martes, 10 de abril de 2018

Zacatecas, 23 de junio de 1914




La Batalla “de”, “en” o “por”.
Víctor Manuel López Wario

En la amplia plataforma del Cerro de la Bufa, enfrentada al templo de “Nuestra Señora del Patrocinio”, tres estatuas ecuestres miran la ciudad de Zacatecas. Conmemoran el terrible momento de la lucha armada contra el usufructo del poder por parte del general Victoriano Huerta, principio del fin de su gestión.
 “Una de las batallas más significativas de la Revolución Mexicana fue, sin duda alguna, la toma de Zacatecas, acaecida el 23 de junio de 1914.
“Francisco Villa, al mando de la División del Norte, marchó rumbo a Zacatecas, donde se unió con las fuerzas de Pánfilo Natera. De inmediato, Villa delegó la iniciativa en el General Felipe Ángeles, quien tuvo el mérito indiscutible de realizar todo el plan de operaciones para la toma de la plaza. Para ello contó con 23 mil hombres y más de 40 piezas de artillería.
“Zacatecas estaba defendida por el General de División Luis Medina Barrón, al mando de 12 mil efectivos del Ejército Federal, con 13 piezas de artillería.
“La batalla inició la mañana del 23 de junio de 1914; duró varias horas, tiempo en que ambos contendientes hicieron derroches de valor desbordado. Al mismo tiempo, se libró un duelo de artillerías, hasta la tarde en que Villa obtuvo una contundente victoria para la causa revolucionaria.
                “La importancia de esta batalla es amplia. Fue la acción más sangrienta de la revolución constitucionalista en contra del huertismo, ya que rompió la columna vertebral de las fuerzas del Ejército Federal, y dejaba libre de obstáculos el avance rumbo a la Ciudad de México, lo que precipitó la caída del gobierno del usurpador Victoriano Huerta. Se distinguió el empleo del arma de artillería en este hecho de armas. Por otra parte, representó la máxima victoria militar de la División del Norte, que tomó fama de invencible. Así mismo, se consolidó el prestigio militar del General Felipe Ángeles, como el mejor artillero de México, y de Francisco Villa, quien comenzó a ser conocido popularmente como el “Centauro del Norte”.[1] Aunque para ésto último, Miguel Ángel Berumen lo establece por aporte de la prensa siete meses antes en la toma de Ciudad Juárez el 15 noviembre de 1913.[2]
                Para el mismo Miguel Ángel Berumen, la toma de la ciudad de Zacatecas es continuación de la batalla por Torreón, Coahuila, “tras los combates de Avilés, Lerdo y Gómez Palacio”[3] en septiembre de 1913; Paredón; Ciudad Juárez, en noviembre del 1913; el 24 de noviembre toma Tierra Blanca; vence en Ojinaga el 10 de enero, toma nuevamente Torreón —el general Felipe Ángeles ya insertado en “la División del Norte”— que “resultó más sangrienta que la anterior, puesto que se prolongó por la magnífica defensa del general Refugio Velasco. Las acciones se registraron en los últimos días del mes de marzo del mismo año y como corolario a esta batalla se obtuvieron las victorias de San Pedro de las Colonias y Paredón” [4] y Zacatecas, el 23 de junio de 1914, apertura para el camino hacia el centro de la República.

La toma de Zacatecas
“La batalla de Zacatecas, uno de los episodios trascendentales de la historia patria, significó el triunfo armado de la Revolución Mexicana.
“A diferencia de otras tomas de ciudades durante la Revolución, trascendió el hecho de la posesión mediante las armas de un territorio, al imprimir el rumbo definitivo de la gesta revolucionaria, que llevó en el mismo año de 1914 a la Convención de Aguascalientes y tres años después al Congreso Constituyente del 17…
“Un número indeterminado de civiles y militares murió en la batalla. Villa evoca en sus memorias que había cadáveres a lo largo de los siete kilómetros del camino de Zacatecas a Guadalupe, tiempo en el cual las crónicas señalaban que gran cantidad de edificios de la capital del estado estaban destruidos o incendiados.
“Incluso, la huida de las tropas federales arrojó un nuevo baño de sangre en la ciudad, ya que las huestes revolucionarias, que habían sitiado Zacatecas desde el 10 de junio, cerraron todos los caminos posibles de fuga y mataron o hicieron prisioneros a miles de soldados.
“Por su victoria en Zacatecas Villa fue ascendido a general de brigada, mientras que el triunfo de sus tropas arrojó del poder un mes después al usurpador Victoriano Huerta.” [5]

La Toma de Zacatecas
“… el primer jefe (Venustiano Carranza), sorpresivamente ordenó al general Pánfilo Natera y a los hermanos Arrieta que atacaran la importantísima plaza de Zacatecas. Los revolucionarios iniciaron los combates el día 10 de junio, pero con resultados negativos, pues en todos los asaltos fueron rechazados por las tropas del general Luis Medina Barrón; ello obligó a Natera a solicitar refuerzos para continuar los asaltos, por lo que Carranza ordenó al general Villa que enviara 5 000 hombres a las órdenes de José Isabel Robles o de Tomás Urbina. Villa pretextando que el primero estaba enfermo y que Urbina no se llevaba bien con los Arrieta, sugirió que marchase toda la División para evitar un nuevo descalabro. Se cruzaron varios telegramas sin que lograran ponerse de acuerdo el comandante del cuerpo y el primer jefe, siendo notorio que éste trataba de evitar a toda costa que Villa siguiera hacia el sur. Había que detener sus éxitos militares, ya que para estas fechas el guerrillero gozaba de mayor popularidad que el mismo Carranza.
“Conforme avanzaban las conferencias telegráficas se hacía más tensa la situación, hasta que llegó al máximo con la renuncia de Villa, que por supuesto fue aceptada de inmediato. Carranza había logrado su objetivo; sin embargo, no contaba con la forma en que iban a reaccionar los demás jefes villistas y que fue totalmente contraria a lo que él esperaba. Es de suponerse que encabezados por el general Felipe Ángeles acordaron desconocer al primer jefe por la misma vía telegráfica; en uno de los mensajes se llegó hasta la insubordinación.
“Villa con el apoyo de sus segundos y haciendo caso omiso de la primera jefatura se lanzó sobre Zacatecas hasta lograr no sólo el triunfo de la batalla, sino el triunfo de la revolución constitucionalista.”[6]
“Espero que esta pelea la ganen sus cañones” –le dijo Pancho Villa a Felipe Ángeles mientras se preparaban para marchar con toda la División del Norte sobre Zacatecas. La vieja ciudad colonial era el último bastión del huertismo y su caída significaba el paso franco a la ciudad de México.”
“En la madrugada del 17 de junio de 1914, desde Torreón, el general Ángeles comenzó a montar el grueso de su artillería en cinco trenes. A las 8 de la mañana la primera locomotora anunció su partida rumbo a Zacatecas, y con intervalos de 15 minutos salieron las demás. El viaje fue por demás lento y húmedo. La lluvia no dejó de caer sobre la División del Norte pero los villistas iban muy animados: tras varios meses de intensos combates nadie dudaba ya de su poderío. Villa y Ángeles deseaban, por encima de cualquier otra cosa, darle el tiro de gracia al régimen del usurpador Victoriano Huerta.
“Ángeles y su gente llegaron a Calera –a 25 kilómetros de Zacatecas- el día 19 por la mañana. Desembarcado el equipo militar, el general tomó su caballo y con una escolta salió a reconocer el terreno, necesitaba establecer posiciones y ubicar los sitios más adecuados para sus piezas de artillería. Se le veía tranquilo cabalgando de un lugar a otro, daba órdenes, tomaba sus binoculares para observar la ciudad de piedra, se detenía un momento y respiraba satisfecho.”
La batalla de Zacatecas.[7]

En mi lindo Zacatecas
hubo una gran matazón
de huertistas y villistas
quedaron hechos montón.

1914 se conmovía la nación
al saber que en Zacatecas
triunfó la revolución.

“El enorme reflector colocado en el punto más alto del cerro de la Bufa iluminaba la ciudad de Zacatecas. La gente comentaba que el general huertista Luis Medina Barrón –oficial a cargo de la defensa de la plaza- lo había mandado traer de Veracruz, para lo cual había sido necesario desmontarlo del faro que se levantaba en el puerto. Los federales lo hacían girar toda la noche tratando de ubicar las posiciones rebeldes y las piezas de artillería de Ángeles. Los desesperados esfuerzos de las tropas de Huerta para defender la plaza no le quitaban el sueño al general. Nada podía ya detener la marcha de la División del Norte.
    “Aunque su capacidad como estratega estaba demostrada y la mayor parte de las fuerzas se encontraban listas para el combate, Ángeles decidió no iniciar las operaciones sobre Zacatecas. Sus razones eran exclusivamente militares: como general en jefe de la División del Norte, Villa debía dirigir personalmente el ataque. Faltaban por llegar el resto de las tropas y para una batalla de tal magnitud era necesario contar con todos los hombres disponibles. El general sabía por principio que no podía iniciar las hostilidades si no contaba con una reserva de municiones las cuales también venían en camino.
    “El optimismo acampó con los villistas. Con plena seguridad en la victoria, nadie quería perderse la batalla. Los ya renombrados generales de la División del Norte -Tomás Urbina, Rodolfo Herrero, Severiano Ceniceros, Eugenio Aguirre Benavides, Raúl Madero, José y Trinidad Rodríguez, Rosalío Hernández y Maclovio Herrera- estaban acuartelados con sus brigadas y listos para entrar en acción apoyados por el fuego de la artillería. De un momento a otro se esperaba el arribo del Centauro del Norte.
“Villa se presentó en las inmediaciones de Zacatecas, por la tarde del 22 de junio de y determinó que la batalla comenzaría a las 10 de la mañana del día siguiente. ‘Juntas se moverán todas las fuerzas a esa hora. Nadie entrará un minuto antes ni un minuto después –ordenó el Centauro. La señal para iniciar sería era el disparo de un cañón.
En su caballo alazán
les gritaba Pancho Villa
“vengaremos a Madero
“que tumbaron de la silla.”

Los generales villistas
se lanzaron al ataque
por “La Bufa” y por El grillo,
arrasando con el faro
que diezmaba con su brillo.

“Amaneció radiante el día 23 de junio de 1914. El cielo no podía ser más azul. Atrás habían quedado las amenazas de lluvia de la noche anterior. Ángeles despertó pasadas las siete de la mañana; se afeitó con calma, tomó su baño, desayunó con su estado mayor y montó su caballo. Eran las nueve de la mañana.
“En la víspera, el general hizo un movimiento que dejó perplejo al enemigo: retiró las piezas de artillería de sus posiciones originales y las emplazó en sitios imperceptibles y muy cerca de las líneas defensivas de los federales. Los últimos tres días convenció a los huertistas que ya tenía definidas sus posiciones.
“El disparo de un cañón a las diez de la mañana en punto anunció el inició de la batalla. Los villistas avanzaron por los cuatro puntos cardinales intentando arrebatar a los federales sus posiciones en la Bufa, el Grillo, la Sierpe, Loreto y el cerro de La Tierra Negra. Cuarenta cañones –28 por el norte y 12 por el sur- entraron en acción al mismo tiempo para apoyar el despliegue de la infantería que ascendía presurosa por los cerros que rodeaban la ciudad.
“Los veintidós mil hombres de la División del Norte se movían en completa armonía bajo la dirección de Ángeles. El general había logrado la perfecta conjunción entre las brigadas del ejército villista. “La artillería obrando en masa –escribió Ángeles- y con el casi exclusivo objeto de batir y neutralizar las tropas de la posición que deseaba conquistar la infantería y ésta marchando resueltamente sobre la posición en donde la neutralización se realizaba. ¡Qué satisfacción la de haber conseguido esta liga de las armas!”
“Ángeles estaba enardecido; parecía encontrarse en una dimensión diferente al resto de los hombres, en un sitio privilegiado, exclusivo para el guerrero. Las granadas estallaban encima de su punto de observación o lo rebasaban por completo. Con sus binoculares alcanzaba a divisar al abanderado que corría al frente de su brigada avanzando sin parar. Entonces calibraba nuevamente los cañones y alargaba el tiro para apoyar el asalto final de la infantería sobre alguna posición.
“En medio del fuego de la fusilería, Ángeles tomó su caballo para cerciorarse del estado que guardaban otros puntos de la batalla. En camino a Loreto encontró a Villa. Ambos generales con sus estados mayores, cabalgaron juntos mientras escuchaban ‘alegremente’ los disparos de la artillería villista. Los cañones federales intentaban pegarle al numeroso grupo; sus tiros, sin embargo, quedaban cortos.”[8]
“En el relato del general Federico Cervantes, testigo presencial del hecho que nos ocupa, dice en una de sus partes:
‘Dicha batalla presenta todas las fases: reconocimientos preliminares, toma de contacto con el enemigo, estrechamiento del círculo de sitio, distribución ordenada de las tropas, elección de posiciones y establecimiento meditado de la artillería; empleo eficaz de ésta, para apoyar el avance de las otras armas, elección de una reserva y de un frente principal de ataque, y de posiciones laterales, desarrollo regular y previsto de la batalla, asalto metodizado de las posiciones, esfuerzo final y persecución tan eficaz, que la reserva aniquiló a las tropas en su retirada’.”[9]
“Una granada explotó a escasos tres metros de donde se hallaban Ángeles y Villa observando el combate. El humo cubrió por algunos instantes a los dos jefes y a sus hombres. Cuando el humo desapareció había varios cadáveres mutilados. Para mala fortuna no había sido disparado por del enemigo. El proyectil era villista, explotó en manos de un artillero que preparaba su lanzamiento. Para evitar que los soldados entraran en pánico o pensaran en el riesgo que corrían al manejar las bombas, Ángeles gritó: ‘No ha pasado nada, hay que continuar sin descanso; algunos se tienen que morir, y para que no nos muramos nosotros es necesario matar al enemigo. ¡Fuego sin interrupción!’.
“Hacia las 5. 40 de la tarde, el triunfo de la División del Norte estaba cerca. El enemigo abandonaba sus posiciones y huía de manera desorganizada. “No los veíamos caer, pero lo adivinábamos –escribió Ángeles-. Lo confieso sin rubor, los veía aniquilar en el colmo del regocijo; porque miraba las cosas bajo el punto de vista artístico, del éxito de la labor hecha, de la obra maestra terminada. Y mandé decir al General Villa: ¡Ya ganamos, mi general! Y efectivamente, ya la batalla podía darse por terminada, aunque faltaran muchos tiros por dispararse”.
“Unos minutos después, las tropas villistas tomaban posesión de la Bufa y del Grillo y avanzaban sobre la ciudad. Las calles de Zacatecas presenciaron una de las peores matanzas de la revolución. Los revolucionarios acabaron con todos los soldados federales que encontraron a su paso. Saquearon casas, edificios y oficinas. En algunos casos arremetieron incluso contra la población civil. Los siete kilómetros que mediaban entre Zacatecas y la población de Guadalupe terminaron tapizados de cadáveres impidiendo el tránsito de carruajes.”[10]

De Zacatecas señores
es don Pánfilo Natera,
confinado en Guadalupe,
sostuvo la balacera.

“Se reinició el fuego, ahora con mayor ímpetu, pero más certero el constitucionalista; los federales empezaron a ceder, los infantes villistas se hicieron de las alturas; en todos los frentes se mejoraron posiciones y el enemigo empezó a replegarse hacia la población. Hacia las 5:50 de la tarde se vio una gran humareda en la ciudad; era un indicio de la derrota. Hacia esas horas el fuego revolucionario se multiplicaba y en cambio los federales casi lo interrumpían. La retirada no se hizo esperar, las tropas gobiernistas totalmente diezmadas tuvieron que darse a la fuga ante la presión de las fuerzas de reserva que, apostadas en Guadalupe, intentaban cortarla.” [11]
“En uno de los edificios del centro de la ciudad se encontraba un joven oficial del ejército de Huerta. Su misión era defender el parque y las armas que se encontraban almacenadas ahí. Cuando los villistas entraron a la ciudad, el oficial supo que no tenía escapatoria. Esperó a que llegaran los revolucionarios y cuando intentaron entrar hizo volar el edificio. Decenas de víctimas de ambos bandos quedaron entre los escombros de la vieja construcción.
Por “La División del Norte”
Zacatecas fue tomada,
muriendo muchos villistas
por la libertad que amaban.

Entonando su “Adelita”
los villistas cantadores,
libraron a Zacatecas
de los huertistas traidores.

“Cinco mil muertos entre las tropas federales. Cerca de tres mil lamentó la División del Norte. En los días siguientes surgiría nuevamente el humanista. Decenas de prisioneros salvaron la vida gracias a la intercesión de Ángeles. La sangre sólo debía correr en la batalla. Los muertos eran parte del ritual de la guerra.”[12]
“Todavía con la euforia de la victoria, Francisco Villa notificó el resultado militar a Venustiano Carranza, lo que quiere decir que otra vez se disciplinaba a la primera jefatura.
A pesar del triunfo y de la sumisión de Villa, la semilla de la discordia y la envidia estaba sembrada y pronto su nefasto fruto debía enrojecer con sangre nuevamente los campos de batallas.”[13]
“Frente a la noche y sumido en sus reflexiones, Ángeles respiró satisfecho por el éxito de la batalla. La venganza sobre Huerta se había consumado. ‘Y bajo el encanto de la obra clásica de ese día feliz, me hundí plácidamente en un sueño reparador y sin aprensiones’.”[14]

Hoy les doy un pormenor
de la toma de Zacatecas,
de la historia referida
que siempre tendré presente
mientras yo viva en la vida.

(El subtítulo inicial surge en consideración a que, lo adecuado sería nombrar a ese momento de horrible mortandad con el nombre de “La batalla por Zacatecas” o “La batalla en Zacatecas” ya que la preposición “de” denota posesión o pertenencia y que para evitar confusión —aunque determine tema o materia— preferimos preposición “por” que ante un topónimos denota tránsito por el lugar indicado en la frase, o la también preposición “en” que fija el lugar.)





Notas:
[1]Aniversario de la “Toma de Zacatecas”. (23 de Junio). archivohistorico2010.sedena.gob.mx
[2] , Entrevista con Miguel Ángel Berumen sobre “La batalla de Zacatecas”, transmitida el jueves, 31 de julio de 2014 por radioinah.blogspot.mx
[3] Arturo Langle Ramírez. El significado de la toma de Zacatecas. historicas.unam.mx Instituto de Investigaciones Históricas, 2006.
[4] Ídem.
[5] zacatecas.gob.mx
[6] Arturo Langle Ramírez. Op. citada.
[7] Corrido aparentemente generado en el mismo año de 1914, poco después de la batalla. Autor anónimo.
[8] Alejandro Rosas. La toma de Zacatecas. bicentenario.gob.mx
[9] Ídem.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem
[12] Ibídem.
[13] Ibídem.
[14] Alejandro Rosas. Op. citada. Remite a: José T. Meléndez, Historia de la Revolución Mexicana, 2 v., México, Talleres Gráficos de la Nación, 1940, t. I, p. 293.

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