:
senado2010.gob.
[3] Segunda parte. Memorias de Agustín de Iturbide. Carlos
Navarro y Rodrigo. , en la página 230.bicentenario.gob.mx
[4] Segunda parte. Memorias de Agustín de Iturbide. Carlos
Navarro y Rodrigo. en las páginas 236, 237 y 238. bicentenario.gob.mx
[5] Joel R. Poinsett: primer viajero diplomático anglosajón, páginas 13 y 14, secuencia.mora.edu.mx, citado con mínimas
variantes por Enrique Krauze en Iturbide, página 132. Héroes de Carne y Hueso.
Historia para todos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Conaculta,
Banamex, 2010.
[6] Memorias de Agustín de Iturbide. Segunda parte.
bicentenario.gob.mx
[7] “… 295 cartas y otros documentos originales…” La
¿segunda? carta de Iturbide a Guerrero. Página 150 Jaime del Arenal Fenochio.
Publicado por el Colegio de Michoacán, Relaciones 110, primavera 2007, vol.
XXVIII.
[8] La fecha de la primera carta enviada por don Agustín
de Iturbide al general don Vicente Guerrero con fecha del 26 de noviembre de
1820, determina que el inicio del trato de ambos líderes inició antes de lo
fijado por la historia conocida, y a la vez, por la misma cantidad y la calidad
del intercambio epistolar determinan una imagen muy diferente del general
Guerrero por lo común tildado de analfabeta e inculto.
[9] La ¿segunda? Carta de Iturbide a Guerrero. Página 151
Jaime del Arenal Fenochio. Publicado por el Colegio de Michoacán, Relaciones
110, primavera 2007, vol. XXVIII.
[10] mexicomexico.org
[11] inehrm.gob.mx
[12] Segunda parte. Memorias de Agustín de Iturbide. Carlos
Navarro y Rodrigo, página 211. bicentenario.gob.mx
[13] Iturbide y la Independencia, página 442. Nettie Lee
Benson. codex.colmex.mx.
[14] Maximiliano, página 112. Héroes de Carne y Hueso.
Enrique Krauze. Historia para todos, Instituto Nacional de Antropología e
Historia, Conaculta, Banamex, 2010.
[15] Segunda parte. Memorias de Agustín de Iturbide. Carlos
Navarro y Rodrigo, en la página 232. bicentenario.gob.mx
[16] El Plan de Iguala o el origen del Estado Mexicano,
página 110. José Luis Soberanes Fernández. Instituto de Investigaciones
Jurídicas de la UNAM. juridicas.unam.mx.
[17] Segunda parte. Memorias de Agustín de Iturbide. Carlos
Navarro y Rodrigo, en la página 212. Ídem.
[18] Ibídem en las páginas 212 y 213.
[19] Ibídem en las páginas 215 y 216.
[20] Juicio Imparcial sobre los acontecimientos de México
en 1828 y1829, Página 6.
[21] Segunda parte. Memorias de Agustín de Iturbide. Carlos
Navarro y Rodrigo, en las páginas 214 y 215. bicentenario.gob.mx
[22] juridicas.unam.mx
[23] México desconocido, 17 / septiembre / 2013.
[24] Personajes olvidados: otras historias de la
Independencia de México, página 36. Rina Ortiz, Doctora, investigadora del
Instituto Nacional de Antropología, México, Centro Regional Veracruz.
[25] “Héroes y caudillos de la Independencia”. Alejandro
Villaseñor y Villaseñor. Don Manuel Mier y Terán, página 171. senado2010.gob.mx
[26] Manuel de Mier y Terán: la intermitencia de su “eterno
descanso”. Raúl González Lezama. Investigador del INEHRM. Instituto Nacional de
Estudios Históricos de las Revoluciones de México | Secretaría de Educación
Pública • 2013. inherm.gob.mx
[27] Iturbide, página 146. Héroes de Carne y Hueso. Enrique
Krauze. Historia para todos, Instituto Nacional de Antropología e Historia,
Conaculta, Banamex, 2010.
[28] Manuel de Mier y Terán: la intermitencia de su “eterno
descanso”. Raúl González Lezama. Investigador del INEHRM. Instituto Nacional de
Estudios Históricos de las Revoluciones de México | Secretaría de Educación
Pública • 2013. inherm.gob.mx
[29] Personajes olvidados: otras historias de la
Independencia de México, página 30. Rina Ortiz, Doctora, investigadora del
Instituto Nacional de Antropología, México, Centro Regional Veracruz.
[30] Los errantes fantasmas de Padilla. Daniel Salinas
Basave.
[31] “Héroes y caudillos de la Independencia”. Alejandro
Villaseñor y Villaseñor. Don Manuel Mier y Terán, página 179. senado2010.gob.mx
[32] Personajes olvidados: otras historias de la
Independencia de México, página 30. Rina Ortiz, Doctora, investigadora del
Instituto Nacional de Antropología, México, Centro Regional Veracruz.
[33] “La Catedral de México”. Manuel Toussaint. Editorial
Porrúa, S. A. 1973, página 163, en lo referente a la Capilla de San Felipe de
Jesús.
[34] “Cómo México perdió la mitad de su territorio. Segunda
parte” facmed.unam.mx (Archivo General de la Nación. Correspondencia del
general Mier y Terán, legajo 416, papeles sueltos):
[35]Iturbide, página 146. Héroes de Carne y Hueso. Enrique
Krauze. Historia para todos, Instituto Nacional de Antropología e Historia,
Conaculta, Banamex, 2010.
[36] Cenotafio. Monumento funerario en donde no está el
cadáver.
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