martes, 3 de abril de 2018

Convento de la Cruz





"k'erhiretarhu"

Víctor Manuel López Wario


Con la guía de los lingüistas especializados, aceptemos que el vocablo Querétaro deriva de la voz purépecha: "k'erhiretarhu" (k'eri=grande, ireta= pueblo rhu=lugar) o de k'erendarhu (k'erenda = peñasco y rhu = lugar) que significa "lugar de piedras grandes o peñascos”, para otros, su origen es la expresión tarasca queretha-rolru o queretha-ro que expresa “lugar del juego de pelota”.
Originalmente en el espacio prehispánico la actualmente conocida con el nombre de “La pirámide del pueblito” (es el mismo lugar con los determinativos populares ya en desuso  de “el cerro pelón” o “cerro de cascajo”) —obra con influencia tolteca y edificada durante el auge de la amplia franja de Teotihuacán—, con sus tres etapas de constructivas (la primera considerada fundacional alrededor del año 700; la segunda con ocupación tolteca del 900 al 1,200; la tercera y última debida a grupos chichimecas hacia el año 1,300, todas esas fechas en nuestra era) 1, aún muestra el esplendor de su espacio ceremonial en los restos de sus plazas, altares y pequeños basamentos rectangulares, un patio hundido y los palacios o salas con columnas, edificados sobre las irregularidades rocosas con trece cuerpos escalonados en talud para sus 25 metros de altura con un añadido (“El Fortín”) alzado sobre su plataforma superior en el año de 1887 con planta arquitectónica de tipo militar durante el siglo XIX.
                La leyenda piadosa inserta en la historia oficial deja por verdad que en la Loma del Sangremal (o San Gremal), al amanecer el martes 25 de julio de 1531 guerrearon un grupo de chichimecas dirigidos por sus capitanes don Lobo y don Coyote en contra de los españoles  (con apoyo de grupos otomíes y purépechas), comandados por don Fernando de Tapia —de nación otomí cuyo nombre en su lengua natal fuera Conín o Connin— y don Nicolás de San Luis Montañez. Dícese que fueron 12 horas de lucha cuerpo a cuerpo sin armas porque, es un supuesto aceptado por la narrativa popular, ésta sería una batalla simulada (para algunas referencias queda asentado que terminó sin vencedor y con ello a partir de ese momento pactaron vivir en paz.). Queda escrito que en lo más reñido de la disputa aconteció un eclipse total de sol y en ese instante compareció el apóstol Santiago al reclamo del grupo conquistador junto a una gran cruz “refulgente de color rosado” 2 ante cuya imagen y con reverente admiración, los chichimecas asumieron la derrota. (De ahí el nombre de Santiago de Querétaro). En tal lugar la orden franciscana construyó el Convento e Iglesia de la Santa Cruz de los Milagros finalizado durante el año 1735 con el apoyo económico de Don Pedro García de Acevedo y Calderón y, según mencionan las fuentes, durante el siglo XX continuó la remodelación y atavío con lujosos retablos y algunas pinturas creadas por Juan Rodríguez Suárez para exaltar algunos pasajes de las vidas de San Francisco de Asís y de San Antonio de Padua.
                Las colectividades humanas del semidesierto queretano (con abundante variedad de cactáceas evidenciado en el museo natural de la “Quinta Schmoll”) —con su cultura calificada de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad—, preservan el culto a las ánimas y a los cuatro vientos puntales de  su identidad como pueblo. Ellos son los  elementos vitales en los ciclos de la vida/muerte. Durante sus ceremoniales, los antepasados "mecos" figuran primordialmente en los altares familiares, en la cruz de ánimas, y en las celebraciones locales. En la víspera del 3 de mayo —los  festejos a la Santa Cruz— los rezanderos honran a los cuatro vientos/rumbos representados por el Cerro del Frontón (oriente-masculino), Maguey Manso (norte), el Cerro del Zamorano (poniente-femenino) y La Peña de Bernal (sur).
                Ya en la década de los ochenta del siglo XVII, el Convento de la Santa Cruz de los Milagros fue el punto de partida de las misiones encabezadas por fray Junípero Serra para fundar los 16 establecimientos franciscanos sumados a las fundaciones jesuitas que marcan el sendero misional de la Baja California y la Alta California. 3
En el “Patio de Aguas” queda  lo que fuera, las piletas con sus desagües a donde llegaba el agua procedente del conocido Acueducto de Querétaro, extraordinaria obra iniciada en diciembre de 1726 y terminada en octubre de 1735, mismo siglo para fechar la terrible experiencia de don Diego (hijo de un oidor de la ciudad) apasionado con los encantos terrenales de la bellísima Diana, leyenda titulada “La cruz del diablo”.
Este convento fue la prisión temporal del corregidor de Querétaro don Miguel Ramón Sebastián Domínguez Alemán tras descubrirse la Conjura de Valladolid (actual Morelia) previa al inicio del movimiento de Independencia,  y once años después (1821), el hasta entonces comandante general realista, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu toma el Convento como cuartel para poner fin al régimen virreinal en Querétaro.
Ya rebasada la primera mitad del siglo XIX, el Ejército Republicano al mando del General Mariano Escobedo enfrentó las mermadas fuerzas imperiales de Maximiliano. El sitio a la ciudad duró varios meses con numerosas escaramuzas y batallas, incluidas dos en las faldas del Cerro de las Campanas. La batalla de Casa Blanca fue la más sangrienta, donde queda la afirmación de que en un día murieron más de 2000 republicanos luchando por la libertad. El 15 de mayo, penetradas las defensas imperiales a través de un hueco abierto en los terrenos de la huerta del Convento de la Santa Cruz, Maximiliano ofrece su espada a Escobedo en símbolo de rendición. El Emperador es enjuiciado en el Teatro Iturbide, encontrado culpable de los cargos y encarcelado en el convento de la Santa Cruz. Después de haber pasado por distintas cárceles, el monarca y sus generales Miguel Miramón y Tomás Mejía salen de su última prisión ex-convento y templo de capuchinas en la mañana del 19 de junio hacia el Cerro de las Campanas, donde fueron fusilados a las 7:15 horas del 19 de junio de 1867.
Durante el sitio de Querétaro y debido a las Leyes de Reforma, el convento quedó convertido en ruinas, sus muros derruidos, sus bibliotecas saqueadas, y lo que antes era objeto de admiración, por esos tiempos sólo era desolación y abandono. El gobierno lo destinó a cuarte y así continuó por mucho tiempo.
En 1946 el convento regresa a la orden de los franciscanos, quienes desde entonces trabajan para reconstruir y conservar uno de los bienes nacionales y gloria temporal franciscana de México y el mundo.
El relicario adquirido en las cercanías del Convento, contiene una pequeña cruz  con el texto impreso sobre una hojita de papel:
“La espina en forma de cruz”.
“Se narra que en cierta ocasión, al regresar Fray Antonio Margil de Jesús  de misionar, clavó en uno de los huertos del convento el bastón en el que se apoyaba durante sus largas caminatas. Al pasar el tiempo el bastón empezó a retoñar y a producir ramas con espinas en forma de cruz, con la rareza de que no produce ni flor ni fruto sino solamente hojas diminutas que al llegar el invierno se secan.
Querétaro, México.”

Notas importantes.
1 Paulina Jiménez Pineda, La pirámide del pueblito y la primavera en Aquí es Querétaro.
2 El Convento de la Santa Cruz de los Milagros se llama así por la venerada cruz de cantera colocada en el Altar Mayor, construida según el modelo de la que vieron los indígenas en el cielo el día de la batalla.
3 Fray Francisco Palou. “Relación histórica de la vida y apostólicas tareas del venerable padre Fray Junípero Serra (y de las misiones que fundó en la California Septentrional, y nuevos establecimientos de Monterey)". Editorial Porrúa, S. A., en su colección “Sepan cuántos…”, con número 143 integrado en seguida de “La Historia de la Antigua o Baja California” del padre Francisco Xavier Clavijero.  Entre las páginas 228 y 229 inserta los mapas correspondientes para la ubicación de las misiones fundadas por los hermanos jesuitas y por los de la orden franciscana.

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