Academia de San Carlos
Víctor Manuel López Wario
(Para el amigo
Rodolfo Torres Alzati, con quien discutir/discurrir respecto a esta Institución
formada por hombres cuyos criterios y afanes diversos ya en la Historia
mexicana, queda con grato recuerdo.)
Según el
Diccionario de la Real Academia Española en su 22ª edición correspondiente al
2001: academia (del latín academĭa,
y éste del griego ᾿Ακαδημία) posee por acepciones: 1. f. Sociedad
científica, literaria o artística establecida con autoridad pública. 2. f.
Junta o reunión de los académicos… 3. f. Casa donde los académicos tienen sus
juntas. 4. f. Junta o certamen a que concurren algunos aficionados a las
letras, artes o ciencias. 5. f. Establecimiento docente, público o privado, de
carácter profesional, artístico, técnico, o simplemente práctico. 6. f. Casa
con jardín, cerca de Atenas, junto al gimnasio del héroe Academo, donde
enseñaron Platón y otros filósofos. 7. f. Escuela filosófica fundada por
Platón, cuyas doctrinas se modificaron en el transcurso del tiempo, dando
origen a las denominaciones de antigua, segunda y nueva academia. Otros
distinguen cinco en la historia de esta escuela. 8. f. Escultura y Pintura.
Estudio de una figura entera y desnuda, tomada del natural y que no forma parte
de una composición.
Corresponde, en la historia, al
pintor oaxaqueño, Miguel (Mateo Maldonado y) Cabrera (1695-1768) el crédito para
la fundación de una primera academia de pintura de México (en 1753) con
protección real. Esta propuesta y solicitud jamás mereció una respuesta.
José
Bernardo Couto en su “Diálogo sobre la historia de la pintura en México”
enlista, en el capítulo 9º de los “Estatutos
o constituciones que deberá observar y guardar la Academia de la muy nombre e
inmemorial arte de la pintura”, las firmas de Miguel Cabrera (1695—1768) en
cargo de presidente; José Manuel Domínguez, primer director; Miguel Espinoza de
los Monteros, Juan Patricio Morlete Ruiz, segundo director; Pedro Quintana,
director; Francisco Antonio Vallejo, tercer director; José de Alcíbar,
director… ante Lorenzo Barba Figueroa, secretario.[i]
La
historia menuda reitera: “Será en 1753 cuando el pintor oaxaqueño Miguel
Cabrera, artista de altos vuelos, proclama la necesidad de fundar una academia
de pintura que se titule ‘Academia de la muy Noble e inmemorial Arte de la
Pintura’ (como se ve, el barroco todavía privaba en las artes de nuestro mundo
latino).” [ii] Aunque en el Capítulo I (La fundación de la Academia de San Carlos),
en la parte introductoria (página 11), difiere un tanto de lo anterior respecto
al autor de la iniciativa lo mismo en lo referente al año: “Hubo en la Ciudad
de México un primer intento para formar una academia ‘sociedad o compañía’ de
pintura en 1754, cuya primera noticia proviene de Bernardo Couto en su Diálogo
de la Pintura en México.” [iii]
Queda una referencia más del hecho diferente
en cuanto a los integrantes de la solicitud al real personaje y el medio
elegido para tal fin: “Un intento anterior fue el de Miguel Cabrera junto con
otros pintores como José de Ibarra, Antonio de Torres, Francisco Vallejo entre
otros (sic), quienes en un principio solían reunirse para concertar e
intercambiar opiniones que ayudaran al desarrollo de la pintura. Pese a ello, el
rey nunca contestó las cartas que solicitaban el permiso para su fundación y
por ello, se sabe muy poco de la iniciativa de estos pintores novohispanos.
“La
primera institución artística sustentada y patrocinada por el rey de España fue
la Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos fundada en 1785. Al igual
que sus hermanas europeas, la Academia de San Carlos se basó en los principios
fundamentales del arte neoclásico del siglo XVIII que fueron: la revisión y
estudio de los tratados de Vitrubio, la obra de Johann Joachin Winckelmann,
arqueólogo alemán a quien se considera el padre de la historia del arte y
finalmente la influencia clásica que se desató en torno a los descubrimientos
de las ciudades romanas sumergidas por la erupción del Vesubio, Herculano y
Pompeya en Italia.” [iv]
“Posteriormente, el investigador
Henrich Berlín encontró cuatro documentos en el Archivo de Notarias de la
Ciudad de México, que corroboraban las noticias de Couto y que fueron
publicadas por Xavier Moysén. Couto atribuyó la dirección y la iniciativa de
esta academia a Miguel Cabrera, pero del texto de los documentos se desprende
que fue José de Ibarra quien la presidió como el ‘artífice decano en el
nobilísimo y liberal arte de la pintura’. Entre los otros integrantes se
encontraban pintores conocidos como fray Miguel de Herrera, Juan Patricio Morlete
Ruiz, Francisco Martínez, Francisco Antonio Vallejo, José de Alcíbar y Miguel
Cabrera. Era miembro también el arquitecto Miguel Espinoza de los Monteros,
‘maestro mayor del arte de arquitectura y corrector de matemáticas’, de donde
se infiere que el propósito era no solamente practicar y enseñar la pintura,
sino también la arquitectura.” [v]
En el mismo documento, en la fracción
correspondiente a su acta constitutiva, queda asentado el poder general
otorgado en favor de José Vázquez para comparecer en la corte española (en
Madrid), a fin de recabar la aprobación y los privilegios correspondientes. Amplía
en las páginas 11 y 12: “El intento fracasó. No tenemos noticias de que el
personero hubiera llegado a la corte, mucho menos de que hubiera sido recibido;
ni las tenemos de actuaciones posteriores de la incipiente academia, que
seguramente se fue desvaneciendo al faltarle el real favor. El error de estos
artistas fue creer que podían fundar una academia siguiendo el procedimiento
por el que se habían fundado las academias del Renacimiento, a impulsos de los
mismos artistas. Pero de ésto ya habían pasado doscientos años y en pleno siglo
del absolutismo no se podía emprender ningún proyecto que no contara de
antemano con la aprobación del rey. Mal le hubiera parecido a Fernando VI, en
caso de que hubiera llegado a enterarse que apenas dos años después de que
aprobara, tras muchos esfuerzos, la academia madrileña, (que) estos criollos
pretenciosos intentaran, por su cuenta, establecer una institución semejante.” [vi]
No obstante “… la semilla estaba sembrada, 25
años después, en 1778, llega a la Nueva España un señor de peluca y ceño
fruncido con aspecto severo. Este señor se llama Jerónimo Antonio Gil; es
acuñador de moneda y gestiona al Virrey y al mismo Rey Carlos III para fundar
algo muy deseado en la Ciudad de México: (La) ‘Academia de las Tres Nobles
Artes de San Carlos’. Como se ve: (los denominativos de) ‘Academia’ y ‘San
Carlos’ perduran.” [vii]
“Es
en 1781, con la aprobación de Carlos III, que la Academia abre sus puertas (en
el edificio ubicado en la esquina de Moneda y Academia, en contra esquina del
convento barroco de Santa Inés) con el nombre… según propuesta de Jerónimo
Antonio Gil y en honor de San Carlos Borromeo, santo italiano a quien se debe
la terminación del Concilio de Trento y las primeras medidas para su difusión
en la Iglesia.
“Sus
primeros 10 años los pasó la Academia en lo que hoy es el Museo de las
Culturas, también en la calle de Moneda y, al llegar (el año de) 1791,
conservando el nombre de ‘Academia de las Artes de San Carlos’ se instala en lo
que era ‘Hospital del Amor de Dios’ [viii]
con relevos en los directores de las diversas escuelas para esta decena de
años: Antonio González Velázquez (arquitectura); José Arias (escultura); Cosme
de Acuña y Troncoso (pintura); Ginés de Andrés y Aguirre (pintura) y Joaquín
Fabregat (grabado en lámina). [ix]
Finalmente:
“La Real Academia de Bellas Artes de San Carlos es una corporación cultural de
interés público y duración indefinida… reconocida por Real Despacho del rey Don
Carlos III, el 14 de febrero de 1768, por el cual el Rey crea y eleva al grado
de Real Academia de las Artes la Junta Preparatoria de sus fundadores,
establecida por Real Orden de 28 de febrero de 1765, rigiéndose por las normas
del Real Despacho y por los Estatutos aprobados por Real Decreto de 31 de
octubre de 1849, que la califica como Academia de primera clase, estando
asociada al Instituto de España desde el 1 de diciembre de 1987,
correspondiendo su alto patronazgo a su majestad el rey conforme al artículo 62
de la Constitución Española.” [x]
“Desde
1758, el rey Carlos III había encargado al grabador Jerónimo Antonio Gil,
Académico de Mérito de la de San Fernando de Madrid, la misión de establecer
una escuela de grabado en la Nueva España. El grabador emprendió el viaje
ultramarino bien provisto de libros, estampas, útiles y una valiosa colección
de camafeos griegos y romanos, para servir de modelos a la enseñanza. La
escuela inicial se instaló en la Casa de Moneda de la Ciudad de México en 1781.
Gil entusiasmó en corto tiempo a don Fernando José Mangino, Superintendente de
la Casa de Moneda, y propuso la encomienda encargada a Gil para llegar a fundar
una Academia, al Virrey Martín de Mayorga [xi],
quien a su vez lo remitió al monarca, autorizando como paso inicial la
constitución de una Junta Preparatoria. El propio Jerónimo Antonio Gil, en
funciones de Director y el célebre polígrafo y humanista José Ignacio
Bartolache ocupó la Secretaría.
“El
rey firmó el decreto de fundación de la Real Academia de las Nobles Artes, el
25 de diciembre de 1783 [xii],
concediendo a la Academia a perpetuidad nueve mil pesos anuales sobre las Cajas
Reales de México, incrementándose con otros cuatro mil del producto de las
temporalidades de las corporaciones de regulares extinguidos.
“La
Real Academia abrió sus puertas solemnemente el año de 1785, y se iniciaron los
estudios con extraordinario éxito. Varios artistas de este tiempo ayudaron con
sus conocimientos a la organización de la Academia y antes de que llegaran a
México los maestros europeos, encontramos trabajando en ella a los José Acíbar
y Francisco Clapera, así como el escultor Santiago Sandoval; en 1786, se nombró
primer director de arquitectura a Antonio González Velázquez; a Ginés de Andrés
y Aguirre, primer director de pintura, y segundo, a Cosme de Acuña; a José
Arias, director de escultura; y a Fernando Selma para el grabado de estampas,
además de Jerónimo Antonio Gil.” [xiii]
En
su aporte, Ricardo I. Prado Núñez abunda: “Entre sus múltiples propósitos, la
academia normaría las artes principales que se impartirían en ella:
arquitectura, pintura y escultura; sin descuidar la escuela de grabado, cuyo
fin primordial sería mejorar el diseño y la acuñación de moneda. Así entonces,
el monarca decretó el 25 de diciembre de 1783 la fundación de la Real Academia
de San Carlos de las Nobles Artes de la Nueva España. Debido a que la nueva
institución no tenía por qué empezar desde cero, era lógico tomar por ejemplo
la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid; fue entonces de la
Nueva España el honor de poseer el primer museo de arte y la primera academia
del continente americano.” [xiv]
Momento
de trascendental importancia y motivo para una serie de desacuerdo y fricciones
entre los artistas novohispanos: “En 1791, llegan de España a México dos
grandes artistas: Manuel Tolsá (escultura) y Rafael Ximeno y Planes (pintura). [xv]
Así, el 4 de noviembre de 1785 quedan solemnemente inaugurados los cursos de la
Academia, primera de su clase en el Nuevo Mundo, poco tiempo después, el Rey
otorgó el privilegio de titularla ‘Academia Real de San Carlos’, el uso de sus
reales armas en el edificio sede y la disposición de que a los académicos de
mérito que, por no disfrutar de título no tuvieran nobleza les reconocieran
todas las inmunidades, prerrogativas y exenciones de las que gozaban los hijosdalgo
de su reino.
“Los
artistas que vinieron a México a partir de 1846, con la renovación de la
Academia de San Carlos, por obra de Couto y Echeverría y especialmente dos
personajes capitales, Pelegrín Clavé y Manuel Vilar, venían de Roma, y es
indudable su contacto, ampliamente señalado por Justino Fernández y Salvador
Moreno, con la supervivencia nazarena [xvi] en la capital papal. Otro tanto puede decirse,
habida cuenta de las diferencias personales, del otro importante artista
mexicano, Juan Cordero, que regresó al país en 1854 después de su prolongada
estancia romana.
“Los
mexicanos solemos quejarnos de que, pese a toda la importancia que reconocemos
en la renovación de la hoy bicentenaria academia carolina, las enseñanzas que
se impartieron, y el partido que tomaron los artistas, haya sido el de la
supervivencia nazarena y no, en cambio, hubiera venido a México cualquiera otra
de las escuelas vivas en Europa de mediados del siglo, de Ingres a Delacroix, a
Courbert o al romanticismo alemán. Claro está que de lo pasado no puede uno
quejarse, sino tratar de entenderlo.” [xvii]
“Los
libros célebres de la arquitectura que contenían a los grandes teóricos y
estetas de este arte como Vitruvio, Vignola, Piranesi y otros grandes
arquitectos se llevan como guía en San Carlos; pero los profesores de México
solicitan a la Academia de San Fernando de Madrid se les manden publicaciones
como: Dibujo de Monteas, [xviii]
Cálculo de Arcos y Bóvedas, Técnica de la cimbra y del andamio, Sistemas
constructivos, además de otros libros prácticos…” [xix]
“Y
empieza el siglo XIX. Todo va bien, pero la flama de la Independencia Nacional
brillará de 1810 a 1821 para confirmarse la nueva nación mexicana que sigue, y
seguirá influenciada por la cultura hispana y otras expresiones europeas, más
no por el gobierno español.” [xx]
Ya
en 1811, iniciado y avanzado en conflicto bélico, la Real Hacienda retrasó los
pagos asumidos para omitirlos totalmente en el año de 1815, así, al
establecimiento le retiraron más de ciento veintisiete mil pesos, a más,
mediante oficio fechado el 20 de septiembre de 1815, el Tribunal del Consulado
comunica a la Institución la suspensión del subsidio, agravada la situación
cuando el Tribunal de Minería cesa el aporte correspondiente a partir del 13 de
noviembre del mismo año, momento en que, por su parte, la Real Hacienda
notifica su incapacidad para cubrir sus compromisos, incluidas las pensiones
vencidas.
En
el transcurso del año de 1816, el Ayuntamiento de Veracruz retira su donación a
la que siguen la suspensión correspondiente de los ayuntamientos de Córdoba y
Guanajuato.
Harto
de recibir continuas solicitudes de apoyo de las Instituciones similares a las
actividades de la Academia de San Carlos en la todavía Nueva España, Fernando
VII designa a su hermano Carlos María protector de todas las academias de su
reino, investidura que sólo genera un cúmulo innecesario e impracticable de
recomendaciones, con esto y los desajustes derivados de la recién terminada
guerra por la emancipación, el 21 de diciembre de 1821 la Academia da fin a sus
cursos.
Fracturado
el cordón umbilical que lo unía a una España que destruyera toda referencia al
pasado autóctono, con la unión de las fuerzas insurgentes y realistas en
Acatempan bajo el mando único de don Agustín de Iturbide y la definición de
éste como un “nuevo país libre y soberano”, con la caída del Imperio del
coronel coronado y la elección posterior de José Miguel Ramón Adaucto Fernández
y Félix —conocido en la historia mexicana con su nombre adoptado de Guadalupe
Victoria (29 de septiembre de 1786 – 21 de marzo de 1843)— en el ejercicio de
la primera presidencia en la nación republicana, propició, a través de la
creación del Museo Nacional la continua transformación de las instituciones
culturales mexicanas. Así, México, en búsqueda de “rostro y corazón”, de la
reivindicación de los valores locales en pro de la identidad propia, por medio
de un retroceso, busca y adecúa su pasado desdeñado por generaciones.
El
nuevo gobierno —de orden republicano— solicita, a la Junta de San Carlos,
informe del monto económico
correspondiente para reanudar sus labores. Ante ello, don Francisco Sánchez de
Tagle redacta el proyecto correspondiente en el cual asienta la cantidad de
ochocientos ochenta y seis pesos mensuales a los cuales el Gobierno ofrece
quinientos dieciocho pesos logrados del impuesto a la mitra metropolitana,
doscientos dieciocho pesos del Ayuntamiento de la Capital, recibidos irregularmente
y de a poco en poco.
Para
remediar la situación, el Congreso Mexicano, sin sustento en la precaria
realidad de un gobierno sin recursos, fijó una donación de trece mil pesos
anuales con cargo a la Tesorería General para paliar las demandas de los
propietarios del Hospital de San Andrés —dueños aún del edificio sede de la
Academia—, cubrir los sueldos de los maestros que emigraban hacia otras
actividades, la formación de verdaderos directores profesionales en su ramo
suplidos por personal con sueldo bajo, adquisición de los materiales
imprescindibles para el desarrollo de sus responsabilidades y cubrir las
pensiones de las viudas, entre muchos otros problemas y carencias que
provocaron la deserción de inscritos y profesionales, la decadencia académica
con su consecuente descenso en número y calidad en las obras de valor.
“La
Academia a partir de la Independencia fue un enclave de españoles que apoyados
en la logia masónica escocesa adquirieron fuerza política. El grupo conservador
surgió de ésta y aglutinó, además, a otros sectores. Sus miembros plantearon
las propuestas económicas y culturales que formularon en el año de 1835 con la
fundación del Instituto Mexicano de Geografía y Estadística, la Academia de la
Lengua, la Academia nacional de Historia y más tarde, con su intervención
directa en las reformas de 1843 a la Academia de Bellas Artes de San Carlos.” [xxi]
“La
reputación artística del mexicano se remonta al arte prehispánico, que habiendo
sido rechazado por los estudiosos de las culturas en la época virreinal, fue
lentamente acogida por propios y extraños al percatarse, paulatinamente, de los
valores artísticos inherentes a las obras precolombinas.” [xxii]
“Es
insoslayable que la crisis político-social trastorne a nuestra Academia. Ese
lapso de tiempo va de 1811 a 1834; pero como ‘no hay mal que dure 100 años’, la
Academia de San Carlos resurge y vuelve a ser el centro de las artes plásticas
en México. Ahora se va a llamar: Academia Nacional de San Carlos. Será el
tristemente célebre General Santa Anna, quien le ‘eche una mano’ a San Carlos
en 1843 y en una quincena de años se repone San Carlos con gente como el pintor
Pelegrín Clave y el escultor Manuel Vilar. En 1858, hace 140 años, Javier
Cavallari mejora el Plan de Estudios de Arquitectura. El alumno aprenderá qué
es eso de ‘Ordenes Clásicos’ pero también conocimientos de proyecto y
construcción.” [xxiii]
“Al
consumarse la Independencia de México, los políticos regionales fundaron la
logia de rito yorkino, antagónica a la de rito escocés. Los yorkinos contaron
con el apoyo de Joel R. Poinsett, representante diplomático estadounidense,
quien le imprimió a la agrupación una manifiesta y agresiva tendencia
antihispanista, muy acorde a la Doctrina Monroe.
“Por
su parte, la logia escocesa defendía los intereses de los antiguos grupos de
propietarios y comerciantes que, junto con el alto clero y los militares,
habían impulsado la Independencia en 1821 y favorecían una reorganización
política centralista que les permitiera restaurar su antiguo poder. Pretendían
aplicar un proyecto destinado a recuperar el control de la economía desde la ciudad
de México…
“La
orientación ideológica del ministro (Lucas) Alamán [xxiv]
coincidía con la de los europeos: a favor del centralismo y en contra del
expansionismo estadounidense. El presidente Victoria, de carácter conciliador,
pretendía mantener en su gabinete un equilibrio entre las facciones contrarias.
Sin embargo, Poinsett utilizó su influencia sobre los yorkinos en el poder,
para provocar la caída de Alamán, quien se vio obligado a renunciar al cargo en
1825.
“El
antagonismo entre centralistas y federalistas provocó continuos levantamientos;
entre ellos el de Nicolás Bravo, vicepresidente y al mismo tiempo dirigente de
la logia escocesa, quien se pronunció en 1827 contra de Guadalupe Victoria.
Bravo expidió un plan que exigía el cumplimiento de la Constitución, la
disolución de toda clase de reuniones secretas y la expulsión de Poinsett. El
argumento principal para pedir la repatriación del ministro estadounidense era
la influencia nociva que, como protestante, estaba ejerciendo sobre el
catolicismo mexicano.” [xxv]
“Vicente
Guerrero encabezó al partido yorkino y comenzó a figurar como bandera del
partido popular. Cuando Nicolás Bravo, jefe del partido escocés, se alzó en
armas contra el gobierno de Victoria, en 1828, Guerrero lo batió en
Tulancingo.” [xxvi]
“Entre
1824 y 1825 la lucha por el poder político giró alrededor de las llamadas
‘logias masónicas’. Inicialmente éstas habían sido sociedades secretas de
conspiradores durante los últimos años de la Guerra de Independencia.
Posteriormente se convirtieron en agrupaciones de tipo político que hacían las
veces de partidos y fueron la base sobre la que surgirían más larde los dos más
importantes para el siglo XIX: ‘los liberales’ y ‘conservadores’. En estos años
el debate fue más bien en el piano de las ideas políticas: unos se inclinaban
por una república federal de tipo más bien democrático, los otros pugnaban por
una república centralista, con fuerte gobierno central.” [xxvii]
“Recién
consumada la Independencia de México, en 1821, la sociedad mexicana enfrenta el
debate político fundamental de su historia: decidir si el nuevo país se
constituye en una república centralista o en una federalista. La masonería
desempeña, desde entonces, un papel crucial en la historia mexicana; el llamado
‘rito escocés’, integrado por españoles peninsulares y algunos criollos
deseosos de mantener los privilegios virreinales, se pronuncia por un esquema
de organización política centralista. Los mestizos —la clase social emergente—
deciden luchar por un modelo de república federal y se agrupan en el Rito York.
Ambos sistemas de masonería se convierten en auténticos partidos políticos y
según cuenta don José María Mateos en su Historia de la Masonería en México:
1806-1884, pronto las Logias dejaron de ser tales y se convirtieron en camarillas
de poder y de influencia. Los rituales y el simbolismo masónico desaparecieron
para constituirse en auténticos partidos políticos en los que ser escocés
significaba ser centralista, y ser yorkino, federalista. Había masones
escoceses y yorkinos en calidad de diputados al Congreso y el debate era tan
fuerte que la fraternidad dejó de ser tal ante la lucha por el poder y el
triunfo de uno de los dos proyectos. Ganó, finalmente, el proyecto de nación
federal, es decir, el partido yorkino.” [xxviii]
“En
1843 el entonces Presidente Antonio López de Santa Anna convocó, con el apoyo
de la Academia de San Carlos, un concurso para seleccionar un proyecto para
erigir un monumento a la Independencia. Las bases del concurso solicitaban que
el proyecto contemplara las siguientes características: que sea un monumento
basado en una columna honoraria con una altura mínima de 42 metros rematada por
una estatua de la Victoria alada (Niké), a cuyo pie esté una base o pedestal
adornada por estatuas y bajorrelieves, todo rodeado por una reja y otros
monumentos menores que adornaran la plaza, todo recubierto de mármol, con
estatuas y adornos de bronce.
“A
este concurso concurrieron participantes nacionales y extranjeros, ganando el
proyecto el arquitecto francés Enrique Griffon, quien fue seleccionado por los
jueces de la Academia de San Carlos. Al presentársele el proyecto al presidente
Santa Anna, éste no lo consideró adecuado y designó como ganador el proyecto de
Lorenzo de la Hidalga, que era más de su gusto, aunque hubiera quedado en
segundo lugar. El premio al primer lugar de 300 pesos se entregó al francés
Griffon y se iniciaron los trabajos para construir el proyecto de Lorenzo de la
Hidalga.” [xxix]
“En
repetidas ocasiones se ha hablado de que la Academia de San Carlos se encontró
desvinculada de la historia nacional, de la conformación del país. Esta
afirmación es por demás falsa y sólo resulta admisible cuando se le quiere ver
desde la perspectiva de una historia político-militar.” [xxx]
“Tanto
liberales como conservadores entendieron la cultura [xxxi]
como un vehículo para educar, unificar y dar rostro a la Nación que había
surgido del movimiento de Independencia. Dentro del proyecto de educación, la
cultura y el arte fueron considerados como medios para mejorar la sociedad, la
cual a los ojos de unos y otros debería ser transformada para lograr una nación
libre, moderna y progresista, que estuviera a la altura de las otras naciones
con las que mantuviera relaciones…” [xxxii]
Los
productos de la Lotería acordados por el gobierno de Antonio de Padua María
Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón en favor de la Academia propició
una etapa de florecimiento en número y calidad artística. Esos ingresos de la
Lotería, a la par de beneficiar a la Academia de San Carlos, benefició además a
hospicios y casas de asistencia lo que generó una gran tentación en los
gobiernos que le sucedieron cuya apropiación afectó nuevamente la economía de
la institución.
En
el transcurso del año de 1861, la Junta Suprema de Gobierno dejó su
responsabilidad a cargo de un director, el primero de ellos ya bajo ese régimen
fue Santiago Rebull bajo la circunstancia de que al suprimir la Lotería de San
Carlos la Academia dependía del Ministerio de Instrucción Pública e el momento
de la presidencia de don Benito Juárez.
Ya
en el momento del Segundo Imperio Mexicano, por elección de Napoleón II viene a
México un Habsburgo, en este caso, el hermano del Emperador austro-húngaro
Francisco José, Ferdinand Maximilian Joseph Marie von Habsburg-Lorraine con el
título de Maximiliano I de México: “Para decorar esos vastos salones,
Maximiliano mandó pintar una serie de retratos a los artistas de la Academia de
San Carlos, con los que rendiría homenaje tanto a héroes conservadores como
liberales. En su afán de armonizar incluyó a Iturbide, como parte de los héroes
que habían logrado la Independencia. En su proyecto pictórico no olvidaba a los
virreyes que pertenecieron a la rama dinástica de sus parientes los Habsburgo y
desde luego varios de él mismo y de la emperatriz Carlota, algunos de grandes
dimensiones. Uno de sus favoritos era el que realizó Jean Adolphe Beauce, en
que el emperador aparece montado en un brioso caballo blanco, portando el
uniforme de un general del ejército mexicano y rodeado de gente del pueblo que,
arrodillados junto a un nopal, lo ven pasar con admiración.
“…el
imperio exaltaba tanto la tradición revolucionaria insurgente —enaltecida por
los liberales como la del Plan de Iguala: para la Galería de las Pinturas en
Palacio Nacional, Maximiliano encargó a los artistas de la Academia de San
Carlos, a través de Santiago Rebull, retratos de los próceres de la
independencia: Miguel Hidalgo, Agustín de Iturbide, José María Morelos, Mariano
Matamoros, Vicente Guerrero e Ignacio Allende.” [xxxiii]
“La ciudad de México había
querido dedicar un arco de mármol a Carlota. Los emperadores prefirieron que el
dinero se invirtiera en un monumento a la independencia: un dado de mármol con
una columna de 50 varas de altura, con estatuas de Hidalgo, Iturbide, Guerrero
y Morelos.” [xxxiv]
“El
tiempo no le alcanzó para ver concluido el ambicioso proyecto; sin embargo, sí
alcanzaron a realizarse varios retratos que aún podemos ver en Palacio Nacional
y otros en el Museo Nacional de Historia, que se encuentra en el Castillo de
Chapultepec. Algunos son de muy buena factura, como los que pintó Petronilo
Monroy, de Morelos y de Iturbide, el de Miguel Hidalgo, obra de Joaquín
Ramírez, y el de Vicente Guerrero, de Ramón Sagredo.” [xxxv]
“(Javier) Cavallari restaura la fachada de San
Carlos y llega de Italia Eugenio Landesio. Otro genio, tal vez superior a
Landesio, es el mexicano José María Velasco que abarca toda la época porfiriana
hasta 1912, año de su fallecimiento. Pero Landesio y Velasco son pintores.
Surgen también escultores. Hay también arquitectos de relieve como Carlos M.
Lazo y Antonio Rivas Mercado. Este último, autor de la columna del Ángel de la
Independencia. Lazo, siendo director, trajo a México copias de las más
significativas esculturas clásicas griegas y romanas, como la Victoria de
Samotracia.” [xxxvi]
Al
derrumbe del Imperio de Maximiliano, don Benito Juárez reorganizó la educación
primaria y superior por medio de la Ley Orgánica de Instrucción Pública en el
Distrito Federal emitida con fecha del 2 de diciembre de 1867.
“Escuela
de ingenieros:
“(Artículo)
12. En esta escuela se enseñarán las siguientes materias:
“Para
ingenieros de minas.- Mecánica aplicada especialmente á las minas y á la
construcción, topografía, química aplicada, análisis química, mineralogía,
metalurgia, geología, paleontología, botánica y zoología, pozos artesianos,
ordenanzas de minería, práctica de minas.
“Para
ingenieros mecánicos.- Mecánica aplicada con toda extensión, comprendiendo
resistencia de materiales, construcción de máquinas, establecimiento de
motores, etc(étera). Dibujo lineal, especialmente aplicado á las máquinas,
práctica.
“Para
ingenieros civiles.- Mecánica aplicada á las construcciones, estudio especial
de los materiales de construcción, dibujo arquitectónico, que comprenda todos
los estilos, composición de edificios, historia de la arquitectura, caminos
comunes y caminos de fierro, construcción de puentes y canales, práctica.
“Para
ingenieros topógrafos é hidromensores.- Topografía con toda extensión, dibujo
topográfico, hidráulica, geodesia, elementos de astronomía práctica, ordenanzas
de tierras y aguas, práctica.
“Para
ingenieros geógrafos é hidrógrafos.- Topografía y geodesia con toda extensión,
cálculo de las probabilidades aplicado á las ciencias de observación,
astronomía con toda extensión, hidrografía y física del globo, dibujo
topográfico y geográfico, práctica astronómica en observatorio.
“…
“Escuela
de bellas artes:
“(Artículo)
14. En esta escuela se enseñarán las siguientes materias:
“Estudios
comunes para los escultores, pintores, grabadores y arquitectos.- Dibujo de la
estampa. Dibujo de ornato. Dibujo del yeso. Dibujo del natural. Perspectiva
teórico-práctica. Ordenes clásicos de arquitectura. Anatomía de las formas,
(menos para los arquitectos) con práctica en el natural y en el cadáver.
Historia general y particular de las bellas artes.
“Estudios
para el profesor de pintura.- Claro-oscuro. Copia. Natural. Composición.
“Estudios
para el profesor de escultura. – Copia Natural. Composición Práctica. Estudios
para profesores de grabados en lámina, hueco y madera.- Copia. Natural.
Composición. Práctica. Todos los grabadores en lámina y en madera, seguirán los
cursos de pintura, y los de hueco tendrán la obligación de seguir el modelado en
la escultura.
“Estudios
para el profesor de arquitectura.- Copia de toda clase de monumentos,
explicando el profesor el carácter propio de cada estilo. Geometría descriptiva
aplicada. Mecánica aplicada á las construcciones. Geología y mineralogía
aplicada á los materiales de construcción. Estática de las construcciones.
Estática de las bóvedas y teoría de las construcciones. Arte de proyectar.
Dibujo de máquinas. Estática de las bellas artes, é historia de la arquitectura
explicada por los monumentos. Conocimiento de los instrumentos topográficos y
su aplicación á la práctica.
Arquitectura legal.” [xxxvii]
Mediante
decreto, el 24 de enero de 1868 quedó promulgado el Reglamento de Ley y con
fecha del 15 de mayo de 1869 queda establecida una nueva Ley Orgánica de la
Instrucción Pública en el Distrito Federal.
“Escuela
de Ingenieros.
“(Artículo)
13º.- En esta escuela se enseñarán las materias siguientes: Para todos los
ingenieros: Curso superior de matemáticas, comprendiendo la álgebra superior y
cálculo infinitesimal, geometría analítica y geometría descriptiva.
“Para
los ingenieros de minas: Mecánica analítica y aplicada, geodesia y astronomía
práctica, topografía, dibujo topográfico y de máquinas, química aplicada y
análisis químico, incluyendo la docimasia, [xxxviii]
mineralogía, geología y paleontología, pozos artesianos, estudios teórico
prácticos de labores de minas y metalurgia, ordenanzas de minería.
“Para
los ingenieros mecánicos: Mecánica analítica y aplicada, dibujo de máquinas.
“Para
los ingenieros topógrafos: Topografía, teoría y práctica del dibujo
topográfico, mecánica analítica, geodesia y elementos de astronomía práctica.
“Para
los ingenieros civiles: Topografía, teoría y práctica del dibujo topográfico,
mecánica analítica y aplicada, conocimiento de materiales de construcción y de
los terrenos en que deben establecerse las obras, estereotomía, dibujo
arquitectónico, mecánica de las construcciones, carpintería de edificios,
caminos comunes y de hierro, puentes, canales y obras en los puertos,
composición.
“Para
los ingenieros geógrafos e hidrógrafos: Topografía, hidráulica, mecánica
analítica, geodesia, teoría y práctica del dibujo topográfico y del geográfico,
astronomía teórico-práctica, hidrografía y física matemática del globo.
“Para
los ingenieros arquitectos: Los mismos estudios. Los mismos estudios que para
el ingeniero civil, menos caminos comunes y de hierro, puentes, canales y obras
en los puertos. Cursarán, además, en la Escuela de Bellas Artes, lo que se dirá
al tratar de esta última.
“Para
los ensayadores y apartadores de metales: Álgebra superior y cálculo
infinitesimal, geometría analítica, análisis químico, incluyendo la docimasia,
mineralogía.
“Escuela
de Bellas Artes
“(Artículo)
14º.- En esta escuela se enseñarán las siguientes materias:
“Estudios
comunes para los escultores, pintores y grabadores.
“Dibujo
de la estampa, ídem de ornato, ídem del yeso, ídem del natural, perspectiva
teórico-práctica, órdenes clásicas de arquitectura, anatomía de las formas
—menos para los arquitectos— con práctica en el natural y en el cadáver,
historia general y particular de las bellas artes.
“Estudios
para el profesor de pintura: Claro-oscuro, copia, natural, composición.
“Estudios
para el profesor de escultura: Copia, natural, composición y práctica.
“Ídem
para los profesores de grabados en lámina, hueco y madera.
“Copia,
natural, composición, práctica. Todos los grabadores en lámina y en madera,
seguirán los cursos de pintura y los grabadores en hueco tendrán la obligación
de seguir la clase del modelado en la escultura.
“Ídem
para el profesor de arquitectura. Copia de toda clase de monumentos, explicando
el profesor el carácter propio de cada estilo, composición de las diversas
partes de los edificios, arte de proyectar, estética e historia de las bellas
artes y principalmente de la arquitectura, arquitectura legal y formación de
presupuestos y avalúos.” [xxxix]
“En
1929, año de la autonomía de la Universidad Nacional de México, se divide
oficialmente en Escuela Central de Artes Plásticas y Escuela Nacional de
Arquitectura (”Academia de San Carlos” de hecho sigue vigente). [xl]
“En
1948, Enrique del Moral hace un inteligente ajuste al Plan de Estudios y el 11
de diciembre de 1953, todo, menos los museos y la Escuela de Artes Plásticas de
San Carlos, emigra hacia Ciudad Universitaria; la Escuela Nacional de
Arquitectura es ahora la Facultad de Arquitectura. El Museo de San Carlos pasa
al INBA y el hermoso edificio de la Academia queda para los posgrados de la
Escuela Nacional de Artes Plásticas y las licenciaturas son trasladadas a las
funcionales instalaciones en Xochimilco.” [xli]
“Se ha dicho reiteradamente que las academias
son reminiscencias del pasado y que, como otras instituciones, se han vuelto
inútiles por los cambios de la cultura… Sin embargo, si bien es cierto que, en
la actualidad se encuentran en crisis, ésta puede ser superada, ya que las
academias tienen por delante una función válida que cumplir: establecer los
valores permanentes en relación con los cuales se pueden evaluar las corrientes
del cambio.
“… Acaso dejarán de ser torres
de marfil y fortalezas del pasado, para establecer una vinculación profunda y
estrecha con las fuerzas del presente; tal vez sirvan para auspiciar
transformaciones, o para señalar criterios que orienten acerca del significado
y el valor de los hechos artísticos, o puedan ayudar a despertar la
sensibilidad y la percepción del público, y hacerlo capaz de distinguir lo que
es innovación y expresión auténtica de la creatividad humana en el arte, de lo
que es solamente intento frustrado o mera destrucción.” [xlii]
En la Academia de San Carlos,
con más o menos fortuna, a tiempo o con retraso, las tendencias artísticas
surgidas en el transcurso de las eras enfrentaron a directivos y estudiantes, a
las autoridades y patronazgos, al final, hechura humana, sufrió y sufre las
tensiones derivadas de las situaciones humanas en conflicto.
Con
el sello de sus protagonistas.
Maestros,
directivos, alumnos no siempre de acuerdo ni en sintonía dan esplendor a la
Historia de la Institución: Jerónimo Antonio Gil, Miguel Costanzó, Cosme de
Acuña y Troncoso, Ginés de Andrés y Aguirre, Rafael Ximeno Planes, José Arias,
Antonio González Velázquez, Manuel Tolsá, Joaquín Fabregat, Pedro Patiño
Ixtolique, Mariano Perusquía, José María Vázquez, José Antonio Castro, Atanasio
Echeverría, José Perovani, Felipe Fabris, José Damián Ortiz de Castro, Ignacio
Castera, José Antonio González Velázquez, José Luis Rodríguez Alconedo
(introductor de la técnica del “pastel” en México, independentista en las
fuerzas de Morelos, fusilado en Apan), Francisco Eduardo Tresguerras, José
Gutiérrez, José del Mazo y Avilés, Joaquín Heredia, José Agustín Paz, José
María Echandía, José Buitrón y Velasco, Manuel Peredilla, José Eligio
Delgadillo, Joaquín Frabegat, Dionisio Sancho, Pedro Vicente Rodríguez, Manuel
Ardoz, Pelegrín Clavé, José Salomé Pina, Manuel Vilar, Martín Soriano, Juan
Bellido, Felipe Sojo, Juan Bellido, Felipe Sojo, Pedro Patiño, Agustín
Barragán, Amado Rosete, Luis Paredes, Epitacio Calvo, Miguel Noreña, Javier
Cavallari, Antonio M. Anza, Mariano Soto,
Manuel Tellez Pizarro, Antonio Torres Torrija, Francisco Álvarez, Lorenzo de la
Hidalga, Santiago Magaly, Sebastián Navaleón, Jorge Agustín Periam, Bernardo
Couto, Ventura Enciso, Miguel Pacheco, Luis G. Campa, Eugenio Landesio, Luis
Coto, José Jiménez, Gregorio Dumaine, Salvador Murillo, Félix Parra, José María
Velasco, Juan Cordero, Santiago Rebull, Antonio Rivas Mercado, Gerardo Murillo
(Dr. Atl), Rodrigo Gutiérrez, Hermenegildo Bustos, Miguel Cabrera, Bulmaro
Guzmán, Julio Castellanos, Alfredo Zalce, Benjamín Coria, Antonio Rodríguez
Luna, José Chávez Morado y Luis Sahagún… y muchos más, nombres, tendencias, aportes,
incompatibilidades, contradicciones y convergencias en una institución con 234
años de vida humana compleja y nada fácil.
El
rostro de La Academia.
“La fachada de la
Academia es una obra notable. En estilo renacentista italiano, consta de dos
cuerpos, alto y bajo; siendo este último un conjunto con seis ventanas con
jambas [xliii]
y cerramientos rectos de cantera. Está dividido simétricamente por un paño
saliente coronado con un balcón con balaustrada de bronce y un portón de
entrada con arco de medio punto, flanqueado por dos columnas pareadas a cada
lado con fuste construido en cantera de Chiluca; poseen también, capitel
corintio y basas de mármol de Carrara. De este cuerpo bajo, rematado por una
cornisa corrida, se desplanta el segundo nivel cuyas ventanas (a excepción de
la central, adornada con un copete moldurado), tienen un alfeizar con roleos y
un sencillo cerramiento de arco de medio punto. Destacan sobre la fachada seis
medallones circulares, cuatro en el primer cuerpo con las efigies en relieve de
Gerónimo Gil, Fernando Mangino, Manuel Tolsá y Carlos III, y los del cuerpo
alto que representan a los artistas del Renacimiento Miguel Ángel Buonarroti y
Rafael Sanzio.” [xliv]
Las obras de restauración para la fachada de la Academia corresponde al
arquitecto Javier Cavallari quien la
inicia en el periodo de 1863 a 1864, terminadas hasta los años sesenta del
siglo XIX.
“Fue en 1858 cuando el
arquitecto italiano Javier Cavallari (en realidad, Francesco Saverio Cavallari [Palermo, Italia. 1809–1896]) quien había sido contratado
como director de la Academia, emprendió los trabajos que ampliaron y
modificaron el viejo hospital, y que dieron por resultado el hermoso edificio
que todavía podemos admirar. La fachada principal, de gusto clásico renacentista,
es almohadillada; está adornada con medallones y un nicho que contiene una
copia de la escultura de San Jorge, de Donatello. El original de bronce fue un
obsequio del gobierno de Italia al de México por el Centenario de la
Independencia. Hace cerca de un lustro era el que estaba en el nicho, hasta que
un vendedor ambulante que amarraba su tenderete del cuello de la escultura tuvo
a bien degollarlo. Ya restaurada se custodia en la biblioteca… En el interior
sí se concluyeron los arreglos, dando como resultado un amplio patio en estilo
neoclásico, con columnas en sus dos plantas. Lo cubre una bóveda de hierro y
cristal que diseñó en 1912 el arquitecto Antonio Rivas Mercado.” [xlv]
La
hermosa Galería.
Un palacio
neoclásico preserva la riqueza de su historia: El Museo Nacional de San Carlos —Puente
de Alvarado número 50, Colonia Tabacalera—: originalmente “Palacio del Conde de
Buenavista”.
“La
construcción del edificio del Museo Nacional de San Carlos se llevó a cabo a
finales del siglo XVIII y principios del XIX y se le atribuye al arquitecto y
escultor valenciano Manuel Tolsá… La historia del edificio se remonta al
encargo realizado por la marquesa de Selva Nevada, María Josefa Rodríguez de
Pinillos y Gómez de Bárcena, para entregarlo como patrimonio a su hijo José
junto con el título de Conde de Buenavista.
“A
lo largo del siglo XIX sirvió de residencia para distintos personajes de la
historia de México. Ya en el siglo XX,
el edificio tuvo fines distintos a los residenciales. Por ejemplo, fue
sede de la Tabacalera Mexicana [xlvi],
de la Lotería Nacional y de la Escuela Nacional Preparatoria N° 4, entre otros.
Finalmente en 1968 el edificio es cedido al Instituto Nacional de Bellas Artes
y es destinado a albergar la colección de arte europeo antes resguardada por la
Escuela Nacional de Bellas Artes (antigua Academia de San Carlos).” [xlvii]
Las
Fundaciones.
(Con
algunas variantes en las fuentes quede este conjunto a manera de acercamiento.)
Academia de diseño
de Florencia (1563 reorganizada en 1784)
), Roma (1587), París (1648), Utrecht (1676), Nüremberg (1678), Viena
(1692 reorganizada en 1770), Berlin y Charlottenburg (1696), Nancy (1702),
Bolonia (1709), Ausburg (1710), Londres (1711, Bruselas —Brüssel en alemán,
Bruxelles en francés, Brussel en neerlandés— (1711), Bordeaux (1712), Amsterdam
(1718), San Petersburgo (1724), Toulouse (1726), Estocolmo —Stockholm— (1735),
Ferrara (1737), Montpellier (1738), Rouen (1741), Tournai (1746), København—
Copenhaguen—, Luca y Reims ((1748), Gante (1748), Dresden y Beauvais ((1750),
Toulouse y Amberes (1750), Génova y Ginerbra (1751), San Fernando de Madrid,
Marseille, Manheim y Mantua (1752), San
Carlos de Valencia y Glasgow (1753), Academia Capitolina de Roma (1754), Lille
(1755), Nápoles y Bayreuth (1756), Venecia, Mainz y Lyon (1757), Nantes (1757),
Le Mans (1757), Amiens y Ámsterdam (1758), Tours y Malines (1761), Grenoble y
Stuttgart ((1762), Parma (1763), Saint Omer, Dusseldorf y Dijon ((1767), San
Carlos en Valencia y London (1768), Carrara y Bruselas? —Bruxhelle, rebautizada
como Imperial y Real Academia de Ciencias y Letras de Bruselas, en 1772—
(1769), Aix, Arràs y Douai (1770),
Poitiers y Ohringen (1771), Erfurt (1772), Zurich, Troyes, Rotterdam, Oudenaard,
Besançon, Zweinbrücken y Lieja (1773), Frankfurt, Leipzig, Weimar y Munich —
München— (1774), Barcelona —Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant
Jordi— (1775), Milán (1776), Cassel (1777), Edinburgh, Turín, Yprés,
Middelburg, Zaragoza y La Haya (1778),
Valladolid, Augsburg y Bayonne (1779), Mons y Real Academia de San Carlos de
Nueva España [Academia Nacional de San Carlos de México en 1821] (1781), Chatelleraul
y Langres (1782), Academia Imperial de San Carlos de México en 1863, Escuela
Nacional de Bellas Artes en 1867—, Macon, Saint Quintin y Valenccienes (1783),
Toulon, Módena, Karlsruhe y Orleans (1786), Gotha (1787), Cádiz (1789),
Zaragoza (1792)…
Notas:
[i]Edición conmemorativa 70 aniversario, 2006 del
Fondo de Cultura Económica basado en la primera edición del mismo FCE publicada
en 1947.
[ii] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[iii] Academia de
San Carlos documento (132.248.9.195/pdtestdf/0310098/A4.pdf)
Capítulo I. La fundación de la Academia de San Carlos.
[iv] Ídem.
[v] Ibídem.
[vi] Ibídem.
[vii] Ibídem.
[viii] El Hospital
Real del Amor de Dios, fundado en 1539 por el franciscano Juan de Zumárraga
(Durango, Vizcaya, 1476 - México, 1548), primer obispo novohispano a partir de
1528.
[ix] Ibídem.
[x] realacademiasancarlos.com
[xi] El Mariscal
de Campo y Caballero de la Orden de Alcántara, Martín de Mayorga y Ferrer
(Barcelona, 12 de septiembre de 1721 - Cádiz, 1783), fue el 47º virrey de Nueva España en el periodo del
23 de agosto de 1779 al 28 de abril de 1783.
[xii] Ya en
tiempos del efímero 48º Virrey de Nueva España, del 29 de abril de 1783 al 3 de
noviembre de 1784. “Matías de Gálvez y Gallardo (Málaga, España 1717- Ciudad de
México 1784). Hombre ambicioso, sin cultura, inició su gobierno en 1783. El
pueblo aseguraba que había mandado a envenenar a su antecesor…”. arts-history.mx Le sucedió su hijo
Bernardo de Gálvez y Madrid, 49º Virrey de Nueva España en otro periodo
efímero, del 17 de junio de 1785 hasta su muerte (con sospecha de
envenenamiento) en Tacubaya, el 30 de noviembre de 1786.
[xiii] Elizabeth
Fuentes Rojas. La Academia de San Carlos
y los constructores del Neoclásico. Primer catálogo de dibujo arquitectónico
1779-1843, páginas 14 y 15. Universidad Nacional Autónoma de México, 2002.
[xiv] Ricardo I.
Prado Núñez. Doctor en Arquitectura. La
Academia de San Carlos. aapaunam.mx/revista oct-dic
[xv] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xvi] A esta
corriente artística (nazarena) la ejemplifica notoriamente el trabajo titulado
Italia y Germania de Johann Friedrich Overbeck (Lübeck, 3 de julio de 1789 –
Roma, 12 de noviembre de 1869), óleo sobre tela de 104.7 x 94.4 centímetros con
realización 1811 a 1828 y resguardada en el Neue Pinakothek (Minich).
“Nazarenos. Grupo de pintores
alemanes de comienzos del siglo xix, defensores de la función religiosa y moral
del arte y del retorno a los ideales de la Edad Media. El núcleo del grupo se
estableció en 1809 cuando seis estudiantes de la Academia de Viena
constituyeron una asociación llamada Hermandad de San Lucas (Lukasbrüder), en
referencia al patrono de los pintores. El nombre de Nazarenos les fue otorgado
irónicamente debido a su predilección por las vestiduras y peinados bíblicos.
Deseaban revivir el ambiente de trabajo y la sincera espiritualidad de la Edad
Media, y vivieron y trabajaron juntos de una forma cuasi monástica. En 1810,
Overbeck, Pforr y otros dos miembros se trasladaron a Roma, donde ocuparon el
abandonado monasterio de San Isidoro. Allí se les unió Peter von Cornelius y
otros. Uno de sus propósitos era resucitar la pintura monumental al fresco, y
tuvieron la suerte de obtener dos importantes encargos que hicieron su obra
famosa internacionalmente (Casa Bartholdy, 1816--1817; hoy, las pinturas están
en los Staatliche Mus. de Berlín; Casino Massimo, Roma, 1817-1829).
Estilísticamente remiten a Perugino, y muestran la claridad del color y el
dibujo, así como la tendencia al abigarramiento y la insipidez que caracterizan
su obra.” arts4x.com
“Nazarenos
es el nombre por el que la gente con humor conocía en Roma a un grupo de
artistas germanos que vivían en comunidad y que llevaban el pelo largo y con la
raya en medio, peinado a la nazarena, que recordaba a Cristo. Se trataba de la
Hermandad de San Lucas, fundada en 1809 en Viena por alumnos de la Academia que
en ese mismo año se trasladaron a Roma, donde llevarán juntos un régimen de
vida propio de santurrones. En 1810 se instalaron en el monasterio de San
Isidoro. Los fundadores fueron, entre otros, Johann Friedrich Overbeck
(1789-1869) y Franz Pforr (1788-1812), pero pronto se les unirá un sinfín de
pintores centroeuropeos, entre los que se encontraban Peter Cornelius
(1783-1867), Friedrich Olivier (1785-1841), Wilhelm Schadow (1788-1862), Julius
Schnorr von Carolsfeld (1794-1853) y C. Ph. Fohr (1795-1818). También el viejo
J. A. Koch guardó relación con el grupo. La actividad nazarena tiene muchos
síntomas de extravagancia. En realidad era el descontento causado por la
trivialidad de las enseñanzas académicas lo que impulsó a los fundadores a una
suerte de militancia estética en favor de valores artísticos auténticos, de
experiencias de extatismo artístico como las que, con absoluta ingenuidad,
contaba Wackenroder que habían tenido los verdaderos artistas en su novela
entusiasta de 1797 Efusiones del corazón de un monje amante del arte. La
Hermandad de San Lucas trató de asimilar a Rafael y a los primitivos italianos
y alemanes a través de una lectura melindrosa del tipo del entendimiento
artístico de Wackenroder y L. Tieck. Como las virtudes espirituales parecían un
ingrediente imprescindible del auténtico artista primitivo, el ideario nazareno
fue el de un arte confesional. Eran frecuentes las conversiones al catolicismo
entre los miembros, pues aspiraban a ser visitados por la Musa al recibir la
Comunión y quizá también a recibir algún encargo de la Iglesia.” Virginia Tovar
Martín. “Los nazarenos y la recuperación
de la historia.” artehistoria.jcyl.es
[xvii] Jorge
Alberto Manrique. Comentario a “Nazareni, accademici di San Luca e purisiti nel
primo ottocento romantico a Roma”, Corrado Maltese. Página 83 Las Academias de
Arte. (VII Coloquio Internacional en Guanajuato). Universidad Nacional Autónoma
de México. 1985.
[xviii] Montea: 1
s. f. Acción de montear.montea2 s. f. Dibujo a tamaño natural de un elemento
arquitectónico realizado cerca de su lugar de emplazamiento para que sirva como
guía a la hora de construirlo. Diccionario
Manual de la Lengua Española Vox. © 2007 Larousse Editorial, S.L
[xix] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xx] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xxi] Esther
Acevedo, Rosa E. Casanova, Estela Eguiarte y Eloísa Uribe. El patrocinio de la
Academia y la producción pictórica, 1843-1857. Páginas 95 y 96. Las Academias
de Arte. (VII Coloquio Internacional en Guanajuato). Universidad Nacional
Autónoma de México. 1985.
[xxii] Dr. Octavio
Rivero Serrano. Rector de la Universidad nacional Autónoma de México. Páginas
12 y 13. Las Academias de Arte. (VII Coloquio Internacional en Guanajuato).
Universidad Nacional Autónoma de México. 1985.
[xxiii]Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xxiv] Lucas
Alamán y Escalada (Guanajuato, 1792- Ciudad de México, 1853) Insigne historiador
y político de sesgo conservador mexicano: Es conocida su oposición al
movimiento iniciado por don Miguel Hidalgo y Costilla y su participación en la
muerte del general don Vicente Guerrero, cargo del que se le exoneró ante una
defensa desarrollada por él mismo.
[xxv]bicentenario.gob.mx
[xxvi] bicentenario.tamaulipas.gob.mx
[xxvii] Guadalupe
Victoria. Serie de cuadernos conmemorativos (Número 15). Instituto Nacional de
Estudios Históricos de la Revolución Mexicana (INEHRM). Comisión Nacional para
las celebraciones del 175 aniversario de la Independencia nacional y 75
aniversario de la Revolución Mexicana. 1985. Página 11.
[xxviii] Q.H.
Cuauhtémoc D. Molina García. Benito Juárez y el pensamiento masónico. freemasons-freemasonry.com
[xxix] Escuela
Nacional de Artes Plásticas (1929). Salvador Toscano. Cometario, Página 32. Las
Academias de Arte. (VII Coloquio Internacional en Guanajuato). Universidad
Nacional Autónoma de México. 1985.
[xxx] Esther
Acevedo, Rosa E. Casanova, Estela Eguiarte y Eloísa Uribe. El patrocinio de la
Academia y la producción pictórica, 1843-1857. Página 90. Las Academias de
Arte. (VII Coloquio Internacional en Guanajuato). Universidad Nacional Autónoma
de México. 1985.
[xxxi]"Sin
instrucción no hay libertad, y, cuanto más difundida esté aquélla, tanto más
sólida se hallará ésta." Lucas Alamán.
[xxxii] Esther
Acevedo, Rosa E. Casanova, Estela Eguiarte y Eloísa Uribe. El patrocinio de la
Academia y la producción pictórica, 1843-1857. Páginas 94 y 95. Las Academias
de Arte. (VII Coloquio Internacional en Guanajuato). Universidad Nacional
Autónoma de México. 1985.
[xxxiii] Erika Pani.
El proyecto de estado de Maximiliano. Páginas 443-444. Remite con nota 98 a
Ramírez., 1985, p. 69.
[xxxiv] Remite con
nota 99 a: Niceto de Zamacois (Historia de Méjico, desde los tiempos más
remotos hasta nuestros días…), 1882, t. xvviii, p. 152. Según Rosa Casanova, en
los proyectos para este monumento es la primera vez que se representan juntos
los héroes de la independencia, en (Eloísa) Uribe (Y todo por una nación. Historia
social de la producción plástica de la Ciudad de México, 1761-1910. México.
Instituto Nacional de Antropología e Historia). Erika Pani, El proyecto de
estado de Maximiliano, página 444.
[xxxv]La ciudad y el Segundo Imperio. Ángeles González Gamio.
revistadelauniversidad.unam.mx
[xxxvi] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xxxvii] LEY
ORGÁNICA DE LA INSTRUCCIÓN PÚBLICA EN EL DISTRITO FEDERAL. Publicada en el
Diario Oficial de la Federación el día 2 de Diciembre de 1867. Ministerio de
Justicia e Instrucción Pública.- El ciudadano presidente de la república se ha
servido dirigirme el decreto que sigue:
Benito
Juárez, presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, á sus
habitantes, sabed: que en virtud de las facultades de que me hallo investigo, y
Considerando que difundir la ilustración en el pueblo es el medio más seguro y
eficaz de moralizarlo y de establecer de una manera sólida la libertad y el
respeto á la Constitución y a las leyes…
[xxxviii] Del
Diccionario de la Real Academia Española: (docimasia. (Del gr. δοκιμασία,
de δοκιμάζειν, probar, ensayar). 1. f. Arte de
ensayar los minerales para determinar los metales que contienen y en qué
proporción.,
[xxxix] Ministerio
de Justicia e Instrucción Pública. Sección 2a. El ciudadano Presidente de la
República ha tenido a bien acordar que el texto de la ley de 2 de diciembre de
1867 quede modificado en los términos siguientes, en que están comprendidas
todas las reformas que se han hecho hasta ahora en dicha ley, en virtud de las
facultades que el Congreso de la Unión concedió al Ejecutivo en su decreto de
13 de enero del presente año, y cuyas reformas le fueron comunicadas a la junta
directiva de Instrucción Pública con fecha 31 de marzo próximo pasado. Ley
Orgánica de la Instrucción Pública en el Distrito Federal
[xl] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xli] Academia de
San Carlos. arquba.com/monografias-de-arquitectura/academia-de-san-carlos
[xlii] Beatriz de
la Fuente. Directora del Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM. Palabras
de apertura, páginas 10 y 11. Las Academias de Arte. (VII Coloquio
Internacional en Guanajuato). Universidad Nacional Autónoma de México. 1985.
[xliii]jamba. (Del
fr. jambe, pierna). 1. f. Arq. Cada una de las dos piezas labradas que, puestas
verticalmente en los dos lados de las puertas o ventanas, sostienen el dintel o
el arco de ellas. Diccionario usual de la
Real Academia Española.
[xliv] La Academia
de San Carlos, página 299. Ricardo I. Prado Núñez. Doctor en Arquitectura. aapaunam.mx/Revista/REV-A4-VOL4-OctDic/La-Academia-de-S… PDF
[xlv] La Academia
de San Carlos. Ángeles González Gamio. La Jornada. Domingo 4 de noviembre de
2012. jornada.unam.mx/2012/11/04
[xlvi] “… Desde su
formación en 1899 la fábrica se asentó en la casa del conde de Buenavista que
había dado nombre al rumbo del Puente de Alvarado… que había sido habitada por
el general Bazaine durante la Intervención Francesa…”. Denise Hellion. Humo y
cenizas. Los inicios de la publicidad cigarrera en la ciudad de México, página
145. Instituto Nacional de Antropología e historia, 2013. El nombre de la
compañía Tabacalera Mexicana, S. A., quedará fijo en la referencia nacida de
ella para denominar el espacio de su origen y residencia en la ahora Colonia
Tabacalera en el Distrito Federal.
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