Moteuhçoma.
Víctor Manuel López Wario
Previa a la llegada de los españoles al espacio oriental del hasta
hace poco Distrito Federal y ahora Ciudad de México, en una de las partes
constitutivas de la actual Delegación Venustiano Carranza, grupos humanos asentaron
su presencia en los espacios de Mixuhca y Peñón de los Baños, fundando en
pequeños islotes dentro del gran lago.
Después de aquel aciago 1521 vencida y
derruida México-Tenochtitlan poco a poco el espacio tomará otro aspecto con la
unión del Barrio de la Merced, San Lázaro y el correspondiente a La Candelaria
de los Patos, lugares insalubres por su cercanía al lago y las constantes
inundaciones. Después quedará el asentamiento de Santa Cruz Acatlán, área
limítrofe en la cual quedará la Garita de San Antonio Abad.
En uno de los antiguos
barrios San Lázaro, los nuevos dueños establecen provisoriamente su primer
asentamiento: “Las Ataranazas” (es decir, fortalezas construidas por los
españoles para resguardar su seguridad de posibles incursiones subversivas de
los indígenas) —¿1522-1524?— construida sobre un adoratorio, en la espera del
reparto de terrenos. En el embarcadero de estas Ataranazas, Cortés atracó los
13 bergantines hechos para el asalta final a la metrópoli mexica de Tenochtitlan,
lugar para el resguardo de pertrechos y la artillería. El uso de esta
construcción decayó paulatinamente y ya a principios del siglo XVIII es una
ruindad pronta a desaparecer. Ahí fundan en 1531 una prisión en uso hasta 1572
cunado fundan el Hospital de San Lázaro en funcionamiento hasta 1821 cuando las
cortes españolas decretan la extinción de las ordenes hospitalarias. En tal
lugar y ya en el auge de la modernidad quedó instalada la estación y los patios
(¿taller?) del Ferrocarril de Morelos, para unir comercialmente a la Ciudad de
México con Cuernavaca y Cuautla.
Con base al Diccionario
de la lengua española, Ataranza es un
derivado del árabe español ãdár aşşán ‘a,
este de dár aşşşiná’a y este del árabe clásico dār aşşinā’ah, cuyos significados son “casa de la industria”.
Ataranza es el lugar para construir y reparar los barcos. Por segunda acepción
es: cobertizo o recinto en que trabajan los cordeleros o los fabricantes de
márragas u otras telas de estopa o cáñamo y para los andaluces, el lugar donde
guardar los toneles con el vino. Ahí, las autoridades construyeron la
Penitenciaria del Distrito Federal, inaugurada en 1900 y transformada en
reclusorio preventivo en el año de 1950.
Terreno baldío por sus
características, llanos salitrosos, pantanos y aguas someras, hacia fines del
siglo XIX, concretamente el año de 1893, el desarrollo urbano crece hacia esta
parte oriental con el poblamiento de la ex Hacienda de la Bolsa convertida en
la populosa Colonia Morelos y aún más hacia el norte con las Colonias
Penitenciaría y la Romero Rubio, en donde el uso habitacional correspondía
estrechamente para el impulso a la industria y el abastecimiento en favor de
los grandes mercados de La Merced y Jamaica.
Por donación de una parte
de la extensa propiedad de Alberto Braniff y del entonces conocido Ejido de
Texcoco, una incipiente aeropista es el origen del gran Aeropuerto
Internacional de la Ciudad de México (que suscita la broma en cuanto a que no
pertenece propiamente a terrenos del La Ciudad de México y el añadido de Benito
Juárez no es oficial) cuyo desarrollo va emparejado a la traza de la Calzada
Ignacio Zaragoza, parte extensiva y principal de la carretera a Puebla, cuya
realización propicia nuevos asentamientos humanos. Aeropuerto reubicado,
ampliado y reacondicionado en 1954 para satisfacer una necesidad de servicio
con vuelos internacionales da origen al uso de espacio en cuanto a bodegas,
hoteles, agencias aduanales y oficinas para los diversos menesteres
relacionados.
La Colonia Moctezuma
asentada en el antes Ejido de Texcoco queda en la Ciudad de México (hasta hace
poco el muy distinguido Distrito
Federal) en dos secciones. Sobre la Calzada Ignacio Zaragoza, la sexta estación
del Sistema de Transporte Colectivo Metro(politano) con recorrido
oriente-poniente lleva por nombre Moctezuma, inaugurada como la mayoría de esta
traza subterránea el 4 de septiembre de 1969.
La regocijante obra de
Alejo Carpentier “Concierto Barroco” basada en el supuesto proceso de creación
de la obra Montezuma de Antonio (Lucio) Vivaldi durante el carnaval de Venecia,
novela/reseña en la cual el autor une las andanzas de un exitoso beneficiado de
la riqueza minera en Nueva España al
propio Vivaldi con George Frederick Händel, viaje fantástico en el tiempo y el
espacio cuyo tema es la creación de la opera sujeta a la discutida fidelidad a
la realidad o la aportación poética encumbrada con los vapores del vino y el
lenguaje del cubano Alejo Carpentier. La Opera con el nombre del tlatoani
mexica en la realidad la estrenó Antonio Vivaldi en el año de 1733 en Venecia.
En Arqueología Mexicana
número 98 correspondiente al periodo julio-agosto del 2009, página 33, queda
asentada la secuencia histórica de los representantes (Uey Tlatoani) mexicas en
la ciudad fundada por Tenoch en 1325, personaje relevante en la ciudad de
México-Tenochtitlan, fallecido durante el año de 1363:
Acamapichtli (Puñado de
rayos —solares—), de 1375 a 1395; “Ahí después se entronizó el señor
Acamapichtli; reinó veintiún años… He aquí sus conquistas: conquistó a
Xochimilco, Cuitlahuac, Mizquic y Cuauhnáhuac. Cuatro lugares conquistó
Acamapich.” (Este y los siguientes entrecomillados donde destacan las
conquistas de los Uey Tlatoani tenochcas pertenecen a el Códice Chimalpopoca. Anales de Cuauhtitlan y Leyenda de los soles.
Universidad Nacional Autónomo de México. Instituto de Investigaciones
Históricas. México, 1975.)
Uitzilihuitl, de 1396 a
1417; “He aquí que reinó el hijo de Acamapichtli, su nombre Huitzilihuitl;
reinó veintiún años… Xaltocan, Acolman, Otompan, Chalco, Tezcoco, Tollanzingo,
Cuauhtitlan y Toltitlan: he aquí lo que fue su conquista. A ocho pueblos
conquistó Huitzilihuitl.”
Chimalpopoca (Escudo humeante), de 1417 a 1427; “He aquí que reinó el
hijo de Hutzilihuitl, su nombre Chimalpopocatzin; reinó diez años. Chalco,
Tequixquiac… He aquí su conquista. Dos pueblos conquistó Chimalpopocatzin.”
(Tal cual queda en
"Los mexicas" ejemplar número 4 de la serie "Cuadernos del
México Prehispánico" editado en
octubre de 1967 por el Museo de Antropología e Historia a través de la Sección
de Servicios Educativos (INAH-SEP), con textos de Carlos Martínez Marín en su
página 9: estos tres primeros personajes destacados: vivieron bajo la dominación
de Azcapotzalco y reconocidos ya como gobernantes del grupo que poco después de
cubrir tributo a los señores tepanecas de Azcapotzalco con aves, pescados y
animales de la laguna, pagaron con servicio militar "... obtuvieron el
entrenamiento y la capacidad combativa para convertirse pronto en grupo
dominante, conquistador y fundador de otro nuevo y gran Estado."
Ya en el periodo de la
Triple Alianza (Tenochtitlan, Tlacopan, Tezcoco):
Itzcóatl (Rayo letal del
Sol), de 1427 a 1440; “He aquí que reinó el hijo de Acamapichtli, su nombre
Itzcohuatzin; reinó trece años… La conquista de Itzcohuatzin fue de todos estos
lugares: Atzcapotzalco, Tlacopan, Atlacuihuayan, Coyohuacan, Mizcóhuac,
Cuauhhximalpan, Cuahuacan, Teoclhuiyacan, Tecpan, Huitzitzillapan, Cuauhnáhuac,
Tetzcoco, Cuauhtitlan, Xochmilco, Cuitláhuac, Mizquic, Tlatilolco, Itztéoec,
Xiuhtépec, Tzacualpan, Chalco, Yohuallan, Tepequacuilco y Cueçallan.” Carlos
Martínez Marín asienta en el cuaderno antes referido: " A la muerte de
Tezozomoc, Señor de Azcapotzalco, su hijo Maxtla usurpó su puesto. Los
tepanecas de Tlacopan (Tacuba) disgustados se aliaron con los mexicas y
acolhuas de Texcoco y juntos lucharon contra Azcapotzalco.
Después de la victoria el
nuevo tlatoani (señor) tenochca fue Izcoatl, que gobernó de 1428 a 1440.
"Itzcóatl reconquistó los pueblos que habían pertenecido a Azcapotzalco;
organizó el Estado mexica y la Confederación del Anáhuac o Triple Alianza que
agrupaba a los pueblos aliados. Mediante esta alianza se incrementó la guerra
de conquista con fines místico-guerreros. Colaboró con este tlatoani un personaje llamado Tlacaélel,
quien fue consejero de varios gobernantes." En el Códice Azcatitlan,
detras del icpalli en donde está Moctezuma Ilhuicamina, aparece Tlacaélel, otro
de esos personajes arrumbados en el pasado opaco que bien merecen un poco de
atención dada su obra, influencia y trayectoria.
Moteuhçoma I (El señor
del gesto adusto) Ilhuicamina, de 1440 a 1469; “He aquí que reinó el hijo de
Hutzilihuitl, su nombre Ilhuicaminatzin Moteucçomatzin el viejo; reinó
veintinueve años que estuvo… He aquí lo que fue la conquista de Moteucçomatzin
el viejo: Coaitlahuacan, Chalco, Chiconquiyauhco, Tepoztlán, Yauhtépec,
Atlatlauhcan, Totollapan, Huaxtépec, Tecpatépec, Yohualtépec, Xiuhtépec,
Quiyauhteopan, Tlalcoçauhtitlan, Tlachco, Cuauhnáhuac, Tepequacuilco, Cohuatlan,
Xillotépec, Itzcuincuitlapilco, Tlapacoyan, Chapolicxitla, Tlatlauhquitépec,
Yacapichtlan, Cuauhtochco y Cuetlaxtlan.” El arqueólogo Felipe Solís Olguín, en
su aportación "Gloria y esplendor de los aztecas", Arqueología
Mexicana, número 13. Edición Especial, páginas 10 a 13 asienta: "A partir
del gobierno de Moctezuma I floreció la tradición escultórica monumental que
dio gloria y fama a los aztecas. Esta tradición se había originado en el
ambiente cultural y religioso de las ciudades y estados que precedieron al
poderío de México-Tenochtitlan, principalmente en Chalco, Xochimilco y Texcoco,
en cuyos talleres se formaron los más nobles artistas de la época. Éstos se
especializaron no sólo en la talla de rocas duras sino también en la selección,
ubicación y extracción de los bloques pétreos de mayor utilidad para la elaboración
de monolitos de gran magnificencia, como la Piedra del Sol, la Coatlicue
Monumental y muchos otros ejemplos más, destinados a convertir a la capital
azteca en el axis mundi por
excelencia... La confluencia de todo el pueblo, nobles o comunes, se daba en
las grandes festividades religiosas; ahí, al calor de la danza y la música, de
la vital participación en los sacrificios dedicados a los dioses, con el sonido
de tambores, como el tlapanhuéhuetl o
el teponaxtle, de flautas, silbatos y
ocarinas, los sacerdotes y los guerreros danzaban junto a los campesinos. Esta
masa colorida recreaba el poder de los dioses y exaltaba su triunfo en todos
los rincones del universo."
Axayácatl (Espejo, Cara o
Rostro del agua), de 1469 a 1481; “He aquí que reinó el nieto 3 de los dos
reyes Moteucçomatzin el viejo e Izcohuatzin, su nombre Axayacatzin; reinó doce
años… Estos son todos los lugares de la conquista de Axayacatzin: Tlatilolco,
Matlatzinco, Xiquipilco, Tzinacantépec, Tlacotépec, Tenantzinco, Xochiyacan, Teotenanco,
Calimayan, Metépec, Ocoyácac, Capolloac, Atlapolco, Qua… (así termina el códice
Chimalpopoca.)” Es manifestación repetitiva que a su gobierno corresponde la
realización de la piedra labrada conocida como "Piedra solar" o
"Calendario Azteca".
Tízoc (El que sangra por
penitencia),hermano de Axayácatl), de 1481 a 1486; durante su gestión iniciaron
las obras de reconstrucción y ampliación del Templo Mayor de Tenochtitlan, no
obstante, queda la afirmación de su muerte por envenenamiento ante las
insuficientes conquistas en favor del poderío mexica.
Ahuízotl (¿Sagrado perro
del agua?) a su vez, hermano de Axayácatl y Tizoc), de 1486 a 1502; activo
conquistador hacia el occidente y el sur. Constructor, a él correspondió
inaugurar el recinto del Templo Mayor y la realización de las obras para la
construcción del acueducto de Acuecuexco, para traer agua potable del manantial
de Coyoacan, obra que, descontrolada en su término de construcción, inundó
México-Tenochtitlan y en ella murió el Uey Tlatoani Ahuízotl.
Moteuhçoma II,
Xocoyotzin, de 1502 a 1520 (dentro de este periodo, concretamente en el
equivalente al actual calendario gregoriano, en 1057, fue la última ceremonia
del Fuego Nuevo).
"Pese al indudable
poderío de la Triple Alianza, algunos señoríos lograron mantenerse
independientes. Ello era debido a diversos factores, entre los que se cuenta el
que la capacidad militar era tal, que su sometimiento implicaba más gasto que
beneficio, o simplemente que su independencia resultaba conveniente para
asegurar la disponibilidad permanente de prisioneros de guerra para el
sacrificio. Entre esos señoríos independientes se encontraban Metztitlan,
Tlaxcala, Cholula y Yopitzinco. Mención aparte merecen los tarascos, tal vez
los únicos enemigos imbatibles de los mexicas. Dominaron gran parte de
Michoacán y su poder militar era de tal magnitud, que la Triple Alianza había
establecido guarniciones para resguardar las fronteras con este señorío, cuya
capital el Tzintzuntzan." [1]
En el capítulo IV de la
mencionada "Visión de los vencidos", con título de "Actitud
psicológica de Motecuhzoma en su apartado "Motecuhzoma envía magos y
hechiceros (página 34) queda: "En ese tiempo precisamente despachó una
misión Motecuhzoma. Envió todos cuantos pudo, hombres inhumanos, los
presagiadores, los magos. También envió guerreros, valientes, gente de mando.
"Ellos tenían que
tener a su cargo todo lo que les fuera menester de cosas de comer: gallinas de
la tierra, huevos de éstas, tortillas blancas. Y todo lo que aquéllos (los
españoles) pidieran, o con que su corazón quedara satisfecho. Que los vieran
bien.
"Envió cautivos con
que les hicieran sacrificio: quién sabe si quisieran beber su sangre. Y así lo
hicieron los enviados.
"Pero cuando ellos
(los españoles) vieron aquello (las víctimas) sintieron mucho asco, escupieron,
se restregaban las pestañas; cerraban los ojos, movían la cabeza. Y la comida
que estaba manchada de sangre, la desecharon con náusea; ensangrentada hedía
fuertemente, causaba asco, como si fuera una sangre podrida.
"Y la razón de haber
obrado así Motecuhzoma es que él tenía la creencia de que ellos eran dioses,
por dioses los tenía y como a dioses los adoraba. Por eso fueron llamados,
fueron designados como 'Dioses venidos del cielo'. Y en cuanto a los negros,
fueron dichos: 'divinos sucios'."
Para un intento de
comprensión de esta actitud que a nuestra mirada resulta disparatada,
necesitamos retomar sin prejuicios el origen de tal creencia cuyo origen nos
lleva a la gesta del señor Quetzalcóatl —con el añadido de los ajustes y
transformaciones impulsados por el señor Tlacaélel—, pues sin la trayectoria
del personaje vital en las culturas
mesoamericanas, su gobierno, caída y promesa de regreso, lo fundamental en
cuanto a las inquietudes, esperanzas y aceptación temporal de "aquellos
recién llegados por el oriente" carecería de sustento y distorsiona el
tiempo y los hechos de aquellos seres que vivieron el apogeo y destrucción de
la civilización cúspide en los inicios del siglo XVI.
Poca comprensión tenemos
respecto a las versiones acerca de los ocho presagios funestos. Queda para su
interpretación, análisis y comparación la asentada en voz de los informantes de
Sahagún y la correspondiente a la de Diego Muñoz Camargo tomada de la Historia de Tlaxcala con el énfasis
propio a las circunstancias y necesidades de los personajes de quienes quedan
las palabras para describir tales hechos. Significación y comprensión
diferenciada por lector y por la época en que le toca vivir con su metodología
adquirida y las circunstancias de su tiempo —de los actores y del lector—;
mediante el significado de sus vocablos y las transformaciones de éstos en el
tiempo; el valor en el tiempo de la narración y el renuevo en eras posteriores;
la pérdida del significado original y su adecuación a las características de un
futuro impensado; las influencias culturales a través del tiempo y las
interpretaciones fallidas, equivocadas o tendenciosas. ¿Cómo interpretaremos
los tan difundidos presagios y a quién y por qué debemos su permanencia en el
colectivo literario? ¿Es un lenguaje poético? ¿Posee una connotación inmutable
en el tiempo y en el receptor? Su comprensión será literal o ¿debemos aceptar —como
en todos los textos su plenitud semántica (polisemia)? ¿Es simplemente retórica
invariable, metafórica o simbólica? ¿Su valor radica en la presentación de una
realidad deseada o en el trasfondo ideológico propio o añadido? Y algo que
inquieta sin mesura: ¿qué tanto pierde
o perdió el texto en su traslado de náhuatl al español de su época y éste en el
transcurso del desarrollo cultural? Con esta incomoda parrafada es necesaria
una comprensión menos dura con un leve intento de imparcialidad.
El 27 de junio de 1520, le sucede por ochenta días en una especie de
interinato, primero Cuitlahuac (¿Sol sediento de sangre?) —¿o Cuauhtláhuac:
"Águila sobre el agua", distorsión que algunas fuentes adjudican a la
malicia de Malintzin?, para don Ángel María Garibay significa "Lama del
agua" cuya connotación nada tiene de despectiva— Señor de Iztapalapa;
hermano de Moteuhçoma II y a la muerte de éste por la viruela, Cuauhtémoc
(Desciende como águila), primo de Moteuhçoma y de Cuitlahuac (Cuitlahuatzin),
aunque queda la duda si alcanzaron el rango de Uey Tlatoani frente a la
situación de inestabilidad.
"Por ese tiempo
también fue cuando ellos (los españoles), hacían con instancia preguntas
tocante a Motecuhzoma: cómo era, si acaso muchacho, si acaso hombre maduro, si
acaso viejo. Si aún tenía vigor, o si ya tenía sentido de viejo, si acaso ya
era un hombre anciano, si tenía cabeza blanca.
"Y les respondían a
los 'dioses', a los españoles:
"—Es hombre maduro;
no grueso, sino delgado, un poco enjuto; no más cenceño, de fino cuerpo." [2]
(Capítulo XCI. De la manera y persona del gran Moctezuma, y
de cuan gran Señor era.): "Sería el gran Moctezuma de edad de hasta
cuarenta años, y de buena estatura, y bien proporcionado, y cenceño, y pocas carnes, y la
color no muy moreno, sino propia color y matiz de Indio, y traía los
cabellos no muy largos, sino cuanto le cubrían las orejas, y pocas barbas,
prietas y bien puestas, y ralas, y el rostro algo largo y alegre, y los ojos de
buena manera, y mostraba en su persona en el mirar por un cabo amor, y cuando
era menester gravedad. Era muy pulido y
limpio, bañábase cada día una vez a la
tarde...” [3]
"... el dramático
destino de Moctezuma iba a cumplirse. El rico universo de su cultura, sus templos
y palacios, sus dioses, todos sus libros de pinturas, sus sacerdotes y sabios,
la Toltecáyotl, herenecia de Quetzalcóatl, en poco tiempo iba a desaparecer.
Para Moctezuma y su pueblo entero, esos forasteros, tenidos al principio por
dioses, estaban causando la ruina de cuanto por siglos había florecido. Como se
lee en otro texto, 'los dioses de antiguo adorados parecían haber muerto'.
Había llegado el ocaso de los dioses...Fernando de Alva Ixtlixóchitl discurre
sobre lo que pudo ocurrir cuando Cortés y sus hombres estaban a punto de
partir. Estas son las palabras del cronista tezcocano: 'Dicen que uno de los
indios tiró una pedrada (a Moctezuma que había salido a una terraza para tratar
de calmar al pueblo), de la cual murió, aunque dicen los vasallos que los
mismos españoles lo mataron y por las partes bajas le metieron la espada'. Lo
cierto hasta donde es posible la afirmación es que los españoles arrojaron a la
orilla del agua los cadáveres de Moctezuma y del noble Itzcuauhtzin, señor de
Tlatelolco.
"Tristes y desoladas
fueron sus exequias con la sola presencia de algunos de sus más allegados. El
señor que cerca de 18 años había estado gobernando con mano firme, imponiéndose
en muchos lugares de Mesoamérica, se había marchado a la Región de los Muertos.
Tenía entonces 53 años... El último capítulo de la fascinante historia de
Tenochtitlan llegó a su fin. Ahora, cuando se piensa y habla de Moctezuma II,
dista mucho de haber consenso. Unos sostienen que fue supersticioso y débil y
que, por eso, se perdió. Otros, que atienden a su grandeza, insisten en que ya
es tiempo de revalorar su figura, la del hombre sabio y refinado que llevó a
los mexicas a su apogeo pero al que un destino funesto abatió." [4]
Después de recogido el cuerpo del malogrado Tlatoani, cremaron el cadáver de
Moctezuma en rápida ceremonia exenta de los ritos y ceremonial correspondiente.
Tal imagen queda establecida en dos partes
en el Códice Florentino, Libro XII, folio 40v.: "Año 2-Pedernal.
Fue cuando murió Motecuhzoma; también en el mismo tiempo murió el
Tlacochcálcatl de Tlatelolco, Izcohuatzin.", informa escuetamente la “Visión de los vencidos” en sus páginas
en su página 144. [5]
Bernal Díaz del Castillo
en la ineludible, Historia verdadera de
la conquista de la Nueva España, México [6]:
"Viendo todo
esto, acordó Cortés que el gran Moctezuma les hablase desde una azotea, y les
dijese que cesasen las guerras, y que nos queríamos ir de su ciudad. Cuando al
gran Moctezuma se lo fueron a decir de parte de Cortés, dicen que dijo con gran
dolor: ‘¿Qué quiere ya de mí Malinche, que yo no deseo vivir ni oírle, pues en
tal estado por su causa mi ventura me ha traído?’ Y no quiso venir, y aun dicen
que dijo que ya no le quería ver ni oír a él ni a sus falsas palabras ni
promesas y mentiras. Entonces el padre de la Merced y Cristóbal de Olíd fueron
y le hablaron con mucho acato palabras muy amorosas, y dijo Moctezuma: ‘Yo
tengo creído que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la guerra, porque ya
tienen alzado otro señor y se han propuesto no dejaros salir de aquí con vida;
y así creo que todos vosotros habéis de morir’.
“Moctezuma se puso a un
pretil de una azotea con muchos de nuestros soldados que le guardaban, y les
comenzó a hablar con palabras muy amorosas que dejasen la guerra y que nos
iríamos de México. Muchos principales y capitanes mexicanos bien le conocieron,
y luego mandaron que callasen sus gentes y no tirasen varas, piedras ni
flechas. Cuatro de ellos se llegaron en parte que Moctezuma les podía hablar, y
ellos a él, y llorando le dijeron: ‘Hacemos saber que ya hemos levantado a un
pariente vuestro por Señor’. Allí le nombró, que se decía Cuitláhuac, señor de
lztapalapa. Y más dijeron que la guerra la habían de acabar, y que tenían
prometido a sus ídolos no dejarla hasta que todos nosotros muriésemos. [...]
”No bien hubieron acabado
el razonamiento, cuando tiran tanta piedra y vara, que los nuestros que le
arrodelaban, como vieron que entretanto que hablaba con ellos no daban guerra,
se descuidaron un momento en rodearle de presto, y le dieron tres pedradas, una
en la cabeza, otra en un brazo y otra en una pierna; y puesto que le rogaban
que se curase y comiese y le decían sobre ello buenas palabras, no quiso, antes
cuando no nos catamos vinieron a decir que era muerto.”
En la página 73 de la
Revista Arqueología Mexicana número 98 cuyo tema es "Moctezuma Xocoyotzin. Gloria y ocaso del imperio mexica", en
el capítulo correspondiente a
"Moctezuma II, imagen de un tlatoani" aparecen dos interesantes
fotografías con el crédito debido a SINAFO con el pie de grabado que define su
origen: "La Comisión Nacional formada en 1910 para celebrar el Centenario
de la Independencia de México organizó el 16 de septiembre un desfile histórico
en el cual se reprodujeron varias etapas de la historia de México, desde la
llegada de los españoles hasta 1910. Moctezuma es llevado en andas por (el)
Paseo de la Reforma." En tanto que al triunfo del movimiento armado de La
Revolución Mexicana, con fecha del 24 de abril de 1921 aparece el poema
"Suave Patria" del poeta jerezano Ramón López Velarde que, no
olvidemos colaboró en la redacción del "Plan de San Luis —Potosí, con
fecha del 5 de octubre de 1910—" (su redacción básica fue en San Antonio
Texas), que marca el tiempo final del poder de don Porfirio Díaz Mori,
majestuosa obra que en su intermedio titulado "Cuauhtémoc" inicia
con:
"Joven abuelo:
escúchame loarte,
único héroe a la
altura del arte..."
y recordemos que el último Uey Tlatoani ungido con el ritual debido
fue Moctezuma II ya que las circunstancias no permitieron la celebración de los
ritos correspondientes en el caso efímero de Cuitlahuac ni el de Cuauhtémoc,
pero Moctezuma rezuma pasado porfiriano y es mejor dejarlo anublado por la
representación de la nueva forma de ejercicio de la política nacional, el
"joven abuelo" cuyo martirio pareciera mejor a las fuerzas
triunfantes que añadir al santoral patrio el nombre del Tlatoani asesinado, con
la desesperante omisión de otros muchos personajes que, en el momento histórico
perdieron vida, posesiones y posición en la pesada y despiadada administración mexica.
Tras casi quinientos años
de vida basada en el pensamiento "occidental", los casi cien años de
historia mexica poco de afín resulta para nuestra conciencia. Bajo la
influencia cultural alimentada a diario, resulta menos arduo comprender la
historia derivada de la Ilíada, la Odisea, la Eneida, la Comedia de
Dante, El Paraíso Perdido de Milton
que enfrascarnos en la comprensión de una compleja forma del pensamiento humano
fundamentada en la Naturaleza con su polifacética e intrincada nomenclatura
divina que regía la vida común y política de una sociedad en la cual, los seres
—cuyos nombres nos cuesta harta dificultad pronunciar— no sólo estudiaban
embobados y temerosos los actos de sus dioses sino que sus grupos en el poder,
con sus intrigas, intereses particulares y una visión diferenciada y
extrañamente diabólica para el profano buscaban, a más de mantener el poderío
heredado, alcanzar con sus actos el beneplácito de Ometecuhtli y Omecíhuatl, el señor y la señora de la
dualidad: Ometeotl.
Poco esfuerzo dedicamos —y
no importa el repetitivo discurso— por entender el otro fundamento de la
sociedad actual surgida de la impactante realidad de dos formas diferenciadas
del tiempo, la vida y la trascendencia. La atención somera al pasado americano
solamente refuerza una parte de la entidad en detrimento del contrastante
rostro oscurecido y minimizado de la compleja "naturaleza"
manifiesta, en múltiples ocasiones, con el vergonzante e irreflexivo
paternalismo que ya toma una adultez precaria en los casi quinientos años de
cerrazón.
Para nuestra mentalidad contemporánea resulta incomprensible la
actitud de un Uey Tlatoani inmerso en su visión mítica, mística y terrenal.
Fácil es tildarle de cobarde, de entreguista cuando intentamos con poco afán
entender la realidad impuesta a su responsabilidad y al sustrato de su
ideología.
Para obtener un vislumbre
somero de la mentalidad de aquellas sociedades, las encumbradas, las sojuzgadas
con agobio a su economía local para cumplir los acuerdos tributarios
correspondientes en especie y vidas, valdrá la pena repasar aunque sea de
manera un tanto superficial la vasta bibliografía inserta al final de la citada
"Visión de los vencidos" en sus páginas 207 a 219 y que en las
foliadas 191 a 193 asienta: "Si se recuerda la interpretación
místico-guerrera tan insistentemente inculcada entre los mexicas desde los
tiempos de Tlacaélel, y en función de la cual había que someter a todos los
pueblos al yugo de Huitzilopochtli, identificado con el Sol, para alimentarlo
con la sangre de las víctimas, habrá que reconocerse la preponderante
importancia de la guerra como institución cultural. La guerra se emprendía,
como es obvio, por diversos motivos. Unas veces eran fines de conquista y otras
se dirigía a repeler diversas formas de agresión. Por otra parte, las 'guerras
floridas', concertadas periódicamente sobre todo con los señores tlaxcaltecas,
tenían como fin hacer posible la obtención de víctimas para conservar con los
sacrificios la vida del Sol... La guerra no podía iniciarse sin practicar antes
una especie de ritual. Consistía éste en el envío de ciertos escudos, flechas y
mantas a aquellos con los cuales se iba a luchar, haciéndoles saber por este
medio que se apercibieran a la guerra. Precisamente este hecho explica la
sorpresa de los mexicas al ser atacados súbitamente por los españoles, que
residían en calidad de huéspedes dentro de su capital, sin que mediara un solo
motivo que justificara la lucha y fuera enteramente de lo que cabría llamar el
ritual preliminar de la guerra."
Moteuhçoma II —a la vez
su sociedad y su tiempo— merece un poco de juicio critico, el mismo que
benevolentemente otorgamos a los héroes insertos en la tradición greco-romana a
la cual somos tan afectos. Separarlo de los intereses políticos de los grupos
políticos, aceptarle sus méritos y debilidades y aceptar su presencia pétrea
olvidada y oculta en el viejo Bosque de Chapultepec junto a ese otro minimizado
y vital personaje: Tlacaélel, más allá de la versión de Antonio Velasco Piña.
Al respecto, en la página 42 de Arqueología Mexicana número 98, aparece una
reproducción del dirigente: "11. Motecuhzoma II en los relieves de
Chapultepec. Sabemos por las fuentes históricas del siglo XVI que desde la
época de Motecuhzoma I los soberanos mexicas mandaron esculpir sus efigies en
la base del cerro de Chapultepec. Aunque los relieves fueron severamente
dañados en el siglo XVIII por órdenes del gobierno virreinal, subsisten
suficientes vestigios como para distinguir que el personaje mejor conservado
representa a Motecuhzoma II.", Antes de ésta, en la página 42 de la misma
publicación aparece una bella imagen: "4. Motecuhzoma II, con atuendo
sacerdotal, se sangra el pecho, los brazos y las piernas. Si bien es cierto que
este monumento carece del glifo onomástico de Motecuhzoma II, tres fechas
revelan que se trata de este soberano: 10 conejo (1502 d.C.), año de la
entronización de Motecuhzoma II; 2 caña, año del Fuego Nuevo celebrado por él,
y 1 venado, día en que nacían los niños nobles predestinados a convertirse en
gobernantes. Bloque del Metro." La primera con crédito correspondiente a
Dolores Dahlhaus/RAÍCESy para la segunda, MNA. Marco Antonio Pacheco/RAÍCES.
Con un mínimo esfuerzo continuo la presencia de todos ellos en la Historia les
otorgará un trazado propio alejado del demoniaco dirigente timorato,
encandilado y estúpido que aparece después de su derrota y muerte ominosa,
imagen que ni sus contrarios defendían con tanto vigor como queda en nuestra
acomplejada mentalidad, porque revisar los textos de sus contemporáneos aporta
un rostro y un corazón diferentes al último dirigente tenochca, al vilipendiado
Moteuhçoma (II) Xocoyotzin.
Quedan estos dos párrafos
insertos al final del capítulo IV de la Visión de los vencidos", extraídos
a los Informantes de Sahagún, Códice
Florentino, libro XII, capítulos VIII y XIX de la versión de Ángel María
Garibay Kintana para compartir el caos mental del Uey Tlatoani tenochca:
"La palabra de los encantadores con que habían trastornado su corazón, con
que se lo habían desgarrado, se lo habían hecho estar como girando, se lo
habían dejado lacio y decaído, lo tenía totalmente incierto e inseguro por
saber (si podría ocultarse) allá donde se ha mencionado (en una cueva, en la
Casa de Cintli).
"No hizo más que
esperarlos. No hizo más que resolverlo en su corazón, no hizo más que
resignarse; dominó finalmente su corazón, se recomió en su interior, lo dejó en
disposición de ver y de admirar lo que habría de suceder."
José Rubén Romero Galván
del Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM, en el último párrafo de su
participación (Fray Bernardino de Sahagún
y la Historia General de las Cosas de Nueva España) dentro del ciclo de
conferencias (del 13 de abril al 20 de julio de 1999) cuya culminación quedó en
el libro "Bernardino de Sahagún.
Quinientos años de presencia" [7],
sintetiza: "Los fines de la obra de fray Bernardino de Sahagún eran
ambiciosos sin duda alguna. Servir a sus hermanos de Orden para mejor
evangelizar, rescatar la mayor cantidad de conocimientos respecto de un mundo
amenazado con su término, sentar las bases para la elaboración de un calepino
(por extensión, diccionario políglota nombrado así con base al nombre propio de
Ambrosio Calepino, fraile agustino 1440-1510, autor de un diccionario
políglota), para servicio de quienes quisiesen aprender la lengua. No todos estos
fines fueron alcanzados, al menos en lo inmediato. Sin embargo, los hombres de
fines del siglo XX debemos a Sahagún, además de su obra capital (Historia General de las cosas de Nueva
España) para el conocimiento de del pasado indígena, el ejemplo incuestionable
que significa acercarse a una cultura distinta de la propia con ánimo de
comprenderla. En este sentido, la obra sahaguniana es el feliz resultado de un
juego de alteridades a través de las cuales se accede a la comprensión del
otro."
Notas importantes:
[1]
Página 33 Arqueología Mexicana número 98. Moctezuma
II. Gloria y ocaso del imperio mexica. (Textos tomados de María del Carmen
Solanes y Enrique Vela, Atlas del México Prehispánico, especial núm. 5 de
Arqueología Mexicana, julio de 2000.)
[2]
En la página 37 de la "Visión de los
vencidos. Relaciones indígenas de la Conquista." Universidad Nacional
Autónoma de México, Coordinación de Humanidades. Biblioteca del Estudiante
Universitario. Introducción, selección y
notas: Miguel León Portilla. Versión de textos nahuas: Ángel Ma. Garibay K.
México, 1989.
[3]
Transcripción y corrección de Miguel Andúgar Miñarro a partir de: Bernal Díaz
del Castillo. Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Tomo II.
Madrid: Imprenta de Don Benito Cano, 1796.
[4]Miguel
León Portilla. El ocaso de los dioses.
Moctezuma II. Revista de Antropología Mexicana, número 98, páginas 61 a 66.
[5]
Obra citada (ver nota 2).
[6]
Bernal Díaz del Castillo. Historia
verdadera de la conquista de la Nueva España, México, Editorial Pedro
Robredo, 1939.
[7]
Edición de Miguel León-Portilla para en Instituto de Investigaciones históricas
de la Universidad Nacional Autónoma de México, en su Serie de Cultura Náhuatl
(Monografías 25), con fecha del año 2002,

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