"k'erhiretarhu"
Víctor Manuel López
Wario
Con la guía de los
lingüistas especializados, aceptemos que el vocablo Querétaro deriva de la voz
purépecha: "k'erhiretarhu" (k'eri=grande, ireta= pueblo rhu=lugar)
o de k'erendarhu (k'erenda = peñasco y rhu = lugar) que significa "lugar
de piedras grandes o peñascos”, para otros, su origen es la expresión tarasca queretha-rolru o queretha-ro que expresa “lugar del juego de pelota”.
Originalmente en el
espacio prehispánico la actualmente conocida con el nombre de “La pirámide del
pueblito” (es el mismo lugar con los determinativos populares ya en desuso de “el cerro pelón” o “cerro de cascajo”)
—obra con influencia tolteca y edificada durante el auge de la amplia franja de
Teotihuacán—, con sus tres etapas de constructivas (la primera considerada
fundacional alrededor del año 700; la segunda con ocupación tolteca del 900 al
1,200; la tercera y última debida a grupos chichimecas hacia el año 1,300,
todas esas fechas en nuestra era) 1, aún muestra el esplendor de su
espacio ceremonial en los restos de sus plazas, altares y pequeños basamentos
rectangulares, un patio hundido y los palacios o salas con columnas, edificados
sobre las irregularidades rocosas con trece cuerpos escalonados en talud para
sus 25 metros de altura con un añadido (“El Fortín”) alzado sobre su plataforma
superior en el año de 1887 con planta arquitectónica de tipo militar durante el
siglo XIX.
La leyenda piadosa inserta en la
historia oficial deja por verdad que en la Loma del Sangremal (o San Gremal),
al amanecer el martes 25 de julio de 1531 guerrearon un grupo de chichimecas
dirigidos por sus capitanes don Lobo y
don Coyote en contra de los
españoles (con apoyo de grupos otomíes y
purépechas), comandados por don Fernando de Tapia —de nación otomí cuyo nombre
en su lengua natal fuera Conín o Connin— y don Nicolás de San Luis Montañez.
Dícese que fueron 12 horas de lucha cuerpo a cuerpo sin armas porque, es un
supuesto aceptado por la narrativa popular, ésta sería una batalla simulada
(para algunas referencias queda asentado que terminó sin vencedor y con ello a
partir de ese momento pactaron vivir en paz.). Queda escrito que en lo más
reñido de la disputa aconteció un eclipse total de sol y en ese instante
compareció el apóstol Santiago al reclamo del grupo conquistador junto a una
gran cruz “refulgente de color rosado” 2 ante cuya imagen y con
reverente admiración, los chichimecas asumieron la derrota. (De ahí el nombre
de Santiago de Querétaro). En tal lugar la orden franciscana construyó el
Convento e Iglesia de la Santa Cruz de los Milagros finalizado durante el año
1735 con el apoyo económico de Don Pedro García de Acevedo y Calderón y, según
mencionan las fuentes, durante el siglo XX continuó la remodelación y atavío
con lujosos retablos y algunas pinturas creadas por Juan Rodríguez Suárez para
exaltar algunos pasajes de las vidas de San Francisco de Asís y de San Antonio
de Padua.
Las colectividades humanas del
semidesierto queretano (con abundante variedad de cactáceas evidenciado en el
museo natural de la “Quinta Schmoll”) —con su cultura calificada de Patrimonio
Inmaterial de la Humanidad—, preservan el culto a las ánimas y a los cuatro
vientos puntales de su identidad como
pueblo. Ellos son los elementos vitales
en los ciclos de la vida/muerte. Durante sus ceremoniales, los antepasados
"mecos" figuran primordialmente en los altares familiares, en la cruz
de ánimas, y en las celebraciones locales. En la víspera del 3 de mayo —los festejos a la Santa Cruz— los rezanderos
honran a los cuatro vientos/rumbos representados por el Cerro del Frontón
(oriente-masculino), Maguey Manso (norte), el Cerro del Zamorano
(poniente-femenino) y La Peña de Bernal (sur).
Ya en la década de los ochenta
del siglo XVII, el Convento de la Santa Cruz de los Milagros fue el punto de
partida de las misiones encabezadas por fray Junípero Serra para fundar los 16
establecimientos franciscanos sumados a las fundaciones jesuitas que marcan el
sendero misional de la Baja California y la Alta California. 3
En el “Patio de
Aguas” queda lo que fuera, las piletas
con sus desagües a donde llegaba el agua procedente del conocido Acueducto de
Querétaro, extraordinaria obra iniciada en diciembre de 1726 y terminada en
octubre de 1735, mismo siglo para fechar la terrible experiencia de don Diego
(hijo de un oidor de la ciudad) apasionado con los encantos terrenales de la
bellísima Diana, leyenda titulada “La
cruz del diablo”.
Este convento fue
la prisión temporal del corregidor de Querétaro don Miguel Ramón Sebastián
Domínguez Alemán tras descubrirse la Conjura de Valladolid (actual Morelia)
previa al inicio del movimiento de Independencia, y once años después (1821), el hasta entonces
comandante general realista, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu toma
el Convento como cuartel para poner fin al régimen virreinal en Querétaro.
Ya rebasada la
primera mitad del siglo XIX, el Ejército Republicano al mando del General
Mariano Escobedo enfrentó las mermadas fuerzas imperiales de Maximiliano. El sitio
a la ciudad duró varios meses con numerosas escaramuzas y batallas, incluidas
dos en las faldas del Cerro de las Campanas. La batalla de Casa Blanca fue la
más sangrienta, donde queda la afirmación de que en un día murieron más de 2000
republicanos luchando por la libertad. El 15 de mayo, penetradas las defensas
imperiales a través de un hueco abierto en los terrenos de la huerta del
Convento de la Santa Cruz, Maximiliano ofrece su espada a Escobedo en símbolo
de rendición. El Emperador es enjuiciado en el Teatro Iturbide, encontrado
culpable de los cargos y encarcelado en el convento de la Santa Cruz. Después
de haber pasado por distintas cárceles, el monarca y sus generales Miguel
Miramón y Tomás Mejía salen de su última prisión ex-convento y templo de
capuchinas en la mañana del 19 de junio hacia el Cerro de las Campanas, donde
fueron fusilados a las 7:15 horas del 19 de junio de 1867.
Durante el sitio de
Querétaro y debido a las Leyes de Reforma, el convento quedó convertido en
ruinas, sus muros derruidos, sus bibliotecas saqueadas, y lo que antes era
objeto de admiración, por esos tiempos sólo era desolación y abandono. El
gobierno lo destinó a cuarte y así continuó por mucho tiempo.
En 1946 el convento
regresa a la orden de los franciscanos, quienes desde entonces trabajan para
reconstruir y conservar uno de los bienes nacionales y gloria temporal
franciscana de México y el mundo.
El relicario adquirido en las cercanías del Convento, contiene una
pequeña cruz con el texto impreso sobre
una hojita de papel:
“La espina en forma de cruz”.
“Se narra que en cierta ocasión, al regresar Fray Antonio Margil de
Jesús de misionar, clavó en uno de los
huertos del convento el bastón en el que se apoyaba durante sus largas
caminatas. Al pasar el tiempo el bastón empezó a retoñar y a producir ramas con
espinas en forma de cruz, con la rareza de que no produce ni flor ni fruto sino
solamente hojas diminutas que al llegar el invierno se secan.
Querétaro, México.”
Notas importantes.
1 Paulina Jiménez
Pineda, La pirámide del pueblito y la
primavera en Aquí es Querétaro.
2 El Convento de la
Santa Cruz de los Milagros se llama así por la venerada cruz de cantera
colocada en el Altar Mayor, construida según el modelo de la que vieron los
indígenas en el cielo el día de la batalla.
3 Fray Francisco
Palou. “Relación histórica de la vida y
apostólicas tareas del venerable padre Fray Junípero Serra (y de las misiones
que fundó en la California Septentrional, y nuevos establecimientos de
Monterey)". Editorial Porrúa, S. A., en su colección “Sepan cuántos…”,
con número 143 integrado en seguida de “La
Historia de la Antigua o Baja California” del padre Francisco Xavier
Clavijero. Entre las páginas 228 y 229
inserta los mapas correspondientes para la ubicación de las misiones fundadas
por los hermanos jesuitas y por los de la orden franciscana.
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