Parroquia de Dolores Hidalgo, Guanajuato.
Fotografía: Juan Carlos Machorro.
La
calva del cura
Víctor
Manuel López Wario
Y aquí
aparece briosa y vital el arma de los escépticos; la paradoja. ¿Cuál cabello de
menos hace una calva?
Por generaciones asumimos por
real la imagen oficial de quien en vida apareciera en el registro con el nombre
de Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte
Villaseñor 1,
nacido en la Hacienda de Corralejo —cercana a Pénjamo, en el hoy Estado de
Guanajuato— el 8 de mayo de 1753 y muerto por fusilamiento en Chihuahua, el 30
de julio de 1811; en reducción, don Miguel Hidalgo y Costilla y en mengua
escolar: “el cura Hidalgo”.
El joven don Miguel.
Fotografía: Juan Carlos Machorro.
La historia mexicana acepta por
una primera y verdadera imagen del cura de Dolores —sin mayores dudas ni
investigaciones personales— la firmada por el pintor Joaquín Ramírez —alumno de
Pelegrín Clavé— realizada durante 1865, a petición del entonces director de la
academia de San Carlos, Santiago Rebull, durante el imperio de Maximiliano,
obra realizada al óleo sobre tela en formato de 156 por 240 centímetros.
En “La construcción del héroe en España y México
(1789-1847)” 2 dentro del
capítulo “Hidalgo en su estudio” (página 205) Fausto Ramírez asienta: “Manuel
Francisco Álvarez, un estudiante de arquitectura durante los años en que
Joaquín Ramírez estudiaba el ramo de pintura en la Academia de San Carlos,
publicó un breve texto epistolar y memorioso acerca de este cuadro de su
condiscípulo. Es tardío (fue redactado en 1909), pero en mi opinión confiable.
Dice Álvarez que Ramírez, ‘…no queriendo ir al palacio, lo pintó en su estudio
de su casa de la calle de los Siete Príncipes núm. 15. Ramírez quiso inspirarse
convenientemente y al efecto se procuró cuantos datos pudo para hacer el
retrato. El Lic. D. Felipe Sánchez Solís […] facilitó a Ramírez una pequeña
estatua de Hidalgo, que […] al decir de los contemporáneos, fue tomada del
mismo cura Hidalgo y la encontraban parecida. Ramírez también trató a la
hermana del cura, quien le proporcionó muchos datos y sobre todo lo presentó
con su hermano, asegurando que éste era muy parecido al héroe de Dolores.
‘[…] Trasladado el retrato al
Palacio Nacional, fue de toda la aprobación de Maximiliano, quien sentado
muchas veces en un sillón frente al cuadro, lo contemplaba, y decía: «he aquí mi bello
Hidalgo».” (Aquí remite a la nota 29 donde amplía: “Manuel
Francisco Álvarez: El pintor Joaquín Ramírez y el retrato de Hidalgo, Ciudad de
México, Carranza e Hijos Impresores, 1910, pp. 3-4.) Cabe mencionar que el
propio Álvarez cuando fue regidor del Ayuntamiento de la ciudad de México, en
1875, mandó sacar una copia del cuadro al excelente pintor Tiburcio Sánchez
(también condiscípulo de Ramírez y de Álvarez) para colocarla en el Salón de
Cabildos de aquel edificio, donde todavía se encuentra, y en muy superior
estado de conservación que el original. A Ramírez se le habían pagado mil pesos
por el retrato de Hidalgo; a Sánchez, $350 por la copia…”).
Una discrepancia importante para
con la historia conocida. Don Miguel Hidalgo y Costilla era el segundo hijo en
el matrimonio de don Cristóbal Hidalgo y Costilla y Ana María Gallaga. Queda
por cosa cierta que estudió junto con su hermano (primogénito) José Joaquín
(nacido en 1751, fallecido en 1803) en el Colegio de San Nicolás Obispo, en
Valladolid, Michoacán, de quien, a su muerte, heredó el redituable curato de
Dolores; durante 1756 nace el tercero de los hermanos, José María Mariano
Cesáreo (de quien sólo queda dicho que murió “muy pequeño”); en 1759 nace José
María de la Trinidad, quien al parecer dejó truncos sus estudios de medicina y
militara en las fuerzas virreinales; Manuel Mariano, licenciado en derecho
nacido en 1762 y muerto en 1809. Del segundo matrimonio (o habido fuera del matrimonio,
en este asunto las fuentes discrepan)3 de
don Cristóbal formado con Rita Toribia Peredo Ramírez, nació José Félix María
Anno quien menor en nueve años a su medio hermano Miguel, también falleció por
fusilamiento en Chihuahua. De un tercer (o segundo) matrimonio con María
Cecilia de Olmos habrá sólo un hijo, Cristóbal Mariano Dimas nacido entre 1771
y 1774. Un cuarto (o tercer) matrimonio dará por hijos de don Cristóbal con
Gerónima Rosalía Ortiz Bracamonte y Origel a: Ana Josefa Joaquina nacida en
1777, ésta media hermana eligió la vida conventual) y falleció a edad avanzada;
en 1780 nace María Guadalupe; Juan Nepomuceno Pascual Ramón nace en 1781; María
Vicenta Anastasia Gertrudis nace en 1783 y en 1784 nacerá María Agustina Lucía
fallecida a corta edad.
Por lo tanto, de ser cierta la
afirmación que dice: “…fue tomada del
mismo cura Hidalgo y la encontraban parecida. Ramírez también trató a la
hermana del cura, quien le proporcionó muchos datos y sobre todo lo presentó
con su hermano, asegurando que éste era muy parecido al héroe de Dolores.”,
cabría suponer que fuera María Guadalupe o María Vicenta (85 y 82 años
respectivamente para ese momento) y que el "hermano conocido" por
Ramírez sería Juan Nepomuceno con 84 años de edad, medio hermano de resultar
cierta la genealogía anterior.
Por otra parte queda por
antecedente que “Correspondió a Joaquín Ramírez realizar el retrato de Hidalgo
en 1865, para lo cual se basó en una escultura de madera atribuida a Silvestre
Terrazas, pero también existía un retrato de Antonio Serrano realizado 20 años
después del fusilamiento de Hidalgo y él había conocido a un hermano del héroe,
a quien la familia le atribuía enorme parecido.” 4,
al parecer, la referencia a Joaquín Ramírez viene de trasmano, además, las
edades posibles de las (medio) hermanas y del (medio) hermano, prometen poco de
veracidad, por longeva que fuera genéticamente la familia, que no es la misma
situación para el trabajo de Antonio Serrano, porque en esa época, 34 años
antes, las medio hermanas y el medio hermano —quizás Juan Nepomuceno “… muy parecido
al héroe de Dolores”— que convivieron juntos después del fusilamiento del cura
rebelde, frisaban la cincuentena de su vida.
Y surge el detestable “pero”: queda en la iconografía una
litografía de 15 x 21.5 centímetros a color, autoría de Linati De Prévost,
publicada en 1828 en “Trajes civiles, militares y religiosos de México”: “Años
más tarde, será Linati quien ofrecerá una nueva versión de Miguel Hidalgo. El
rostro adusto desaparece y la imagen se dibuja con espíritu romántico, propio
de la época, en función del público para quien fue pensado. Hidalgo vestido
extravagantemente (¿), no está considerado manifiestamente para los mexicanos,
sino concebido y diseñado para los lectores europeos que gustaban de mirar a
México como país exótico. Ataviado con traje de chinaco, sable en la cintura y
un sombrero cuyas plumas lucen los colores de la bandera, con la mirada puesta
en la cruz, en actitud de súplica o mostrando el crucifijo en señal de
emprender la guerra santa, esta nueva litografía se enfrenta a la primera
representación que se publicó en El Iris. Ambas imágenes están lejos de poseer
rasgos comunes, en ellas no está todavía el héroe que reconoceremos como al
protagonista de la gesta de independencia, aunque el rostro presagie ya ciertos
rasgos distintivos.” 5 En esta imagen del Hidalgo chinaco, el amplio
sombrero cubre la parte superior de la cabeza y sólo muestra una melena cana.
Otro más: “En el Calendario Histórico y
Pronóstico Político por el Pensador Mexicano, para el Año Bisiesto de 1824, que
publicó el periodista y literato José Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827),
se encuentra una minúscula estampa con la imagen de don Miguel Hidalgo,
realizado por Luis Montes de Oca (…). No es la representación del héroe
garboso, no el Pater Patriae, pero sí
el insurgente, vestido con un traje provisto de elementos militares al estilo
francés (como son, por ejemplo, el bicornio empenachado y el sable que cuelga
de una gran banda ceñida a la cintura), que empuña la bandera con el águila de
Tenochtitlán posada sobre un nopal y devorando a la serpiente, y con la
consigna ‘Libertad’. Estos símbolos pertenecen al imaginario colectivo
mexicano, y ya venían desde antes del grito de Independencia. Por otra parte,
en este aguafuerte tiene mayor peso la leyenda que al pie de la letra dice: ‘El
muy honorable ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla Generalísimo de las armas
mejicanas: primer héroe que tremoló el estandarte de la libertad del Anáhuac en
el pueblo de Dolores el día 16 de Septiembre de 1810. Fue víctima de la tiranía
en 30 de Julio de 1811, su talento, valor y amor patrio harán eterna su
memoria’.” (Ramírez, 2003: 194). 6
“Una iconografía muy diversa precedió a aquella
que se va haciendo grande, la que devendría en oficial, la que el pintor
Joaquín Ramírez realizó en 1865, a petición del director de la academia de San
Carlos, Santiago Rebull, durante el imperio de Maximiliano. El pintor lo plasma
entonces de cuerpo entero y nos presenta un retrato de un hombre con fuerza,
serio, viejo, de pie, con la experiencia de los años, aunque en realidad el
cura de Dolores que dio el “grito” era un hombre en plena madurez con 57 años.
En esta nueva representación, aparece erguido, se alza frente a nuestros ojos
con la grandeza del héroe. Posa delante de una mesa que exhibe el acta de
abolición de la esclavitud, firmada en Guadalajara. Al fondo le cobija y
acompaña el cuadro de la Virgen de Guadalupe; el reloj marca 5 minutos antes de
las 6 de la mañana, hora en que sonó la campana de la iglesia de Dolores en ese
venturoso día en que arengó a los fieles, invitándolos a unirse a una causa
justa. El hombre mira de frente, muestra seguridad en sí mismo, da la cara al
pueblo.” 7
Al amparo del fervor patrio inicia la
controversia de si la imagen realizada por Joaquín Ramírez a solicitud de un
mexicanizado Maximiliano corresponde a la que poseyera en vida el héroe
iniciador de la Independencia. Bajo el principio de que las autoridades de
Nueva España destruyeron todas las imágenes del cura rebelde, en la historia
paralela a media voz aparece la propagada imposición monárquica del rostro de
un desconocido cura y botánico belga del séquito de Carlota por modelo para la
imagen definitiva de Hidalgo, tras la añagaza corrieron un exgobernador y un
literato mexicano. Otra versión declara que la mencionada efigie manifiesta los
rasgos de algún sobrino nieto del sacerdote libertario (incluso dan nombre
propio: Benjamín, nombre que no lleva ningún descendiente del “Padre de la
patria” hasta donde da la información consultada), de quien supuestamente
Jiménez tomó por la cercanía de parentesco y semejanza (¿?) en edad.
Lo que hasta el momento resiste la exigencia
histórica es la evidencia de una estatuilla de 18 centímetros de altura,
realizada en madera pintada a mano, realizada durante la tercera década del
siglo XIX —veinticinco años antes de la llegada de Maximiliano— y una
ilustración inserta en el libro "Historia de México" del historiador
y político Lucas Alamán, quien aún adolescente en Guanajuato, asistió a varias
cenas y tertulias en las que platicó y convivió de forma frecuente con Hidalgo.
Alamán no desacredita esta representación de Hidalgo.
Aquí cabe preguntar ¿qué tan avanzada era la
calvicie de Hidalgo? Porque en la imagen de Linati De Prévost el sombrero cubre
la parte superior de la cabeza del personaje, en la extraña y otra más de
carácter romántico —a favor de la curiosidad europea— el bicornio impide una
visión del mismo y por demás queda la inquietante afirmación de Guillermo
Brenes Tencio 8 “Dícese que un
pintor llamado Juan Nepomuceno Herrera
encontró dicha copia y la reprodujo en
1840, actualmente en el Museo Regional de
Guanajuato Alhóndiga de Granaditas. Tampoco se sabe quién fue exactamente Inchaurregui, que hizo la reproducción del misterioso original perdido, ni Juan Nepomuceno, que hizo
la copia actual de la copia
igualmente de paradero desconocido.
Los rasgos de este retrato del cura, por
cierto, como los del anterior, reflejan las
concepciones de 1830 - 1840, no las del lapso 1800 - 1810 (Rodríguez, 9 2006: 261 -
262). En esos años, mientras más calvo un individuo más
brillante se creía que era. Así que, para
dejar ver el tamaño de su inteligencia, aparece totalmente calvo. Su escaso
cabello es fino, gris, casi níveo,
sin ningún ornamento simbólico que lo
acompañe, salvo el alzacuello y la levita negra, bajo la cual oculta su mano derecha. Su rostro, representado de semiperfil y sobre un
fondo neutro, es descarnado,
marchito, y sus ojos son tristes, no
vivaces y penetrantes.” (El subrayado es mío.)
No es posible dejar de lado la ya conocida
descripción aparecida en “Revolución del cura Miguel Hidalgo hasta la muerte de
éste y de sus compañeros” por Lucas Alamán, en el Capítulo I, primera parte,
describe en primera persona por serle cercano el trato —que no la amistad ni la
admiración—: “Era muy afecto a la música y además de haberla hecho aprender a
los indios de su curato, en donde había formado una orquesta, hacia ir la del
batallón provincial de Guanajuato a las frecuentes diversiones que en su casa tenía.
“La proximidad del lugar de su residencia a
aquella capital, hacía que fuese a ella frecuentemente y permaneciese largas
temporadas, lo que me dio ocasión de verlo y tratarlo muy de cerca.
“Era de mediana estatura, cargado de espaldas, de
color moreno y ojos verdes vivos, la cabeza algo caída sobre el pecho, bastante
cano y calvo, como que pasaba ya de
sesenta años (en realdad Hidalgo murió a los 58 años, por la época de la
narración tendría 56 años), pero vigoroso, aunque no activo ni pronto en sus movimientos;
de pocas palabras en el trato común, pero animado en la argumentación a estilo
de colegio, cuando entraba en el calor de alguna disputa. Poco aliñado en su
traje, no usaba otro que el que acostumbraban entonces los curas de pueblos
pequeños.” Aquí el editor remite a la nota 12 en la cual aclara: “Era este
traje un capote de paño negro con un sombrero redondo y bastón grande, y un
vestido de calzón corto, chupa y chaqueta de un género de lana que venía de
China y se llamaba Rompecoche (por su
resistencia, añadido personal lo mismo que los subrayados.)
Parroquia de Dolores Hidalgo (Columna izquierda.)
Fotografía: Juan Carlos Machorro.
Y el historiador amplía su testimonio: “En
Guanajuato, el cura Hidalgo se alojaba en casa del de aquella ciudad, Dr. D.
Antonio Labarrieta, y como este comía diariamente en casa del intendente Riaño,
lo hacia también Hidalgo, y por este motivo, teniendo mis padres mucha amistad
con el intendente, tuve ocasión de ver y tratar frecuentemente a Hidalgo, que
visitaba también mi casa. Cuando estuvo en Guanajuato en Enero de 1810, con
motivo de haber pasado a aquella ciudad el obispo Abad y Queipo, siendo aquella
la estación de los coloquios o pastorelas, especie de comedias caseras que se
hacen en las familias para solemnizar el nacimiento del Salvador, concurrió a
una de estas diversiones en casa de mis primos los Septienes, en donde estaba
alojado el obispo, y uno de los cuales estaba casado con la hija única del
intendente y vi sentados en el mismo canapé a este, al obispo y al cura
Hidalgo, con una jovialidad, que prueba que ninguno de los tres preveía lo que
iba a suceder, nada más que siete meses después.”
Fotografía: Juan Carlos Machorro.
Pasada la etapa de la ilusión, la del febril
tránsito, la de los triunfos seguidos de fracasos, la de la enemistad con los
amigos, la caída brutal a diez meses del inicio tras una pequeña escaramuza, le
aprisionan traicioneramente en Acatita de Baján junto con sus correligionarios.
Viridiana Vera García asienta: “Antes de la
ejecución militar debía procederle la degradación eclesiástica. Así Hidalgo
escoltado y encadenado fue llevado ante el juez eclesiástico Fernández Valentín
y en la ceremonia se le despojó de sus grilletes y lo vistieron con sus ropas
eclesiásticas. En un altar arreglado con un crucifijo, una plataforma con
cuatro sillones y dándole la espalda al público dio comienzo la ceremonia.
“Lo hincaron ante el juez y con
un cuchillo rasparon las yemas de los dedos de don Miguel Hidalgo al tiempo que
exclamaba: ‘Te arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, con
la unción de las manos y los dedos (Molina, 2009, p.88*). Por considerarlo
indigno de su profesión le fueron retirados los atavíos sacerdotales para
despojarlo de todo orden, beneficio y privilegio clerical. Posteriormente con unas tijeras le cortaron el cabello para
no dejar huellas de su tonsura,10 signo
de su sacerdocio. Consumada la degradación, lo pusieron de rodillas ante el
juez y le leyeron la sentencia en la que era condenado a pena de muerte.” 11
(El subrayado es mío.)
Sandra Molina Arceo sigue casi palabra por
palabra con algunos otros detalles: “Se le despojó de los grilletes y lo
revistieron con las prendas eclesiásticas; Hidalgo echó en el cáliz un poco de
vino, puso sobre la patena una hostia sin consagrar, y con el vaso sagrado
entre sus manos se puso de rodillas a los pies del juez. Quitándole el cáliz y
la patena, Fernández Valentín pronunció las palabras de execración, y con un
cuchillo raspó las palmas de sus manos y las yemas de sus dedos, y dijo: ‘Te
arrancamos la potestad de sacrificar, consagrar y bendecir, que recibiste con
la unción de las manos y los dedos’.
“Acto seguido le fue quitando uno a uno los
ornamentos sacerdotales, hasta que al despojarlo de la sotana y el alzacuello,
dijo: ‘Por la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la
nuestra, te quitamos el hábito clerical y te desnudamos del adorno de la
Religión, y te despojamos, te desnudamos de todo orden, beneficio y privilegio
clerical; y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te devolvemos con
ignominia al estado y hábito seglar’. Al retirarle las prendas sacerdotales, se
halló en su pecho un escapulario con la imagen de la Virgen de Guadalupe, de la
que se despojó él mismo, pidiendo se mandara al convento de las Teresitas de
Querétaro, quienes se lo habían obsequiado.
“Se le
cortó el pelo hasta no dejar seña alguna del lugar de la corona,
pronunciando el ministro las siguientes palabras: ‘Te arrojamos de la suerte
del señor, como hijo ingrato, y borramos de tu cabeza la corona, signo real del
sacerdote, a causa de la maldad de tu conducta’. Consumada la degradación, se
le hizo poner de rodillas ante el juez Abella, quien leyó la sentencia
condenándolo a pena de muerte.” 12 (Los
subrayados anteriores son míos.)
Por su parte en la “Colección de documentos para
la Historia de la Guerra de Independencia de Juan E. Hernández y Dávalos, Tomo
I, sólo esclarece el orden de la vestimenta y el despojo de ésta, sin añadir
los pasos correspondientes a la privación de los servicios de su ministerio.
disponible en: 13
"Te arrancamos la potestad de sacrificar,
consagrar y bendecir que recibiste con la unción de las manos y los
dedos". Enseguida le fue quitado cada uno de los ornamentos sacerdotales y
al despojarlo de cada uno pronunció unas palabras rituales de execración.
Después le quitó la sotana y el alzacuello, pronunciando estas palabras
solemnes: "Por la autoridad de Dios Omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, y la nuestra, te quitamos el hábito clerical y te desnudamos del adorno
de la religión y te despojamos, te desnudamos de todo orden, beneficio y
privilegio clerical; y por ser indigno de la profesión eclesiástica, te
devolvemos con ignominia al estado y hábito seglar". Enseguida con unas tijeras le cortó un poco de pelo
de la cabeza y un peluquero siguió la operación cortándole todo el cabello, de
modo que no se le conociese la corona, pronunciando el Ministro estas
palabras: "Te arrojamos de la suerte del Señor, como hijo ingrato, y
borramos de la cabeza tu corona, signo real del sacerdocio, a causa de la maldad
de tu conducta". 14
“El proceso degradatorio se llevó a cabo el 29 de
julio de 1811 en una de las salas del Hospital Real de Chihuahua, y consistió en rasparle la piel de la cabeza,
que había sido consagrada, como cristiano y sacerdote, con el santo crisma.
“También le arrancaron la yema de los pulgares e
índices de las manos que habían sido consagradas el día de la ordenación.
“Después lo entregaron al gobierno español para
que lo fusilaran, sin ninguna de las prerrogativas y beneficios eclesiásticos,
en que antes se amparaba cualquier reo.” 15. (Subrayados míos.)
Así, después de todo, sea que la cabeza fuera
raspada o pelada por corte de tijeras, algo de cabello habría entre la frente
amplia y la coronilla del cura de Dolores según queda en antecedentes cercanos
a la historia real.
“A partir de entonces, todos los intentos que se
hicieron por tener una imagen del héroe fueron sofocados por las autoridades
coloniales. En tales circunstancias, la ausencia de un retrato de Hidalgo es
explicable. Pedro García, quien estuvo al servicio del héroe desde que era
niño, comenta que ‘la guerra encarnizada a la memoria de Hidalgo y a sus ideas’
fue sin cuartel, y que se recrudeció a partir de su aprehensión, enjuiciamiento
y ejecución.
“… ‘Se prohibió hablar de Hidalgo en ningún
sitio, pues esto era un gran delito que se castigaba con rigor. Esta es la
razón porque no se encuentra en todo el país un retrato que siquiera se le
parezca, pues la prohibición duró cerca de diez años. Se siguió un espionaje
tremendo. Nadie estaba seguro de hablar dentro de su casa’.” 16
“…En 1821 los restos de Hidalgo serían exhumados
en Chihuahua y trasladados a la Catedral Metropolitana de la ciudad de México.
A la postre desde 1925 reposan en el monumento del Ángel de la Independencia,
Recibiendo finalmente el reconocimiento de héroe y dejando en el olvido el de
sedicioso.” 17
Degradación a don Miguel Hidalgo y Costilla.
Fotografía: Juan Carlos Machorro.
Dolores, Hidalgo
ANEXO:
DECRETO
DE EXCOMUNIÓN CONTRA EL CURA MIGUEL HIDALGO.
Decreto
lanzado por el obispo Manuel Abad y Queipo. (Obispo de Michoacán de 1810 a
1815) "Por autoridad del Dios Omnipotente, El Padre, El Hijo y El Espíritu
Santo y de los santos cánones, y de las virtudes celestiales, ángeles,
arcángeles, tronos, dominaciones, papas, querubines y serafines: de todos los
santos inocentes, quienes a la vista del santo cordero se encuentran dignos de
cantar la nueva canción, y de los santos mártires y santos confesores, y de las
santas vírgenes, y de los santos, juntamente con todos los santos y electos de
Dios: “Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, ex cura del pueblo de Dolores.
“Lo excomulgamos y anatemizamos, y de los umbrales de la iglesia del todo
poderoso Dios, lo secuestramos para que pueda ser atormentado eternamente por
indecibles sufrimientos, justamente con Dathán y Habirán y todos aquellos que
le dicen al señor Dios: ¡Vete de nosotros, porque no queremos ninguno de tus
caminos! Y así como el fuego es extinguido por el agua, que se aparte de él la
luz por siempre jamás. Que el Hijo, quien sufrió por nosotros, lo maldiga. Que
el Espíritu Santo, que nos fue dado a nosotros en el bautismo, lo maldiga. Que
la Santa Cruz a la cual Cristo, por nuestra salvación, ascendió victorioso
sobre sus enemigos, lo maldiga. Que la santa y eterna madre de Dios, lo
maldiga. Que San Miguel, el abogado de los santos, lo maldiga. Que todos los
ángeles, los principados y arcángeles, los principados y las potestades y todos
los ejércitos celestiales, lo maldigan. Que sea San Juan el precursor, San
Pablo y San Juan Evangelista, y San Andrés y todos los demás apóstoles de
Cristo juntos, lo maldigan. “Y que el
resto de sus discípulos y los cuatro evangelistas, quienes por su predicación
convirtieron al mundo universal, y la santa y admirable compañía de mártires y
confesores, quienes por su santa obra se encuentran aceptables al Dios
omnipotente, lo maldigan. Que el Cristo de la santa Virgen lo condene. Que
todos los santos, desde el principio del mundo y todas las edades, que se
encuentran ser amados de Dios, lo condenen. Y que el cielo y la tierra y todo
lo que hay en ellos, lo condenen. “Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en
dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas,
en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o
en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir,
en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando,
mintiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea
maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus
sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus
quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios
y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos
y en sus dedos. “Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en
todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus
muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de
sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo,
desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en
él. Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo
maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten
contra él. “Que lo maldigan y condenen. ¡Amén! Así sea. ¡Amén!”
Tomado de forocristiano.iglesia.net
Notas:
1
Fe
de bautismo de Miguel Hidalgo y Costilla. “En la capilla de Cuitzeo de los
Naranjos, á los diez y seis de Mayo de setencientos cincuenta y tres: el
bachiller D. Agustin Salazar, teniente de cura, solemnemente bautizó, puso óleo
y crisma y por nombre, Miguel, Gregorio, Antonio, Ignacio, á un infante de ocho
dias, hijo de D. Cristóbal Hidalgo y Costilla y de doña Ana Maria de Gallaga,
españoles conyuges, vecinos de Corralejo; fueron padrinos D. Francisco y Doña
Maria de Cisneros, á quienes se amonestó el parentesco de obligacion, y lo
firmó con el actual cura. Bernando de Alcocer.”
2
Editores Manuel
Chust Calero y Víctor Íñiguez, El Colegio de Michoacán, Universidad Autónoma
Metropolitana-Unidad Iztapalapa, Publicacions de la Universitat de València,
Universidad Veracruzana, 2003. Corresponde a las páginas 263 y 264 en “Foro de
Guanajuato: nuevas interpretaciones de la Independencia de México”, coordinado
por José Luis Lara Valdés. Serie Independencia de la Comisión Estatal para la
Organización de la Conmemoración del Bicentenario del inicio de la
Independencia Nacional y Centenario del inicio de la Revolución Mexicana.
Guanajuato, 2010.
3
uppenjamo.edu.mx
4
Carlos
Martínez Assad. jornada.unam.mx/2007/09/29
5
revistabicentenario.com.mx
6
Ídem
7
Ibídem
8
Miguel
Hidalgo a la luz del arte: Iconografía del Héroe Nacional – Padre de la Patria
Mexicana (Siglos XIX y XX).
9
Se
refiere a Rodríguez Moya, Inmaculada. 2006. El retrato en México, 1781 – 1867:
Héroes, ciudadanos y emperadores para una nueva nación. Sevilla: Consejo
Superior de Investigaciones Científicas –Escuela de Estudios Hispano –
Americanos –Universidad de Sevilla – Diputación de Sevilla.
10
Hay
tres tipos básicos de tonsura: Tonsura céltica o escocesa (de una oreja a otra
y sólo en la parte delantera de la cabeza. Común en las Islas Británicas
(incluidos escoceses, bretones e irlandeses, ejemplificada en la imagen de San
Columba); tonsura griega (comprendía toda la cabeza) y tonsura romana. Tonsura
parcial y circular realizada en la coronilla y usual hasta Paulo VI. tonsura s.
f. 1 Ceremonia de la iglesia católica en la que se concedía a un hombre el
grado preparatorio para el sacerdocio. 2 Ese grado. 3 Corte de pelo en forma de
círculo rasurado que llevaban algunos religiosos en la coronilla: la tonsura se
hacía en la ceremonia de preparación. Coronilla. Diccionario Manual de la
Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L.
11
¡Y
fueron excomulgados! Viridiana Vera García. El discurso independentista y la
nueva mujer mexicana. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP),
Dirección de Fomento Editorial y la Asociación de Mujeres Periodistas y
Escritoras de Puebla (AMPEP), 2010.páginas 148 y 149. *Remite a S. Molina
Arceo. “La muerte del cura” en “Relatos e historias de México, pp.85-89. Julio
del 2009.
12
bicentenario.gom.mx
13
pim.unam.mx/catalogos
14
bicentenario.gob.mx
15
Viridiana
Vera García. Obra citada, página 151.
16
García,
Pedro. “Con el cura Hidalgo en la guerra de independencia, México.”
SEP/80-Secretaría de Educación Pública, 1982, p. 151. Citado por el Dr. José
Herrera Peña en “El Retrato de Hidalgo”.
(themis.umich.mx) Referido también
por Guillermo Brenes Tencio en “Los rostros de Hidalgo. Iconografía del Héroe
Nacional, Padre de la Patria mexicana. Siglos XIX y XX.
17
Viridiana
Vera García. Obra citada, página 151.
Galería:
(Izquierda).
Hidalgo joven. Pintura colonial realizada sobre una placa de marfil. (Derecha). Un europeizado Hidalgo por Luis Montes de Oca.
(Izquierda).
Estatuilla de madera policromada realizada —supuestamente— en vida del
expárroco de Colima, de San Felipe Torresmochas y finalmente, de Dolores, hoy
Estado de Hidalgo. (Izquierda).
Hidalgo por Claudio Linati. “Trajes civiles, religiosos y militares de México
(1828)”
(Izquierda).Primer
retrato de Miguel Hidalgo. Periódico IRIS, publicado en el año de 1826.(Derecha).
Hidalgo por Antonio Serrano. (Derecha).Hidalgo ¿por Juan Nepomuceno?, 1840.
(Arriba).
Hidalgo por Joaquín Ramírez, 1865. (Abajo).
Don Miguel Hidalgo y Costilla. Grabado realizado en acero por José Villegas.
Primer Timbre Postal en México (1856).








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