martes, 3 de abril de 2018

El altar del perdón





Tres vueltas de potro y tres jarras de agua

Víctor Manuel López Wario



“Se llama altar del Perdón en las catedrales españolas  el que ocupa el trascoro y que por eso queda frente a la puerta principal de la iglesia que recibe, igualmente, el nombre de puerta del Perdón. Débese esto a que por esa puerta entraban los penitenciados del Santo Oficio a reconciliarse con la iglesia que les otorgaba magnánimamente su perdón, después de ciertas ceremonial rituales. En todas las catedrales españolas existe la puerta llamada del Perdón.” [1]

          Este altar (el de la Catedral Metropolitana de México), dedicado el 29 de junio de 1737, es obra, lo mismo que el de Los Reyes y el antiguo ciprés, del artífice Jerónimo de Balbás.

       En la edición “Iglesias de México”, volumen II correspondiente a La Catedral, edición de 1979 por el Banco de México basada en la versión original de la Secretaría de Hacienda durante el año de 1924, con textos de Manuel Toussaint y fotografías de (Carl Wilhelm) Kahlo, en su página 70 asienta, con respecto a la leyenda que rodea la obra del cuadro que representa a la Virgen con el Niño rodeados de santos y ángeles: “… un judío, pintor, preso por la Inquisición, obtuvo permiso en su calabozo para dedicar a su arte los días y los ratos que mediaban entre las diligencias de su proceso. Diéronle colores y él, en la misma puerta del socucho pintó la imagen de la Virgen. El carcelero cuando vio aquella imagen tan bella y tan devota se apresuró a avisar a los inquisidores que en aquel hecho se llamaron a milagro y, previo arrepentimiento del reo, le perdonaron.”
         En extenso: “La gran pintura que decora el centro del altar representa a la Virgen María con el Niño en sus brazos, algunos santos a sus lados y ángeles en la parte superior. Esta imagen ha dado origen a una leyenda muy arraigada en la época colonial. Se decía que tal pintura era la obra de un preso que había obtenido su libertad en una forma extraordinaria, pues habiendo logrado sobornar a su carcelero para que le proporcionase colores y pinceles, pintó en la misma puerta de su celda una imagen de la Virgen. Cuando los jueces que lo habían sentenciado a la prisión vieron aquella imagen tan devota, decidieron que un hombre que sabía pintar cuadros con imágenes de una pureza tal, de un fervor religioso semejante, no podía ser culpable de los crímenes que se le imputaban y que, en consecuencia, debía libertársele incontinenti. Los historiadores que se han ocupado en este asunto, se hallan conformes en que dicho cuadro no puede referirse a otro pintor que a Simón Pereyns, que poco más o menos sufrió todas las vicisitudes que se refieren en tal leyenda. Efectivamente, Pereyns, pintor de fama que había llegado a México en 1566 en el séquito del virrey don Gastón de Peralta. Dos años más tarde, por descuido en su manera de hablar o más bien por la falta de protección, puesto que el virrey había sido llamado a España, fue procesado por palabras mal sonantes y condenado a pintar a su costa una imagen de Nuestra Señora de la Merced para la catedral vieja de México. Yo supongo que la advocación de la pintura fue cambiada y que realmente Pereyns pintó esta imagen como castigo a sus ingenuos pecados.

“El hecho de que la pintura esté en una tabla con clavos de puerta, como puede observarlo cualquier espectador, indica sólo que no hubo una tabla bastante grande para que el procesado cumpliese su sentencia y, entonces, en las hojas de una puerta cuyos clavos fueron aplanados a fuerza de martillo y sobre la cual se puso una tela, tuvo que pintar su cuadro.” [2]

        Así, pues, hay dos diferencias respecto al proceso y autoría. Mientras que en la edición “Iglesias de México”, volumen II referida inicialmente dice que: “Fue procesado por opiniones contrarias a la fe y por palabras mal sonantes; en realidad por envidia de otros pintores, sobre todo de Francisco de Morales (o Francisco Morales según José María Lorenzo Macías) [3] Después de la tortura que el flamenco resistió impávido, se le condenó a pintar a su costa, dándole el material, el retablo de la Merced para la catedral vieja.”;  en el texto de don Manuel Toussaint no es un “judío, pintor” (identificación inserta en la leyenda) y aún más, el preso obtiene los elementos para su arte bajo soborno.

        En las páginas 35 y 36 del Proceso contra Simón Pereyns [4] individuo que malamente entendía y peor hablaba el español —según testimonian los testigos llamados para el caso—, queda asentado que al pintor flamenco se le practicaron tres vueltas en el potro:

      Le despojaron de la camisa y sólo le dejaron los çaragueles (sic, por zaragüelles, calzones muy anchos, largos y mal hechos) y ya encima del potro le ataron los brazos con unos cordeles delgados con el brazo derecho sobre el izquierdo desde los codos hasta las muñecas, le ataron las piernas desde los muslos de la misma manera y ya en esa posición le formularon la misma interrogante de los cargos, en seguida verter una jarra de agua sobre la boca cubierta con una toca, otra interrogación sobre la verdad de los cargos asentados en la nota acusatoria y así, por tres veces (acta firmada por Juan de Avendaños). Reiterada que fuera la respuesta por seis veces, quedó en el acta por condena que al dicho Simón Pereyns se le otorgue los materiales necesarios y a su costa pinte un retablo de Nuestra Señora de la Merced al gusto del firmante (Esteban de Portillo), amonestándole a no salir de la ciudad por propio pie ni en ajeno[5] y no decir palabra por las que fue investigado ni se meta en disputas “en cosas tocantes a nuestra santa fe católica”  y las costas de éste proceso.
       ¿La acusación? La supuesta afirmación por parte de Pereyns durante su estancia en casa del pintor Francisco de Morales y su esposa, en Tepeaca, Puebla, que es menor el pecado el yacer hombre y mujer solteros que casada con casado, la supuesta preferencia en realizar la labor del retrato por convenir más al interés pecuniario y una supuesta (¿?) pertenencia del padre de Simón al movimiento luterano.

Obras de Simón Pereyns:

“De él se sabe que nació en Amberes, de donde se trasladó a Lisboa para el año de 1558; de ahí partió para trabajar en Toledo, donde se encontraba la corte española por esos días; posteriormente pasó a la Nueva España, siendo parte, al parecer, del personal que acompañó al virrey Gastón de Peralta en 1566. Estos datos se saben por el proceso inquisitorial al que fue sometido en 1568.” [6]

“Hay, además, en estos documentos inquisitoriales, un indicio que puede llevarnos a descubrir si es verdad que también fue obra de Pereyns el retablo del altar mayor del templo de San Buenaventura de Cuautitlán, pues fray Antonio de Valderrama, al denunciar en el Santo Tribunal la existencia de ‘un retablero de la Anunciación’, en el que el flamenco había colocado al Niño Jesús en el resplandor que iba del ángel a la Virgen María, lo hizo impulsado por la noticia que le dio fray Francisco de Medina de haber sido borrado otro Niño Jesús igual ‘que estaba en Cuautitlán’.”[7]

      La Resurrección en el retablo mayor en la Iglesia de San Miguel (Huejotzingo, Puebla).

       El retablo de Tepeaca. Se conservan dos columnas y una escultura del primitivo retablo, el resto fue destruido. Pereyns lo realizó en compañía de Morales en 1568.

El retablo pintado en la iglesia agustina de Mixquic (1568), desaparecido. En el claustro de un convento de Ayotzingo se encuentran unas tablas pintadas al temple que representan: El Nacimiento del Señor, La Adoración de los Reyes, La Adoración de los Pastores, La Crucifixión, La Resurrección, La Sagrada Familia y una Purísima Concepción, atribuidas a Simón Pereyns.

Los perdidos retablos de Malinalco y Ocuilán; un retablo realizado en asociación con Luis de Arciniega, en Tula, en 1574, tampoco existe, misma suerte de una decoración en la sacristía de la Iglesia de Santo Domingo de la ciudad de México (¿1579?) de la que sólo queda una descripción detallada de esta obra formada por escenas bíblicas.

En la Catedral Metropolitana realizó el retablo de Nuestra Señora de la Merced, que tuvo que pintar como pena impuesta por su proceso y seis tablas para el retablo principal de la primitiva catedral redecorada por motivo del Tercer Concilio de 1585.

En 1588 consumó un retablo donado por el maestrescuela de la catedral Sancho Sánchez de Muñón con la imagen de un San Cristóbal. A la pintura, recortada, la colocaron en el retablo de San José durante el siglo XVIII. (Capilla de la Purísima Concepción).

El retablo de Huexotzingo es obra debida a Pereyns y al sevillano Andrés de la Concha. El retablo de Teposcolula fue totalmente destruido en la demolición de la iglesia primitiva. Ambos artistas trabajaron juntos no sólo como pintores, sino como escultores, ensambladores y doradores. En 1578 hicieron unas andas y unas esculturas de los cuatro evangelistas para la cofradía del mismo nombre.

Simón Pereyns también fue el autor del retablo de la iglesia y monasterio franciscano de Cuernavaca, del cual sólo se conservan restos escultóricos

El doctor Ernesto Sodi Pallares en su libro “Pinacoteca Virreinal de San Diego”, editado por Populibros “La Prensa” en el año de 1969 con un tiraje de 25 000 ejemplares y antecedido por una presentación de Carmen Andrade, en aquel entonces Directora de la Pinacoteca Virreinal, en el capítulo dedicado a Simón Pereyns refiere por posesión de la Pinacoteca dos obras: “La Sagrada Familia” y San Juan” y una “Santa Cecilia”, ésta última, en rica composición de triángulo isósceles ilustra el inicio del librito (atribuidas y citadas con mayor frecuencia como obras del pintor Andrés de la Concha, con quien Pereyns formara asociación de trabajo), además enlistar algunas otras obras habidas en el Estado de Puebla: “Magdalena penitente”, “Adoración de los pastores”, “Circuncisión”, Resurrección”, “Cristo atado a la columna”, “Santa María Egipciaca”, “Adoración de los Reyes (Magos)”,”Presentación (del niño Jesús) al templo”, “La Ascensión” y un “Cristo con la cruz a cuestas” ésta última, en la Iglesia franciscana de Huejotzingo.

En la obra citada, el doctor Sodi Pallares asienta en la página 31: “En España trató con: Alonso Berruguete, Alonso Sánchez Coello, Antonio Moro ‘El Mudo’; Gaspar Becerra, Juan Fernández de Navarrete y Luis Morales ‘El Divino’.

“En la Nueva España fueron de su época: Andrés de la Concha, Bartolomé Sánchez, Cristóbal de Quesada, Diego de Becerra, Francisco de Morales, Francisco de Zumaya (de Ibia) (aquí cabe la aclaración que el nombre del pintor era originalmente Francisco de Ibia, era natural de Zumaya, en Guipúzcoa de donde tomó el nombre con el que le es reconocido), Fray Julián de Quartas, Gaspar Pérez de Rivera, Juan de Arrúe II, Juan Illescas, Martín de Vos, Martín García, Nicolás de Tejeda y Pedro Rodríguez.”

Recientemente, en la publicación “México Desconocido”, del 6 de noviembre del 2013, con firma de: Enrique Salazar H y con base a lo publicado en “México en el Tiempo” número 11, febrero-marzo de 1996: “A las ocho de la noche del 17 de enero de 1967, un tremendo incendio ocasionado por un cortocircuito en la sacristía del Altar del Perdón destruyó algunas de nuestras más queridas obras de arte colonial en el interior de la Catedral Metropolitana…

“El bello altar con su hermosa e importante pintura de Nuestra Señora del Perdón o de las Nieves, gran parte de la sillería del coro, la grande y bella pintura que representaba el Apocalipsis de San Juan, obra de Juan Correa, situada en el respaldo del altar, y buena porción de los cuerpos de madera que sostienen las flautas de los órganos monumentales, dejando ahumados los retablos, esculturas y pinturas de las numerosas capillas de la Catedral, además de los murales de Rafael Ximeno y Planes que estaban en las bóvedas y la cúpula.

“EI bellísimo Altar deI Perdón, o de Ia Indulgencia, como lo Ilamó fray Diego de Durán en 1570, es un magnífico ejemplo deI estípite barroco, realizado por el sevillano Jerónimo de Balbás, constructor también deI increíble Altar de los Reyes y deI desaparecido primer ciprés. Se le Ilama deI Perdón por encontrarse situado precisamente atrás de Ia puerta principal de Ia Catedral, Ia cual recibe también este nombre porque por ella entraban los penitenciados por el Santo Oficio a reconciliarse con Ia Iglesia.

“En 1668, al instalarse nuevamente el retablo, se colocó sobre el altar Ia pintura de Nuestra Señora de Ias Nieves, Ilamada por el pueblo Ia Virgen deI Perdón, seguramente por estar en el retablo del mismo nombre. Fue pintada a expensas de Ios fieles (¿?) en el mismo año por el fIamenco Simón Pereyns, tal vez por pedido especial de Ia cofradía o como penitencia impuesta por el Santo Oficio, a causa, se dice, de una injusta acusación hecha por su socio el pintor Francisco Morales.

“Hasta mediados de este siglo, debido a Ias múltiples Ieyendas tejidas alrededor de Ia pintura —como Ia bellamente descrita por Luis González Obregón, incluida en su magnífico libro México Viejo—, existieron serias dudas sobre la autoría de tan bella obra, la cual se atribuye tanto a Pereyns (que según se dice la pintó sobre la puerta de su celda, mientras estuvo prisionero en la cárcel de la Santa Inquisición), como a Baltasar de Echave ‘El Viejo’. Así mismo, los historiadores Antonio Cortés y Francisco Fernández del Castillo opinan que fue realizada por Francisco Zúñiga, aunque Manuel Toussaint, Francisco de la Maza y Abelardo Carrillo y Gariel, no comparten esa aseveración.

“González Obregón afirma que existen ‘tantas asombrosas tradiciones, tantos cuentos populares, que es preciso purificar en el fuego de Ia verdad, para que ésta brille como en el crisol el oro puro’. En julio de 1965, Justino Fernández y Xavier Moisén, connotados críticos de arte, para salir de dudas examinaron Ia pintura, descubriendo en el peralte deI escalón una firma que dice: ‘Ximon Perines/Pinxievit’. Igualmente, salió a luz que no estaba pintada sobre una puerta sino en una tela debidamente preparada, certificándose finalmente Ia paternidad de esta obra: el flamenco Simón Pereyns, dando fin de manera definitiva a tan bella leyenda.”

Así, el “Altar del Perdón” es, como obra artística, síntesis de su momento y su retablo preservado con leyendas es la prosecución de influencias y falsías a las cuales se le añade el dolor humano.


Notas.

[1] Altar del Perdón, página 121, La Catedral de México y el Sagrario Metropolitano (Su historia, su tesoro, su arte), por  Manuel Toussaint, Editorial Porrúa, S. A., México, D. F. 1973.
[2] Altar del Perdón, página 122, La Catedral de México y el Sagrario Metropolitano (Su historia, su tesoro, su arte), por  Manuel Toussaint, Editorial Porrúa, S. A., México, D. F. 1973.
[3] José María Lorenzo Macías. Una noticia más sobre Simón Pereyns de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM) quien asienta: “… el retablo de Tepeaca lo realizó en colaboración con Francisco Morales, y fue testigo en el matrimonio de Juan de Arrúe. Esto demuestra la estrecha relación que existió entre aquel temprano grupo de artistas, tanto que en ocasiones llegó a culminar en forma no grata, si se toma en cuenta que Francisco Morales es quien le fincó los cargos por los que se le procesó en la Inquisición.”
[4] Proceso y denuncias contra Simón Pereyns en la Inquisición de México. Con una introducción de Manuel Toussaint, correspondiente al Suplemento número 2 de Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, México, 1938.
[5] Es curiosa la aclaración que sin ésa, el penado contrataba a un portador para salir en hombros de la ciudad. Formas de evadir el rigor de la justicia.
[6] José María Lorenzo Macías, Facultad De Filosofía Y Letras, UNAM. “Una noticia más sobre Simón Pereyns”.
[7] Una obra ignorada de Simón Pereyns, por Eduardo Enrique Ríos. analesiie.unam.mx/pdf

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