Tres vueltas de potro y tres jarras de agua
Víctor Manuel López Wario
“Se llama altar del Perdón en las catedrales españolas el que ocupa el trascoro y que por eso queda
frente a la puerta principal de la iglesia que recibe, igualmente, el nombre de
puerta del Perdón. Débese esto a que por esa puerta entraban los penitenciados
del Santo Oficio a reconciliarse con la iglesia que les otorgaba magnánimamente
su perdón, después de ciertas ceremonial rituales. En todas las catedrales
españolas existe la puerta llamada del Perdón.” [1]
Este
altar (el de la Catedral Metropolitana de México), dedicado el 29 de junio de
1737, es obra, lo mismo que el de Los Reyes y el antiguo ciprés, del artífice
Jerónimo de Balbás.
En la edición “Iglesias de México”, volumen II
correspondiente a La Catedral, edición de 1979 por el Banco de México basada en
la versión original de la Secretaría de Hacienda durante el año de 1924, con
textos de Manuel Toussaint y fotografías de (Carl Wilhelm) Kahlo, en su página
70 asienta, con respecto a la leyenda que rodea la obra del cuadro que
representa a la Virgen con el Niño rodeados de santos y ángeles: “… un judío,
pintor, preso por la Inquisición, obtuvo permiso en su calabozo para dedicar a
su arte los días y los ratos que mediaban entre las diligencias de su proceso.
Diéronle colores y él, en la misma puerta del socucho pintó la imagen de la
Virgen. El carcelero cuando vio aquella imagen tan bella y tan devota se
apresuró a avisar a los inquisidores que en aquel hecho se llamaron a milagro
y, previo arrepentimiento del reo, le perdonaron.”
En
extenso: “La gran pintura que decora el centro del altar representa a la Virgen
María con el Niño en sus brazos, algunos santos a sus lados y ángeles en la
parte superior. Esta imagen ha dado origen a una leyenda muy arraigada en la
época colonial. Se decía que tal pintura era la obra de un preso que había
obtenido su libertad en una forma extraordinaria, pues habiendo logrado
sobornar a su carcelero para que le proporcionase colores y pinceles, pintó en
la misma puerta de su celda una imagen de la Virgen. Cuando los jueces que lo
habían sentenciado a la prisión vieron aquella imagen tan devota, decidieron
que un hombre que sabía pintar cuadros con imágenes de una pureza tal, de un
fervor religioso semejante, no podía ser culpable de los crímenes que se le
imputaban y que, en consecuencia, debía libertársele incontinenti. Los
historiadores que se han ocupado en este asunto, se hallan conformes en que
dicho cuadro no puede referirse a otro pintor que a Simón Pereyns, que poco más
o menos sufrió todas las vicisitudes que se refieren en tal leyenda.
Efectivamente, Pereyns, pintor de fama que había llegado a México en 1566 en el
séquito del virrey don Gastón de Peralta. Dos años más tarde, por descuido en
su manera de hablar o más bien por la falta de protección, puesto que el virrey
había sido llamado a España, fue procesado por palabras mal sonantes y
condenado a pintar a su costa una imagen de Nuestra Señora de la Merced para la
catedral vieja de México. Yo supongo que la advocación de la pintura fue
cambiada y que realmente Pereyns pintó esta imagen como castigo a sus ingenuos
pecados.
“El hecho de que la pintura esté en
una tabla con clavos de puerta, como puede observarlo cualquier espectador,
indica sólo que no hubo una tabla bastante grande para que el procesado cumpliese
su sentencia y, entonces, en las hojas de una puerta cuyos clavos fueron
aplanados a fuerza de martillo y sobre la cual se puso una tela, tuvo que
pintar su cuadro.” [2]
Así,
pues, hay dos diferencias respecto al proceso y autoría. Mientras que en la edición
“Iglesias de México”, volumen II referida inicialmente dice que: “Fue procesado
por opiniones contrarias a la fe y por palabras mal sonantes; en realidad por
envidia de otros pintores, sobre todo de Francisco de Morales (o Francisco
Morales según José María Lorenzo Macías) [3]
Después de la tortura que el flamenco resistió impávido, se le condenó a pintar
a su costa, dándole el material, el retablo de la Merced para la catedral
vieja.”; en el texto de don Manuel
Toussaint no es un “judío, pintor” (identificación inserta en la leyenda) y aún
más, el preso obtiene los elementos para su arte bajo soborno.
En las
páginas 35 y 36 del Proceso contra Simón Pereyns [4]
individuo que malamente entendía y peor hablaba el español —según testimonian
los testigos llamados para el caso—, queda asentado que al pintor flamenco se
le practicaron tres vueltas en el potro:
Le
despojaron de la camisa y sólo le dejaron los çaragueles (sic, por zaragüelles,
calzones muy anchos, largos y mal hechos) y ya encima del potro le ataron los
brazos con unos cordeles delgados con el brazo derecho sobre el izquierdo desde
los codos hasta las muñecas, le ataron las piernas desde los muslos de la misma
manera y ya en esa posición le formularon la misma interrogante de los cargos,
en seguida verter una jarra de agua sobre la boca cubierta con una toca, otra
interrogación sobre la verdad de los cargos asentados en la nota acusatoria y
así, por tres veces (acta firmada por Juan de Avendaños). Reiterada que fuera
la respuesta por seis veces, quedó en el acta por condena que al dicho Simón
Pereyns se le otorgue los materiales necesarios y a su costa pinte un retablo
de Nuestra Señora de la Merced al gusto del firmante (Esteban de Portillo),
amonestándole a no salir de la ciudad por propio pie ni en ajeno[5]
y no decir palabra por las que fue investigado ni se meta en disputas “en cosas
tocantes a nuestra santa fe católica” y las
costas de éste proceso.
¿La acusación? La supuesta afirmación
por parte de Pereyns durante su estancia en casa del pintor Francisco de
Morales y su esposa, en Tepeaca, Puebla, que es menor el pecado el yacer hombre
y mujer solteros que casada con casado, la supuesta preferencia en realizar la
labor del retrato por convenir más al interés pecuniario y una supuesta (¿?) pertenencia
del padre de Simón al movimiento luterano.
Obras de Simón Pereyns:
“De él se sabe que nació en Amberes, de donde se trasladó a
Lisboa para el año de 1558; de ahí partió para trabajar en Toledo, donde se
encontraba la corte española por esos días; posteriormente pasó a la Nueva
España, siendo parte, al parecer, del personal que acompañó al virrey Gastón de
Peralta en 1566. Estos datos se saben por el proceso inquisitorial al que fue
sometido en 1568.” [6]
“Hay, además, en estos documentos
inquisitoriales, un indicio que puede llevarnos a descubrir si es verdad que
también fue obra de Pereyns el retablo del altar mayor del templo de San
Buenaventura de Cuautitlán, pues fray Antonio de Valderrama, al denunciar en el
Santo Tribunal la existencia de ‘un retablero de la Anunciación’, en el que el
flamenco había colocado al Niño Jesús en el resplandor que iba del ángel a la
Virgen María, lo hizo impulsado por la noticia que le dio fray Francisco de
Medina de haber sido borrado otro Niño Jesús igual ‘que estaba en Cuautitlán’.”[7]
La
Resurrección en el retablo mayor en la Iglesia de San Miguel (Huejotzingo,
Puebla).
El
retablo de Tepeaca. Se conservan dos columnas y una escultura del primitivo
retablo, el resto fue destruido. Pereyns lo realizó en compañía de Morales en
1568.
El retablo pintado en la iglesia
agustina de Mixquic (1568), desaparecido. En el claustro de un convento de
Ayotzingo se encuentran unas tablas pintadas al temple que representan: El
Nacimiento del Señor, La Adoración de los Reyes, La Adoración de los Pastores,
La Crucifixión, La Resurrección, La Sagrada Familia y una Purísima Concepción,
atribuidas a Simón Pereyns.
Los perdidos retablos de Malinalco y
Ocuilán; un retablo realizado en asociación con Luis de Arciniega, en Tula, en
1574, tampoco existe, misma suerte de una decoración en la sacristía de la
Iglesia de Santo Domingo de la ciudad de México (¿1579?) de la que sólo queda una
descripción detallada de esta obra formada por escenas bíblicas.
En la Catedral Metropolitana realizó el
retablo de Nuestra Señora de la Merced, que tuvo que pintar como pena impuesta por
su proceso y seis tablas para el retablo principal de la primitiva catedral
redecorada por motivo del Tercer Concilio de 1585.
En 1588 consumó un retablo donado por
el maestrescuela de la catedral Sancho Sánchez de Muñón con la imagen de un San
Cristóbal. A la pintura, recortada, la colocaron en el retablo de San José durante
el siglo XVIII. (Capilla de la Purísima Concepción).
El retablo de Huexotzingo es obra
debida a Pereyns y al sevillano Andrés de la Concha. El retablo de Teposcolula
fue totalmente destruido en la demolición de la iglesia primitiva. Ambos
artistas trabajaron juntos no sólo como pintores, sino como escultores,
ensambladores y doradores. En 1578 hicieron unas andas y unas esculturas de los
cuatro evangelistas para la cofradía del mismo nombre.
Simón Pereyns también fue el autor
del retablo de la iglesia y monasterio franciscano de Cuernavaca, del cual sólo
se conservan restos escultóricos
El doctor Ernesto Sodi Pallares en su
libro “Pinacoteca Virreinal de San Diego”, editado por Populibros “La Prensa”
en el año de 1969 con un tiraje de 25 000 ejemplares y antecedido por una
presentación de Carmen Andrade, en aquel entonces Directora de la Pinacoteca
Virreinal, en el capítulo dedicado a Simón Pereyns refiere por posesión de la
Pinacoteca dos obras: “La Sagrada Familia” y San Juan” y una “Santa Cecilia”,
ésta última, en rica composición de triángulo isósceles ilustra el inicio del
librito (atribuidas y citadas con mayor frecuencia como obras del pintor Andrés
de la Concha, con quien Pereyns formara asociación de trabajo), además enlistar
algunas otras obras habidas en el Estado de Puebla: “Magdalena penitente”, “Adoración
de los pastores”, “Circuncisión”, Resurrección”, “Cristo atado a la columna”,
“Santa María Egipciaca”, “Adoración de los Reyes (Magos)”,”Presentación (del
niño Jesús) al templo”, “La Ascensión” y un “Cristo con la
cruz a cuestas” ésta última, en la Iglesia franciscana de Huejotzingo.
En la obra citada, el doctor Sodi
Pallares asienta en la página 31: “En España trató con: Alonso Berruguete,
Alonso Sánchez Coello, Antonio Moro ‘El Mudo’; Gaspar Becerra, Juan Fernández
de Navarrete y Luis Morales ‘El Divino’.
“En la Nueva España fueron de su
época: Andrés de la Concha, Bartolomé Sánchez, Cristóbal de Quesada, Diego de
Becerra, Francisco de Morales, Francisco de Zumaya (de Ibia) (aquí cabe la
aclaración que el nombre del pintor era originalmente Francisco de Ibia, era
natural de Zumaya, en Guipúzcoa de donde tomó el nombre con el que le es reconocido),
Fray Julián de Quartas, Gaspar Pérez de Rivera, Juan de Arrúe II, Juan
Illescas, Martín de Vos, Martín García, Nicolás de Tejeda y Pedro Rodríguez.”
Recientemente, en la publicación
“México Desconocido”, del 6 de noviembre del 2013, con firma de: Enrique
Salazar H y con base a lo publicado en “México en el Tiempo” número 11,
febrero-marzo de 1996: “A las ocho de la noche del 17 de enero de 1967, un
tremendo incendio ocasionado por un cortocircuito en la sacristía del Altar del
Perdón destruyó algunas de nuestras más queridas obras de arte colonial en el
interior de la Catedral Metropolitana…
“El bello altar con su hermosa e
importante pintura de Nuestra Señora del Perdón o de las Nieves, gran parte de
la sillería del coro, la grande y bella pintura que representaba el Apocalipsis
de San Juan, obra de Juan Correa, situada en el respaldo del altar, y buena
porción de los cuerpos de madera que sostienen las flautas de los órganos
monumentales, dejando ahumados los retablos, esculturas y pinturas de las
numerosas capillas de la Catedral, además de los murales de Rafael Ximeno y
Planes que estaban en las bóvedas y la cúpula.
“EI bellísimo Altar deI Perdón, o de
Ia Indulgencia, como lo Ilamó fray Diego de Durán en 1570, es un magnífico
ejemplo deI estípite barroco, realizado por el sevillano Jerónimo de Balbás,
constructor también deI increíble Altar de los Reyes y deI desaparecido primer
ciprés. Se le Ilama deI Perdón por encontrarse situado precisamente atrás de Ia
puerta principal de Ia Catedral, Ia cual recibe también este nombre porque por
ella entraban los penitenciados por el Santo Oficio a reconciliarse con Ia
Iglesia.
“En 1668, al instalarse nuevamente el
retablo, se colocó sobre el altar Ia pintura de Nuestra Señora de Ias Nieves,
Ilamada por el pueblo Ia Virgen deI Perdón, seguramente por estar en el retablo
del mismo nombre. Fue pintada a expensas de Ios fieles (¿?) en el mismo año por
el fIamenco Simón Pereyns, tal vez por pedido especial de Ia cofradía o como
penitencia impuesta por el Santo Oficio, a causa, se dice, de una injusta
acusación hecha por su socio el pintor Francisco Morales.
“Hasta mediados de este siglo, debido
a Ias múltiples Ieyendas tejidas alrededor de Ia pintura —como Ia bellamente
descrita por Luis González Obregón, incluida en su magnífico libro México Viejo—,
existieron serias dudas sobre la autoría de tan bella obra, la cual se atribuye
tanto a Pereyns (que según se dice la pintó sobre la puerta de su celda,
mientras estuvo prisionero en la cárcel de la Santa Inquisición), como a
Baltasar de Echave ‘El Viejo’. Así mismo, los historiadores Antonio Cortés y
Francisco Fernández del Castillo opinan que fue realizada por Francisco Zúñiga,
aunque Manuel Toussaint, Francisco de la Maza y Abelardo Carrillo y Gariel, no
comparten esa aseveración.
“González Obregón afirma que existen
‘tantas asombrosas tradiciones, tantos cuentos populares, que es preciso
purificar en el fuego de Ia verdad, para que ésta brille como en el crisol el
oro puro’. En julio de 1965, Justino Fernández y Xavier Moisén, connotados
críticos de arte, para salir de dudas examinaron Ia pintura, descubriendo en el
peralte deI escalón una firma que dice: ‘Ximon Perines/Pinxievit’. Igualmente,
salió a luz que no estaba pintada sobre una puerta sino en una tela debidamente
preparada, certificándose finalmente Ia paternidad de esta obra: el flamenco
Simón Pereyns, dando fin de manera definitiva a tan bella leyenda.”
Así, el “Altar del Perdón” es, como
obra artística, síntesis de su momento y su retablo preservado con leyendas es
la prosecución de influencias y falsías a las cuales se le añade el dolor
humano.
Notas.
[1] Altar del Perdón, página 121, La Catedral de México y
el Sagrario Metropolitano (Su historia, su tesoro, su arte), por Manuel Toussaint, Editorial Porrúa, S. A.,
México, D. F. 1973.
[2] Altar del Perdón, página 122, La Catedral de México y
el Sagrario Metropolitano (Su historia, su tesoro, su arte), por Manuel Toussaint, Editorial Porrúa, S. A.,
México, D. F. 1973.
[3] José María Lorenzo Macías. Una noticia más sobre Simón
Pereyns de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM) quien asienta: “… el
retablo de Tepeaca lo realizó en colaboración con Francisco Morales, y fue
testigo en el matrimonio de Juan de Arrúe. Esto demuestra la estrecha relación
que existió entre aquel temprano grupo de artistas, tanto que en ocasiones
llegó a culminar en forma no grata, si se toma en cuenta que Francisco Morales
es quien le fincó los cargos por los que se le procesó en la Inquisición.”
[4] Proceso y denuncias contra Simón Pereyns en la
Inquisición de México. Con una introducción de Manuel Toussaint,
correspondiente al Suplemento número 2 de Anales del Instituto de
Investigaciones Estéticas, México, 1938.
[5] Es curiosa la aclaración que sin ésa, el penado
contrataba a un portador para salir en hombros de la ciudad. Formas de evadir
el rigor de la justicia.
[6] José María Lorenzo Macías, Facultad De Filosofía Y
Letras, UNAM. “Una noticia más sobre Simón Pereyns”.
[7] Una obra ignorada de Simón Pereyns, por Eduardo Enrique
Ríos. analesiie.unam.mx/pdf
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