José Luis y José
Ignacio Rodríguez Alconedo
Víctor Manuel López
Wario
La ficha conocida y recurrente asienta que fueron hijos de
José Luis Rodríguez Alconedo y de Ignacia Sánchez Rojas, su padre lo inicia en
la profesión de platero. José Luis casa con Gertrudis de Acuña el 17 de
diciembre de 1780 en la Catedral de Puebla de los Ángeles para trasladarse a un
taller en la calle de Plateros, cercana a la Plaza de Armas (actual Plaza de la
Constitución) en la capital de la Nueva España poco después de recibir la
licencia de orfebre (20 de octubre de 1791) según las ordenanzas del gremio de
San Eloy. Su logrado prestigio de artista delicado, un retrato de Carlos IV y
el aval de Manuel Tolsá, le otorgan el reconocimiento y su título de Académico
de Honor de la Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos, en la cual era
profesor de grabado.
Francisco
de la Maza corrige la fecha anterior y cita: “En la fe de bautismo hallada por
Francisco Pérez Salazar en el Sagrario de Puebla dice: En la Ciud. de los
Angs.y a veyte y tres de junio del año de mil sets. sesenta y vno, yo el Br.
Manuel Ovando Theniente cura de la Sta. Iglesia Cath. baptizé solemnemente a
Joseph Luis Ant. que nació el día veyte de dho. mes, hijo lexo de Joseph Miguel
Anto. Rodríguez y de María Igna. Roxas, españoles”.[1]
“Una
figura que infunde admiración es la de este académico, que cultivó a la vez la
pintura y el grabado, añadiendo a sus glorias de artista las de revolucionario,
pues luchando en los ejércitos de Morelos por la independencia de México fue
capturado en la población de Zacatlán, por las fuerzas realistas y fusilado en
Apan por orden de Félix María Calleja en 1815. Antes, por la misma causa de sus
ideas, había estado preso en España y en México. Como pintor cultivó la técnica
del pastel muy raro en su época y su medio, dejando un retrato propio y otros
de Doña Teresa Hernández Moro[2],
Francisco Pizarro, José Manzo[3]
y Fernando VII. También en él se percibe algo de goyesco, no obstante que
nunca existió alguna relación del mexicano con el español. Como grabador dejó
un relieve en plata representando a Carlos IV y los relieves en bronce con que
la fachada de la Catedral fue terminada.”[4]
José
Luis Rodríguez Alconedo no es un desconocido en la Historia del arte mexicano: “…
Puebla, la de la pintura de Echave, de Rodríguez Juárez, de (Diego de) Borgraf,
de (Cristóbal de) Villalpando, de (Simón) Pereyns, de (José) Rodríguez Carnero,
(Juan) Tinoco, de las esculturas del (Pedro Patiño) Extolinque, y los Cora
(José Antonio y José Zacarías) y, más adelante, los Rodríguez Alconedo (sic) y (José
Agustín) Arrieta…”[5]
Equívoco
histórico dado que de los dos hermanos, uno, José Luis era platero de oficio y
José Ignacio farmacéutico destacado en la historia de la botánica, farmacéutica
y medicina poblana[6]
previa y durante el movimiento independentista según destaca Ana María Dolores
Huerta Jaramillo en su colaboración “Antonio de La Cal y Bracho y el maguey
mexicano: los personajes botánico de la independencia mexicana”: “Como
antecedente de emancipación política de las estructuras virreinales, se produjo
en la ciudad de Puebla un movimiento de separación del Real Tribunal del
Protomedicato promovido por los boticarios poblanos… El 24 de agosto de 1804 el
grupo de maestros farmacéuticos poblanos integrado por el capitán Francisco
Cruzado, José Guadalajara, Antonio de la Cal y Bracho, José Cordero, Juan
Antonio López, José Mariano Meléndez, José Mariano Acevedo, Manuel Monroy,
Manuel San Martín, Mariano Espinoza y Manuel Grajales, otorgaron su poder a
José Ignacio Rodríguez de Alconedo, patrono de la botica, y sede de la cofradía
de San Nicolás Tolentino, para representarlos ante las cortes novohispanas. A
su vez, el primero de septiembre de 1804, Rodríguez de Alconedo transfirió el
poder a Vicente Cervantes para representarlo en la corte de México y a José
Mariano Covarrubias procurador de número de la Real Audiencia, realizándose el
negocio el 7 de octubre de 1805.”[7]
Tan
importante resulta este hermano del platero y pintor José Luis que en la ciudad
de Puebla —en espacios de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla— el
Jardín Botánico fundado en agosto del 1987 por la M. en C. Maricela Rodríguez
Acosta y el Arquitecto Sergio Villalón, lleva por nombre el del destacado
farmacéutico José Ignacio Rodríguez Alconedo, quien junto con su colega Antonio
de la Cal y Bracho, fundaron a principios del siglo XIX el primer jardín
botánico en Puebla en lo que fuera el Convento de Santa Rosa y ahora es el recinto
del Museo de Arte Popular de Puebla.
“En Puebla, el «separatista» José Ignacio
Rodríguez Alconedo pero principalmente su hermano José Luis el platero, fueron
relacionados con un movimiento de sedición contra los «gachupines del comercio».
El 20 de septiembre de 1808, cinco días después de la destitución de Iturrigaray,
se giró orden de aprehensión contra el platero, por participar en un plan de
insurrección «con el fin de coronar aquí a uno de los gobernadores de las
parcialidades de Yndios»… El veredicto final de las autoridades encontró
culpables a los dos hermanos de sedición e insurrección, condenándolos al
destierro…”[8]
“En el número 6 de estos Anales
publiqué una biografía del orfebre y pintor José Luis Rodríguez A1conedo con
los datos que entonces pude obtener. Nuevas informaciones y correcciones deben
añadirse a aquel estudio, gracias a un documento del Archivo General de la
Nación que se encuentra en el tomo 1326, expediente 6, del Ramo de Inquisición,
y que es una denuncia que hizo Alconedo ante el Santo. Oficio, el 28 de abril
de 1796, contra el pintor miniaturista José Máynez, gaditano, por las mismas herejías
por las cuales se autodenunció el propio Alconedo, varios años después, en 1808
(ver Anales 6, pág. 45).
“Es desde luego importante la
presentación que hace de su persona el artista poblano: "José Luis
Rodríguez Alconedo, natural de la ciudad de la Puebla de los Ángeles. Español,
casado con doña María Gertrudis Acuña, Patrón de Platería, que vive en el Puente
de Santo Domingo. Casa de San Homobono, vivienda principal, y que tiene treinta
y cuatro años de edad... ‘
“Esto da por conclusión que nació
en el año de 1762, como lo dijo el mismo Alconedo en 1808 (Anales 6, pág. 42) Y
como está en la firma del medallón de Carlos IV del Museo Nacional (Anales 6.
pág. 43). No es pues del artista Rodríguez Alconedo la fe de bautismo que
encontró Francisco Pérez Salazar en el Sagrario de Puebla y que hasta ahora ha
sido aceptada como verdadera.
“Denuncia Alconedo a Máynez por
haber dicho en su platería, una noche, cuando leían devotamente el Apocalipsis,
que "en muriendo nos encontraremos con que no hay nada". Alconedo le
contestó muy ofendido: ‘conque este libro será mentira’, a lo cual Máynez no
hizo sino reírse. Decía también el miniaturista gaditano otras herejías, como
de que la Inquisición era un tribunal impío y despótico y de que ‘la humanidad
exige de nosotros la misericordia y la lástima para el pobre, pero que en nuestros
tiempos por los párrocos y obispos está perdida, según la fuerza con que exigen
todos los derechos, corno entierros, casamientos y demás, no pensando sino en
el fausto y la grandeza aunque sea a costa de la sangre del pobre ... ‘
Alconedo, según él dice, puso el ojo avisar ante Máynez y cuando le acompañaba
a misa, notaba que no se persignaba, ni se daba golpes de pecho al sanctos ni
cuando elevaban la ostia".
“Cita a dos cinceladores, uno
Rafael de Urbina, oficial suyo y que vivía en la misma casa: otro, Mariano Rayo
y Villavicencio, natural de Silacayoapan, Puebla, que trabajaba en la platería
de Antonio Camaño, los cuales, claro está, fueron llamados al tribunal del
Santo Oficio a declarar, diciendo Villavicencio que en las tertulias de
Rodríguez Alconedo asistían, además de Máynez y los cinceladores citados, Juan
Saver, francés, el arquitecto Luis Martin, ‘destinado hoy a reparar el fuerte
de Acapulco’ y un tal Landabur. Afirmó, en parte, lo dicho por Alconedo en su
denuncia, pero cuando se le preguntó qué pensaba del propio orfebre, contestó,
de manera insólita, lo siguiente: 'que le parece que Rodríguez (Alconedo) es un
charlatán, amigo de hablar de materias que no entiende o de que tiene muy
cortas y superficiales noticias, con las que presume y da a entender que está instruido’,
añadió, sin embargo, que ‘le parece que en lo substancial su creencia es buena
y de católico’. El comisario de Corte del Santo Oficio, el padre oratoriano don
Antonio Rubín de Celis llegó a la conclusión de que dudaba ‘muchísimo’ de la
verdad de Rodríguez Alconedo.
“El proceso acaba, extrañamente,
con estas palabras: ‘El Inquisidor Fiscal ha visto este expediente formado en
virtud de denuncia contra don José Maines, europeo, por proposiciones y dice
que estuvo en poder del padre comisario Rubin desde junio de 1796 y porque
puede haber muerto aquél y también Don José Luis Rodríguez contra quien resulta
bastante, convendrá para no trabajar en balde que 5. S. I. se sirva mandar que
el Nuncio u otro averigüe si viven o no y que con las resultas vuelva al fiscal
o lo que fuere de su mayor agrado. Secreto de la Inquisición y marzo 26 de 1805’.
Al margen la siguiente nota: ‘Se solicitó y no se pudo encontrar’.
“Es curioso e inexplicable que
los inquisidores supusieran muerto a Rodríguez Alconedo en 1805. Por otra parte
se hace palpable una contradicción entre el apocado platero con enredos inquisitoriales
en 1796 y luego en 1808 por denunciante y denunciado, y el pintor
revolucionario preso en España y luchando después al lado de MoreIos. Sin
embargo, sus angustias y sufrimientos, su muerte heroica traspasado por las
balas del ejército realista, creo que borran esa imagen beata y tímida del
Alconedo de fines del siglo XVIII.”[9]
Entre lo posible por afirmar y
debido a dudar queda la personalidad de José Luis Rodríguez Alconedo y su no
menos importante hermano José Ignacio. El criollo Alconedo tenía ya
antecedentes desde 1803 ante el Santo Oficio por supuestas críticas a la
Iglesia, agravado con la acusación de su simpatía por los hechos y excesos de
los revolucionarios franceses. Resulta por demás desconcertante la auto
denuncia y aceptación de culpabilidad a más de ‘confesar sus errores’ derivada
en la absolución, porque: ‘Inflexible en sus convicciones políticas en 1808
organizaba tertulias en su casa en donde se hablaba de un cambio en el gobierno’
en el momento en que el licenciado Francisco Primo de Verdad y Ramos, en unión
de los miembros del cabildo buscaban la independencia.
Es cosa aceptada que a José Luis
y José Ignacio[10] —destacado
farmacéutico en su natal Puebla— la acusación de protagonizar una conjura la
asienta el conde de Santa María de Guadalupe del Peñasco[11],
con cargo de preparar una insurrección de indios a fin de devolverles el
gobierno. Queda, también, que el propio José Joaquín Vicente de Iturrigaray y
Aróstegui de Gaínza y Larrea —quincuagésimo sexto virrey en Nueva España— veía
en Alconedo un simpatizante de la causa insurgente y, por lo tanto, partícipe
de la conspiración, si bien era de pensamiento inclinado a las ideas de
liberación, Alconedo lo afirmaba de manera propia e individual, tal cual era
práctica común en tierras americanas. Apresado por la denuncia del conde de
Peñasco, Alconedo probó no ser partidario del depuesto virrey Iturrigaray
cuando en el cateo practicado en su casa, no hallaron ningún documento
comprometedor, salvo algunas cartas y pasquines a favor de la Ilustración y la
Revolución francesa. Interrogado por las superioridades del Santo Oficio acerca
de su plan de coronar a los indios, protestó que ‘había hablado de sublevarlos
con la única intención de salvar a la Nueva España de los franceses’ y que una
corona habida en su taller supuestamente fabricaba para Iturrigaray era para
corresponder a un contrato convenido para la confección de esa gloria para una
Virgen de Aguascalientes.
“El 20 de septiembre de 1808,
cinco días después de la destitución de Iturrigaray, se giró orden de
aprehensión contra del platero, por participar en un plan de insurrección ‘con
el fin de coronar aquí a uno de los gobernadores de las parcialidades de
Yndios’. La participación de José Ignacio no pudo quedar soslayada y una orden
de aprehensión lo llevó al encarcelamiento, acusado principalmente de entablar
con su hermano una correspondencia altamente cargada con contenidos propios del
caudal de panfletos y de literatura irónica que mostraba hasta qué punto se
encontraban los ánimos independentistas Es muy probable que las implicaciones
de José Ignacio en el movimiento separatista poblano influyeran en el ánimo de
las autoridades al considerarlo elemento altamente peligroso para la
estabilidad política regional. El veredicto final de las autoridades encontró
culpables a los dos hermanos de sedición e insurrección, condenándolos al
destierro. Fueron transportados a España en el navío de San Leandro el cinco de
julio de 1809. Después de varios incidentes llegaron a su destino el 12 de
febrero de 1810, en donde vivieron hasta la fecha de su regreso a Nueva España,
el once de abril de 1811.” [12]
En contra de lo probado pruebas y
de la precaria salud de Alconedo, le embarcaron en Veracruz con destino a
España, en cuya travesía estuvo a punto de naufragar el barco, del cual les
rescató un buque inglés desembarcándolos en Cádiz. Ahí permaneció dos meses
preso y siete en libertad en la espera de su certificado para regresar a Nueva
España. Durante ese periodo de semilibertad en el puerto, trabajó de platero
para poderse ganar la vida y pintó tres de las obras al pastel atribuidas. El
primer cuadro, con una nota en la parte posterior aclara ser un autorretrato realizado
en febrero de 1811. El segundo y el tercero (con aclaración en la parte
posterior) representan a sus dos hijos ya jóvenes. [13]
A su regreso sufre de nuevo la
persecución por el conde del Peñasco, irritado con la libertad de su acusado. Otra
vez encarcelado, Gertrudis (su esposa), envía al virrey el recurso legal con el
cual recobró nuevamente su libertad el 27 de mayo de 1811. Marcha a los llanos
de Apan, escenario de la insurrección donde asume lealmente el partido de don Ignacio
López Rayón a quien no lo abandona como muchos otros tras la dolorosa derrota
en Omealco. A fin de abastecerse de armas Rayón instauró una maestranza y puso
al frente de ella a Rodríguez Alconedo quien aplicó sus conocimientos y
experiencia para lograr doce cañones, doscientos arcabuces y una culebrina. Prendido
en Zacatlán el 25 de septiembre de 1814 lo trasladan a Apan para aplicarle la
muerte por fusilamiento el 1 de marzo de 1815. Tenía 54 años de edad, estaba envejecido,
enfermo y desilusionado.
“Algunos días después fueron
pasados por las armas, contando Alconedo sesenta y tres años de edad (sic);
estaba escrito que debía morir en esta vez, pues algunas horas después de la
ejecución llegó a Hevia, general que mandaba las fuerzas españolas, el indulto
de aquellos dos héroes, y ya era tarde.”[14]
El historiador asienta con el título de “héroes” a José Luis Rodríguez Alconedo
y al presbítero y diputado suplente Manuel Sabino Crespo.
Para Francisco de la Maza, el
autorretrato de José Luis Rodríguez Alconedo es una de las pinturas al pastel
mejor realizadas del mundo y una de las obras maestras de la pintura mexicana
del siglo XIX neoclásico. Tómese en consideración que el soporte es seda y ya
podremos juzgar de la valía y capacidades técnicas del artista repetidamente
ignorado en la historia nacional. En cuanto a la pérdida irreparable de la obra
de este pintor mexicano nacido en Puebla, la persecución española en contra de
todo gesto o inclinación independentista determina, por principio, la anulación
de un nombre y una obra, con ello el poder exorciza y niega la existencia del infractor, sin
consideración a la calidad y validez de la obra y palabra.
[1] Francisco de la Maza. “Nuevos datos sobre el artista”.
Consultado el 21 de abril de 2010. “Controversia sobre la fecha de su
nacimiento”.
[2] Doña Teresa Hernández Moro, natural de Salamanca,
pintado en Cádiz en 1810.
[3] José Manzo Jaramillo (29 de abril de 1789, Ciudad de
Puebla - 2 de julio de 1860, Ciudad de Puebla). Arquitecto, pintor, grabador y
cincelador mexicano. Introdujo la litografía en México e impulsó la
arquitectura neoclásica de su ciudad natal.
[4] Eduardo Báez Macías. Fundación e Historia de la
Academia de San Carlos, editada por el entonces Departamento del Distrito
Federal a través de la Secretaría de Obras y Servicios, 1974. Páginas 43-44.
[5] Puebla, su fundación y su evolución histórica, Pedro
A. Palou, Cronista de la ciudad, en “La ciudad de Puebla.” página 19, Gobierno
del Estado de Puebla, 1994.
[6] Analizan pintura del Siglo XVIII única en su tipo. El
libro Un almacén de secretos. Pintura, Farmacia, Ilustración: Puebla, 1797 hace
un estudio de la obra de Miguel Gerónimo Zendejas, plasmada en 16 puertas de
madera.
En
1797, un ilustrado farmacéutico y botánico poblano llamado José Ignacio
Rodríguez Alconedo le encargó a uno de los artistas más prestigiosos de la
ciudad (Miguel Gerónimo Zendejas) la ejecución de un excepcional artefacto
funcional a la vez discursivo y simbólico, para la sala de reuniones de la
Cofradía de San Nicolás Tolentino, inmueble que estuvo situado en lo que hoy es
la avenida Reforma, a dos cuadras del Centro Histórico de Puebla.
“Se
trata de un conjunto de lienzos ensamblados en bastidores que fungían como
puertas de un gran mueble donde se guardaban los archivos de la institución. A
la fecha lo que conocemos de El almacén son 12.05 metros de pintura adheridos a
16 puertas —distribuidas en tres muros que ‘envolvían’ la sala—, la mayoría de
3.20 metros de altura y anchuras variables, y más de siete postes de madera
pintada, en los que hay sustitución de originales, adiciones e injertos hechos
en distintos momentos.” Lucero Enríquez Rubio. inah.gob.mx
“…
Rodríguez Alconedo, seguido muy, pero muy de lejos por Antonio de la Cal y
Bracho y sus otros colegas, fue quien encarnó el paradigma: prosecretario de la
Cofradía, farmacéutico ilustrado, católico, boticario muy eficiente dedicado a
servir al público que acudía a la farmacia que él administraba, criado en el
seno materno de un cacicazgo indígena –entorno propicio para el litigio–, con
gustos y aficiones eclécticos, dueño de una ideología de acuerdo con la cual
vivió y actuó, Rodríguez Alconedo fue el líder que tanto cofradía como
boticarios necesitaban. Si bien no logró crear una comunidad científica, sí
constituyó y dio vida y paradigma a una comunidad política imaginada…
“…El
Almacén representa, tanto la postura científica e ideológica de un grupo de
boticarios y cofrades ilustrados de Puebla a finales del siglo XVIII, como su
estrategia a seguir en la batalla jurídica para obtener su autonomía del Real
Tribunal del Protomedicato de la ciudad de México. Es, a la vez, declaración de
principios y representación política, expresadas en una composición pictórica
cuyo mensaje iba dirigido a un reducido grupo de enterados, pares y cofrades de
quien la concibió.” Tomado de “Conclusiones”, un estudio sobre ‘El almacén’,
página 679 (disponible en pdf).
[7] “El discurso independentista y la nueva mujer
mexicana”. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y la Asociación de
Mujeres Periodistas y Escritoras de Puebla (AMPEP), 2010, páginas 101 a 107.
[8] Ídem. Página 105.
[9] En “Nuevos datos sobre el artista José Luis Rodríguez
Alconedo” por Francisco De la Maza y De La Cuadra, páginas 93 y 94.
[10] Ana María Dolores Huerta Jaramillo. “De José Ignacio
se ha dicho que fue quien introdujo la violeta en este país.” Y remite a la
nota 36 donde queda la referencia: Hugo Leicht. Las Calles de Puebla. Puebla.
JMMCMMP, 1986. p. 250. El separatismo boticario poblano: ciencia e
independencia desde las regiones. 1803-1810.
[11] “1809. Agosto 19. México. El arzobispo virrey de Nueva
España remite con sus respectivas causas, a los reos sediciosos don José Luis
Rodríguez Alconedo, el cura don Manuel Palacios, don Mariano Paredes y don
Julián Castillejos. México, 19 de agosto de 1809. Francisco, arzobispo de
México (Francisco Javier Lozano). Excelentísimo señor don Martín de Garay.
“A esta carta virreinal, acompaña la causa de don
José Luis Rodríguez Alconedo (Cuaderno 1º.); la causa de don José Ignacio
Rodríguez Alconedo (Cuaderno 2º.). Reservado. Plan de Alconedo. (Cuaderno 3).
“Nota:
Estos expedientes son muy importantes. Es preciso copiarlos. En el apéndice
copio denuncia del conde de Santamaría de Guadalupe del Peñasco.
“Audiencia de
México. Legajo 1472, expediente 3.”
Tomado de “Documenta
Insurgente. Catálogo de documentos referentes a la Independencia de México,
compilados por Luis G. Urbina, con Preámbulo y arreglo de don Ernesto de La
Torre Villar.” Universidad Autónoma de México, 2003.
[12] El separatismo boticario poblano: ciencia e
independencia desde las regiones. 1803-1810. Ana María Dolores Huerta
Jaramillo.
[13] Francisco de la Maza. “Las obras más exquisitas
brotadas de manos artísticas poblanas.".
[14] Historia de Puebla, página 227, Parte 2. cdigital.dgb.uanl
muy buen reportaje
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